Spurs y Knicks, 27 años después: el guiño de 1999 vuelve a las Finales

ByMartín Gutiérrez

Jun 3, 2026

La NBA llega a las Finales de 2026 con un cruce que, por historia y por coincidencias, remite directamente a aquel Knicks–Spurs de 1999. San Antonio y Nueva York volverán a encontrarse 27 años después, compitiendo por el título con colores y relatos parecidos, pero con un básquet completamente distinto al que se jugaba entonces.

El contexto de 1999: temporada partida por el lockout y playoffs apretados

Aquella serie final entre Knicks y Spurs llegó al cierre de la campaña 1999. Es un caso único en la historia de la liga: fue la única Final que empezó y terminó en el mismo año calendario. El motivo fue el lockout laboral, que empujó el arranque de la temporada hasta el 5 de febrero, dejando fuera por completo la parte “1998” del formato 1998-99.

El calendario regular cerró el 6 de mayo, con equipos jugando, en promedio, un partido cada 1.8 días. El efecto inmediato del paro se notó en la intensidad: se concentraron 50 juegos en apenas 90 días, en contraste con los 82 partidos disputados a lo largo de 184 días en la 2025-26. En el presente, el promedio baja a un juego cada 2.24 días.

En ese entonces, la idea de “cuatro partidos en cinco noches” era más regla que excepción. Muchas franquicias atravesaron cadenas de doble-doble-doble (back-to-back-to-back) que afectaron el estado físico, y el ritmo frenético derivó en juegos con más imprecisiones. Para compensar, el primer tramo de playoffs era al mejor de cinco, pero tanto Nueva York como San Antonio tuvieron que manejar partidos consecutivos en las Finales de Conferencia.

Cómo llegaron Spurs y Knicks: números, estilos y diferencias de época

San Antonio: número 1 del Oeste, defensa de élite y un tandem interno histórico

Con tres rondas disputadas, la diferencia entre los equipos que llegaban al tramo final era notoria. Los Spurs llegaron como el primer sembrado del Oeste y lo demostraron en la cancha: barrieron el camino contra Minnesota, Los Angeles y Portland con un récord de 11-1. Ese desempeño les permitió descansar nueve días antes del inicio de la serie de Finales.

San Antonio lideraba a toda la liga en dos rubros clave: el rating defensivo (93.6) y el rating neto (9.1). Además, contaba con una dupla de internos que, por trayectoria y jerarquía, se suele ubicar entre las mejores de la historia: David Robinson y Tim Duncan, ambos en un rol decisivo para sostener el plan de juego.

El equipo se completaba con Avery Johnson, Mario Elie y Sean Elliott en el quinteto titular. Desde el banco aportaban piezas con experiencia como Jaren Jackson, Steve Kerr y Jerome Kersey. En el banco estaba Gregg Popovich, líder histórico de triunfos como entrenador en la NBA, con 1,390 victorias, cerrando su tercera temporada al frente de la franquicia.

New York: octavo en el Este, cuarto en defensa pero lejos en ataque

Los Knicks eran otra clase de animal en playoffs. Habían terminado octavos en el Este, apenas un juego por delante de Charlotte. En lo defensivo, el equipo estuvo bien: cuarto en esa faceta. Pero en el rating neto quedaron 14° (1.4) y en ofensiva 25°, señales claras de que el camino dependía de la resistencia y de la capacidad de competir partido a partido.

La base del plantel pasaba por las alas Allan Houston y Latrell Sprewell. En la conducción compartían tareas Charlie Ward y Chris Childs. En la zona de fuerza sumaban Larry Johnson y Kurt Thomas. En el centro, la figura era Patrick Ewing, con Marcus Camby como respaldo: joven, recién adquirido y con rol para sostener el ritmo en la pintura.

La ruta al título y el “gran golpe”: lesiones y limitaciones en la serie

Los Knicks tuvieron un recorrido con altibajos, pero con un dato contundente: sufrieron para llegar con opciones reales. En la primera ronda llegaron al máximo de cinco juegos ante Miami. Luego hicieron una barrida sobre Atlanta. En las Finales del Este, el equipo se desbarrancó ante Indiana y necesitó seis partidos para sacar la serie, perdiendo energía y aire.

El costo pudo haber sido enorme: la campaña terminó de redondear la idea de que la salud manda. Ewing sufrió un desgarro en el tendón de Aquiles y Johnson quedó con un ligamento de rodilla resentido. En las Finales, el primero no jugó y el segundo sí, pero claramente tocado: su caída en el tiro fue marcada (28.6% de efectividad) y sus números bajaron a 7.6 puntos por partido.

Con ese panorama, a Nueva York le tocó enfrentar el rodillo defensivo de San Antonio. En el formato antiguo de Finales 2-3-2, los Spurs necesitaban que la serie se estirara para construir una ventaja de localía real… pero la realidad no acompañó: el equipo texano ganó con claridad en los dos primeros juegos en el Alamodome, con márgenes de 12 y 13 puntos. Además, mantuvo a los Knicks en 35.6% de tiros de campo y acumuló 144 puntos en total en ese tramo.

