La segunda ronda de los playoffs de la NBA 2026 arrancó el martes y dejó una sensación de “día opuesto” en cada una de sus primeras funciones. El primer cruce del Oeste Este —Nueva York vs. Filadelfia— prometía ser el tipo de serie más parecida a una guerra de desgaste, como el gran antecedente de 2024 que terminó en seis partidos. Pero no: los Knicks abrieron la eliminatoria con una goleada histórica, 137-98 en el Juego 1, aplastando a los Sixers y borrándolos del mapa desde temprano.
En el otro arranque, Minnesota y San Antonio también ofrecieron un giro inesperado. Se suponía que el Juego 2 no iba a complicarse: los Timberwolves llegaban con el plantel golpeado, sin Ayo Dosunmu y sin Donte DiVincenzo, y con Anthony Edwards jugando con límite de minutos. Venían de una hazaña en primera ronda ante Denver, pero el argumento “lógico” era que ese equipo estaba construido para sufrir con el tamaño de los Nuggets. ¿Cómo reaccionaría, entonces, contra un plantel más joven, profundo y atlético de Spurs, además jugando fuerte en su casa y con todo? La respuesta fue contundente: Minnesota, con un pronóstico de -9.5 en contra, robó el Juego 1 en San Antonio.
Con la serie ya a mitad de la segunda ronda, es momento de mirar a los ganadores y perdedores que dejó cada uno de esos Juegos 1.
Cómo se jugó (resumen del impacto de cada Juego 1)
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Minnesota en San Antonio: control y estocada final. A pesar de las bajas, la producción de los Timberwolves apareció desde el inicio. Mike Conley, que había jugado apenas 42 segundos en el Juego 3 ante Denver, esta vez arrancó como titular y metió cuatro triples. Anthony Edwards, tras una lesión seria en la rodilla (hiperextensión) con moretón óseo nueve días atrás, jugó 25 minutos: tiró 8 de 13 y fue pieza clave para construir la ventaja que sostuvieron en el cierre. Terrence Shannon también aportó minutos reales. La defensa fue tan dominante que, en la práctica, no faltaron opciones para tomar decisiones durante el partido.
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El armado táctico de Finch y el plan para el poste. En el tramo decisivo, el entrenador de Minnesota ajustó el “modelo” de juego: durante gran parte del cuarto período, sacó a Rudy Gobert del piso para que el equipo pudiera jugar en cinco abiertos y alejar la presencia de Victor Wembanyama del aro. En ese último cuarto, los Wolves anotaron 35 puntos, su mejor registro por período del partido. A la vez, se administró a Edwards con precisión: no se lo cargó de más en los primeros tres cuartos, pero sí se lo dejó terminar con fuerza.
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Nueva York vs. Filadelfia: una paliza que no dio respiro. En el Juego 1, los Knicks no necesitaron monopolizar el balón para marcar diferencias: Jalen Brunson fue el eje, pero hubo reparto de anotación. Además, el problema defensivo de Filadelfia, especialmente en la marca a los bases y la defensa en ayudas en situaciones de pick and roll, le pasó factura. Incluso con la posibilidad de “quitar” a Embiid de los grandes de Nueva York y usarlo como referencia secundaria, el partido no dejó a Filadelfia la comodidad táctica que buscaba: los Knicks ya están acostumbrados a ese tipo de dinámica y se mostraron más cómodos que nunca en la forma de atacar. Y por si quedaba alguna duda, Embiid no mostró gran actividad defensiva en este juego.
La figura
Victor Wembanyama (Spurs) como perdedor de manual, pero con un techo altísimo. La vara que Wembanyama viene dejando es altísima. Antes del partido, el récord de tapones en un juego de playoffs era 10 (medido al menos desde que existen registros oficiales desde la temporada 1973-74). En su quinto juego de playoffs, igualó esa marca en el tercer cuarto. Y aun así, el nivel siguió: el lunes, el mismo Wembanyama había fijado un nuevo récord con 12 tapones. Esta vez cerró la noche con un triple-doble de 11 puntos, 15 rebotes y 12 bloqueos, pero su aporte ofensivo quedó por debajo de lo esperado.
El dato que resume el problema está en el tiro: su intento de triple bajó de 47% la temporada pasada a 32.4% esta campaña. El cambio fue bienvenido, porque Wembanyama es tan peligroso cerca del aro que, en el fondo, el plan debería ser que el grueso de sus tiros nazca dentro de la pintura. En la primera ronda, cuando Denver sufrió contra Gobert, el vínculo era claro: la mala noche desde el triple de Nikola Jokić ayudó a esa idea de juego. La intención era arrastrar a Gobert lejos de la zona para abrir el aro para el resto, y Spurs sí encontró buenas oportunidades para anotar cerca del tablero. Sin embargo, Wembanyama falló los ocho intentos de triple.
