SAN ANTONIO—El escenario más grande ya está listo para recibir a Victor Wembanyama. El miércoles, con el salto inicial de la primera final de la NBA, el ala-pívot de 22 años y 2,13 metros (7 pies y 4 pulgadas) de los Spurs se va a colocar en el centro de la atención cuando San Antonio debute en las Finales. Para Wembanyama, que llega a su primera serie decisiva con su primer playoffs, es un estreno con peso propio: el tipo de noche que define carreras.
Mirando más allá de esta temporada y de los últimos días, el foco parece haber estado siempre en el mismo lugar: Wembanyama no solo soñaba con llegar, sino que, desde hace tiempo, ubicó a las Finales como el destino al que quería aproximarse.
Hace casi tres años, el día que San Antonio lo eligió con el número 1 del Draft de 2023, Wembanyama se encontró con la prensa en Nueva York.
“Algunos jugadores intentaron ganar el campeonato (y) conseguir un anillo durante años y no lo lograron”, explicó. “No quiero ser uno de esos. Mi objetivo va a ser acercarme cada vez más al anillo y aprender cómo hacerlo”.
Ahora está a cuatro triunfos de cumplir ese plan. Luego de que los Spurs superaran a Oklahoma City Thunder en el séptimo juego de la Final de Conferencia del Oeste para asegurarse el boleto a las Finales, Wembanyama dejó una frase que ya venía repitiéndose en su narrativa: “Ganar el trofeo Larry O’Brien es un sueño de infancia”.
En un mundo donde el básquet crece a nivel global, era perfectamente posible que un chico en Francia pudiera imaginar el trofeo de la NBA en sus manos.
Hay gente que sabe desde muy temprano qué quiere hacer.
“Enamorarse del básquet me pasó muy temprano en mi vida”, dijo Wembanyama el martes. “Tengo fotos mías con una pelota cuando todavía ni siquiera era edad de tener recuerdos. El Larry O’Brien, no me acuerdo cuándo lo conocí por primera vez… está demasiado atrás. El básquet estuvo ahí por tanto tiempo para mí. Pero supongo que todos los chicos aman los trofeos y las medallas”.
Las dudas que pudieran existir sobre su capacidad para cargar con el equipo en la etapa de playoffs quedaron respondidas en el Oeste.
Con un cuadro de conmoción que lo dejó fuera durante casi dos partidos frente a Portland en la primera ronda, con una falta antideportiva que terminó en expulsión ante Minnesota en la segunda, y con un desventaja de 3-2 contra el campeón defensor Thunder en la Final de Conferencia, Wembanyama se destacó.
Fue elegido como el mejor jugador de la Final de Conferencia del Oeste, recibiendo el trofeo Earvin “Magic” Johnson, tras promediar 27,3 puntos, 10,9 rebotes, 3,1 asistencias, 2,7 bloqueos y 1,4 robos, además de registrar 48,1% en tiros de campo, 40% en triples y 89,5% en libres. En el primer juego ante el Thunder firmó un partido histórico: 41 puntos y 24 rebotes. En el sexto, partido que San Antonio necesitaba ganar sí o sí, anotó 28 unidades, capturó 10 rebotes y aportó tres bloqueos. Ya en el séptimo juego sumó 22 puntos y siete rebotes, y además convirtió 7 de 14 intentos de triple en los dos últimos partidos de la serie.
“Lo que quieras decir—la luna, el universo, la galaxia—es el límite para él como jugador y como líder, pudiendo hacer esto ya con 22 años”, expresó De’Aaron Fox, base de San Antonio.
Por supuesto que los Spurs se benefician con Wembanyama, pero también hay un aspecto que juega fuerte en el desarrollo: la organización y su estructura, construida sobre cinco títulos de la NBA y con presencia de múltiples figuras del Salón de la Fama.
Wembanyama ya lo tenía claro cuando habló en 2023 en el Draft, al contar que San Antonio es “sinónimo de ganar”.
“En la noche del sorteo, cuando los Spurs obtuvieron el primer pick, sentí suerte de que el equipo tuviera esa cultura, esa experiencia en ganar y en formar buenos jugadores”, comentó Wembanyama a la prensa justo antes de que San Antonio lo seleccionara.
La alianza vino con expectativas para ambas partes: por un lado, que San Antonio aprovechara la oportunidad al máximo; por el otro, que Wembanyama se convirtiera en una figura generacional y guiara otra vez a la franquicia hacia un campeonato.
Esas metas, y la presión que las acompaña, pueden abrumar a cualquier jugador. En Wembanyama, esa amenaza no aparece.
En la primera ronda ante Portland, le preguntaron si siente el peso de las expectativas y la presión.
Como a veces hace, Wembanyama tomó aire, se tomó un segundo para procesar la pregunta—pensando en qué quería responder—y recién después contestó.
“No es peso”, dijo. “Se siente seguro. Si te caés o te tropezás, hay muchas manos listas para atraparte. Desde el día uno se sintió así”.
Entender eso con su edad es algo notable y también una señal de su madurez emocional en progreso.
La cancha es el escenario—94 por 50 pies—y millones de personas van a mirar el primer juego de las Finales de la NBA. Se abre el telón de lo que será el Acto 1, Escena 1 en la actuación de Wembanyama en estas Finales. La pregunta es directa: ¿qué tipo de juego va a escribir?
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