Knicks remontaron y ya sueñan: el camino a la Final se abrió en el Oeste

ByMartín Gutiérrez

May 9, 2026

“En un santiamén, todo puede cambiar”. Y en la NBA, esa frase casi se siente como una regla no escrita. Dos semanas atrás, los New York Knicks estaban contra las cuerdas: perdían 2-1 en la primera ronda ante los Atlanta Hawks y miraban de frente la posibilidad de una eliminación temprana que habría sido un golpe durísimo para el club. El clima era de convulsión: había pedidos de despido para Mike Brown y también críticas fuertes hacia Mikal Bridges, incluso con la idea de que debía quedar afuera del equipo. Mientras tanto, Jalen Brunson sufría un partido a partido complicado frente a CJ McCollum, Karl-Anthony Towns se diluía en el cuarto final y Nueva York aparecía, literalmente, estresado.

Pero el viernes por la noche todo dio un giro que ya tiene olor a destino. Los Knicks hilaron su sexta victoria consecutiva: primero cerraron con tres triunfos seguidos ante Atlanta y después dieron el golpe en condición de visitante para estirar a 3-0 la serie frente a los Philadelphia 76ers, con un contundente 108-94 en el Juego 3. Con ese resultado, el equipo se empieza a ver como un candidato firme a las Finales de Conferencia Este. Da igual contra quién les toque: hoy aparecen como el favorito por distancia, con una diferencia bien marcada en lo ofensivo y en la manera de imponer condiciones. Los Detroit Pistons no llegan al nivel de fuego que muestra Nueva York; y los Cleveland Cavaliers, al menos por cómo se está viendo esta etapa, no se acercan a esa misma intensidad física.

Esta victoria no fue una más. Nueva York llegó al partido sin OG Anunoby, y Philly, con el respaldo de su gente y jugando con la soga al cuello en busca de vida, salió con todo. Joel Embiid regresó y el arranque tuvo a Paul George encendido: convirtió 15 puntos en el primer cuarto. Con la tribuna encendida, parecía que la historia podía inclinarse hacia una victoria desesperada de los 76ers, o al menos hacia una serie más competitiva.

Sin embargo, los Knicks tenían otros planes. Fue un triunfo de esos que no se explican desde el entusiasmo sino desde la ejecución. Mantuvieron apretado el sistema defensivo, fueron ajustando con paciencia y sacaron producción importante desde la banca: Landry Shamet, Mitchell Robinson y Jordan Clarkson tuvieron un peso real. Y en el centro de la escena apareció Bridges con un juego enorme, mientras Brunson —que sigue encaminado a convertirse en el mejor jugador de la historia reciente de los Knicks y que se confirma como uno de los verdugos más consistentes de los playoffs— se llevó el cierre con 18 de sus 33 puntos en la segunda mitad.

Bridges no solo aportó números; también se encargó de volver más difícil la noche de los rivales. George, por ejemplo, no anotó ni un solo punto después de haber hecho 15 en el primer cuarto, y Tyrese Maxey tuvo un techo claro: apenas intentó 12 tiros. El motivo fue la defensa de Nueva York: doble y lucha constante para sostener a los escoltas cerca de sus referencias, con los grandes moviéndose para que Maxey no ganara la esquina y no pudiera girar hacia la ventaja. Ese trabajo, además, venía de antes: en el Juego 2 los Knicks habían limitado a Maxey a siete puntos en la segunda mitad, con más pérdidas que tiros de campo, algo que muestra que el control no se basó en “salir bien” sino en no aflojar en el plan.

Este equipo, cuando está en su mejor versión, siempre tuvo la cara de un aspirante. El problema de temporadas pasadas era la falta de consistencia: en varios playoffs recientes, los defectos aparecían justo cuando más duele. Acá, al menos hasta ahora, la película es distinta. Se siente una coordinación especial entre ataque y defensa, como si el funcionamiento estuviera sincronizado y no dependiera de chispazos aislados.

La identidad es sólida: cada jugador está metido en su rol y con una convicción clara. Towns, además, dejó un dato que habla de la dimensión ofensiva del equipo en esta racha: acumula 46 asistencias en los últimos seis partidos, y ese aporte de pase abrió un nuevo carril para un ataque de Nueva York que ya no tiene que girar de forma tan exclusiva alrededor de Brunson. Josh Hart aparece como el motor de la energía, OG (cuando está) aporta el perfil de jugador de playoffs en ambos costados y, con la serie prácticamente encaminada, se entiende también que pueda disponer del tiempo necesario para recuperar su molestia: la lesión fue informada como un problema en el gemelo/hamstring que venía arrastrando, y con el “wrap” extra en la serie, el descanso se vuelve una ventaja.

En paralelo, Bridges dio vuelta la percepción de su etapa en los Knicks y, sobre todo, su propio momento. Después de un partido de 0 puntos en el Juego 3 frente a los Hawks, el alero cambió el guion: en los últimos cuatro encuentros promedia 20,5 unidades con un 68% de efectividad en tiros de campo. En el cierre de la serie ante Atlanta anotó 24; el viernes volvió a sumar 23; y además conectó siete triples en sus últimos 13 intentos.

Pero si se baja la escalera de los “rasgos de campeonato”, los Knicks parecen ir marcando casilleros. Y no todo se mide en números. Claro que hay datos y hay producción, pero cuando se habla de que algo “se está gestando” también entra el componente menos cuantificable: las sensaciones están arriba. La energía se nota, el compromiso se sostiene, la dureza aparece en cada choque, y el equipo juega con una idea clara de que sabe lo que vale, no como en otros ciclos donde el grupo parecía estar buscando todavía su techo.

Eso sí, hay que mantener un freno a la euforia. Todavía no enfrentaron a un rival de elite con esa etiqueta de forma sostenida, y de aquí en adelante en el Este es probable que el camino no les regale el mismo desafío de máximo nivel. Detroit puede ser fuerte, pero no se lo ve “para ganarlo todo”; y Cleveland no aparece como algo particularmente especial en esta instancia. Por eso, el verdadero examen llegará después.

Aun así, el rumbo hacia las Finales se ve más claro que en mucho tiempo en la era Brunson. Con la ofensiva encendida, la defensa funcionando como un engranaje y una rotación que responde cuando toca, los Knicks están listos para aprovechar su momento y seguir empujando fuerte hacia lo más alto.

By Martín Gutiérrez

Martín es periodista deportivo especializado en baloncesto argentino y ligas internacionales. Lleva más de 8 años cubriendo la Liga Nacional, Euroliga y NBA, analizando estadísticas, tácticas y rendimiento de jugadores.