Shai Gilgeous-Alexander, imparable: nuevo Kia MVP y otro reconocimiento

ByMartín Gutiérrez

May 18, 2026

Se lo conoce por sus iniciales, porque tres letras siempre son más fáciles de decir que pronunciar el apellido completo, ese nombre largo con guion que en la camiseta se estira tanto que parece dibujar el mismo arco que una salida de salto: la pelota sale, las yemas ajustan el ángulo y el resto es pura ejecución. Así, Shai Gilgeous-Alexander se volvió “M-V-P” en la boca de todos… y ahora, por duplicado.

Claro: M-V-P, dos veces. Y también SGA, como lo gritan en Oklahoma City. Shai es el Jugador Más Valioso de la liga, otra vez, y cuando alguien entra en ese grupo selecto —ya son 13 los jugadores que lo lograron en años consecutivos— deja una huella. Gilgeous-Alexander se sumó como apenas el quinto base o escolta (guard) en alcanzar esa marca, con la salvedad de que su historia todavía no está cerrada. A los 27 años, todavía le queda margen para sumar una capa más a un caso que ya está firme para “grandeza”.

En esta etapa, un jugador empieza a mirar de reojo el territorio de los “de la historia”, donde las discusiones se vuelven debates interminables. Se despeja lugar en el techo del estadio para lo inevitable: una reitirada de camiseta. Y en el Hall of Fame, quizá, hasta una estatua cerca de la entrada. Dicho simple: Shai transita un camino poco transitado, y su viaje ni siquiera llegó al pico más alto.

“Es el MVP de la liga”

De Devin Booker, guardia de Phoenix Suns, llegó una frase directa para describir lo que se vio en la cancha: “Es el MVP de la liga. En los últimos dos años estuvo jugando el mejor básquetbol del campeonato”. La pregunta es inevitable: ¿cómo se da ese salto?

La respuesta tiene varias capas. Gilgeous-Alexander encontró el momento exacto: se alinearon los resultados del equipo, su desarrollo individual y también los cambios del propio juego dentro de la NBA. En los playoffs y en la regular, Shai se acomodó al nuevo orden: más espacio, más juego uno contra uno, más castigo desde el bote y la toma de decisiones con menos margen de error.

La NBA que le tocó y el trabajo que lo ajustó

Shai aprovechó al máximo el giro de estilo que vive la liga: canchas más abiertas y un peso fuerte del ataque en aislamiento. No se lo dieron hecho; lo trabajó para que su repertorio calzara en ese mapa. En el básquet moderno, un defensor que llega tarde y un espacio que aparece son regalos. Y especialmente para un “guard”, porque ese tipo de espacio no era tan común décadas atrás, antes de la obsesión por los datos, antes del énfasis en el triple y, sobre todo, en una época donde los hombres altos concentraban la mayor parte de los tiros y el juego premiaba más el tamaño que la creación a partir del bote.

De todos modos, el baloncesto siempre sigue favoreciendo a ciertas alturas. En los últimos 25 años, apenas siete guards pudieron ganar el premio individual más codiciado de la liga antes de que Shai lo hiciera. Y dentro de ese selecto grupo, sólo Shai, Stephen Curry y Steve Nash repitieron el logro.

El efecto OKC: del intercambio al “tutor”

Hay otro aspecto del timing que también fue perfecto. Shai llegó a Oklahoma City proveniente de Los Angeles Clippers, en un intercambio que colocó a los Thunder con una necesidad clara: un astro ofensivo después de perder a Kevin Durant, Russell Westbrook y James Harden, tres ex MVP y campeones de anotación. El club armó su estructura alrededor de su forma de jugar.

Además, recibió una “temporada de aprendizaje” con Chris Paul, un detalle que terminó siendo clave en su evolución. Paul, al igual que tiempo atrás el asistente de Clippers Sam Cassell —quien también supo convencer a Shai de la importancia de ese tiro de media distancia con retroceso— le marcó el valor del pull-up desde el rango intermedio. Eso le permitió construir varios “puntos dulces” desde aproximadamente 15 pies del aro, un área donde la decisión es rápida, el defensor sufre y la pelota suele entrar por la pura calidad del toque.

La mirada del DT

El entrenador de Oklahoma City, Mark Daigneault, lo describió con elogio y con una idea muy concreta: “Es una consistencia despiadada en los espacios que casi nadie ve”. Y remató con una explicación que apunta al esfuerzo: no fue casualidad que sea el jugador que es; literalmente se construyó a sí mismo como tal.

El trabajo invisible: pies, salida y ventaja legal

Nada de esto sería posible sin el trabajo. Las repeticiones constantes para afinar la salida del tiro y el juego de pies ya dieron frutos. Su capacidad para fabricar espacio frente a su marcador es quirúrgica: con un empujón de antebrazo apenas legal, seguido por un paso atrás y la elevación, termina convirtiéndose en un problema para la defensa. Y como el defensor sabe que el contacto “no debe pasar”, muchas veces se cuida de cometer faltas.

