Los Philadelphia 76ers despidieron su temporada este domingo con una derrota por 30 puntos ante New York Knicks en el Juego 4 de la serie de segunda ronda. La barrida de los Knicks no solo dejó a los Sixers sin margen en la eliminatoria, sino que estiró a 25 años la sequía de Philadelphia en finales de Conferencia; en paralelo, le costó el puesto a Daryl Morey como presidente de operaciones de básquet, aunque Nick Nurse continuará como entrenador.
El final de la serie y el impacto en la decisión de la dirigencia
La eliminación por 30 en el Juego 4 selló el desenlace de una serie que terminó con barrida. El dato que más pesó hacia adentro del proyecto fue la continuidad del problema histórico de Philadelphia: la Conferencia Este le volvió a negar el paso a las Finales, y ya son 25 temporadas sin llegar a esa instancia. En el plano institucional, la salida de Morey se explicó por la falta de resultados deportivos de su ciclo, pero también por el modo en que se fue sosteniendo el techo del equipo en playoffs: más allá de la regularidad, los Sixers no lograron destrabar la segunda ronda.
Durante los seis años de Morey al frente de las operaciones de básquet, el balance en temporada regular fue de 270-212, un 56% de efectividad. En ese período, Philadelphia clasificó a playoffs cinco veces, ganó cuatro series de postemporada y aun así no pasó nunca de la segunda ronda. El problema de fondo se relacionó con la salud de su figura: Joel Embiid no llegó a estar plenamente sano en playoffs en ninguna ocasión dentro del mandato de Morey.
De hecho, Embiid jugó 281 de los 482 partidos posibles de temporada regular en esos seis años. Sin embargo, el patrón en postemporada fue otro: al margen de la capacidad competitiva del equipo, el rendimiento de Embiid no se tradujo en una disponibilidad consistente cuando el calendario se apretó.
Embiid, “The Process” y la gran pregunta: ¿sigue en Philadelphia?
Bob Myers, ex ejecutivo de Golden State Warriors y ahora presidente de deportes de Harris Blitzer Sports & Entertainment (grupo dueño de los Sixers y de los New Jersey Devils de la NHL), será quien encabece la búsqueda del reemplazo de Morey. Mientras tanto, Myers tendrá el rol de supervisar las operaciones de básquet de forma interina.
En ese rearmado, inevitablemente aparece el interrogante más grande: si Joel Embiid será parte del plan. Embiid, elegido con el 3° pick del Draft de 2014, pasó toda su carrera en Philadelphia. En los últimos 12 años pasó de ser un prospecto con talento crudo a convertirse en uno de los mejores jugadores del mundo. Ganó el MVP en 2023, participó en siete All-Star, recibió cinco selecciones All-NBA y tres apariciones All-Defensive, además de sumar dos títulos de máximo anotador.
En la ciudad, además, Embiid se volvió un símbolo. Su apodo “The Process” funcionó como homenaje a la etapa de reconstrucción de largo aliento que impulsó el ex ejecutivo Sam Hinkie. Aun así, el propio Embiid admitió que el futuro puede ser incierto: tras la derrota que dejó a los Sixers afuera, cuando le preguntaron por lo que viene, sostuvo que habló con VJ Edgecombe para que mejore, que Tyrese Maxey “va a ser mejor” y que fue dando pasos año a año, y también mencionó que Paul George “todavía tiene” lo suyo pese a lo que mostró en las últimas semanas. Luego remarcó que no sabe quién estará en el plantel y hasta dejó una frase que abrió dudas sobre su continuidad: “no sé ni si voy a estar acá”. Remató con una idea clara: está motivado por volver a su mejor versión.
Más allá de lo emocional, hay una cuestión contractual que condiciona el escenario. Embiid tiene contrato hasta 2028, con opción de jugador para 2029. Por eso, antes de ese punto el camino para que cambie de camiseta sería, en la práctica, vía trade.
