Los Philadelphia 76ers dieron vuelta una serie que parecía perdida: remontaron un 3-1 ante los Boston Celtics y ganaron el Juego 7 como visitante el sábado, por 109-100. El triunfo los mete en las semifinales de la Conferencia Este por sexta vez en los últimos nueve años, en una llave donde estuvieron cerca de tirar todo un colchón de 18 puntos en el segundo tiempo. Joel Embiid cargó con el peso ofensivo con 34 puntos, 12 rebotes y seis asistencias, mientras Tyrese Maxey aportó 30 unidades y fue decisivo en los últimos instantes ante un rival que llegó al cierre sin Jayson Tatum, con una molestia en la rodilla izquierda.
Remontada histórica y cómo impacta en la pelea por el Este
La temporada de Filadelfia había sido, como mínimo, irregular: alternó buenas ráfagas con tramos donde la salud no acompañó. Aun así, el techo del equipo siempre estuvo: lo mostró en la primera ronda frente a Boston, con una remontada que terminó en el Juego 7. El dato no es menor: los Sixers avanzaron a la semifinal del Este por sexta vez en los últimos nueve años, y lo hicieron tras haber llegado a la distancia más difícil del playoff (3-1 abajo) y sostener la ventaja en el momento más frágil.
El cierre del Juego 7 tuvo un guion particular: casi todo el tramo final se trabó. Con poco más de dos minutos, ambos equipos apenas sumaron dos puntos en sus últimos ocho ataques, y esos dos llegaron por una falta sobre balón suelto. A nivel de ejecución, el conjunto visitante no estaba encontrando triples ni soluciones cómodas, pero sí apareció la velocidad y la lectura de Maxey para romper la defensa cuando más dolía.
- Marcador: 76ers 109, Celtics 100 en el Juego 7.
- Embiid: 34 puntos, 12 rebotes, seis asistencias.
- Maxey: 30 puntos, 11 rebotes, siete asistencias.
- Tatum: no jugó por rigidez en la rodilla izquierda.
El “final” del plan: Maxey aceleró y Embiid sostuvo el partido
Los últimos minutos dejaron claro que, aunque Filadelfia había conducido gran parte del ataque alrededor de Embiid, necesitaba una chispa distinta para cerrar. En el punto de quiebre, después de que Payton Pritchard fallara un triple totalmente abierto que podía poner a Boston arriba, Maxey tomó el mando llevando la pelota por la cancha. Embiid recibía atención de Jaylen Brown, pero la secuencia fue pensada para abrir espacio con un bloqueo: Maxey pidió un ball-screen en la esquina derecha con Kelly Oubre Jr. como bloqueador, defendido el sistema por Neemias Queta.
Queta estaba ubicado con un pie más allá de la línea de tres, lo suficientemente alto como para impedir que Maxey se apoyara en un tiro en suspensión cómodo. El bloqueo, sin embargo, no alcanzó para frenar el cambio de ritmo: Maxey aceleró, se ganó medio paso y cortó por delante para una bandeja al aro desde el reverso que puso a Filadelfia arriba por tres con 2:00 exactos.
En la jugada inmediata, Boston intentó repetir la acción. Esta vez, White se metió por debajo del primer bloqueo y cortó el camino. Entonces, Filadelfia ajustó: Maxey le pasó la pelota a Oubre y siguió su movimiento para recibir una continuación hacia la derecha. De nuevo, Queta volvió a quedar cerca de la línea de tres y, de nuevo, Maxey terminó ganando la carrera hacia la zona: se metió entre dos defensores de ayuda y generó uno de los golpes más importantes de la serie.
El contraste también sirve para entender por qué este Juego 7 fue tan duro de resolver para Boston: Queta estuvo como opción defensiva en el centro para esos bloqueos, mientras White aparecía como candidato a selecciones defensivas. Aun así, Maxey les ganó en las dos canastas más grandes del partido.
Mirando el detalle de la serie, Queta fue el defensor que más veces se enfrentó a ese tipo de acción: le tocó ser el que defendía los ball-screens que terminaban en Maxey, con 90 pantallas registradas para ese contexto en los siete juegos. No obstante, el sistema no se tradujo siempre en eficiencia para Filadelfia: cuando el ataque derivaba directamente en tiro, pérdida o falta, el rendimiento fue de 0.83 puntos por posesión. El problema de fondo para Boston apareció en el cierre: en los tramos “crunch”, cuando el resto del equipo se quedaba, Maxey mantuvo la aceleración. Cerró con 30 unidades, con 11 de 18 en tiros de campo, y se perfila como una amenaza clara de cara al próximo rival.
Embiid no tuvo respuesta consistente y Boston se complicó por sus cambios
En paralelo, Embiid marcó la diferencia desde el comienzo del Juego 7. Arrancó con 10 puntos y cinco asistencias en el primer cuarto, con un par de tiros de “pick and pop”, lecturas acertadas cuando lo doblaban y victoria uno contra uno sobre Queta. En los cuatro partidos finales de la serie, Boston no encontró una solución estable para defenderlo: probó con Hugo Gonzales, con muy pocos minutos acumulados durante los primeros seis juegos; lo emparejó con Brown, que no terminó de tener herramientas suficientes; y finalmente recurrió a una defensa en zona.
