Wizards reciben el Nº 1 del draft 2026: miran el futuro con esperanza

ByMartín Gutiérrez

May 11, 2026

Los “dioses del sorteo” de la NBA le devolvieron a los Washington Wizards una deuda que venía creciendo: les tocó la primera selección del draft 2026. Se trata de un equipo que estuvo a un solo “ping pong ball” de quedarse con el Nº 1 también en los drafts de Zion Williamson (2019), Victor Wembanyama (2023) y Cooper Flagg (2025), lo que deja en claro que la suerte, hasta ahora, venía rozando el desastre.

El otoño de 2025 fue el que más pesó en términos estadísticos. Washington terminó con el segundo peor récord de la liga en esa temporada (y, de paso, quedó marcado como el primer equipo de la historia en perder al menos 64 partidos durante tres años seguidos), así que tenía un máximo de 14,5% de chances para quedarse con Flagg. No fue: en el Nº 6 apareció Tre Johnson.

Desde que tomaron a John Wall con el Nº 1 en 2010, las dos selecciones más altas de Wizards llegaron en 2013 y 2024. En 2013 eligieron a Otto Porter Jr. en el Nº 3, dentro de una lotería que con el tiempo se terminó confirmando como extremadamente floja. En 2024, en tanto, seleccionaron a Alex Sarr en el Nº 2, también en otra clase que dejó sensaciones amargas.

El motivo del “salto” que se espera en 2026

  • Los Wizards recibieron el Nº 1 del draft 2026.
  • La clase 2026 se proyecta como lo opuesto a una “lotería débil”.
  • La NBA cambiará el sistema de lotería el año que viene.
  • El sistema actual no premió a los peores equipos en los últimos siete drafts, hasta ahora.

Salvo que todos los scouts y analistas del draft estén equivocados, 2026 se perfila como una camada distinta, con chances reales de generar jugadores capaces de cambiar franquicias. La obtención de este Nº 1 también se siente como un “premio” adicional: la clase tiene talento proyectado para impacto de élite, y además será el último año del sistema actual de lotería, que se supone que debería recompensar (al menos en teoría) a los equipos que más mal vienen.

Eso no ocurrió en los últimos siete sorteos. Desde que se introdujeron las probabilidades vigentes en 2019, el equipo con peor récord de la liga nunca había aterrizado en el primer puesto… hasta ahora. Washington, además, fue el caso típico de “tank” sin maquillaje: hizo intercambios por Trae Young y Anthony Davis, prácticamente nunca los usó como si fueran parte del proyecto, y hasta sentó a sus rookies y a los de segundo año en los tramos finales de partidos en una ruta que terminó con 26 derrotas en los últimos 27 juegos.

Y aun con toda esa intención, el resultado llega: es difícil exagerar lo enorme que es para la franquicia. En el contexto de una década marcada por la frustración, el Nº 1 en 2026 funciona como un punto de quiebre real.

Qué cambia con el nuevo formato de lotería

  • Bajo el sistema actual, el peor récord no había ganado el Nº 1 desde 2019.
  • El año próximo se modifican las chances para el Nº 1.
  • Los tres peores equipos tendrán 5,6% de probabilidad de obtener el Nº 1.
  • Los equipos ubicados del puesto 4 al 10 peor tendrán 8,1% como máximo para el Nº 1.
  • Incluso desde el play-in (Nº 9 o 10), Washington conservaría 5,4% de chances.

La esperanza crece también por un detalle: el sistema de lotería cambiará el año que viene. Si bien se puede leer la propuesta, el aspecto clave es claro. Para limitar el tanking de los tres peores equipos, ahora esos tres tendrán apenas 5,6% para quedarse con el Nº 1. En cambio, los conjuntos que terminen entre los cuatro peores récords y el décimo peor tendrán la máxima suba posible: 8,1%.

Si Washington cierra la próxima temporada con un registro dentro del “fondo” del top tres, el escenario sería directamente malo: saldría todo mal. Más probable es que se muevan dentro del rango 4-10, el lugar donde aparece la jugada perfecta: suman una estrella de futuro, empiezan a ganar lo suficiente como para construir identidad, y al mismo tiempo maximizan sus probabilidades de volver a tener un pick alto también en 2027.

Bajo el nuevo sistema, incluso hay una ventana extra. Washington podría meterse al play-in como el sembrado Nº 9 o 10 del Este y, aunque arranque desde esa instancia y logre entrar a playoffs, retendría 5,4% de chances para el Nº 1 (el mismo porcentaje que tendrían los peores tres récords). Y aun si quedara como Nº 8 en playoffs, igual recibiría “bolas” de lotería.

En cualquier dirección que tome el equipo, para el análisis de cara a la próxima temporada, la salida más realista parece ser terminar entre el 4 y el 10 —idealmente más cerca del 10— o, como mínimo, aparecer en los juegos del play-in. La reacción en redes sociales, apenas se conocieron los resultados, fue la de siempre: “se acercan las scary hours”. Pero la idea de que eso ocurra no es tan automática.

