NEW YORK—Para Jalen Brunson, el sueño de jugar y llevar a los Knicks a una Final NBA pasando por Madison Square Garden es una historia que se escribió desde chico. Pero en esta serie de Conferencia Este, el foco se corre hacia otro protagonista: Donovan Mitchell. El alero nacido y criado en los suburbios de la ciudad de Nueva York—formado basquetbolísticamente en el barrio de Harlem—tiene una chance real de transformar su anhelo personal en una hazaña colectiva. El punto es que, si quiere llegar a las Finales, no lo hará en modo “visita de cortesía”: deberá atravesar al equipo que alguna vez sintió como propio, con el agregado de que hoy la serie le exige respuestas rápidas, incluso por encima de cualquier relato.
Cleveland contra Knicks: 2-0 y un golpe extra por el tobillo
Los Cavs llegaron a Nueva York para abrir la serie y no lograron encontrar el ritmo en el primer partido, ni la precisión en el segundo. Y ahora, además del marcador en contra, aparece una preocupación que puede ser tan determinante como el tiro: el tobillo de Mitchell. El jugador lo había torcido en la eliminatoria previa ante Detroit y, luego, sufrió una recaída durante el cuarto período del Juego 1. En el mejor escenario, no llega al ciento por ciento; en el peor, el equipo corre el riesgo de que Mitchell termine “saltando” de manera intermitente el camino hacia el sábado por el Juego 3 (8 ET, ABC) y el resto de la serie.
Lo que dijo el entrenador y lo que respondió Mitchell
- El DT Kenny Atkinson sostuvo que Mitchell estaba intentando “trabajar a través de la molestia”.
- Mitchell descartó cualquier problema y lo repitió con tono desafiante: “Estoy bien. Estoy bien. Estoy bien”.
El contraste entre “sentirse bien” y “verse bien” suele ser más duro de lo que cualquiera quisiera, y eso es exactamente donde se encuentra Cleveland. En el Juego 2, los Knicks rompieron el partido con una corrida de 18-0 en el tercer cuarto para despegarse de una igualdad que había durado lo suficiente como para ilusionar. En ese pasaje, Mitchell estuvo en el banco, lidiando con tres faltas y con un tobillo que latía. Atkinson tuvo que meterlo de nuevo a la cancha antes de lo planeado. Mitchell aguantó 39 minutos, sumó 26 puntos y fue el mejor de su equipo… pero no alcanzó.
El problema no fue el plan: falló el sostén ofensivo
Mitchell explicó que el equipo tuvo buenas oportunidades pero no convirtió. Remarcó que hicieron cosas positivas y que el proceso estaba bien; simplemente, la pelota no quiso entrar y el tiro no acompañó. El punto central para la llave, sin embargo, fue que en el Juego 2 no tuvo el respaldo que sí encontró Brunson en el otro lado: en el conjunto de Nueva York, cinco jugadores llegaron a doble dígito en puntos. Mientras tanto, los Knicks ya encadenan nueve victorias consecutivas en playoffs, lo que marca que no se trata solo de un buen partido, sino de un momento colectivo sólido.
Cómo se llegó a esta “casi historia”: el ida y vuelta entre Nueva York y Cleveland
Antes de que la serie lo pusiera cara a cara con su pasado, existía la idea romántica—alimentada por charlas constantes—de que Mitchell podría terminar acompañando a Brunson en Nueva York. En la ciudad, esa narrativa crece rápido: no hace falta esperar demasiado para que se aceleren las pulsaciones cuando un equipo parece hambriento de un golpe de campeonato.
Pero la realidad comercial y deportiva fue mucho más fría. Para los Knicks, traer a Mitchell significaba ceder más piezas de las que pensaban que valía en aquel momento, cuando en Utah se hablaba de que estaba “en venta”. Para Mitchell, en cambio, la decisión tenía otro costo: si hubiera dejado que su contrato terminara y luego se hubiera ido como agente libre, al llegar a Cleveland—primero—había negociaciones y compromisos salariales que no podían ignorarse. En resumidas cuentas, pese a todo lo que se dijo y se imaginó entre ambos lados, el “sí” nunca fue negociable.
