Los Knicks vuelven a la Final con defensa firme y un juego que encaja

ByMartín Gutiérrez

Jun 1, 2026

El trayecto de los New York Knicks tiene ese doble condimento que suele definir las campañas grandes: preparación sostenida y, en el camino, oportunidades que terminaron por alinearse. Tras un arranque con altibajos, el equipo ajustó la defensa, mejoró la circulación de balón y encontró una versión que se volvió difícil de frenar. Con ese impulso, los Knicks llegaron otra vez a la Final de la NBA: la primera desde 1999.

Ficha de la historia: números que empujan

  • Racha ganadora: ganaron 24 de sus últimos 30 partidos, contados desde el 11 de marzo.
  • Golpe temprano: después de ganar la Emirates NBA Cup 2026 en diciembre, tuvieron un tropiezo breve y desde allí reorientaron el foco defensivo.
  • Defensa post-All-Star: hubo un tramo de cinco partidos en temporada regular en el que no permitieron 100 puntos.
  • Control en playoffs: en los últimos 11 juegos de playoffs, solo en 3 ocasiones dejaron que el rival llegue a 100 o más; incluso, en uno de esos partidos los Cavs necesitaron prórroga para llegar a los 100.
  • Seis victorias seguidas para cerrar: en sus últimos 6 partidos de playoffs, todos fueron triunfos.

Preparación que prende: de la Cup a la urgencia

La historia arranca con un detalle clave: luego de conquistar la Emirates NBA Cup 2026 en diciembre, los Knicks tuvieron un pequeño tropiezo que funcionó como advertencia. A partir de ahí, el equipo volvió a poner la defensa en el centro y le dio un rol más importante al hecho de compartir la pelota. El resultado fue encontrar el ritmo, algo que se reflejó en el registro: desde el 11 de marzo, ganaron 24 de 30.

Pero la oportunidad también existió, y ahí aparece el contexto del Este. Varios candidatos sufrieron problemas físicos en el tramo final. Cade Cunningham, por ejemplo, se vio afectado por un colapso pulmonar con Detroit hacia el final de la temporada. En Boston, Jayson Tatum venía en recuperación tras una recuperación cercana a un año por el tendón de Aquiles. Y en el caso de Filadelfia, que terminó eliminando a Boston, no llegó con Joel Embiid al 100% para el cruce siguiente ante New York.

En ese marco, el Este quedó más abierto. Esa combinación —ajuste interno de Nueva York más contratiempos externos— alimentó una ilusión que venía larga en el tiempo: la chance de un título que la franquicia no saboreaba desde hace décadas. De hecho, los Knicks alcanzaron la Final de la NBA por primera vez desde 1999.

Del 124-113: semillas de confianza y el guiño con San Antonio

El impulso tiene un antecedente inmediato: aquella victoria 124-113 en la Cup no solo se festeja como un título, sino que sembró la idea de continuidad, el pensamiento de que este equipo podía llevarse uno y luego intentar ir por otro en la misma estación. Y hay un guiño adicional: en ese mismo partido, los Knicks derrotaron a San Antonio, algo que abrió el interrogante —si ambos avanzaban— de un eventual cruce en serie de playoffs al mejor de siete ante los Spurs. Pues bien: llegaron a la instancia grande, con esa lógica de “si se da, se juega”.

Hasta ese momento, el club había empezado la temporada regular como uno más dentro del grupo de los cuatro mejores del Este. Sin embargo, venían de un golpe duro en primavera: una derrota humillante en playoffs frente a Indiana Pacers. Lo interesante es que, antes de la Cup, todo pareció encajar. Y después, casi en seguida, se torció.

El tramo que dolió: un tropiezo y una alarma en diciembre

Curiosamente, el quiebre se dio con una derrota en finales de diciembre ante San Antonio en un juego de revancha. A partir de ahí, los Knicks entraron en un tramo donde ganaron apenas dos veces en 11 partidos. Además, tres de esas derrotas fueron contra equipos que se perfilaban como rivales directos en playoffs: Detroit Pistons, Philadelphia 76ers y Atlanta Hawks. Fue un “aterrizaje” que obligó a replantearse el rumbo, porque de golpe apareció la sensación de urgencia.

Con esa incomodidad todavía fresca, el dueño de la franquicia, James Dolan, hizo una declaración pública poco habitual. En radio local sostuvo: “nos encanta nuestro equipo ahora mismo” y, si New York llegaba tan lejos, también dijo que “deberíamos ganar la Final”.

El mensaje pareció caer bien. Jalen Brunson respondió con contundencia: anotó 31 puntos frente a los 76ers y luego clavó 42 ante Denver, en dos victorias. Karl-Anthony Towns, por su parte, sumó dobles-dobles y esas actuaciones terminaron empujando a ambos hacia el Juego de Estrellas.

Post-All-Star: defensa apretada y un pedido claro de la cabeza

Desde el receso por el All-Star, los Knicks pasaron a estar entre los mejores equipos del momento. Hubo un tramo de cinco partidos en temporada regular sin permitir 100 puntos. Y al entrar a playoffs, la tendencia se volvió todavía más marcada: en los últimos 11 partidos, solo tres veces el rival llegó a los 100 o más. En uno de esos casos, Cleveland necesitó prórroga para alcanzar esa cifra.

Ahí se ve el salto defensivo. En el plano ofensivo, el entrenador Mike Brown insistió en que Brunson compartiera más la pelota. Y tras perder un par de juegos de primera ronda ante los Hawks, también orientó a Towns para que sea aún más generador de juego, no solo un anotador.

