LeBron James ya vivió la pesadilla de arrancar playoffs con desventaja de 3-0 en una serie cinco veces, y en todas esas ocasiones su equipo terminó con derrota: tres veces por barrida y las otras dos, en cinco partidos. Este año, nuevamente con el desafío encima, la historia vuelve a ponerse exigente para el conjunto angelino.
La referencia inevitable para James es el antecedente de Cleveland en las Finales de 2016: el equipo remontó una situación similar ante Golden State, luego de caer 3-1, y terminó conquistando el anillo. Aun así, sabe que regresar desde el 0-3 no es una tarea sencilla, porque cada partido nuevo trae ajustes, más presión y menos margen de error.
Con los Lakers y LeBron intentando estirar la serie, el plan es claro: jugar el jueves con intensidad y buscar extender el capítulo hasta el menos probable. El equipo afrontará el Juego 4 el lunes en Los Ángeles ante Oklahoma City (10:30 ET, Prime Video), después de que Thunder se impusiera el sábado 131-108 en el Juego 3.
“Todavía hay vida, y eso es lo único que podés pedir”, dijo James tras la victoria de los Thunder. “El lunes tenemos que ser muchísimo mejores”.
1) La historia pesa… y mucho, a favor de Oklahoma City
Más allá de que el pasado no siempre marca el camino del futuro, los números en playoffs son contundentes: en 162 series completas en las que un equipo tomó ventaja 3-0, ninguno de los que iba perdiendo 3-0 logró ganar los siguientes cuatro partidos. O sea, nunca pasó.
En los playoffs de 2026 hubo tres casos adicionales de equipos que arrancaron con 3-0 en desventaja. Oklahoma City terminó imponiéndose a Phoenix en cuatro juegos; Houston llevó a Los Ángeles hasta el Juego 6 antes de caer; y New York barrió a Philadelphia.
Dentro de ese mismo universo de 162 series, apenas cuatro veces un conjunto pudo forzar el Juego 7. Fue el caso de Boston frente a Miami en 2023, Portland ante Dallas en 2003, Denver contra Utah en 1994, y New York ante Rochester en 1951.
2) Para los Lakers, la clave es lo que aporten James y Reaves
Si Los Ángeles quiere abrir una ventana real en esta serie, el punto de partida es ofensivo y tiene nombre y apellido: LeBron James y Austin Reaves no pueden combinarse para un 12 de 32 en tiros de campo, incluyendo un 3 de 11 desde el perímetro, si la idea es alcanzar los 36 puntos entre ambos.
Es cierto que Reaves vuelve de una lesión en el oblicuo que se arrastró hacia el final de la temporada y probablemente no está en el 100%. De todas maneras, en el Juego 2 sí mostró una versión sólida: firmó 31 unidades con 10 de 16 en lanzamientos.
“Eso es lo que necesitamos de Reaves”, se entiende como la exigencia del momento, porque sin ese salto de producción, el resto del plan se vuelve cuesta arriba.
En el caso de James, el promedio en la serie es de 23 puntos, 6,7 asistencias, 4,0 rebotes y 1,7 robos; además está con 51,9% en tiros de campo y 37,5% en triples contra Oklahoma City. Son números que, de por sí, suenan bien ante la defensa que mejor funciona en la liga, pero en playoffs esa solidez quizá no alcanza: la serie le pide a LeBron estar más cerca de registros tipo triple-doble para inclinar el partido.
Luego aparece el resto de la rotación. Marcus Smart, Luke Kennard y Deandre Ayton tienen margen para sumar con mejores actuaciones, mientras Rui Hachimura es una carta interesante: contra Oklahoma City viene con un promedio de 18,3 puntos y un 57,1% en triples.
El problema es que esas demandas son difíciles ante un equipo como Thunder. El propio esquema y los cambios de rotación que el entrenador JJ Redick intentó aplicar para encontrar respuestas no terminaron de quebrar las contramedidas de Oklahoma City.
Los Lakers sí se sostuvieron hasta el tercer cuarto, pero no alcanzaron para sostener el ritmo completo: Oklahoma City superó a Los Ángeles 189-135 en la segunda mitad de la serie.
3) Thunder, por qué es el N° 1… y por qué cuesta quebrarlo
Redick repite que su equipo necesita mejorar. Y no se equivoca: Los Ángeles viene cometiendo demasiados errores no forzados y, aun con un dato que invita a la esperanza, el problema persiste.
El dato positivo es que lograron mantener a Shai Gilgeous-Alexander por debajo de su media de temporada: en la serie está 10 puntos bajo ese promedio. Aun así, Oklahoma City ganó tres partidos por una diferencia promedio de 19,7 unidades. Es decir: incluso sin que el base estrella esté en su mejor versión, el resto del sistema lo compensa.
Una parte central de ese poder es Chet Holmgren, que promedia 21,3 puntos, 10 rebotes y 2,0 bloqueos, con 59,5% en tiros de campo y 45,5% en triples. Además, Ajay Mitchell suma 20,7 puntos por partido y hay otros tres nombres —Cason Wallace, Jared McCain e Isaiah Hartenstein— que promedian al menos 10 unidades.
Redick describió a Thunder como “un equipo de básquet increíble” y remarcó que su grupo de los 13 jugadores más importantes estaría entre los mejores siete u ocho de la rotación de casi cualquier franquicia de la liga.
Ahí está una diferencia grande: no se trata solo de tener una o dos figuras. Es una estructura con aportes constantes, porque el plantel maneja un ritmo donde 10 jugadores promedian al menos 10 minutos, y cada uno ofrece contribuciones en distintos rubros.
La suma de talento ofensivo y defensivo termina siendo una combinación que abruma a los rivales. Thunder presiona, ajusta, castiga y rara vez deja que el rival encuentre un punto estable en ataque.
Pese a la ventaja y a la cercanía del cierre, Redick no se resignó a un barrido: “Todavía creo que podemos vencerlos”. Ahora bien, el camino para torcer el destino arranca, directamente, en el Juego 4.
El objetivo para Los Ángeles es enorme y empieza con un partido: ganar para sostener la serie, ajustar para no repetir errores y empujar a Thunder a un escenario donde la historia pueda ser menos predecible. El Juego 4 será el primer examen real de esa posibilidad.