Knicks afinaron la rotación y dominaron a Cleveland en el arranque del Game 2

ByMartín Gutiérrez

May 22, 2026

En la temporada regular hubo 10 rachas ganadoras de al menos nueve partidos. Es probable que ninguna de esas series esté en tu memoria. Los New York Knicks, por el contrario, no sostuvieron ninguna racha de ese calibre: su mejor momento de victorias fue una seguidilla de ocho encuentros, con triunfos ante Brooklyn, Sacramento y Washington. La exigencia, sin embargo, cambia por completo en playoffs de cara a la temporada 2026: cada rival es más duro y cada posesión pesa más. Por eso, ganar tres seguidos en ese contexto es un mensaje claro. Y el jueves, cuando el calendario ya apretaba, los Knicks extendieron su camino con una victoria que no fue tan explosiva como la del juego anterior, pero sí igual de determinante.

La novena victoria consecutiva de playoffs de Nueva York llegó con un 109-93 sobre Cleveland Cavaliers. No tuvo el dramatismo de la noche previa, pero sí reforzó el objetivo: los Knicks tomaron ventaja de 2-0 en las Finales de Conferencia Este. El cambio entre el Juego 1 y el Juego 2 fue notable: el quinteto inicial que había sufrido en el primer partido, en la segunda entrega respondió con autoridad. Los cinco titulares anotaron al menos 18 puntos y el líder volvió a ser Josh Hart, que terminó con 26, la mayor cifra de su carrera en playoffs (en 55 partidos).

El partido se mantuvo parejo al inicio del tercer cuarto, pero ahí apareció el quiebre. Los Knicks encadenaron una corrida de 18-0, en un tramo donde Cleveland se quedó sin anotar durante nueve posesiones seguidas. Los Cavaliers pudieron achicar la brecha a siete puntos temprano en el cuarto, aunque la respuesta de Nueva York fue inmediata: sumó 14 tantos en sus próximos siete intentos, recuperando distancia y controlando el ritmo. Con este resultado, la serie dejó a los Knicks a solo dos triunfos de llegar a las Finales.

Claves del Juego 2: Hart, Brunson y el golpe en el aro

Uno de los puntos más llamativos del plan defensivo de Cleveland fue cómo trató a Hart. Durante gran parte del juego, el escolta/custodio asignado para marcarlo prácticamente no estaba en su cuerpo: el recurso del equipo fue ayudar sobre el balón, dejando a Hart liberado en la zona perimetral. Ese mismo concepto había aparecido en el Juego 1, pero en el Juego 2 Cleveland mostró más intensidad y fue más agresivo al “salirse” de Hart para incomodarlo. Aun así, el ajuste no alcanzó.

Hacia el final del segundo cuarto llegó una de las piezas que terminó potenciando la remontada: el cambio de marca que alimentó gran parte del comeback del Juego 1, esta vez con James Harden ocupándose de Jalen Brunson. Y cuando Brunson penetró, Max Strus apareció con una doble marca, lo que dejó nuevamente a Hart suelto, esta vez en la esquina derecha, desde donde falló un triple abierto. Cuatro posesiones después, el guion se repitió pero con mejor final: Cleveland ajustó su matchup y terminó poniendo a Donovan Mitchell para vigilar a Brunson. En ese escenario, Jarrett Allen —principal defensor de Hart durante casi todo el juego— funcionó como una especie de zona individual para impedir que Brunson se metiera con facilidad al corazón de la pintura. Eso dejó a Hart libre otra vez, y esta vez sí conectó un triple desde cerca de la parte alta del arco.

El plan de Cleveland parecía tener lógica cuando Hart arrancó el juego con un 0-3 desde el perímetro en el primer cuarto. Pero después el partido cambió: en lo que siguió del encuentro, Hart encestó 5-8 en triples, incluyendo un 2-2 durante la corrida de 18-0 del tercer cuarto, un tramo que prácticamente selló el desarrollo. El dato de fondo es que Hart no se desconectó por los primeros fallos: si empieza a dudar, la ofensiva de los Knicks se traba y el equipo podría verse obligado a buscar otra alternativa de mayor amenaza. Pero la realidad fue otra: los tiros entraron.

De hecho, ese “no aflojar” ya se había visto en el cierre del Juego 1. Allí, con Landry Shamet en cancha en lugar de Hart, el alero terminó con 1-5 desde el perímetro. En un par de posesiones durante la corrida de 18-0, Hart eligió no tomar algunas opciones abiertas y le cedió el protagonismo a Brunson con decisiones de último segundo. Con todo, la diferencia estuvo en que cuando Hart tuvo la oportunidad de tirar, lo hizo y lo hizo con eficacia.

Hart cerró el juego con una tasa de uso de 31,9%, la marca más alta de su carrera (en 650 partidos). Y ese número no incluye el volumen de asistencias: además, sumó siete asistencias. Considerando temporada regular y playoffs, Hart está tirando para 39,3% desde el triple en esta campaña, por encima del 34,3% que registró en sus anteriores ocho temporadas en la liga. Es el tipo de jugador del plantel de Nueva York al que más conviene “no dejar suelto”, aunque el detalle es que ahora castiga mucho más que en el pasado.