Ese ajuste terminó en una conclusión rotunda: los Knicks no volvieron a perder desde entonces.

Brown lo explicó con una idea de proceso y sacrificio: “Siempre hubo un poco de duda sobre si íbamos a poder pasar el obstáculo. Pero en el tramo final de la temporada regular, con seis o siete partidos por jugar, empezamos a jugar buen básquet y a hacer más cosas que implican que el grupo sacrifique”.

Cuatro victorias más cerca del 1° desde 1973: los que cambiaron el rumbo

Con el sistema ya aceitado y roles ajustados, el equipo se colocó a cuatro triunfos de su primer título desde 1973. En ese camino, hubo tres piezas que se destacaron por cómo crecieron (o se reacomodaron) en el momento clave.

OG Anunoby, un nivel extra con perfil de dos lados

La primera es OG Anunoby. Desde el inicio de su carrera se lo destacó como defensor de élite, y por eso los Knicks invirtieron para traerlo desde Toronto: su capacidad para cubrir al máximo anotador del rival en la mayoría de los casos es un lujo estratégico.

Brown lo remarcó con claridad: “Debería haber sido parte del mejor quinteto defensivo del año por su versatilidad. Y eso se vio en el momento más importante del año, que son los playoffs”.

Pero el salto no quedó solo en el costado defensivo. Desde que comenzó esta carrera de playoffs, su mejora ofensiva lo volvió todavía más completo. En la postemporada está anotando más puntos que Towns, y en la primera ronda dejó un 56.7% desde el perímetro. Además, cuando chocaron con los Hawks en esa serie, Anunoby fue el mejor jugador de New York.

Mikal Bridges: el renacimiento después de cargar expectativas

La segunda pieza es Mikal Bridges. Desde que llegó vía canje desde Brooklyn, estuvo bajo el peso de las expectativas: unas razonables y otras casi imposibles. Ese tipo de etiqueta, la del “missing piece” (la pieza que faltaba), suele presionar. Y en su caso, la pieza no estuvo siempre disponible durante gran parte de la temporada y también en la primera ronda.

Cuando los Knicks quedaron clavados 2-2 contra Atlanta, el ruido sobre Bridges creció. Luego llegó la conferencia final y, con ella, la respuesta. No solo defendió con solidez frente a Cleveland: también anotó corriendo la cancha y en el juego de media distancia. Y, en el proceso, dejó de conformarse con el triple.

Bridges promedió 18.5 puntos por partido contra los Cavaliers (con 57.4% de efectividad en lanzamientos) luego de haber firmado 10 puntos por encuentro frente a los Hawks.

Landry Shamet: puntería letal en los últimos seis

La tercera historia es Landry Shamet. En los últimos seis partidos de playoffs de New York —todos fueron victorias— encendió el tiro: registró 17-21 desde el triple. Es una eficiencia enorme para cualquier jugador, y más aún para uno que, en general, es de rol.

En esta serie, Shamet castigó las defensas que lo dejaron abierto y las distracciones que aparecieron cuando no se lo respetaba. El ejemplo más claro fue el Juego 1 contra Cleveland: sus tiros oportunos ayudaron a que los Knicks remontaran una desventaja de 22 puntos y terminaran ganando en prórroga.

Y no es solo Shamet. La banca tuvo más movimiento: Miles “Deuce” McBride, que volvió tras una lesión sufrida a fines de la temporada, colaboró como base/guardia de cambio de ritmo. A eso se sumó el impacto defensivo y de rebote de Mitchell Robinson.

Mike Brown y el “buy-in”: vender el plan y sostener el sacrificio

En su primera temporada como entrenador de los Knicks, Brown logró instalar su sistema en el plantel. La clave, más allá de la táctica, fue que los jugadores entendieran el nivel de sacrificio que exigía el plan. Los resultados se vieron: el equipo se volvió cada vez más consistente cuando la temporada entró en su tramo decisivo.

Final de NBA: la mejor chance desde 1994 (y el contraste con 1999)

Ahora, los Knicks están otra vez en la Final de la NBA. Esta es, para la franquicia, la mejor oportunidad de levantar el trofeo desde 1994, cuando cayeron en el Juego 7 ante Houston Rockets. La versión de 1999 también llegó a la cima, pero se topó con Tim Duncan y San Antonio; en ese caso, las lesiones tuvieron un peso fuerte: Patrick Ewing se lesionó en las Finales del Este y no pudo jugar, mientras Larry Johnson también se lesionó en las Finales, dejando a New York como subestimado de arranque.

Esta vez, el escenario parece ser distinto. Cuando se presentó la oportunidad en la temporada, los Knicks fueron el conjunto del Este con mejor preparación. Traen un quinteto inicial sólido, cuentan con dos All-Stars, tienen un base de enorme frialdad para los momentos cerrados, disponen de tamaño suficiente en la zona pintada para medirse con la presencia de Victor Wembanyama y, además, disponen de una banca capaz de sostener la rotación.

Tal vez Dolan tenga razón, y esta vez el camino termine en celebración larga.

By Martín Gutiérrez

Martín es periodista deportivo especializado en baloncesto argentino y ligas internacionales. Lleva más de 8 años cubriendo la Liga Nacional, Euroliga y NBA, analizando estadísticas, tácticas y rendimiento de jugadores.