Más de un mes atrás, Mitch Johnson tomó la decisión más determinante de su corta carrera como entrenador. Estaba al frente con dos puntos y quedaban cerca de 10 segundos en el reloj cuando Julius Randle falló un tiro de media distancia que podía haber cerrado el Juego 1 de la segunda ronda de playoffs entre Minnesota Timberwolves y San Antonio Spurs. Con apenas un poco más de siete segundos por jugar, Dylan Harper agarró el rebote.
Johnson pudo haber pedido tiempo muerto: tenía dos disponibles. Sin embargo, eligió que los Spurs sostuvieran la posesión hasta el final. Fue una secuencia desesperada: Harper le pasó la pelota a Victor Wembanyama, el francés/lamiente (sic) la devolvió rápido hacia Harper en movimiento y ambos equipos corrieron el contragolpe. Harper se la dio a Julian Champagnie, que puso a Naz Reid en el aire con un paso de costado, se acomodó y soltó un triple limpio para ganar. No entró. Los Spurs perdieron.
Al terminar el Juego 2 de las Finales de la NBA entre Spurs y Knicks, Johnson volvió a quedar frente al tipo de determinación que puede marcar un ciclo. El contexto era parecido, incluso con un detalle numérico: el rival también tenía 104 puntos. La diferencia, esta vez, era que San Antonio también llegaba a 104. El partido estaba empatado cuando Jalen Brunson falló un tiro de media distancia con alrededor de 16 segundos restantes.
Wembanyama capturó el rebote con 13.5 segundos en el cronómetro. Dio un bote y después habilitó por detrás, con la asistencia saliendo de la espalda de Stephon Castle. Brunson tomó la pelota, recibió una falta y convirtió lo que, finalmente, terminó siendo el tiro libre decisivo para ganar.
La jugada quedó registrada como una combinación de giro y castigo: pérdida de balón y falta, en una imagen que resume la clase de error que no solo cuesta puntos, sino que puede definir una serie.
Los números
- Juego 2 de Finales: Knicks 104, Spurs 104 (empate previo y definición con libres de Brunson tras la falta).
- Momento clave: Brunson falló un tiro de media distancia con ~16 segundos restantes; luego convirtió el/los libres decisivos desde la línea.
- Rebote decisivo: Wembanyama lo tomó con 13.5 segundos en el reloj.
La comparación del error: de históricos a “demasiado” caro
No es exageración decir que ese balón suelto y la falta posterior se ubican entre las pérdidas más trascendentes en la historia de las Finales de la NBA: al nivel de un robo de Gerald Henderson a James Worthy en 1984, el robo de Michael Jordan a Karl Malone en 1998 y el robo de Jrue Holiday a Devin Booker en 2021. En términos de gravedad, incluso podría ser peor que muchas de esas escenas.
La idea que deja la repetición es clara: después de una remontada impresionante en el cuarto final para pasar el déficit y dar vuelta el partido, Wembanyama terminó cometiendo el error que tiró la chance del campeonato “desde el lomo” de un compañero, justo cuando no estaba mirando.
¿Cuánto culpa tiene Johnson por no pedir un tiempo?
Si ese tropiezo de Wembanyama va a convertirse o no en una marca permanente en su temporada todavía está por verse. Las probabilidades de que sea algo del calibre de aquel timeout fallido y trágico de Chris Webber en el Juego por el título universitario de 1994 son, al menos por suerte, bajas. Pero lo que sí aparece en el radar es otra clase de escena: los “airballs” que Kobe Bryant disparó contra Utah en los playoffs de 1998, o la serie Tragic Johnson de 1984.
En cualquier caso, es una mancha innecesaria en lo que se espera sea un currículum de altísimo nivel. Y ahí surge la pregunta inevitable: ¿debería Wembanyama haber estado en esa situación en primer lugar?
Volvamos al video. Mirá la banda: Johnson está señalando para que San Antonio avance. Si hubiese querido frenar la jugada tras un fallo, podría haberlo comunicado a su equipo durante el tiempo muerto que pidió New York para preparar el tiro de Brunson. Pero no lo hizo. Y el resto, como suele decirse, ya es historia.
Entonces, el debate se vuelve táctico: ¿cuánto pesó realmente la decisión de Johnson de no pedir tiempo muerto? Para evaluarlo, conviene poner en la balanza pros y contras.
El “contra” inmediato: ya habían estado en un escenario similar
La objeción más directa es simple: los Spurs vivieron algo parecido un mes atrás, tomaron una decisión de ese estilo y perdieron el partido. No prueba que hoy el resultado fuera inevitable, pero sí marca un patrón que vuelve más caro el error.
