Más allá de que haya sido verdad o una excusa armada a la carrera, los Minnesota Timberwolves recurrieron a una especie de gimnasia mental para llegar con el plus emocional al duelo ante los Denver Nuggets, un candidato real al anillo que habían dejado afuera en la primera ronda. En ese cruce, gran parte del relato se apoyó en cómo el equipo de Minnesota logró frenar a su rival, aun cuando el nivel de Nikola Jokić y Jamal Murray no terminó apareciendo en los términos a los que Denver ya se había acostumbrado en playoffs. El techo de los Nuggets se les cayó en el Target Center: cayeron 110-98 en el Juego 6.
Fue el tercer partido de la serie, todos disputados en Minnesota, donde el ataque más prolífico de la liga —los Nuggets promediaron 122,1 puntos en la temporada regular— ni siquiera pudo cruzar la barrera de los 100. Y, aunque en un escenario “normal” pudiera existir alguna diferencia de talento entre ambos, este jueves esa distancia no alcanzó a pesar, porque los Wolves jugaron y ganaron con bajas importantes. Ahí aparece también el costado competitivo: el entrenador Chris Finch empujó el mensaje del “nosotros contra ellos”, en una rivalidad que viene caliente en los últimos años, y los Wolves encontraron señales de desdén en Denver durante el cierre de las ubicaciones del Oeste.
“La gente nuestra lo tomó personal. Denver tuvo la chance de elegir a quién quería enfrentar en el tramo final y eligió a nosotros. Usamos eso como motivación durante toda la preparación y en la serie. Los muchachos se engancharon con el desafío”, sostuvo Finch.
Denver, por su parte, cerró la fase regular con 12 triunfos consecutivos para terminar tercero, así que el cruce No. 3 vs. No. 6 no surgió por un camino “de casualidad”. Pero cualquier ventaja emocional que los Wolves pudieran haber sacado de esa dinámica no hizo más que sumar: avanzaron a semifinales de conferencia, donde les toca enfrentar a San Antonio.
Cuatro claves del Juego 6
La primera tiene nombre y apellido: Jaden McDaniels. En el partido que cerró la serie, el máximo anotador de Minnesota también se metió en el rol más exigente, el de cuidar al arma ofensiva más explosiva del rival. Es una decisión de escuela vieja dentro de la NBA moderna: mano a mano y control del cuerpo, y McDaniels respondió con convicción.
En el Juego 6, McDaniels terminó quedándose con la última palabra de una serie que venía cargada de palabras y de acciones. Después del Juego 2, había hecho pública su falta de respeto hacia los defensores de Denver, nombrándolos. Al final del Juego 4, un layup innecesario suyo fue el detonante de una escaramuza que amplificó los silbidos que escuchó de la gente de Denver el lunes, y contrastó con el cariño que recibió en el Target Center el jueves.
“Simplemente no me importó. Dije lo que dije. No voy a decirlo otra vez”, explicó McDaniels.
La forma en que McDaniels salió a cubrir a Jamal Murray tampoco debería haber sorprendido: el historial del base de Denver en juegos de eliminación con grandes producciones chocó contra la realidad física que impuso el defensor de Minnesota. Por altura, velocidad y control corporal, McDaniels terminó demostrándose más alto y más rápido que Murray. La temporada se le dio a Murray con números de carrera, pero esta serie tuvo un cierre helado: 4 de 17 en tiros de campo, 12 puntos y un -18 como peor valoración del equipo en más de 40 minutos.
Chris Finch también lo puso en contexto: “No hay amor perdido entre los equipos. [Jaden] toma el desafío de defender a estos tipos. Sabía que iba a tener un montón de acciones, que lo iban a golpear con un montón de bloqueos, y tiene que seguir corriendo, seguir peleando”.
En el plano ofensivo, McDaniels venía creciendo en los últimos dos años, pero esta vez tuvo un rendimiento por encima de lo esperable por necesidad. Sus 32 puntos fueron récord personal y, junto con 10 rebotes, lo ubicaron en un grupo exclusivo de Minnesota: junto a Kevin Garnett, Anthony Edwards y Karl-Anthony Towns, como los únicos jugadores de la franquicia con una noche de al menos 30 puntos y 10 rebotes. En sus seis temporadas en la NBA, solo tuvo un partido más con un perfil tan parecido.
“No estoy cansado para nada”, dijo McDaniels, como si el físico también respondiera al clima de la serie.
