Se acabó la temporada regular 2025-26 de la NBA. Y aunque el requisito de disputar al menos 65 partidos terminó pegándole duro a las ternas All-NBA, el panorama de los grandes premios individuales quedó, en gran medida, estable para la mayoría de los protagonistas. Resta saber si Luka Dončić obtendrá una exención por “circunstancias extraordinarias”, pero en el tramo final del calendario Victor Wembanyama, Nikola Jokić y Kawhi Leonard llegaron a tiempo para preservar su elegibilidad al MVP. Entre los candidatos reales, por ahora el único nombre que ya sabemos que quedó fuera de la pelea por un premio mayor en esta instancia es Cade Cunningham (MVP). Con ese marco, el equipo de la NBA de CBS Sports armó sus votos para los ocho galardones más importantes: Jugador Más Valioso, Defensor del Año, Novato del Año, Sexto Hombre del Año, Jugador Más Mejorado, Jugador “Clutch” del Año, Entrenador del Año y Ejecutivo del Año. Vale aclarar que la regla de los 65 juegos rige únicamente para MVP, Defensor del Año y Mejorado; el Novato, el “Clutch” y el Sexto Hombre no tienen mínimo de partidos.
Con esa foto, el debate se dio sobre todo en los márgenes: en el caso del Defensor del Año, la intriga principal era si Wembanyama llegaría o no a los 65 encuentros; el resto de las carreras fue todavía más movida. Dependiendo de la elegibilidad de Dončić, el MVP podía manejar hasta cuatro nombres “con chances” reales. En Novato del Año, el duelo fue prácticamente de dos a lo largo del año entre Cooper Flagg y Kon Knueppel, pero con historias tan distintas que el contraste alimentó discusiones constantes. Y, tanto Mejorado como Entrenador del Año, suelen abrir campos bien cargados porque son premios con un componente subjetivo enorme.
Botkin: Para MVP, el argumento casi no deja lugar a dudas para Shai Gilgeous-Alexander, Jokić y Wembanyama. A la hora de decidir, Botkin se inclinó por Jokić: sostiene que sigue siendo el mejor jugador entre los tres y que el equipo de Denver lo sufre más cuando él no está, incluso comparado con otros planteles con más profundidad que también pierden a su estrella. Además, remarca que Jokić fue el primer jugador en la historia de la NBA en liderar la liga en simultáneo en rebotes y asistencias, y que en promedio firmó 27 puntos por partido.
Botkin no se guardó nada con los otros premios: SGA se lleva su elección para Jugador “Clutch” del Año, mientras que Wembanyama debería ser el ganador unánime del Defensor del Año; si no lo fuera, considera que habría que revisar el proceso de votación. En Novato del Año, el panorama es un “tira y afloja”, pero se inclina por Knueppel por el impacto que tuvo en victorias con sentido. Neckeil Alexander-Walker, en cambio, lo tiene clarísimo como Mejorado: según la lectura de Botkin, pasó de un rol de banco a promediar 20 puntos por noche con un 40% en triples, en un volumen alto.
Para Entrenador del Año, Botkin entiende los votos para varios técnicos, pero afirma que Joe Mazzulla es el nombre correcto, incluso si no parece buscar el premio. El argumento arranca con el hecho de que Boston perdió a Jayson Tatum durante gran parte de la temporada, y también se llevó el tiempo en cancha de Jaylen Brown, y aun así logró 56 victorias. Para Botkin, eso refleja el dominio de Mazzulla sobre los “ajustes finos”: ir moviendo las piezas de manera inteligente para exprimir al máximo a un plantel con una identidad muy clara dentro de la liga.
En la misma línea, Botkin pone a Brad Stevens como Ejecutivo del Año. Lo liga a una cadena de movimientos: en el receso consiguió desprenderse de Jrue Holiday, que tenía 34 años y todavía le quedaban más de 100 millones de dólares en su contrato, sin necesidad de entregar una primera ronda. Luego, agrega, obtuvo Anfernee Simons en ese intercambio y, con el correr de los meses, volvió a usar a Simons para recortar masa salarial en el cierre, en una fecha límite que siguió afinando el rompecabezas. En total, Stevens habría ahorrado a Boston más de 300 millones en pagos impositivos, lo que ayudaría al equipo a encarar el reinicio de la “repeater-tax clock” después del próximo curso (algo de enorme peso), manteniendo al mismo tiempo un plantel con chances reales de pelear el título.
Gonzalez: Defensor del Año fue la decisión más fácil, con una ventaja enorme. Si Wembanyama es elegible, plantea que habría que ponerlo directamente para los próximos cinco, como para graficar la claridad del dominio. El resto se volvió más complicado. Para MVP, Gonzalez le da otra vez el premio a Shai Gilgeous-Alexander, superando por poco a Nikola Jokić y a Wembanyama. En Novato del Año, da vueltas durante el proceso y termina eligiendo a Flagg. Gonzalez reconoce que Kon Knueppel tuvo una temporada de tiro “de otro planeta”, pero sostiene que Flagg fue requerido para hacer mucho más en Dallas y que, finalmente, su defensa fue lo que inclinó la balanza.
