El 5 de abril, los Los Angeles Lakers parecían a la deriva. Venían de caer ante Dallas Mavericks, un equipo que en ese momento estaba en plena etapa de reordenamiento y con chances de estar “tanteando” el futuro. En el partido, LeBron James estuvo cerca de un triple-doble de 30 puntos: le faltó un rebote para llegar a esa marca. Pero el contexto se volvió todavía más complejo porque Luka Dončić y Austin Reaves estaban afuera por lesiones que, en ese instante, hacían pensar que se perderían más juegos de los que el propio calendario de playoffs de Los Angeles sugería. Con ese panorama, la exigencia recayó por completo en el jugador de 41 años.
El “todo” que necesitaba el equipo y el milagro en tiempo extra
Si no había sido posible frente a Dallas, el pronóstico para resolver una serie de playoffs no sonaba alentador. Cuando le preguntaron qué necesitaban de él para sobrevivir, James respondió con una sola palabra: “everything”, en el sentido de que no había margen para nada que no fuera lo máximo. Y lo cumplió con creces en la noche del viernes: los Lakers vencieron 112-108 a Houston Rockets en tiempo extra, una victoria que puso la serie de primera ronda 3-0 a favor de Los Angeles.
Pero la clave era entender que ese “todo” no surgía de la nada. Casi tres semanas antes, cuando James había hablado de lo que haría falta, ya había dejado entrever el plan. Tras aquella primera respuesta breve, amplió la idea con otra frase: “Nothing changes for me… Just back to the old ways”, o sea, que no iba a cambiar su manera de encarar el trabajo, sino volver a lo que históricamente le funcionó.
Una serie que tuvo de todo: del acompañamiento al “juego de LeBron”
Los Lakers no inventaron un milagro desde cero: ya se habían visto versiones de James capaces de levantar planteles más modestos en postemporadas. Hubo noches en las que cargó a su equipo con una producción descomunal (por ejemplo, en una Final de Conferencia llegó a anotar 29 de los últimos 30 puntos del equipo). También existen antecedentes con participación total: en otro decisivo de esa misma instancia, jugó los 48 minutos y aportó en dos tercios de los puntos del equipo con anotación y asistencias. En pocas palabras, se trata de un jugador que alguna vez promedió un triple-doble de 33 puntos en las Finales.
En la práctica, en esta serie contra Rockets, la primera parte no fue tan explosiva como podría sugerir el volumen final. Los primeros dos partidos se sintieron más contenidos. James estuvo en un nivel altísimo, aunque con una lectura más cuidadosa: midió el ritmo de su energía y aceleró solo cuando era necesario.
Los primeros dos juegos: el equipo funcionó
En esos encuentros, la ofensiva tuvo combustible extra. Luke Kennard tuvo un acierto especialmente caliente. Marcus Smart apareció con decisiones que inclinan canastas y partidos, sumando jugadas que terminan siendo “ganadoras”. James, claro, fue el conductor, pero el peso de las dos primeras victorias no fue exclusivamente suyo: pertenecieron a toda la orquesta.
En el Juego 3, en cambio, el protagonismo se repartió con claridad: Smart volvió a brillar y Rui Hachimura también mostró un nivel determinante. Incluso Bronny James tuvo el momento más importante de su carrera en la NBA: con JJ Redick confiando en él lo suficiente como para darle minutos en el tramo final del partido.
El partido que se explica con números… y con sacrificio
Con toda la historia de actuaciones memorables en playoffs, este encuentro tiene un lugar especial dentro del repertorio de la etapa más grande de LeBron. Puede haber aportes de compañeros, pero fue el “todo” de James. Y aunque el resultado encajara con lo que había que lograr, el “cómo” fue distinto a lo imaginado: el box score se vería impresionante con cualquier otra estrella, con 29 puntos, 13 rebotes, seis asistencias y tres robos. Probablemente, para LeBron esos números sean “apenas” por encima de la media en sus estándares.
La diferencia es que no se trató de un partido donde “hizo de todo” como si fuera automático. Se trató de un juego donde “entregó todo”. Hubo instantes que se sintieron casi imposibles, como la volcada con pase de alley-oop de Smart, o el robo y el triple que empataron el partido. Pero también aparecieron grietas en el camino: no solo en el registro, sino en sensaciones y momentos concretos. Por ejemplo, sus ocho pérdidas de balón.