Lesiones, contrato y por qué un trade parece complicado (al menos este verano)
Trading a Embiid no aparece como una decisión simple, aunque su valor deportivo sea enorme. El propio contexto sugiere dos frentes que suelen trabar cualquier operación: el dinero y la disponibilidad. En lo salarial, Embiid tiene un historial de lesiones reciente que le ha impedido mantenerse en cancha con regularidad, algo que en el mercado suele traducirse en dudas y en exigencias más altas a la hora de negociar.
En números de permanencia, Embiid no suele sostenerse en la cancha. Esta temporada disputó 38 partidos de temporada regular; en los últimos tres años sumó 96 juegos en total; y, además, nunca jugó más de 68 partidos en una campaña. La lista de inconvenientes físicos es amplia: problemas de rodilla, pero también lesiones o molestias en espalda, pie, pulgar y cabeza.
Y en playoffs el patrón fue aún más duro: Embiid solo estuvo saludable una vez en toda su carrera en postemporada. Fue durante la temporada 2020 en el “bubble”, cuando tuvo casi tres meses de descanso desde mediados de marzo hasta fines de julio por la pandemia de COVID-19. Aun así, Philadelphia fue barrida por Boston Celtics en primera ronda. La otra vez que jugó todos los partidos de los Sixers en una misma temporada de playoffs fue en 2024, cuando lo hizo atravesando un desgarro de menisco y parálisis de Bell.
- Hipertensión y molestias de cadera y tobillo
- Fractura orbital y conmoción
- Lesión del ligamento del pulgar
- Tendinitis de rodilla
Con 32 años y acercándose a su etapa de mediados de los 30, el mercado tiende a volverse todavía más cauteloso con el riesgo de salud: a mayor edad, mayor exigencia de disponibilidad, especialmente cuando se trata del jugador franquicia.
Contrato y extensión: el “candado” del nuevo CBA
En septiembre de 2024, Embiid firmó una extensión de tres años por 193 millones de dólares que lo mantiene en Philadelphia hasta 2028, con opción de jugador para 2029. Esa extensión comenzará formalmente a regir desde la próxima temporada. Todavía es temprano para confirmar si activará la extensión de 67 millones para 2029, pero por su historial de salud el escenario de que lo haga aparece como plausible.
Además, el nuevo Acuerdo Colectivo de Trabajo (CBA) incorporó reglas más restrictivas para la construcción de planteles. Ese marco vuelve más difícil que los Sixers puedan ejecutar un trade por Embiid en cualquier punto de este período, incluso si existe intención de hacerlo. Y para cualquier franquicia interesada, el desafío sería doble: no solo absorber la figura, sino también armar un equipo ganador alrededor de alguien con un historial de disponibilidad que, en el papel, eleva el riesgo.
Por qué Embiid sería “tricky to trade”
La idea central que se desprende del escenario es clara: Embiid puede terminar moviéndose en algún momento, pero este verano no parece el momento más probable. La pregunta que domina el mercado es simple y contundente: ¿qué equipo querría comprometerse con una potencial extensión de tres años con un jugador que, en los últimos tres años, apenas sumó 96 partidos?
En esa línea, se anticipa que no habría un intento definitivo por desprenderse de Embiid este offseason, independientemente de quién conduzca las decisiones en la organización. Primero, porque el problema principal sigue siendo el componente de salud, y segundo, porque el contrato y el marco del CBA complican aún más la maniobra, tanto para el que vende como para el que compra.
De cara al corto plazo, la temporada ya terminó para Philadelphia y el foco pasa a ser la nueva etapa: con Morey fuera y Myers asumiendo la transición, el cuerpo técnico continúa con Nick Nurse. Pero la decisión más grande—si Embiid sigue o no—queda condicionada por el mismo eje que definió el ciclo: disponibilidad. Por eso, aunque el futuro puede abrirse en cualquier momento, todo indica que este verano no será el punto de quiebre para un cambio de rumbo tan radical.