Los Detroit Pistons, con la condición de cabeza de serie, llegaron al viernes por la noche con la serie contra Orlando Magic ya prácticamente sentenciada. Tras caer 3-2 en el marcador global de la primera ronda, el equipo de Michigan fue superado por un enorme margen en el entretiempo: estaban 22 puntos abajo y su imagen, en ese momento, era la de un candidato a quedar eliminado en la serie.
Sin embargo, la historia cambió de manera abrupta en el Juego 6. Los Pistons se levantaron y se impusieron por 93-79, una diferencia de 14 puntos. Ese salto de 22 abajo a 14 arriba representa una remontada monumental: fue el mayor regreso de la franquicia en su historia. Aun así, un giro de semejante magnitud en un solo tiempo no ocurre por inercia; requiere que el adversario también se “apague” en el momento clave.
Y Orlando, que había llegado a comandar la serie 3-1, terminó aportando lo peor. En el tramo más importante, el Magic se fue al fondo: regaló el mayor margen de ventaja en la segunda mitad dentro de un partido con chances reales de cerrar la serie. En ese período anotaron apenas 19 puntos, un registro paupérrimo para un juego de playoffs. De hecho, se trata del peor rendimiento de una sola mitad en la era del reloj de 24 segundos (desde 1955).
El último cuarto fue, directamente, una humillación. El Magic convirtió solo 8 puntos. Ocho. Además, el porcentaje fue devastador: se fueron 1 de 20 en tiros de campo y fallaron los 10 triples que intentaron. En la racha que se menciona como de 23 tiros fallados consecutivos, pasaron 45 minutos reales hasta que llegó alguna conversión.
- En el tercer cuarto, desde el triple de Anthony Black con 4:14 en el reloj, Orlando no pudo romper el hielo ofensivo.
- Recién con el cierre del partido, cuando Paolo Banchero hundió una pelota con 2:24 por jugar en el cuarto, se rompió esa sequía larga: entre uno y otro momento transcurrieron 45 minutos en tiempo real.
- Durante ese tramo, el Magic acumuló fallos constantes, incluyendo una seguidilla de 23 intentos seguidos sin convertir, y en el cuarto final se quedó en 8 tantos con 1 de 20 en cancha.
Es difícil maquillar lo ocurrido: fue un desempeño ofensivo realmente penoso. Aun así, si existe un equipo capaz de entrar en un bache de frío tan prolongado, el Magic encajaba justo en ese perfil. Hubo momentos en los que a Orlando le costó tanto encestar que la ofensiva pareció una competencia por “secar pintura”, alternando entre tiros mal elegidos y situaciones que terminaron en desastre. En síntesis: una batería de malos tiradores tomando malas decisiones.
Pero incluso considerando que el Magic puede ser torpe en ataque, el dato que más golpea es que, en la segunda mitad, fue superado 24-19 por un solo jugador del rival. Es decir: en los últimos 24 minutos, un hombre de Detroit anotó tanta producción como el Magic en conjunto. Ese contraste es tan absurdo como real.
En ese sentido, vale dar crédito a Detroit por sostener la pelea y no desinflarse cuando el partido parecía cerrado. Los Pistons fueron recortando, “raspando” y recortando una y otra vez. Y cuando el déficit ya estaba por debajo de los dos dígitos rumbo al último cuarto, no dejaron que el impulso se les escapara. Cade Cunningham no encontró manera de ser contenido por ningún jugador en particular del Magic: en la serie está promediando 32 puntos, 6 rebotes y 6 asistencias. Además, en los últimos dos partidos de eliminación, acumuló 77 unidades con un 7 de 12 en triples.
Cunningham, entonces, está sosteniendo una ofensiva de Detroit que no logra encontrar ritmo desde el aro… y que, por si fuera poco, está recibiendo muy poco de Jalen Duren, quien podría estar comprometiendo su valor máximo de contrato en el verano. Y fuera de Cunningham, la producción ofensiva de los Pistons en playoffs se parece demasiado a la fragilidad que muestra Orlando: cuando dos equipos con defensas de elite se enfrentan y ambos llegan con ataques que lucen pobres, el resultado tiende a verse como un partido “chato” en el tablero.
El problema es que, para el Magic, la segunda mitad fue un escalón más abajo todavía. En un escenario como este—con una oportunidad histórica para transformarse en el sexto sembrado número 8 en la historia que le da vuelta a un 1 en la primera ronda—lo de Orlando fue, lisa y llanamente, un tropiezo de época. Y hay varios responsables sobre los que se puede poner el foco.
Arranquemos por Paolo Banchero, el supuesto estandarte del Magic que, en teoría, podía emparejar los números de Cunningham. En la serie promedia 24.3 puntos por partido. En el Juego 5 había llegado a 45, así que no es que esté “apagado” por completo. Pero incluso contando ese partido atípico, la línea global no acompaña: 39% de efectividad en general y 28% desde el perímetro. El viernes, en concreto, terminó con 17 puntos con 4 de 20 en tiros de campo y falló los nueve triples que intentó.
Más allá de Banchero, Jalen Suggs tampoco aportó. En el Juego 6 se fue 1 de 10. En la serie figura con un 30/26 en tiros (un dato que refleja lo lejos que estuvieron sus números de lo que se necesitaba), y además tomó triples con la frecuencia de un tirador “top”, como si estuviera en su mejor versión. El Magic había apostado fuerte por mejorar el componente de tiro en el verano: intercambiaron cuatro selecciones de primera ronda por Desmond Bane con la esperanza de cubrir ese vacío. Sin embargo, en la serie Bane está en 38%, y además conectó 7 de sus últimos 19 triples. En este contexto, su impacto queda lejos de la comparación que se sugiere: prácticamente, “en Orlando, eso lo convierte en Stephen Curry”.
Para completar el panorama, se suma el factor Franz Wagner: no jugó en los últimos dos partidos y, salvo que aparezca información distinta, no parecería estar disponible para el Juego 7. Con ese cuadro, la ofensiva del Magic—que sí había mostrado algo de vida en el Juego 6—en este Juego 6 terminó siendo realmente pobre, justo cuando el partido más lo exigía. Por un tramo de un tiempo completo, en Orlando salió todo mal: casi cada cosa que podía salir mal salió mal.
La única luz de esperanza es que todavía existe un último capítulo para intentar corregir el rumbo: el Juego 7. Ahí, el Magic tendrá una oportunidad final para enderezar la serie y romper con la imagen de apagón colectivo que dejó el viernes.