La lectura de contexto: juventud, cansancio y margen de error
Claro que no hace falta quedar atado a fallos previos. Pero tampoco significa que no haya aprendizaje. Los Spurs, además, se presentan como el segundo equipo más joven en la historia en llegar a las Finales de la NBA, apenas detrás de los Portland Trail Blazers de 1977. Ese dato no cuenta toda la historia porque hay jugadores mayores en el banco, pero aun así el núcleo es joven: Wembanyama tiene 22 años y Stephon Castle 21. Es, además, su primera carrera completa por el camino de los playoffs. Y con todo eso, es razonable pensar que el cuerpo llega cargado.
Cuando el plantel es joven, hay más fragilidad ante este tipo de errores. Con un tiempo muerto, podés cortar parte del caos que genera el final de posesión: sí, existiría presión para sacar e ingresar la pelota, pero Wembanyama, por su altura y presencia, reduce esa inquietud. Además, con el tiempo muerto, el movimiento para avanzar la cancha queda resuelto: el reloj se encamina a lo que el DT quiera ejecutar. En resumen, podés correr una jugada con la cantidad de tiempo que prefieras, sin improvisar a ciegas.
El reloj también importaba: 13.5 segundos alcanzan para “arreglar” el plan
Hay otro factor que pesa: quedaba tiempo. Wembanyama recibe la pelota con 13.5 segundos. Incluso después de la pérdida y de los dos libres de Brunson, San Antonio todavía podía pedir un tiempo muerto cuando restaban 7.5 segundos. Al final perdieron por un tiro fallado de Wembanyama, pero al menos habrían llegado con una oportunidad clara de lanzar.
Y el problema se vuelve mayor si lo pensás en una transición desordenada. Imaginá que Castle hubiese controlado la pelota: si el balón le pega en la espalda con 11.4 segundos por jugar, una carrera hacia la bandeja —dependa el resultado— podría permitir que New York recupere la pelota con suficiente tiempo para armar algo propio, teniendo además un tiempo muerto disponible. Brunson, que atraviesa una de las etapas más grandes en franqueo decisivo que se haya visto en la historia reciente de la liga, ya había igualado el partido unos 30 segundos antes. Con un plan, era una amenaza concreta.
Ahora bien: esa compensación es válida si el camino alternativo es “seguro” hacia una bandeja. Pero no lo era. El único jugador de New York que realmente disputaba el rebote con Wembanyama era Karl-Anthony Towns. Landry Shamet estaba cerca de la zona de “clavijas”. Mikal Bridges y Jalen Brunson quedaban atrás, fuera de la línea de tres. Y lo más importante: OG Anunoby, el defensor más temible del equipo de New York, ya había corrido detrás de la línea de media cancha para asumir la defensa de transición.
A veces el caos de la transición trae una ventaja real. Pero acá no aparece un beneficio evidente. Si Castle corre, New York tiene chances de sacar un tiro; y si ese sprint termina en fallo, podría ser literalmente “ese” disparo que gane o defina. Sí, quizá los Spurs querían aprovechar el desorden de transición para que pase algo favorable. Pero eso es apostar demasiado. Jugaban de local, venían con impulso después de frenar a Brunson y de sostener una remontada brutal. Con tiempo muerto, los dos resultados más razonables eran “ganar” o “ir a prórroga”. Terminaron perdiendo en el tiempo regular. Solo esa conclusión ya vuelve más fuerte el argumento para pedirlo.
El contra argumenta: Champagnie tuvo el triple abierto y la matemática podía favorecer
Hay, también, una razón para pensar que Johnson no estaba “obligado” a pedir el tiempo. Lo de Minnesota sirve como antecedente, pero perder no significa que el tiro haya sido malo. En el caso previo, Champagnie tomó un triple abierto para ganar. Si San Antonio hubiese pedido tiempo muerto en una situación equivalente, casi seguramente habría armado una acción para fabricar un lanzamiento disputado para el empate.
La cuenta probable en ese contexto podría haber favorecido a Johnson. Y es posible que él haya pensado algo similar en el partido de las Finales, aunque el cambio en el marcador respecto del juego de Minnesota altera el planteo.
Dos argumentos firmes contra el timeout: personal y ajustes defensivos
De todos modos, existen dos argumentos fuertes en contra de pedir tiempo muerto. El primero es el personal. Cuando Brunson empató el juego en 104, los Spurs pidieron tiempo. Eso permitió que New York moviera su personal ofensivo: Brunson y Towns salieron de cancha para dar lugar a defensores, con Shamet y Mitchell Robinson.