Tras el encuentro, el entrenador de los Knicks, Mike Brown, lo explicó con una idea simple: si lo siguen dejando abierto, Hart tiene que seguir con la misma actitud de lanzamiento.

La otra pata del rompecabezas fue la forma en que Brunson administró el juego sin forzar. En buena medida, Hart recibió tantos tiros porque Brunson tuvo menos intentos propios. Brunson registró una tasa de uso de 24,1%, la cuarta más baja en sus 54 partidos de playoffs con los Knicks, y aun así dejó una cifra de 14 asistencias, también la mejor de su carrera en playoffs. Cuando Brunson consiguió el cruce que buscaba —sea contra Harden o ante Mitchell— Cleveland respondió con dobles marcas con frecuencia. Si no llegaba al doble de forma insistente, optaban por ajustes de zona para cortar el acceso a la conducción y evitar que el base se metiera al canasto.

En ese marco, Brunson tampoco se desesperó: confió en sus compañeros, cedió la pelota y permitió que el ataque encontrara las mejores lecturas. El entrenador de Cleveland, Kenny Atkinson, destacó precisamente eso: los grandes jugadores leen el partido, ajustan con inteligencia y toman buenas decisiones incluso cuando se les cambian los ángulos de ataque. Remarcó que Cleveland le quitó opciones de anotación, lo presionó y lo obligó a ver otras miradas; aun así, Brunson respondió con lecturas y jugadas correctas.

Más allá de los duelos individuales, la historia del juego también pasó por el funcionamiento ofensivo de Cleveland. La diferencia entre los ocho triunfos del equipo, con 120,7 puntos por cada 100 posesiones, y sus ocho derrotas —con 102,7— estuvo casi por completo en la ofensiva. En los partidos donde ganó, Cleveland anotó 115 en 99 intentos de posesión (equivalente a 116 por cada 100) en sus victorias menos eficientes, mientras que en su derrota más eficiente hizo 104 en 96 (un 108 por cada 100). En el Juego 2, y de acuerdo con datos de seguimiento, la calidad de tiro no se pareció a la del Juego 1: fue el cuarto nivel más bajo dentro de sus 16 partidos de playoffs.

Igual, los Cavaliers consiguieron tiros valiosos. Se aprovecharon de la defensa agresiva de los Knicks, llevando la pelota hacia el lado débil de la cancha para castigar rotaciones. Mitchell comentó que le gustaron las oportunidades que generaron, aunque también reconoció que hay noches en las que simplemente no entran las abiertas. En números, Cleveland terminó con 9-35 en triples (26%) y, dentro de eso, apenas 6-19 en triples de esos que llegan abiertos de verdad. Atkinson, por su parte, sostuvo que el proceso fue el correcto: buenas miradas desde el triple, buenas miradas hacia el aro, cuidaron la pelota y sumaron rebotes ofensivos. “No fue una gran noche de tiro”, resumió, y cerró con una verdad de playoffs: al final tenés que meter la pelota.

Si esto fuera temporada regular, perdería peso una noche así. Pero en playoffs, un rendimiento de ese tipo te pone a un paso del abismo. Para los Knicks, sin embargo, no alcanza con “dejar shooters” y listo: no quieren replicar el mismo trato que Cleveland le dio a Hart. Brown explicó esa línea: deben llegar mejor a los tiradores. Señaló que Merrill y Strus habían estado 1-11 desde el triple, y que esa escena no debería repetirse; por lo tanto, el trabajo es tocarles el cuerpo, no solo llegar tarde a la línea de tiro.

El cierre defensivo de Nueva York tuvo que ver con otra prioridad: cerrar el espacio cerca del aro. Y hasta ahora ese enfoque les dio resultados. En los dos partidos, Cleveland encestó en pintura 39-75 para un 52,0%, una caída respecto del 58,5% que había mostrado a través de las dos primeras rondas. Evan Mobley necesita jugar grande, pero en esta serie tomó solo 10 de sus 24 tiros en pintura (para un 42%), contra el 65% que había logrado en las dos rondas iniciales y el 70% en temporada regular.

Los Cavaliers, por momentos, consiguen recepciones limpias en el short roll, pero cuando se acercan al aro se encuentran con cuerpos que cierran los caminos. La esperanza de Cleveland es que si el tiro exterior mejora, la pintura se abra un poco y puedan recuperar volumen de anotación dentro. Si eso no llega en el Juego 3 del sábado —8 ET, por ABC—, la serie se les puede volver cuesta arriba con rapidez.

By Martín Gutiérrez

Martín es periodista deportivo especializado en baloncesto argentino y ligas internacionales. Lleva más de 8 años cubriendo la Liga Nacional, Euroliga y NBA, analizando estadísticas, tácticas y rendimiento de jugadores.