Embiid rompe la maldición: Sixers eliminan a Celtics en un Juego 7 histórico

ByMartín Gutiérrez

May 3, 2026

¿En serio pensabas que Filadelfia iba a “tirarla” otra vez? ¿Que Joel Embiid, encorvado y agarrándose el pantalón desde la incomodidad y el cansancio, arrastrando su última lesión, iba a quedar corto… como si la propia historia volviera a sacarle el pie en el tramo final? Está bien: no estabas solo. Cuando los Sixers vencieron a Boston en el Juego 7 del sábado en la capital de Massachusetts, remontando un 3-1, el impacto fue enorme y por varios motivos. Nadie imaginaba a Filadelfia dando tanta pelea a la franquicia mejor sembrada y con el favoritismo más fuerte para llevarse el Este.

Los números

  • Marcador final: 76ers 109, Celtics 100 (victoria de visitante en el Juego 7).
  • Goleador del partido: Joel Embiid, 34 puntos.
  • Rebotes del partido: Joel Embiid, 12 rebotes.
  • Asistencias del partido: Joel Embiid, seis asistencias.
  • Tiempo de juego: Embiid jugó 39 minutos en el Juego 7.
  • Serie (promedios de Embiid): 28 puntos, nueve rebotes y siete asistencias.
  • Marca histórica de Embiid en la serie: primer jugador en la historia de la NBA en perder tres partidos de una serie al mejor de siete y aun así superar los 100 puntos totales.

La remontada que dejó sin aire a Boston

La última vez que Filadelfia había superado a Boston en playoffs había sido en 1982. Y la última vez que Embiid había ganado un Juego 7 antes de este… directamente no había pasado: venía con un 0-3 en intentos previos. Que además estuviera en la serie era, por decirlo de alguna manera, una sorpresa mayúscula. El cuerpo de Embiid, históricamente, le ha jugado malas pasadas: en los últimos tres años se perdió 150 partidos de temporada regular. Y justo cuando la postemporada empezaba, cuando el calendario ya parecía cerrado, llegó una apendicectomía de urgencia mientras los Sixers estaban de gira en Houston. Con ese escenario, era lógico pensar que no llegaría a tiempo para el duelo contra los Celtics. Incluso con su presencia en duda, la estadística y la historia parecían hablar en contra de él y de su equipo.

Pero ocurrió lo contrario. Embiid cargó con el peso ofensivo del equipo en un Juego 7 decisivo: 34 puntos en 39 minutos, sumó 12 rebotes y seis asistencias para firmar un triunfo 109-100 de visitante. El nivel de improbabilidad fue tal que cuesta medir quién quedó más impactado: si la gente de Filadelfia o la de Boston. Incluso Sam Hinkie, ex director general de los Sixers, no podía creer lo que estaba pasando.

“Volvió Embiid” y cambió todo

Después del Juego 7, el entrenador de Boston, Joe Mazzulla, habló de lo que cambió en la serie. Su Celtics venía con un antecedente relevante: fueron el primer equipo en la historia de la franquicia que pierde en playoffs ante unos Sixers que no contaban con Wilt Chamberlain ni Julius Erving. La pregunta fue directa por el giro del enfrentamiento, y la respuesta de Mazzulla fue simple, sin vueltas: “Lo que cambió en esta serie fue que Joel Embiid regresó y se convirtieron en un equipo completamente distinto”.

Y no se quedó en la frase. En los cuatro partidos que disputó, Embiid promedió 28 unidades, nueve rebotes y siete asistencias. A eso se le sumó un dato que refuerza el impacto físico y el compromiso: casi 37 minutos por juego. Además, se convirtió en el primer jugador en la historia de la NBA que, aun habiendo faltado tres juegos de una serie al mejor de siete, llegó a más de 100 puntos totales en ese mismo cruce. La imagen también fue parte del relato: una y otra vez, Embiid se fue al piso tras choques y contactos como si fuera lo habitual, para luego volver a levantarse mientras se acomodaba el lado derecho —con una cicatriz que aún estaba sanando— y dejaba a los Sixers y a su hinchada conteniendo la respiración.

