PHILADELPHIA — Quienes alguna vez imaginaron a Jalen Brunson como una figura de este nivel “se equivocaron de profecía”: no era solo que iba a rendir bien, sino que terminó convirtiéndose en algo mucho más grande. Y, para New York, eso no cayó del cielo: llegó después de años de búsqueda, frustraciones y la obsesión —casi histórica— por volver a tener una noche de Knicks que se parezca a las que cuentan los viejos, con el ruido del Garden como protagonista y no como telón de fondo.
Los Knicks fueron tras un salvador con hambre de épica. Querían espectáculo en Madison Square Garden, querían que la localía volviera a pesar como antes y no que la franquicia quedara reducida a un escenario para el “equipo visitante de turno”. Durante décadas, persiguieron estrellas con nombre de cartel: LeBron James, Kevin Durant, Kyrie Irving, Giannis Antetokounmpo. Pero todos terminaron yéndose para otro lado. Esa cacería dejó a la hinchada joven —ansiosa por vivir su propia historia— con una pregunta constante: ¿alguna vez se repetiría el tipo de leyenda que heredaban de padres y abuelos?
En ese contexto, el protagonista llegó en julio de 2022. Brunson, guard de estatura más bien discreta para el estándar de “mega estrella”, no parecía encajar en la idea de grandeza que New York suele perseguir. Antes, incluso, había estado ligado al ecosistema de Luka Dončić: se lo vio como un jugador que venía a acompañar, no a ocupar el rol central. Su desembarco en Manhattan tuvo un componente particular y familiar, con vínculos cercanos en el entorno del jugador. Se hablaba de que sería parte de la base, pero no el cimiento.
Lo que ocurrió después rompió todos los pronósticos, salvo el de los que lo miran con atención. Brunson no es una figura “de reparto” hasta que llegue el verdadero líder. No es un nombre inflado por conexiones. Tampoco es la promesa “mientras aparece la estrella”. Es él. Y su recorrido en playoffs, además, ya lo ubica en una conversación de élite en la historia reciente, con un peso estadístico que recuerda a los grandes nombres que dejaron marca en la NBA.
Un pick de segunda ronda, salido desde New Jersey, terminó siendo el “rey” de New York. Y lo hizo en una de las franquicias más gloriosas del básquet estadounidense, llevándola de regreso a una Final de Conferencia en el Este.
Porque no se puede evaluar a un salvador por el tamaño, pero sí por el corazón que imprime cuando más cuesta. Y en los Knicks lo empezaron a ver, incluso aquellos que lo miraban desde antes.
Mitchell Robinson, el compañero con más tiempo dentro de la organización —y que estaba en New York cuando el equipo caía por debajo de los 20 triunfos por temporada— remarcó que Brunson no solo se ganó el respeto con resultados: también se lo ganó con constancia y con un liderazgo que no siempre se valora como corresponde. “Definitivamente se ha probado”, dijo. “No creo que se le dé el crédito suficiente por lo que hizo por este equipo… en los últimos cinco años. No, no le dan ese crédito”.
Desde que Brunson llegó a la franquicia, los Knicks construyeron un piso ganador que cambió el rumbo del club: al menos 45 victorias en cada temporada. Además, en las últimas tres campañas, superaron la barrera de los 50 triunfos. En contraste, entre 2002 y la llegada de Brunson, New York solo había registrado una temporada de 45 o más victorias. Y el salto en la postemporada también fue claro: la franquicia avanzó a la segunda ronda todos los años desde que Brunson se puso la camiseta azul y naranja. Entre 2001 y 2022, en cambio, solo había logrado pasar una vez la primera ronda.
Durante casi dos décadas antes de que Brunson apareciera con su capa, los Knicks eran más conocidos por la ciudad que los cobija que por el producto que ofrecían en la cancha. El primer elemento les dio popularidad, pero el segundo siempre fue la meta. Brunson alteró esa ecuación: convirtió a la franquicia en tema constante incluso en las noches más cargadas de presión. Y aunque el reconocimiento individual ya venía, el argumento no se agotó ahí: el año pasado fue Jugador Clutch del Año, con capacidad para decidir cuando el partido se ponía feo. En ese mismo tramo, Brunson aparece sexto en la historia de la NBA en puntos de playoffs en los primeros 50 partidos con una franquicia. Además, sumó 300 unidades más que Patrick Ewing en sus primeros 50 juegos de playoffs con New York.
