Knicks con dudas: Hart ya veía el problema y la rotación sigue sin cuajar

ByMartín Gutiérrez

Apr 24, 2026

Incluso con Boston Celtics arriba 3-2 en la segunda ronda de la temporada pasada, Josh Hart ya olía que en los New York Knicks “algo no estaba funcionando”. En particular, le costaba el duelo directo ante el centro de los Celtics Luke Kornet. Y mirando el cuadro completo, el cinco inicial de los Knicks —tanto contra Detroit como contra Boston— venía mostrando dificultades luego de casi toda una campaña sin resultados convincentes. Con ese diagnóstico, Hart le ofreció al entonces entrenador Tom Thibodeau salir desde el banco.

Thibodeau, al principio, no aceptó la idea. Los Knicks igual pudieron imponerse a los Celtics en el Juego 6, aun sin Jayson Tatum. Pero después, en la final de Conferencia del Este, perdieron en casa los Juegos 1 y 2 ante Indiana Pacers, por ocho puntos acumulados, pese a que ganaron los minutos disputados con al menos un suplente en cancha por 21. El detalle no alcanzó: nada pesa tanto como que tus titulares terminen con un -29 en los dos partidos más importantes de la temporada. Mitchell Robinson entró al quinteto en el Juego 3, pero el daño ya estaba hecho. Nueva York cayó en la serie en seis.

Esa eliminatoria le costó el puesto a Thibodeau. Mike Brown, como reemplazo, no fue perfecto, pero sí se mostró bastante más dispuesto a experimentar con decisiones de plantel que su antecesor. En ocasiones, incluso, demasiado: en estos playoffs llegó a probar varios quintetos con poca o nula continuidad de temporada regular, y en gran medida se le cayeron ante Atlanta. En el tramo regular, los titulares de los Knicks tampoco fueron una garantía. Su valoración neta de efectividad apenas se ubicó por encima de neutral, aun filtrando la “basura” de los minutos, según DataBallr. En los Juegos 1 y 2 ante Atlanta mejoraron un poco (+6 en 46 minutos en el local), pero había un eslabón débil: Mikal Bridges.

En los últimos 20 partidos “relevantes” entre fase regular y playoffs, Bridges promedió menos de 11 puntos por encuentro y con porcentajes de tiro por debajo de 45% en campo, 32% en triples y 84% desde la línea. Su impacto defensivo también fue irregular: bajaron de manera notoria, alrededor de ese período, las acciones como desviador y los tiros contestados por minuto, de acuerdo con datos de seguimiento de NBA.com. Además, por momentos perdió minutos. En particular, en seis juegos de marzo encadenó partidos por debajo de los 30 minutos, muchas veces con diferencias claras. Brown no lo sacó del cinco inicial, y sus minutos fueron recuperándose de a poco, pero la segunda derrota consecutiva por un punto ante Atlanta en el Juego 3 del primer round podría haber sido el punto de quiebre.

De un vistazo: el Juego 3 y la reacción del banco

  • Bridges arrancó el partido: jugó 21 minutos y no convirtió ningún punto.
  • Los Knicks perdieron los minutos de Bridges por 26 puntos.
  • Deuce McBride, desde el banco, sumó 31 minutos y anotó 15 puntos.
  • En los 14 minutos que compartió con Jalen Brunson, Josh Hart, OG Anunoby y Karl-Anthony Towns, el equipo superó a Atlanta por 24.
  • Ese fue el grupo con el que Nueva York cerró el partido y con el que logró la remontada en la segunda mitad.

Bridges salió como titular y se quedó en cero en puntos; en términos de impacto, sus 21 minutos pesaron 26 tantos contra los Knicks. Mientras tanto, McBride jugó 31 y clavó 15. Y cuando el base de rol compartió cancha durante 14 minutos con Brunson, Hart, Anunoby y Towns, Nueva York superó a los Hawks por 24, el tramo que terminó sosteniendo la remontada del segundo tiempo.

Tras el encuentro, Brown fue consultado por esa unidad. Se mostró poco categórico. “O sea, ni siquiera estoy pensando en eso ahora, ¿entendés? Pero, en la misma línea, ya lo dije antes: tenemos que mirar todo”, respondió, al ser preguntado por una posible modificación del quinteto inicial. En esencia, ese es el tipo de tarea que los Knicks le pidieron que encarara. Thibodeau quedó afuera porque no quería “mirar todo”, o al menos no lo hacía con la velocidad necesaria.

El plus y menos “crudo” de la alineación con McBride y los titulares es algo engañoso, porque hubo variaciones de tiro bastante visibles. Anunoby metió dos triples muy difíciles y muy disputados en el tramo final, y McBride también consiguió uno. Tampoco conviene apoyarse demasiado en el net por muestra pequeña. Pero, aun con esa salvedad, la lógica del quinteto tiene sentido.

Defensivamente, Bridges es más grande y más disruptivo como “ayuda” que McBride. Sin embargo, como presión con el balón, no es tan insistente. Ese detalle importa en un cruce donde varios Hawks —sobre todo CJ McCollum— fueron a cazar de forma constante a Brunson con bloqueos y pantallas. En el Juego 3, Nueva York intentó contrarrestar eso con dobles sobre McCollum desde la pantalla, intentando reacomodar a Brunson para que quedara emparejado en una situación menos peligrosa.

