SAN ANTONIO — Cuando la pelota salió de las yemas de Victor Wembanyama en el último segundo y tomó dirección al aro con la curva justa, también quedó suspendido en el aire el destino de las Finales de la NBA 2026: la serie podía tomar dos caminos en un instante. Si entraba, el duelo se empataba y los Spurs sentían un respiro; si fallaba, los Knicks cruzaban a Nueva York con ventaja 2-0 y el golpe se lo llevaban de lleno, con la dureza que solo existe en el básquet de playoffs. El problema es que el lanzamiento desde 20 pies tuvo una buena ejecución, pero el balón “lo trató sucio”: no entró. La diferencia se mantuvo y Nueva York celebró en San Antonio, 105-104.
“Él hace ese tiro mil veces”, remarcó Stephon Castle, compañero de Wembanyama. “Yo lo tomo todos los días”. Pero esa noche, al menos en el resultado, no alcanzó. En el momento en que el reloj marcó el final y el balón no acompañó, la expresión de Wembanyama se impuso por encima de cualquier explicación: bronca, frustración y el peso de una verdad fría. Con el pitazo del Game 2, las sensaciones de Texas quedaron heladas. Los Knicks, a mitad de camino del objetivo final, empezaron a gobernar la serie.
No es sencillo robar dos partidos de visitante al arrancar unas Finales. De hecho, solo ocurrió en un puñado de ocasiones antes: en esos casos, justamente los Bulls de 1993 y los Rockets de 1995 terminaron levantando el trofeo. Por eso, sacar dos de arranque en condición de visitante funciona como un sello casi definitivo de campeonato. Y, además, hay algo que va más allá de los números: Nueva York está encendido. La racha ya llegó a 13 victorias consecutivas en los playoffs, un dato que en Manhattan y sus alrededores se acepta sin discutir; incluso el hincha más supersticioso termina mirándolo de frente.
Así está la serie: desigual en el marcador y, sobre todo, en la percepción. La ventaja de los Knicks se construyó con trabajo y decisiones en los últimos días dentro de San Antonio. Del otro lado, los Spurs quedaron atrapados en un pozo difícil de salir, con la obligación de encarar los próximos dos juegos en una ciudad —Gotham, con hambre de campeón— que lleva 53 años sin celebrar una corona. En este contexto, el interrogante es inevitable: ¿estos Knicks 2025-26 están en el lote de los mejores equipos de postemporada de la historia? Los próximos partidos van a responderlo.
Claves del Game 2: Knicks por la mínima, 105-104
1) Los Spurs no terminaron de cerrar. En esta etapa, el margen suele ser microscópico, especialmente en el cuarto tramo. Un tiro fallado aquí, una pelota robada allá, una carrera interrumpida en el momento justo puede decidirlo todo entre ganar y perder. En lo que va de la serie, la sensación fue clara: durante dos cuartos finales, los Spurs no pudieron sostener la ventaja o rematar el trabajo. Esa es, en el fondo, la síntesis de lo ocurrido hasta ahora: por eso Nueva York está 2-0.
En el primer juego, el equipo de San Antonio se enfrió y Jalen Brunson tomó el control. Pero el dolor en el Game 2 fue aún más marcado. Primero llegó una seguidilla brutal, un 14-0 para empatar el partido, el tramo más impresionante de los Spurs en estas Finales hasta el momento. Sin embargo, ese impulso se desperdició porque no pudieron cerrarlo.
Más allá del intento fallido de Wembanyama para ganar el juego, estuvo la herida autoinfligida: una entrega mal comunicada. Después de asegurar un rebote defensivo, Wembanyama tiró la pelota hacia la cancha de ataque rumbo al base Castle, que tenía la espalda girada. Castle, al no esperar la decisión, asumió que el propio Wembanyama iba a llevar la bola. El balón quedó suelto y Brunson lo tomó: recibió falta cuando quedaban nueve segundos y con una sola conversión quebró la igualdad, dejando el escenario para la jugada final del partido.
Si Wembanyama no hubiera pasado así, o si San Antonio hubiera frenado con tiempo para diagramar la última posesión, el final podía haber sido distinto: la chance de definir sobre la bocina o incluso forzar una prórroga. Pero los Spurs terminaron pagando el costo de algo que también venía ocurriendo: desde el final del primer cuarto hasta ese punto, los Knicks los superaron en el juego, y aun así los de San Antonio necesitaban un gran tramo para sobrevivir.
“No podemos cambiar el pasado ahora”, dijo Wembanyama, asumiendo su parte. “Estamos enfocados en el Game 3”. Son lecciones que duelen, y en el caso de un equipo joven como este Spurs, incluso pueden salir caras.