La segunda clave se centra en “los otros” de Minnesota. La pareja titular de bases y escoltas de siempre se desarmó en el Juego 4: Donte DiVincenzo se lesionó con una rotura del tendón de Aquiles derecho y Anthony Edwards sufrió un moretón en el hueso y la rodilla izquierda hiperextendida. A eso se sumó Ayo Dosunmu, el autor del explosivo partido de 43 puntos en la noche anterior, que el jueves apareció en el parte médico por una molestia en el gemelo derecho y quedó afuera. Denver también llegó con ausencias, sin Aaron Gordon y sin Peyton Watson, pero el nivel de bajas de Minnesota fue distinto.
Y aun así, los Wolves hicieron historia: se convirtieron en el primer equipo en la historia de los playoffs de la NBA que gana un juego faltando a tres jugadores que en la serie promediaban 10 puntos o más. Sin Dosunmu (21,8 puntos por partido), sin Edwards (18,5) y sin DiVincenzo (10,8), Finch movió piezas con la agilidad de un jugador de póker en una sala oscura. Una de sus respuestas fue alinear en la línea de adelante a Julius Randle, Naz Reid y Rudy Gobert, buscando minutos sólidos de ese conjunto.
Finch además arrancó y utilizó durante 26 minutos a un veterano como Mike Conley, y le dio 12 minutos de rotación a Jaylen Clark desde el banco. Pero el gesto más visible fue la confirmación de Terrence Shannon Jr. como titular. El escolta de 1,98 metros, que cerraba su segundo año de aprendizaje en el rol, terminó anotando 24 puntos en 35 minutos. Sus aceleraciones dejaron a Denver reaccionando tarde durante casi toda la noche, y sus ataques al aro ayudaron a que Minnesota ganara el duelo en la pintura por 64-40.
El plan que Finch había criticado en la serie por algunos desajustes también apareció corregido cuando más importaba: sirvió para que el equipo diera el salto de ronda.
“Supe que iba a ser titular cuando entré al edificio”, contó Shannon. “Tenía la misma mentalidad: ser agresivo y mejorar en defensa”.
La tercera clave es la salida anticipada de Denver. A tres años de su título de NBA, el núcleo de los Nuggets esperaba algo más. Venían de cerrar la temporada regular con 12 triunfos seguidos y apuntaban a enfrentar a Minnesota, un rival que viene creciendo y que ya les resulta demasiado familiar. Sin embargo, nunca encontraron su mejor versión: quedaron expuestos defensivamente, como McDaniels había insinuado, y se van rumbo al verano con un plantel con fallas evidentes.
Jokić lanzó una frase con ironía desde la cancha: “Si estuviéramos en Serbia, seguro nos echarían a todos”.
A partir de acá, habrá pedidos de cambios. Uno de los más simples es hablar del entrenador. David Adelman aceptó la responsabilidad completa por el tropiezo en playoffs, pero Jokić no se sumó a esa lectura. El centro de Denver remarcó que la falta no pasó por la cabeza: “No es culpa de él que no hayamos podido rebotear. No es culpa de él que no pudiéramos agarrar la pelota. No hay nada para culpar a David Adelman. Fue todo nuestro”.
La cuarta clave tiene que ver con Rudy Gobert, que en esta serie recibió un rótulo particular: si McDaniels fue el MVP de Minnesota, Gobert fue NMVP, es decir, el siguiente en la lista. Al aceptar y muchas veces resolver tareas defensivas individuales contra Jokić, los Wolves pudieron, además, defender de forma más directa al resto de los Nuggets.
Gobert fue especialmente determinante en los primeros cuatro partidos, ayudando a que Minnesota se ubicara con una ventaja de 3-1. Y en el partido que cerró la serie, volvió a jugar como un “Joker de bolsillo”: 10 puntos, 13 rebotes y ocho asistencias. McDaniels lo elogió sin vueltas: “Rudy fue fantástico. Es un jugador del Salón de la Fama, un defensor del Salón de la Fama. Ahora es otra ronda y tiene otro desafío. Sé que va a salir bien. Sé que estoy listo para verlo”.
Con semifinales del Oeste ante San Antonio, Gobert queda clavado en un duelo con su compatriota francés, Victor Wembanyama. Ese choque puede tener un extra de picante: la joven estrella de los Spurs ganó el premio Kia al Defensor del Año de forma unánime. Gobert sintió ese reconocimiento como un gesto que le pasó por al lado, ya que en su visión no haber entrado al Top 3 en la votación fue una falta de consideración.
De cara a lo que viene, el mensaje de Minnesota es claro: con o sin jugadores, con o sin el mejor guion de temporada, la defensa y el carácter terminaron imponiéndose en el momento clave. Ahora, los Wolves miran hacia San Antonio con la misma idea que sostuvieron durante toda la serie: pelear cada posesión como si fuera la última.