Ahora bien, tampoco es un partido “para condenar” a Wembanyama por una mala selección o una mala noche de acierto. Va a corregir. El punto fino es otro: sí tuvo éxito atacando a Gobert en pick and roll y también entrando como controlador del ataque. Y cuando Minnesota decidió alejarse de Gobert en el cuarto período, lo hizo con intención: cada vez que la pelota llegaba al poste, el equipo empacaba la pintura con ayudas. Esa lectura ofensiva fue la clave que Spurs deberá resolver en el Juego 2.
Jalen Brunson (Knicks) como el eje que incendió la serie. Brunson llega con un dato que preocupa: ya acumuló 35 o más puntos en cinco partidos consecutivos de playoffs ante Filadelfia. Y lo más inquietante para los Sixers no es solo la cifra, sino la manera de construirla: consiguió puntos sin convertir el partido en un show individual. Tres titulares más llegaron a 17 o más unidades. Si Nueva York mantiene a Mikal Bridges en ritmo y, al mismo tiempo, maximiza a Karl-Anthony Towns como “hub” ofensivo desde la zona alta sin obligarlo a sacrificar la producción individual de Brunson, el daño se vuelve difícil de revertir. Los Knicks suelen estar en su punto más débil cuando el ataque se vuelve una banda de un solo instrumento; en estos Juegos 1, por el contrario, encontraron el equilibrio.
Ganadores y perdedores: lo que dejó cada Juego 1
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Ganador: Chris Finch. Porque su lectura y su capacidad de ajustar hicieron posible un golpe de autoridad, con una defensa que sostuvo la ventaja y decisiones tácticas que explotaron el matchup contra San Antonio.
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Perdedor: Victor Wembanyama. Aunque firmó un triple-doble con 12 tapones, su producción ofensiva quedó debajo de lo esperado y el plan de Minnesota lo obligó a resolver fuera del go-to de la pintura.
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Ganador: Jalen Brunson. Por el impacto sostenido y por encender el ataque sin dejar que todo pase por un solo carril.
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Perdedores: Tyrese Maxey y Joel Embiid. Porque, pese a que llegaron a la línea con regularidad, el conjunto combinó un 6 de 20 en tiros de campo y no encontró el volumen de puntos “fáciles” que suele aparecer cuando el rival no llega con ayudas y rotaciones.
Lo que dijeron (ajustes y lectura para el resto de la serie)
En Filadelfia, el problema no fue solo el resultado: fue el tipo de partido que encajó. Maxey y Embiid llegaron a la línea casi siempre que lo intentaron, algo que naturalmente ocurre en la dinámica de la dupla, pero su combinación quedó en 6 de 20 desde el campo. La preocupación está tanto en el volumen como en la eficiencia: en los Juegos 5, 6 y 7 ante Boston, entre ambos tomaron entre 40 y 44 tiros de campo. Ese es el rango que Filadelfia probablemente quisiera replicar en un juego grande. Pero el martes los Knicks estaban mejor armados para defenderlos, con una solidez en ayudas que dejó muy pocos puntos sencillos.
Además, Filadelfia venía de jugar un Juego 7 apenas dos días antes. Esa carga deja al rival con ventajas de descanso y de planificación, justo en el momento en que Nueva York cerró su propia serie con menos estrés dos días atrás. Sí hay lugar para el clásico “mejorar desde el arranque”, pero si repiten esa misma desconexión en el Juego 2, el pronóstico para la historia cambia rápidamente.
En el plano defensivo, Filadelfia también tiene un desafío adicional: esta vez pudo meter a Karl-Anthony Towns en problemas de faltas, aunque Mitchell Robinson es un mejor defensor que cualquier centro con el que Boston haya contado en la serie reciente. Los Knicks, por su parte, tienen laterales y reservas ágiles para seguir el ritmo de Maxey, con Deuce McBride y Jose Alvarado como ejemplos claros, y Bridges tuvo uno de sus mejores partidos defensivos de la postemporada como matchup principal.
En el otro cruce, Minnesota también tiene “de dónde agarrarse” y no solo por el golpe de resultado. Hay un componente cultural: el equipo se siente más preparado para el playoffs que para la temporada regular. En los últimos tres playoffs, ya ganó una serie saliendo como underdog en cada una de esas tandas, y encima acaba de sorprender a uno de los candidatos fuertes en su cancha, con el plantel tocado.
Ese mérito es tanto de cultura como de estrategia. Finch armó un Juego 1 con creatividad: probó una formación de tres pívots frente a Denver con Rudy Gobert, Naz Reid y Julius Randle, y luego replicó con más éxito esa lógica ante San Antonio. El remate fue el cuarto período sin Gobert sobre el parquet para forzar un cinco abierto y, de paso, sacar a Wembanyama del aro. Edwards se gestionó con cuidado durante los primeros tres cuartos y luego se lo dejó cerrar con impacto.
En resumen, lo que hizo Minnesota no fue solo “dar vuelta” una serie: fue una victoria de organización. Construyeron un equipo que supera expectativas de manera sostenida en playoffs. Si hubiera que condensar el nombre propio que explica parte de ese salto, ese nombre es Finch.