2) El duelo de grandes lo ganó Karl-Anthony Towns. Wembanyama tuvo una reacción fuerte en el cuarto cuarto tras un arranque complicado, con la salvedad del balón perdido y el disparo que quedó corto en el último segundo. Aun así, la lectura general del duelo fue controlada por Towns cuando importaba. Fue quien tuvo más agresividad, más inteligencia en la toma de decisiones y, sin duda, más cuerpo en el choque. El único problema para él fue la acumulación de faltas: después, en el tramo final, se lo “congeló” en ataque y casi no tocó la pelota.
Pero cuando pudo ser Towns, fue Towns: terminó con 21 puntos y 13 rebotes. Floreció cuando los Spurs mandaron a un jugador más chico para marcarlo y también cuando Wembanyama lo enfrentó. Tras dos juegos, San Antonio todavía no encuentra la fórmula para resolver el problema.
El entrenador de los Spurs, Mitch Johnson, explicó la idea de fondo: “Creo que hizo algunos tiros y que es un jugador muy bueno. Hizo dos partidos sólidos. Tenemos que volverlo más difícil. Tuvimos algunos quiebres de cobertura. Seguimos intentando que los grandes trabajen por todo lo que ganan”.
En comparación, Wembanyama sí mejoró en la producción: anotó 22 de sus 29 tantos en la segunda mitad, una mejora respecto de lo que había mostrado dos noches atrás cuando se apagó un poco en el tramo final. No fue una mala actuación general; fue una noche en la que, si el último tiro hubiera entrado, lo habría favorecido todavía más en la narrativa personal. Pero en el balance de dos partidos, al menos por ahora, Towns lleva la ventaja, y los Knicks se quedan con esa proporción sin quejarse.
3) Giro táctico: los Spurs cierran con Harper. Mitch Johnson cambió el plan respecto de Dylan Harper. En el Game 1, Harper estuvo en cancha apenas cuatro minutos o algo más durante el cuarto cuarto, justo cuando los Knicks remontaron. En el Game 2, en cambio, Harper sí estuvo presente en los momentos decisivos. Y no solo estuvo: fabricó jugadas importantes en el tramo final. La más destacada fue una canasta con ayuda arbitral por goaltending, y después una pérdida de balón forzada con robo y pase para que Wembanyama terminara con un juego de tres puntos.
Harper es rookie, pero juega con una madurez y confianza que llaman la atención. No le teme a la situación. Johnson, al parecer, terminó aceptando esa realidad. Como había ocurrido en el Game 1, terminó con anotación de doble dígito: 15 puntos. Además, estuvo 32 minutos desde la banca. Igual, el resultado final se repitió: dos partidos seguidos, con o sin el aporte de Harper en la recta final.
“Siento que en estos dos partidos no jugamos nuestro mejor básquet”, dijo el propio Harper. “Vamos a mantenernos juntos como equipo y las cosas van a cambiar”.
4) Los factores, positivos y negativos, alrededor del partido. Además de los grandes protagonistas, hubo otros nombres que movieron la balanza de una u otra manera:
Keldon Johnson. En la 2026 Kia NBA Sixth Man of the Year, el alero sigue apareciendo poco en la conversación del impacto nocturno. En el Game 1 había tirado 1 de 4, y en el Game 2 repitió la misma marca: 1 de 4. Sumó seis puntos en total. En promedio durante la campaña regular había sido clave: 13.2 puntos con un 52% de efectividad y cinco rebotes, con un peso que en los playoffs todavía no termina de trasladarse a la misma intensidad.
De’Aaron Fox. No parece estar al ciento por ciento, pero en los primeros minutos del Game 2 se lo vio con buenos gestos, un contraste fuerte con sus últimos tramos en la postemporada. También dejó una asistencia importante para Wembanyama en un pick and roll en el último segundo, para que el centro de San Antonio tuviera una llegada limpia. Fox terminó con 20 puntos; fue apenas la segunda vez en sus últimos cinco partidos que alcanzó la barrera de los dobles dígitos.
Mikal Bridges. Hay que recordar el pasado reciente: Bridges había sufrido en la primera ronda y hasta quedó afuera de la rotación contra los Hawks. Todo eso quedó lejos, del mismo modo que la última vez que los Knicks perdieron un partido de playoffs. Sus 20 puntos en el Game 2 fueron necesarios, sobre todo en una noche en la que Brunson no tuvo buena eficiencia (7 de 25), aunque igual logró algo decisivo: empató el partido en 104.
OG Anunoby. En el tramo final, se metió con decisión a la pintura y metió un clavado con dos manos mientras Wembanyama lo desafiaba en el aro. Fue una forma de apagar el envión de San Antonio en un momento sensible.
Mitchell Robinson. El pivote suplente, con la mano reparada, tuvo asignaciones para vigilar a Wembanyama en un par de posesiones en el último minuto y salió conforme con lo que pudo controlar.
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Con la serie ya encaminada y el golpe del Game 2 todavía fresco, el camino hacia el Game 3 y el Game 4 se vuelve todavía más exigente para los Spurs. Los Knicks, por su parte, siguen con la sensación de que están escribiendo una historia grande mientras el reloj avanza.