Claro que hay valor por nombres. Trae Young y Anthony Davis pesan por marca, pero Young —como se vio durante años— no suele alterar tanto el techo real de un equipo en términos de transformar el proyecto. Davis, por su parte, lo más probable es que no llegue sano o que termine siendo transferido.

Incluso si Davis se quedara (él mismo dejó en claro que prefiere jugar en un contendiente y que Washington no está en ese grupo), la combinación de que Young pase de golpe a “mover” el nivel del equipo, que Davis juegue 65 partidos, y que los Wizards terminen entre los puestos 5 o 6 del Este en una conferencia que debería ser más dura que en años recientes, suena a fantasía. El porcentaje de que eso suceda es, en la práctica, mucho más bajo que el hecho de haber obtenido el Nº 1 en el sorteo.

El plan: construir para ganar ahora y más tarde

  • Washington tiene “opciones” para armar plantel tras ganar el Nº 1.
  • Este año se suma AJ Dybantsa.
  • También podría sumarse otro pick alto el año próximo.
  • El núcleo joven mencionado incluye a Alex Sarr, Tre Johnson, Kyshawn George, Bilal Coulibaly, Will Riley y Bub Carrington (todos con 22 años o menos).
  • La clave es evitar comprometerse con un contrato de Davis en los términos que busca.

No significa que Washington no deba celebrar: debería hacerlo con ganas. Ahora tiene un abanico de caminos, y varios son buenos. En el presente, la adición de Dybantsa se suma a un núcleo joven que ya incluye a Alex Sarr, Tre Johnson, Kyshawn George, Bilal Coulibaly, Will Riley y Bub Carrington, todos con 22 años o menos. El futuro, en ese sentido, aparece iluminado.

El “gancho” de esperanza es que incorporar a Young y Davis no borra esa lógica: en teoría, permitiría armar un escenario donde se compite antes y se despega todavía más después. Pero esa ecuación tiene un punto sensible: el único error realmente malo que podrían cometer sería firmar a Davis con la prórroga que él quiere.

Davis tiene 33 años. Para la próxima temporada figura con 58,5 millones de dólares en el salario y ya existe una opción de jugador de 62,7 millones para 2027-28. Él busca eliminar esa opción y cerrar el último gran contrato. Washington, bajo ninguna circunstancia, debería ser el equipo que le dé ese cheque.

De hecho, la postura es clara: la idea sería tomar el teléfono y tratar de intercambiarlo. La lógica es que su valor, probablemente, no sea enorme, algo que explica cómo terminaron obteniéndolo “por casi nada” en el intercambio original. De las dos primeras rondas entregadas por él, una era de OKC y se ubicaría probablemente en los últimos 20, mientras que la restante es de Golden State para 2030 con protección top-20, lo que haría que también caiga en ese rango o se convierta en una segunda ronda.

En el plan a largo plazo, Davis no debería estar. Como máximo, puede ayudar a competir a un nivel razonable durante la próxima temporada y luego que tome la decisión sobre la opción de jugador en 2027. Si quiere irse sin costo, está bien: otra vez, no se pagó demasiado para traerlo.

Antes de que Wizards ganaran este Nº 1, el acuerdo por Davis ya se sentía como una decisión algo apurada, incluso considerando el intercambio de bajo riesgo. El equipo venía y viene con hartazgo de perder: quería “acelerar” el proceso sin apostar a que, en el largo plazo, hubiese una figura franquicia en la plantilla como para soñar más tiempo.

Pero ahora el panorama cambia. Si realmente van a obtener esa estrella de largo recorrido, Davis debería ser un “pasajero” del proyecto: un año y, como mucho, listo. La idea es avanzar con el grupo joven que ahora se vuelve especialmente atractivo. Y, en esa línea, si Washington toma a Peterson con el Nº 1, se entiende que Young tampoco entra en el plan de largo plazo. En cambio, si eligen a Dybantsa, Young queda en modo “mirar y evaluar”: sigue siendo joven y con talento suficiente como para estirarlo un poco más que a Davis.

En definitiva, son caminos buenos. Incluso potencialmente grandes. La franquicia venía con un clima muy sombrío durante mucho tiempo, pero el golpe de lotería del domingo por fin le dio aire: ahora está en condiciones de empezar a “capitalizar” ese crecimiento y, ojalá, volver a estar en relevancia… y con proyección de ir más allá.

Wizards’ roster-building options

By Martín Gutiérrez

Martín es periodista deportivo especializado en baloncesto argentino y ligas internacionales. Lleva más de 8 años cubriendo la Liga Nacional, Euroliga y NBA, analizando estadísticas, tácticas y rendimiento de jugadores.