Los partidos de la serie: localía, puntos en doble dígito y el cierre en el minuto final

Cuando la serie cambió de escenario hacia Nueva York, el cuadro local elevó la intensidad. Houston y Sprewell sumaron 58 puntos combinados, más que lo que anotaron en total los tres Spurs con más producción en ese momento. Aun así, el Juego 4 cayó del lado de San Antonio: los cinco titulares de los Spurs terminaron en doble dígito, un detalle que pesó especialmente porque los puntos no abundaban.

Juego 5: el momento decisivo y el “qué pudo ser”

El Juego 5 fue el mejor de toda la serie: se igualó 12 veces y hubo un último cambio de ventaja con un tiro de salto desde la línea de fondo de Johnson, en el tramo final, cuando quedaban poco más de un minuto. Poco después, se frenó el sueño de una historia grande: el primer equipo sembrado como No. 8 en llegar a las Finales en la historia no alcanzó el hito de transformarse en el primer conjunto finalista en remontar un 3-1.

El “what if” central: la ausencia de Ewing y la carga sobre la pintura

La gran pregunta que dejó aquella serie fue la falta de Ewing. El pívot de 2 metros y seis centímetros proveniente de Georgetown estaba a seis semanas de cumplir 37 años, con sus 11 selecciones al Juego de Estrellas ya en el pasado para la primavera de 1999. Pero aun con el tiempo encima, seguía siendo un problema real en el poste: 17.3 puntos por partido, 9.9 rebotes por juego y 2.6 bloqueos en promedio.

Su ausencia dejó a los Knicks en desventaja directa en el enfrentamiento interno contra los dos grandes legendarios de San Antonio. Y la tensión llegó incluso a la parte humana: en un punto, la frustración lo superó. En lugar de desahogarse con sus compañeros, Ewing se fue al ómnibus del equipo en San Antonio y se quebró en llanto.

La frase de Ewing en retrospectiva

“En realidad me quebré”, dijo el exjugador en un podcast reciente. “Tener que sentarme a escuchar todo el ruido que hablaban los hinchas era difícil de soportar”.

La comparación con el presente: la misma rivalidad, otra realidad

La nota también plantea un paralelismo hipotético: si en las Finales actuales un centro All-Star como Karl-Anthony Towns se lesionara de golpe y quedara fuera de combate, la dificultad para frenar el repertorio de Victor Wembanyama sería similar a la que vivió Nueva York hace 27 años, cuando le faltó la respuesta con experiencia y tamaño necesaria para contrarrestar su juego, incluyendo su capacidad para tirar triples.

Así, aquella serie enfrentó a las mismas dos franquicias, pero con pocos puntos en común con lo que se viene desde el Juego 1 de esta semana.

Legado entre una era y otra: títulos de Spurs, sequía de Knicks y la historia de fondo

Después de quedarse con su primera corona ante los Knicks, San Antonio sumó cuatro campeonatos más: 2003, 2005, 2007 y 2014. Los Knicks, en cambio, no estuvieron cerca del nivel de los Spurs en ese tramo extendido: jugaron playoffs 10 veces y llegaron a Finales de Conferencia solo dos veces en los últimos 26 años.

En cuanto a la historia de la franquicia, Nueva York estuvo presente en las 79 temporadas de existencia de la NBA. Sus títulos llegaron únicamente en 1970 y 1973.

Obviamente, ninguno de los jugadores que participa hoy estuvo en aquel final de 1999. Nueve jugadores de los Knicks y ocho de los Spurs estaban en la etapa de la infancia cuando terminó la serie: ninguno mayor que nueve años. La conexión con el pasado, casi como un guiño, apareció en la sesión mediática de Jalen Brunson, quien recordó el rol de reserva profundo de su padre Rick Brunson en esa campaña: su padre jugó 10 segundos en las Finales. En ese momento, el padre tenía 27 años y el hijo apenas 2.

Ahora, ambos están a punto de escribir una marca todavía más rara: serían el primer padre e hijo en jugar la Finales representando al mismo equipo. Pero cualquier historia que se construya desde acá comenzará efectivamente el miércoles.

El mensaje de Jalen Brunson

“Definitivamente no me acuerdo”, dijo Jalen Brunson el martes. “Es bastante surrealista”.

Y tanto los Brunson como la hinchada de los Knicks esperan que el cruce contra San Antonio deje, desde ya, un nuevo conjunto de recuerdos.

By Martín Gutiérrez

Martín es periodista deportivo especializado en baloncesto argentino y ligas internacionales. Lleva más de 8 años cubriendo la Liga Nacional, Euroliga y NBA, analizando estadísticas, tácticas y rendimiento de jugadores.