Y si hablamos de defensa, también hay un dato que lo vuelve completo: la habilidad para “poner el freno” se combina con su estatura (seis pies y seis pulgadas) y con manos rápidas, además de brazos largos. Por eso, Shai no es sólo un anotador de élite: es un jugador de ambos lados de la cancha, de los que suman valor en rotación por lo que aportan en ataque… y también por lo que hacen para impedir.

¿Cuántos anotadores de primer nivel en la historia de la NBA llevaron también un peso defensivo tan alto? El caso de Michael Jordan aparece como referencia inevitable. Pero, más allá de él, son pocos o casi ninguno.

¿Hasta dónde puede llegar? El debate de “los grandes”

Ahí arranca la conversación sobre Shai y el lugar que ocupa en la historia. Todavía está en construcción para meterse de lleno en el escalón más alto, el de los “top 10”, pero incluso eso juega a favor: como aún está en progreso, todavía tiene tiempo para sumar. En su octava temporada, tiene margen de crecimiento y la posibilidad de cinco picos más con sabor a MVP.

Hoy, su nivel lo ubica en la misma línea que Steve Nash en Canadá, también con MVP consecutivos. Pero son jugadores distintos: Nash era base con vocación de pase y además un tirador de tres puntos mucho más destacado. Y Nash, de hecho, ayudó cuando Shai recién empezaba a ganar tracción en la liga. La diferencia es que Shai ya tiene título de la NBA, mientras que Nash se retiró sin anillo.

Luego están los que tienen un solo MVP, como Kobe Bryant, y cuyas legados e influencia hoy parecen estar por encima del alcance de Shai, al menos por el camino que se ve en el presente.

Un tercer MVP podría reforzar todavía más su candidatura, aunque también endurecería el filtro del debate: con esa cantidad de premios, la vara ya no es sólo “gran temporada”, sino impacto real y cambio de era. Magic Johnson y Larry Bird, ambos con tres MVP, rescataron a la NBA en distintos momentos y ayudaron a convertirla en un negocio multimillonario. Incluso Steph Curry, con dos MVP, terminó revolucionando el tiro de tres.

Y todo eso, claro, si Shai llega a un tercer MVP. Hay otra posibilidad que también flota en el aire: Victor Wembanyama, finalista en esta temporada, podría estar apenas calentando motores.

OKC, campeonatos y el “ya es mejor”

Pero ese es un debate para el futuro. Por ahora, Shai está enfocado en construir un segundo campeonato, y los Thunder armados para durar: gran parte de los jugadores clave de la rotación tiene 25 años o menos, y la franquicia mira con abundancia hacia adelante, con activos para sostener el proyecto.

Su lugar en la historia podría tener tantos campeonatos como MVP… o incluso más. Esa combinación, para cualquier equipo y para cualquier jugador, es difícil de igualar tanto si se está activo como si ya se retiró.

Lo que sí es seguro: Shai superó todas las expectativas. Pegó un salto más alto de lo que imaginaba cualquiera, incluso entrenadores que lo conocieron desde etapas tempranas como John Calipari en Kentucky, y también Doc Rivers y Billy Donovan, quienes no le pusieron límites cuando lo dirigieron en sus primeros pasos. Pero aun así hubo una reacción compartida en el vestuario del “no puede ser”: “Pensábamos que iba a ser bueno… pero no de esta manera”.

Y la sorpresa, por más que parezca contradictoria, es que hoy ya es así: bueno. Ese nivel ya es presente, no promesa.

En los últimos cuatro años, promedia más de 30 puntos por partido y, además, no bajó del 51% de efectividad en ninguna de esas temporadas. En este curso, ningún guard había alcanzado antes un porcentaje tan alto (55%) con una producción de esa magnitud (31,1 puntos) en una sola campaña.

Shai también rompió una marca histórica: cortó una racha de 20 partidos anotando al menos 20 puntos que estaba asociada a Wilt Chamberlain. La anotación parece sencilla porque nunca lo apuran: rara vez toma tiros malos, mantiene el ritmo, se muestra cómodo en cualquier sector de la cancha y, sea quien sea su defensor, no pierde calibración. Ese tipo de lectura ofensiva lo pone en compañía de los nombres más importantes de la liga.

En ese contexto, Oklahoma City tiene una ventaja adicional: lo que dijo Shai horas después de que el equipo levantara su primer trofeo de campeones en la Noche Inaugural, cuando colgó su primer banner en el estadio.

Un campeón de la NBA, un MVP de las Finales, que encima venía de una temporada de MVP… en otras palabras, alguien que parecía haber logrado “todo”. Aun así, cuando se obligó a mirarse por dentro, fue contundente:

“Necesito ser mejor.”

Y en la temporada regular 2025-26 ya quedó claro: es mejor. Y ya es de esos que entran en la conversación de los grandes de todos los tiempos.

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Shaun Powell cubrió la NBA desde 1985.

By Martín Gutiérrez

Martín es periodista deportivo especializado en baloncesto argentino y ligas internacionales. Lleva más de 8 años cubriendo la Liga Nacional, Euroliga y NBA, analizando estadísticas, tácticas y rendimiento de jugadores.