Para Mejorado, el voto más difícil para Gonzalez fue el de Jugador Más Mejorado. Remarca que el componente “según quién mires” suele frustrar a los votantes. En su lectura, la disputa estuvo entre Nickeil Alexander-Walker y Jalen Duren. Le cuesta imaginar a Detroit compitiendo como primera semilla sin que Duren diese un salto enorme, que además le abriría una renovación con un contrato importante en el verano. Aun así, NAW se lleva el voto por una diferencia mínima: pasó de un rol muy útil desde el banco en Minnesota a convertirse en titular de alto nivel en un Atlanta que viene en ascenso.
Por último, sobre Ejecutivo del Año: Gonzalez aclara que los medios no votan ese premio, pero igual lo incluye en el espacio. En representación de Sam Presti, agradece a Daryl Morey y a Filadelfia por permitir que Oklahoma City le diera un buen destino a Jared McCain, y remata con una idea: en esta categoría, la prioridad es Presti y después, el resto.
Herbert: Para MVP, Herbert dice que no quiere dramatizar, pero votar ese premio fue una tortura. Confiesa que fue cambiando entre los tres candidatos principales muchas veces durante las últimas semanas, hasta que finalmente se quedó con Jokić. Reconoce que hay datos que podría citar, pero rescata uno que, según él, no se menciona tanto: cuando Jokić estuvo en cancha, asistió al 50,3% de las canastas que sus compañeros convirtieron. Lo describe como el tipo de lectura y liderazgo de pase propio de una era “tipo Steve Nash”, y asegura que ese impacto estuvo muy por encima del resto. Desde el puesto de centro, agrega, el dato es directamente “obsceno”.
Novato del Año también se le hizo difícil. Si la preferencia es premiar el trabajo de Cooper Flagg como figura principal, Herbert lo entiende. Pero afirma que Knueppel no fue solo beneficiado por un buen entorno ofensivo: sostiene que fue una razón enorme —incluso la más grande— para que Charlotte diera un salto. Si lo que hizo en rol de jugador que ataca sin balón fuera fácil, dice, cualquier novato lo habría replicado antes.
Para Sexto Hombre del Año, la producción global de Jaime Jaquez le dio una ventaja mínima sobre Keldon Johnson. Luego, para Mejorado, la transformación ofensiva de Alexander (y la continuidad en su excelencia defensiva) le aseguró el voto por encima de Jalen Duren. En el caso de Entrenador del Año, Herbert lo ve menos complejo: si NAW fue el mejor fichaje del verano y las Hawks armaron un intercambio de draft “legendario”, el resto se ordena. Mazzulla, con sus Celtics, lo dejó impactado: para Herbert, Defensor del Año y el premio “Clutch” no estuvieron ni cerca de ser una discusión.
Maloney: Maloney vuelve a colocar la carrera por MVP como otra de las más increíbles. Pero elige a Gilgeous-Alexander, que firmó una temporada histórica liderando al Thunder hacia el mejor récord de la liga. Afirma que es el quinto jugador en la historia en promediar al menos 30 puntos por partido con un 55% o más desde el campo, y el primero en lograrlo siendo base o escolta. También lo señala como líder del Thunder en asistencias, con un promedio que lo dejó 14° en el ranking de la liga, además de aportar una defensa perimetral por encima del promedio y un montón de jugadas decisivas en momentos “clutch”.
Para Defensor del Año, Maloney no entra en demasiado detalle: entiende que durante todo el curso la única duda fue la elegibilidad de Wembanyama. En su lectura, sí cumple, y por eso lo proyecta como ganador unánime. El Novato del Año, en cambio, sería el voto más cerrado: Knueppel fue más eficiente en un equipo mejor, pero Flagg tuvo mejores números y carga un volumen mayor de responsabilidad en ambos extremos. Maloney dice que se inclinó por Flagg, aunque no discutirá con quien elija a Knueppel.
En Sexto Hombre, Maloney ubica a Jaquez Jr. como el jugador más completo para su equipo, y lo tiene como el mejor en esa carrera. En Jugador “Clutch” del Año, Gilgeous-Alexander lideró la liga en anotación en los momentos decisivos: lo hizo en apenas 27 apariciones “clutch”. Para Mejorado, Alexander-Walker pasó de rol a anotador de 20 puntos por partido, manteniendo además la temporada más eficiente de su carrera. Para Entrenador del Año, Mazzulla convirtió a los Celtics del “año de transición” en un candidato real al título. Y para Ejecutivo del Año, Maloney destaca que Saleh sacó provecho de los Pelicans llevándose su primera ronda en 2026 sin protección, firmó al que sería el probable Mejorado con un contrato de “gama media” y, además, tuvo el coraje de enviar a Trae Young.