Aunque en el cuarto final Embiid bajó su producción (2 de 9 en el parcial), sus siete puntos en ese tramo fueron de altísimo impacto. Con la ventaja apenas sosteniéndose, anotó un tiro de frente sobre Queta, metió un triple en el pick and pop cuando Brown decidió no cerrar la salida y, además, forzó una falta en el poste sobre Brown. Esa secuencia lo llevó a poner a Filadelfia arriba por tres con dos libres a 4:45 del final.
Es importante el contexto: no fue su serie de playoff más anotadora (el promedio fue de 28.0 por partido), y tampoco su mejor versión en eficiencia (true shooting de 53.7%). Aun así, en lo colectivo el resultado se sostenía: cuando Embiid jugó, los Sixers quedaron 3-1, y la defensa mejor posicionada en la liga no alcanzó para encontrar el “cómo” de frenar su impacto.
Además, con el desarrollo del sábado, la nota médica apareció: se mencionó que Embiid habría sufrido una lesión de rodilla en el tramo final del Juego 7. Ese detalle puede pesar en la planificación del próximo cruce, aunque el partido ya quedó sellado con el marcador final de 109-100.
El cambio de Boston con Tatum afuera no funcionó
Con Tatum fuera por rigidez en la rodilla izquierda, Boston necesitaba modificar el quinteto. No era obligatorio mover tres piezas, pero lo hicieron: quedaron fuera Tatum, Queta y Sam Hauser. En su lugar entraron Baylor Scheierman, Luka Garza y Ron Harper Jr., jugadores que habían sido noveno, décimo y undécimo en minutos totales dentro del equipo en los primeros seis juegos.
Ese cinco inicial no había jugado junto durante toda la temporada, y arrancarlo en un Juego 7 era un riesgo que se terminó pagando. Boston se quedó sin anotar en sus primeros seis ataques y llegó abajo 11-4 antes de su primera sustitución. Ahí entró Payton Pritchard por Harper; este último no regresó después de apenas 4:02 en cancha. Garza sumó minutos, pero tampoco fue suficiente: en sus 8:38 de acción, Boston fue superado por 15 puntos con él en el parquet.
En el apartado de ejecución, Scheierman, Harper y Garza combinaron un pobre 0 de 7 en tiros.
La temporada “sorpresa” se apagó por el tiro exterior
Boston llegaba con el peso de haber sido una de las grandes sorpresas de la liga. El año venía marcado por el desgarro de Aquiles que sufrió Tatum en los playoffs del curso anterior y por la salida de cuatro piezas de rotación el verano pasado. Con esos cambios, parecía un “año de transición”. Sin embargo, no: volvieron a ser de los mejores equipos, metidos entre los cinco primeros en ambos lados de la cancha por cuarta temporada consecutiva.
Cuando además la serie lo favoreció, el escenario se volvió aún más peligroso para el rival: Boston llegó a estar 3-1 arriba y, con otras cabezas de serie sufriendo, parecía favorito a alcanzar las Finales del Este. Incluso con chance de liquidar en el Juego 5, habían construido una ventaja de 13 en el segundo tiempo.
Pero el golpe final llegó por la vía que más cuesta sostener en playoffs: el tiro de media y larga distancia. Boston fue el equipo más “orientado al tiro exterior” de la liga en el sentido de que, en temporada regular, solo el 41% de sus lanzamientos provenían del poste o el área pintada; en playoffs esa tasa bajó al 36%. En el Juego 7, el problema se tradujo en pérdidas de oportunidades: fallaron demasiados lanzamientos abiertos en el tramo final.
En toda la serie, a través de sus cuatro derrotas, el porcentaje de triple fue de 27.4% con 49 conversiones sobre 179 intentos. En una liga donde “o entra o duele”, Boston no pudo sostener la misma balanza de aciertos.
La lectura hacia adelante es clara: si la dependencia de los lanzamientos de tres se mantiene tan alta, el riesgo aumenta cuando el rival aprieta el cerrojo defensivo y fuerza a tomar decisiones menos flexibles. Con Tatum presumiblemente recuperado, la expectativa general volverá a niveles anteriores, pero el aprendizaje del cierre de esta llave queda marcado: hay que ser menos dependiente del salto y encontrar más volumen de finalizaciones cercanas.
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La serie dejó una combinación de factores: Filadelfia encontró la velocidad de Maxey para cerrar, Embiid sostuvo la producción incluso con la defensa cambiando sin respuesta definitiva y Boston, con sus variantes de quinteto y su falta de acierto exterior en los momentos de definir, terminó pagando caro el plan. El próximo paso para los Sixers es atravesar el siguiente cruce del Este, con una incógnita física sobre Embiid a partir del tramo final del Juego 7.