El verano de 2022 fue un punto de transformación para los Knicks: habían fallado playoffs ocho veces en los nueve años anteriores. Atravesaron un tramo de ocho temporadas con ocho entrenadores distintos (incluyendo interinatos). La franquicia estaba sacudida y buscaba un salvador; incluso, la sensación era de “dos salvadores”. Uno llegó de la mano de Brunson: dejó Dallas para sumarse a Nueva York, siguiendo además el camino familiar al reunirse con su padre Rick, que era asistente de Knicks. La elección se terminó leyendo como una de las más lógicas dentro de la historia reciente de la agencia libre.
Luego, el objetivo se movió hacia Mitchell. Pero no fue un camino directo: Cleveland también necesitaba un centro de gravedad desde la salida de LeBron James en 2018. Los Cavs se perdieron los playoffs durante los cuatro años siguientes y estaban urgidos de una pieza que cambiara el rumbo. Desde Utah, la oferta contemplaba dos titulares jóvenes—con nombres como RJ Barrett y Quentin Grimes en el radar—más tres selecciones de primera ronda de Nueva York que, finalmente, no avanzaron. La alternativa de Cleveland fue más contundente: pedían Collin Sexton, Lauri Markkanen, tres primeras de Utah y dos intercambios, y esa propuesta sí prosperó.
Curiosamente, algunos años después, Nueva York terminó enviando cinco primeras rondas y un intercambio a Brooklyn por Mikal Bridges, en una operación que no tuvo el mismo peso mediático ni el mismo perfil de estrella que se esperaba para un equipo que buscaba coronar.
En definitiva, los Knicks se convirtieron rápido en ganadores con Brunson: llegó con el impacto que nadie aseguraba al inicio, como si hubiera sido una sorpresa “más allá de las expectativas”. Y mientras Mitchell avanzaba su propio camino en Cleveland, surgió otra posibilidad: en el verano de 2025, Mitchell podía haber dejado vencer su contrato y firmar con Nueva York. No ocurrió. En 2024, firmó una extensión de tres años por 150 millones de dólares con los Cavs y así se definió el rumbo.
Hoy, Mitchell intenta llegar por primera vez a las Finales con James Harden, ya con 36 años, como socio en la banda. Del otro lado, Brunson tiene a Karl-Anthony Towns y a OG Anunoby, además de un grupo de jugadores de rotación que encajan con su estilo.
¿Encajarían Brunson y Mitchell? La serie ya respondió con detalles
La pregunta de si dos estrellas de creación podrían convivir sin estorbar siempre aparece. No son, por instinto, los “paseadores” naturales que comparten la pelota con facilidad todo el tiempo. Aun así, Brunson mostró un indicador claro en el Juego 2: repartió 14 asistencias el jueves, una señal de que cuando el objetivo es el campeonato, las estrellas terminan encontrando el modo de destrabar el partido.
También hubo un momento revelador entre casi compañeros. Con cuatro minutos por jugar en el Juego 2, los Knicks ganaban por 13. Mitchell estaba defendiendo de cerca a Brunson y se puso más agresivo, como buscando una acción que pudiera disparar una respuesta similar a la que Nueva York ejecutó dos noches antes cuando remontó una desventaja de 22 puntos en el cuarto período. El plan no dio resultado: Mitchell terminó ganándose su quinta falta y, poco después, llegó su segunda derrota en la serie.
Además, conviene recordar que Cleveland ya atravesó instancias complicadas en estos playoffs. Antes de esta llave, en primera ronda se vio obligado a llegar a un Juego 7 ante Toronto. Luego, en semifinales, cayó 2-0 contra los Pistons, cabeza de serie, y tuvo que ganar otro Juego 7 para seguir con vida. En ese contexto, Mitchell habló del enfoque mental: afirmó que confían en lo que están haciendo, que no está en modo desesperación buscando soluciones improvisadas y que el marcador es 2-0, con un rival que hizo su trabajo y defendió la localía.
La consigna para el Juego 3: proteger la cancha
- Mitchell remarcó que el equipo no está “scrambleando” decisiones: cree en su plan y entiende que el rival protegió la localía.
- También afirmó estar contento por no haber dejado que la caída del Juego 1 afectara la cabeza del equipo.
- Su idea es concreta y apunta al Juego 3: “Tenemos que proteger la localía”.
Al final, Donovan Mitchell vuelve a soñar como el chico de los suburbios: el que recibía viajes a Harlem los fines de semana para buscar rivales de alto nivel en el circuito AAU, una estrategia que le terminó dando resultados. Ese adolescente quería jugar algún día en el Garden. El adulto también lo quiere—solo que ahora, la meta es que la serie vuelva a Nueva York, con el Juego 5 como horizonte.