Quinn: Quinn describe el MVP como una carrera que llegaba por “olas”. Primero era Nikola Jokić contra Shai Gilgeous-Alexander; luego Cade Cunningham y Jaylen Brown contra Gilgeous-Alexander; más tarde, Luka Dončić y Victor Wembanyama contra Gilgeous-Alexander. En su relato, Gilgeous-Alexander fue el único nombre constante: el mejor jugador a lo largo de los 82 partidos completos. Los argumentos de los demás, en cambio, venían atados a alguna fisura. Para Quinn, Jokić y Dončić defendieron a medias; Wembanyama no tuvo suficientes minutos; Cunningham mostró demasiada ineficiencia; y el caso de Brown, con tiros fuera de lo común en momentos puntuales, terminó tapando un impacto más liviano en otras áreas.
Pero el veredicto de Quinn es claro: Gilgeous-Alexander es “a prueba de balas”. Un año de anotación al estilo de Michael Jordan, liderando al mejor equipo de la liga y sin debilidades identificables, normalmente termina ganando MVP.
Para Quinn, también hay claridad en los demás premios. Si viste a San Antonio en la temporada, dice, ya sabés quién es el Defensor del Año. Most Improved, en cambio, suele depender de cómo definas el galardón: si querés premiar a quienes pasan de roles de apoyo a convertirse en estrellas, suele favorecer a Jalen Duren o Deni Avdija. Si lo que te importa es premiar a los que parecían venir de la nada para transformarse en contribuyentes reales, ahí aparecen Neemias Queta o Ryen Rollins como opciones. Quinn entiende que Nickeil Alexander-Walker es el mejor equilibrio entre ambos criterios, y por eso lo ve como uno de los votos más fáciles de Mejorado en los últimos años.
En Novato del Año, Quinn reconoce que casi no se mete el factor “ganar” en la ecuación, por lo general porque los candidatos suelen ser picks altos y los picks altos van a equipos que todavía no están hechos para ganar. Pero esta vez, dice, pareció que Kon Knueppel iba a caer en ese patrón al llegar a Charlotte, hasta que el equipo se reinventó en gran parte alrededor de su tiro y su manera de moverse. Flagg tendría números “crudos” mejores, pero los de Knueppel llegaron en juegos con significado y, además, con mucha más eficiencia. Para Sexto Hombre, Quinn la califica como una clase relativamente floja: aun así, Jaime Jaquez fue el más determinante para la identidad de su equipo. Reordenaron su juego alrededor del ritmo y la conducción hacia la pintura sin depender tanto de bloqueos, y Quinn afirma que eso no hubiera funcionado sin él. En “Clutch”, también lo ve simple: Gilgeous-Alexander encabezó la NBA en puntos decisivos en solo 27 apariciones en ese contexto.
En Ejecutivo del Año, Quinn menciona que Joe Dumars le dio a Onsi Saleh el premio prácticamente servido al entregarle su primera ronda de 2026 sin protección, pero aun así le pide crédito a los Hawks. También remarcan que aterrizaron al probable Mejorado por un dinero de nivel medio. El Entrenador del Año podía caer en medio mundo, pero lo que Mazzulla hizo con Boston es “nada menos que asombroso”: ganar el segundo puesto después de perder la mitad de la rotación del curso anterior y encima tener al mejor jugador afuera por la mayor parte del año se parece a algo imposible. Quinn sostiene que Boston dominó el plan ofensivo basado en alto volumen de triples y pocas pérdidas, sumado a una defensa top-5, pese a lo delgado que se veía el frente de la cancha en la noche inaugural. Hay muchos candidatos que podrían ganar en un año normal, pero Quinn insiste en que lo de Mazzulla no fue normal: lo define como uno de los mejores trabajos de entrenador de temporada regular en la historia reciente de la NBA.
Wimbish: Wimbish vuelve a destacar otra temporada histórica de SGA, que para él termina siendo el MVP en una carrera ajustada. Señala que su consistencia sin esfuerzo a veces pasa desapercibida porque no siempre está tirando 40 o más, pero fue esa “tranquilidad” la que lo llevó a romper el récord de la racha de partidos con al menos 20 puntos, que antes tenía Wilt Chamberlain. Y aclara que la marca sigue activa: 140 encuentros. Para el Defensor del Año, Wimbish lo considera incluso más sencillo: si mirás algunos partidos de San Antonio, entendés el impacto enorme de Wembanyama en la otra mitad de la cancha.
Rookie of the Year, según Wimbish, fue donde más se debatió en el tramo final de la temporada regular. Aun así, le da la ventaja a Flagg. Reconoce el nivel de Knueppel en Charlotte y el rol que tuvo en la transformación del ataque. Pero sostiene que Flagg fue el motor ofensivo de Dallas durante todo el curso: cargó con más responsabilidad que Knueppel, no solo cumple con notas aprobatorias, sino que está rompiendo expectativas y derribando varios récords en el camino. A eso suma la defensa: indica que Flagg mostró estar muy por delante de lo que se espera de la mayoría de los rookies en ese lado de la cancha.