Ahí es donde la fortaleza física y la presión de McBride se vuelven claves. Si los Knicks confían en que él pueda luchar el pase por la pantalla y volver al circuito del juego más rápido que Bridges, y además aguantar mejor el duelo mano a mano, gana valor defensivo cuando el ritmo baja. En ese escenario, se reduce el efecto de Bridges como perturbador de líneas de pase, y el conjunto se ordena mejor.

También hay que mirar el balance del plantel. El banco de los Knicks es muy cargado hacia el perímetro. Además de McBride, Jordan Clarkson, Landry Shamet y Jose Alvarado tuvieron minutos en la serie. Mo Diawara, que es el ala más “real” dentro de la rotación del final de campaña, no apareció en esa ecuación. Si se inicia con McBride, se puede mezclar con más efectividad la talla de Bridges cuando haga falta en los quintetos de descanso. Incluso podría darse un uso un poco más ofensivo, sobre todo si Brown planea seguir volviendo a esos quintetos problemáticos donde no están Brunson ni Towns. Tal vez con algunos minutos como creador primario desde el banco encuentre ritmo.

Pero si se baja todo a lo esencial, el argumento para el cambio de alineación es más simple que cualquier capa táctica: McBride está jugando mejor. En el Juego 3 se lo notó más cómodo que Bridges en cualquier momento de esta serie y, en general, en los últimos meses. Puede que no sepamos el porqué exacto, pero fue una temporada compleja y cargada de presión para Bridges. Está intentando estar a la altura de un traspaso que incluyó cinco elecciones de primera ronda. Cada partido parece convertirse en una especie de referéndum sobre ese acuerdo que lo trajo a la franquicia. En ese contexto, McBride no juega como alguien que esté cargando ese tipo de presión.

Bridges estuvo fuera de la mitad de la temporada por lesión, pero cuando estuvo disponible, no mostró su mejor versión; y en especial como tirador fue donde mejor se vio. McBride convirtió 41,3% en tiros de tres tomando nueve intentos por cada 36 minutos. Solo cuatro jugadores más alcanzaron ese nivel con al menos 300 minutos en la campaña: Kon Knueppel, Isaiah Joe, Sam Merrill y Ty Jerome. Si Bridges se muestra dubitativo, tiene razones para sentirse así. McBride, en cambio, juega con confianza porque esa confianza se la ganó.

El punto delicado es que la confianza es frágil y los jugadores son humanos. Recordemos que Hart ofreció irse al banco el año pasado. “Nunca iba a ser un día difícil para mí porque tuve algo que ver en esa decisión”, dijo entonces. En cambio, Bridges no salió del banco en más de seis años. Si lo mandan ahora sin su aval, existe el riesgo de afectar su confianza de cara al resto del postemporada. Los Knicks necesitan ganarle a Atlanta para seguir. Necesitan ganarle a Boston para quedarse con el Este, y los Celtics probablemente aparezcan después. Bridges fue determinante en la sorpresa del año pasado ante Boston. ¿Cómo respondería a un rol radicalmente distinto justo antes de esa serie? No hay certeza.

Hay motivos reales por los cuales Nueva York no le dio un rol más grande a McBride en el pasado, y también razones para dudar ahora. Cuando Hart era el titular que más sufría, se habló de que McBride tomara su lugar para darles a los Knicks un espaciado más “de cinco afuera”. Los números respaldaban una prueba más larga de ese esquema. Thibodeau parecía creer que la dupla Brunson-McBride era demasiado chica. Brown, durante gran parte de la campaña, compartió esa mirada: ese grupo disputó apenas 188 posesiones en temporada regular.

Pero en playoffs, la lógica suele volar cuando aumenta la presión. En los momentos de altísima carga emocional, los entrenadores terminan mostrando quiénes son de verdad. El DT de Houston, Ime Udoka, priorizó siempre la defensa por encima de todo, así que no sorprendió que solo le diera 11 minutos a Reed Sheppard en el Juego 2 contra Lakers. A Thibodeau también se lo veía muy atado a sus titulares, y por eso no debería extrañar que tardara demasiado en cambiarlos la primavera pasada.

La diferencia es que Brown estuvo abierto a ajustar quintetos todo el año. En particular, se mostró mucho más dispuesto a recortar el tiempo de Bridges cuando venía con una noche floja. Y en el partido más grande de la temporada hasta aquí, se notó que Brown confió más en McBride que en Bridges. Puede haber sido una decisión por “flujo” del juego: cuando un suplente tiene una gran noche, el entrenador lo sostiene. También puede ser una respuesta planificada a Atlanta. O tal vez fue el quiebre definitivo después de dos meses irregulares.

De todos modos, los Knicks se encuentran ahora en una situación casi calcada a la de un año atrás. Cambian los nombres, pero la sensación es muy parecida: cuando la temporada pende de un hilo, no está tan claro quiénes son sus cinco mejores jugadores. Esa discusión fue parte de lo que terminó sacando a Thibodeau. Ahora, Nueva York está a dos derrotas de una eliminación temprana humillante en la primera ronda, y el destino de Brown podría depender del mismo dilema. McBride ya dio argumentos en el Juego 3. Ahora queda esperar la decisión de Brown para el Juego 4.

El posible cambio de alineación

Bridges vs. McBride

¿Por qué McBride no había iniciado antes?

By Martín Gutiérrez

Martín es periodista deportivo especializado en baloncesto argentino y ligas internacionales. Lleva más de 8 años cubriendo la Liga Nacional, Euroliga y NBA, analizando estadísticas, tácticas y rendimiento de jugadores.