En un momento del Juego 7, tras otra caída dura dentro de una carrera marcada por este tipo de episodios, se fue al vestuario. Volvió, y lo hizo con estiramientos laterales sobre la cancha que, por lo raros y poco comunes, casi parecían una obra de arte.

Claro que hubo bromas. Siempre las hay. Pero esta vez el que por fin terminó riéndose fue Embiid: la serie le regaló esa clase de carcajada. Y la sensación es que no necesariamente será la última.

Lo que viene: Knicks, rival de largo tiempo y el paso que falta

Igual, para Filadelfia esto es apenas un capítulo. Los Sixers todavía tienen trabajo y Embiid, todavía cosas que demostrar. Hay un dato que pesa: es el único MVP que nunca llegó a las Finales de Conferencia. Para romper ese techo, tendrá que superar a otro rival de larga data: los Knicks. Nueva York viene de dejar en el camino a Atlanta en seis juegos y, además, apareció como el único equipo del Este que no tuvo que jugar un Juego 7 en la primera ronda.

Pero ahora es “para más adelante”. Por el momento, Embiid y los Sixers avanzan. No todo fue obra de él, claro. Hubo aportes de varios lados. Uno de los nombres que aparecieron como sorpresa —sobre todo para una organización que no suele recibir este tipo de novedades— fue VJ Edgecombe: en el triunfo de Juego 2, aportó 30 puntos y 10 rebotes, transformándose en el primer novato en lograr 30 y 10 en un partido de playoffs desde Tim Duncan.

También estuvo Paul George, que se perdió 25 encuentros por violar la política de la liga contra las drogas, pero que en la serie sí estuvo disponible y fue útil. Tanto fue así que incluso un fan de Boston que era amigo personal del autor de la nota soltó una queja: le molestaba que, justo cuando Boston necesitaba que algo saliera mal, se cruzaran con la mala suerte de tener enfrente a PG y a Embiid al mismo tiempo, sanos y en buen nivel. Probablemente, sí: eran odds durísimas.

Maxey y el empuje cuando Embiid no podía

Y después aparece Tyrese Maxey. El All-Star —con grandes chances de que termine con una invitación a All-NBA— fue quien mejor sostuvo el equipo mientras Embiid se estaba recuperando. Maxey cargó gran parte del año, y luego ayudó a que Embiid pudiera administrar una exigencia enorme en playoffs contra una franquicia que, durante más de cuatro décadas, ya había demostrado que el peso era demasiado para Filadelfia cuando el escenario era el correcto.

En el Juego 7, Maxey también fue protagonista: 30 puntos, 11 rebotes y siete asistencias. Con ambos, se alcanzó un hito: se transformaron en el primer par en la historia de la NBA en que, en un Juego 7, cada uno registre al menos 30 puntos, 10 rebotes y cinco asistencias.

Fue un esfuerzo máximo de sus dos estrellas. Filadelfia necesitó tres victorias de visitante ante un rival al que no le ganaba “cuando importaba”. Eso fue lo que terminó empujando el resultado: primero la historia, después la serie.

Maxey: “había que cortar con esto”

Luego del Juego 7, Maxey dejó una frase que resume el ánimo del equipo: “No podemos dejar que pase lo mismo una y otra y otra vez. En algún momento tenemos que ponerle un freno”.

Ese “en algún momento” llegó. Antes, cuando Boston dominaba 3-1 y todo parecía encaminado a que despacharan a los Sixers como tantas veces, algunos hinchas de los Celtics se dedicaron a cantar “queremos Boston”. Era una burla hacia Filadelfia y su gente por atreverse a usar esa expresión, como si esa simple idea fuera una provocación.

Fue el primer juego de Embiid de regreso. Los Sixers perdieron. Esa noche, Embiid escuchó el estadio de Boston y sonrió.

Y ahora, con la serie cerrada a su favor, se puede apostar a que sigue sonriendo.

By Martín Gutiérrez

Martín es periodista deportivo especializado en baloncesto argentino y ligas internacionales. Lleva más de 8 años cubriendo la Liga Nacional, Euroliga y NBA, analizando estadísticas, tácticas y rendimiento de jugadores.