Dos pérdidas clave en el tramo final
- Dos de esas pérdidas llegaron en el último minuto. En la primera, James se notó claramente agotado; Alperen Sengun lo eludió con velocidad, recibió una asistencia de Reed Sheppard en carrera y estiró la ventaja de Houston a cuatro con una bandeja a 49,6 segundos del final.
- En la segunda, James intentó una jugada que suele ejecutar con eficacia: un tapón/bloqueo en transición y persecución para cortar la salida de Sengun. Pero no alcanzó a cerrar la distancia ni a ganar aire suficiente como para disputar de manera efectiva un tiro sobre un centro 18 años más joven.
La jugada decisiva del tiempo extra y el salto que casi no alcanzó
Esa mezcla de vulnerabilidad y determinación es lo que termina volviendo inolvidable el partido. James se sintió mortal. Se notó el peso de sus 41 años mientras peleaba no solo contra el rival, sino contra el desgaste. No tuvo el final cinematográfico: falló su intento final para ganar en el tiempo regular sobre la bocina. Fue una pelea áspera, de contacto y resistencia, del tipo de partidos que Rockets suele saber jugar. Y aun así, James salió con vida.
En el desarrollo, se ve en el marcador que los Lakers no se llevan la victoria si James no suma y no crea puntos en cada tramo. Pero el momento que define la historia llegó con alrededor de un minuto y medio en el tiempo extra. Sheppard intentó una bandeja en transición y falló. James se lanzó desde el ala para pelear un rebote. Lo agarró, aunque al caer se fue hacia afuera de la cancha y tuvo que devolver el balón al juego antes de chocar con un camarógrafo. Se incorporó al instante, regresó a la jugada, le robó el balón a Sengun y volvió a tirarse al piso para asegurar la posesión. Finalmente, se decretó un salto entre dos.
James formó para el salto contra Jabari Smith Jr. Hubo un detalle simbólico: el padre de Smith debutó en la NBA enfrentando a James en 2003. Era un guiño perfecto para un juego en el que LeBron incluso conectó un alley-oop para su propio hijo. Y, pese al cansancio, ganó la posesión casi sin saltar: lo que le quedaba era apenas un amague de hop.
La reacción del banco y la lectura de Smart
En Los Angeles no hubo sorpresa. Marcus Smart lo resumió con humor después del partido: “Ese tipo ya lleva 23 años ahí, ¿no?”, y remató la idea con que todos saben que James va a aparecer con ese balón.
Récords, hitos y lo que representa este tramo de carrera
Con un juego así, es lógico que vengan los registros. James se convirtió en el jugador más longevo de la historia de la NBA en encabezar la anotación de su equipo en un partido de playoffs, rompiendo el récord que él mismo había establecido apenas tres días antes. Además, el triple que empató el juego va a quedar para siempre en el archivo de highlights de playoffs. Y la recuperación que lo habilitó —un robo que anticipó la situación— funciona como prueba permanente de lectura de partido contra un rival menos curtido.
Hay mucho más: números grandes, momentos decisivos y una acumulación que se vuelve casi interminable. No es que falten noches legendarias de LeBron en playoffs; sobran. Pero en el tramo final de lo que se considera una de las carreras más grandes del deporte, este tipo de partido tiene algo particular: no fue tanto “el mejor LeBron” en abstracto, sino “un LeBron viejo” en un sentido muy específico, como una categoría propia dentro de su historial.
Estamos tan acostumbrados a que James se vea inevitable que presenciarlo ganar cuando no está al 100% de su condición física tiene otro sabor. Para quienes no crecimos con la fantasía de sus regalos físicos durante casi toda su carrera, resulta incluso más cercano. Aquí aparece un genio basquetbolístico que convoca el último resto de energía para tumbar a un oponente más joven y fresco. Después de más de dos décadas de hazañas, es un estilo de excelencia distinto.
Al final, lo prometió y lo cumplió: prometió a los Lakers “todo” y entregó.