Después de que Wembanyama falló con cerca de 30 segundos por jugar, New York pidió tiempo para volver a poner a Brunson y Towns. Por eso, cuando Wembanyama agarró ese rebote final, los Spurs sabían que, al menos, había un defensor vulnerable para atacar en Brunson y otro en Towns, jugador con tendencia a cometer faltas.
Si Johnson hubiese pedido tiempo, es muy probable que ambos quedaran fuera del partido. Cuando Brunson fue a la línea para poner a New York arriba, Towns ya estaba reemplazado por Josh Hart. Y cuando Johnson pidió tiempo tras recuperar posesión, recién ahí entró Robinson en lugar de Brunson.
Así, en vez de que la decisión se resumiera en “armamos una jugada” versus “aprovechamos el caos de transición”, el dilema real se convirtió en algo más concreto: ¿preferían atacar el caos de transición mientras los dos defensores más deseables estaban en cancha, o preferían una jugada ensayada contra el mejor personal defensivo del rival? En esa segunda opción, además, estaría el dato de que el equipo de New York tiene un rating defensivo de cierre de 87.1 en esta postemporada.
Johnson eligió la primera alternativa: maximizar las probabilidades de que el desenlace ocurriera dentro del tiempo regular, aprovechando los defensores de New York en el piso. En ese sentido, también hay una lógica para su razonamiento.
El “peor caso” también contaba: Wembanyama jugó 40 y podía quedar sin aire
El plan de Johnson no solo buscaba aumentar la chance de ganar o perder en el regular, sino también reducir la probabilidad de prórroga. Tiene sentido: Wembanyama lideró el partido con 40 minutos. Si estaba cansado al final del tiempo regular, ¿cuánto peor podía ser en los extras? La comparación que se trae es la famosa jugada de Kevin Durant con “el pie en la línea” ante Milwaukee en 2021: parte de la razón de su intento desde el triple fue que venía de tres partidos intentando cargar al equipo casi en soledad, con poco resto para una prórroga. Y aun así, no anotó en el tiempo extra y el equipo terminó perdiendo.
Mirado desde 10.000 pies, el escenario también ayuda a entender el por qué. New York avanzó con una comodidad notable por toda la postemporada. Los Spurs vienen de una serie de siete partidos contra Oklahoma City Thunder y, además, atraviesan varias lesiones. Es perfectamente posible que Johnson haya sentido que sus jugadores no tenían piernas para cinco minutos más y haya decidido que el objetivo principal era ganar en regular, por encima de cualquier otra variante.
Ahora bien: eso no lo vuelve una decisión “obvia” ni en una dirección ni en la otra. El planteo de Johnson fue razonable. Pero aun admitiendo que el análisis se hace con el beneficio de la retrospectiva, la conclusión del debate es que probablemente fue la opción equivocada.
Cuándo sí y cuándo no: si perdés por dos, el caos tiene más sentido
Si los Spurs hubieran estado abajo por dos puntos, como les ocurrió frente a Minnesota, el argumento a favor de seguir hasta el final habría sido más convincente. Hay más espacio para el caos en un escenario de desventaja que en uno de empate. En un empate, la defensa tiene que pensar en dos cosas: la diferencia entre permitir un triple ganador o una jugada de dos que emplace el partido a la prórroga. Wembanyama lo mostró en otro momento: se quedó firme ante Chet Holmgren detrás del arco cuando Shai Gilgeous-Alexander empató el Juego 1 de la Final de Conferencia Oeste al final del tiempo regular.
Forzar a la defensa a elegir suele aumentar el riesgo del rival de cometer algún error. Pero New York no estaba en una posición cómoda para equivocarse, aun con jugadores que no necesariamente eran los ideales en ese momento. Towns está viviendo la mejor temporada defensiva de su carrera. Las limitaciones físicas de Brunson se notan menos en un scramble de transición que cuando el rival lo “caza” en duelo uno contra uno de forma estratégica. Además, New York estaba preparada para defender en transición y no necesitaba decidir qué tipo de tiro podía o no tolerar.
En ese escenario, el caos probablemente favorecía a New York: el caos fue exactamente lo que abrió la puerta para la pérdida. Con un tiempo muerto, las probabilidades de un error así bajarían, y New York acabaría defendiendo una posesión de media cancha casi con el único objetivo de llevar el partido a prórroga.
El veredicto
En definitiva, todo se reduce a si considerás la prórroga como un “peor caso” aceptable. Para Johnson, no lo fue. Para quien analiza el dilema, sí. Los Spurs tomaron un enfoque de mayor riesgo y mayor recompensa, y terminaron pagando caro por esa apuesta: peor de lo que esperaban, en el desenlace del tiempo regular.