Brunson siempre lideró con el ejemplo. Su disciplina y la manera en que trabaja suelen ser tema recurrente entre compañeros y cuerpo técnico. Pero esta temporada, además, algunos jugadores notaron que su liderazgo pasó más por la voz: se lo vio hablando más dentro del grupo, empujando el tono y marcando el ritmo mental.
Un ejemplo puntual de ese cambio se dio el día después de un golpe en casa ante Dallas Mavericks: fue una derrota por 17 puntos, en un momento del mes de enero, y además fue la novena caída de los Knicks en 11 partidos. El equipo que en teoría tenía aspiraciones reales de campeonato se parecía más a un conjunto que consideraba que el torneo NBA Cup era lo más importante del mundo.
De acuerdo con información interna del plantel, al día siguiente de ese traspié Brunson se acercó al grupo antes del entrenamiento para ajustar la mentalidad colectiva. En pocas palabras, les pidió que se ordenaran: que todos, incluso él, “se pongan las pilas”. A partir de ahí, el equipo realizó uno de los entrenamientos más intensos y con más espíritu que se recuerdan, con jugadores participando como si fuera un partido real contra un rival real.
Ese envión se tradujo en resultados: los Knicks encadenaron ocho victorias seguidas después de esa práctica y cerraron la temporada regular ganando 28 de sus últimos 39 partidos.
El entrenador, Mike Brown, también usó una imagen particular para describir el rol de Brunson dentro del juego: “¿Cómo se llama el tipo del Snoopy? ¿Linus? Tiene una mantita. Yo soy Linus, y Jalen es mi mantita. Me ayuda a relajarme durante el partido. Eso hacen los grandes: te mantienen con la cabeza fría, hacen el juego más sencillo para todos y te ayudan a atravesar esos tramos”.
Ahora, New York transita el tramo más dominante de playoffs en la historia de la NBA. En esta seguidilla ya disputó 10 partidos de postemporada y acumula una diferencia de puntos de 194, marca récord en la liga para este tipo de recorrido. En ese contexto, Brunson está promediando 27,4 puntos, con 48,5% en tiros de campo y 40% desde el perímetro. Además, sostiene un promedio de 6,1 asistencias y 2,1 pérdidas de balón.
El más pequeño de la cancha está sacando los números más grandes. Cada equipo que enfrenta a los Knicks intenta frenar a Brunson desde la estrategia, pero el plan rara vez alcanza para detenerlo durante una serie completa. Brunson, en ataque, parece haber dominado el arte de la decisión: es un anotador de “tres niveles”, con un pie a pie y una mecánica que desarma a defensores incluso cuando llegan con ventaja. Su estilo con cambios de ritmo y movimientos con apariencia entrecortada vuelve impredecible su próximo paso: o deja a los rivales “embarrados” o llega un paso antes de que el defensor se acomode.
La ofensiva de los Knicks vive de esa capacidad. La gravedad que genera Brunson abre espacios y crea oportunidades para el resto, porque las defensas no pueden ignorarlo ni un segundo.
Brunson no necesita otra jugada para legitimarse: ya tiene un lugar entre los mejores de la franquicia. Un campeonato bajo su mando no solo reordenaría el relato, sino que probablemente lo pondría aún más arriba en la mesa. Y si se considera cuánto tiempo pasó desde el último título de New York y los años en el sótano de la NBA, levantar la copa una sola vez podría pesar más —en términos de impacto— que para otros que lo hicieron 50 o más años atrás.
Ese es el objetivo con el que Brunson llegó a New York: no vino únicamente a instalar una cultura ganadora. Quiere campeonatos. Y hoy, con Brunson al frente, New York está nuevamente a un paso.
Su legado es tan fuerte que ni siquiera hace falta que él lo cuente: la historia de los Knicks siempre vuelve a su nombre. Y aun así, cuando le toca hablar del tema, encuentra la manera de desviar el foco hacia el presente.
“Creo que es una pregunta que me gustaría contestar cuando me retire”, expresó Brunson. “Este lugar significa muchísimo para mí. Todavía estamos escribiendo nuestra historia. La respondo en otro momento”.