Los Knicks, un equipo que se resistió durante décadas a encontrar el rumbo, jugarán las Finales de la NBA por primera vez desde 1999. El salto llega con una carga emocional particular para dos hermanos, Peter y Dennis DeBusschere, que cada vez que pisan el Madison Square Garden se quedan mirando, apenas unos segundos, el nombre y el número de su padre en las alturas: el mítico Dave DeBusschere, homenajeado con el resto de las leyendas de aquellos años dorados.
Los hermanos DeBusschere y la “receta” del Knicks 2025-26
Peter nació entre los dos títulos de la franquicia de los Knicks, logrados en 1970 y 1973. Dennis nació al año siguiente de que su padre se retirara en 1974. Como gran parte de la hinchada, ellos también esperaron demasiado para el “capítulo 3” del campeonato, y encontraron en el Knicks 2025-26 un equipo que, a su manera, vuelve a jugar con una identidad muy parecida a la que instalaban los planteles de Red Holzman: intensidad defensiva, trabajo colectivo y una mentalidad de equipo que no se rinde.
Ese Knicks 2025-26 enfrentará a los San Antonio Spurs en el Juego 1 de las Finales, el miércoles por la noche.
“Se vio en los playoffs”: defensa, ayudas y el pase al jugador libre
Para Peter, hay un detalle que conecta el presente con ese básquet de antaño: el propósito de que la pelota termine en las manos del compañero correcto, en el momento correcto. Lo llevó al plano de su lectura de la serie contra Cleveland. Según explicó, cuando Jalen Brunson se encendió o se apagó en el Juego 1, el equipo ajustó y en el Juego 2 apareció Josh Hart con un rol determinante, en parte porque el rival lo dejaba sin cobertura.
En esa misma línea, Peter aseguró que lo que más le representa a su padre es la manera en que los Knicks sostienen la defensa: “todos están jugando”, corren la cancha con energía, se ayudan entre sí y mantienen la disciplina colectiva. Además, marcó a OG Anunoby como su jugador favorito dentro del grupo actual por el estilo completo: defiende a prácticamente cualquiera, encuentra formas de sumar con el tiro y, en general, cumple en todos los rubros de forma consistente.
La comparación con Dave DeBusschere: Anunoby, Hart y Bridges
Con el paso de los años, muchos observadores del Knicks fueron armando paralelismos entre Anunoby, Hart y Mikal Bridges con Dave DeBusschere: el Hall of Famer, de 1,98 metros, caracterizado por una defensa incansable y por pelear cada rebote, además de contar con un tiro de esquina que podía ser letal. Ese “perfil” sigue siendo un tema de conversación en el presente del equipo.
La gran operación de 1968 que cambió la historia de la franquicia
El punto de partida de esa historia tiene una fecha precisa: el 19 de diciembre de 1968, los Knicks intercambiaron a Walt Bellamy y Howard Komives por el jugador local de Detroit, un exjugador y entrenador de los Pistons (a los 24 años) y, además, ex lanzador de los Chicago White Sox. En el relato de la organización, esa sigue siendo la operación más importante de la historia.
Con el correr del tiempo, DeBusschere terminó siendo celebrado como “The Missing Piece” para un plantel que encabezaban Walt Frazier y Willis Reed. Y, en una lectura posterior, su presencia permitió reacomodar el rol de Reed hacia el centro que él prefería, disparando una relación larga entre el equipo y la ciudad.
Dennis: “Veo piezas de los tres” y el valor del grupo
Dennis coincide con su hermano en que Anunoby es el jugador de los Knicks que mejor encarna el estilo de su padre. Pero también agrega una mirada más amplia: dice ver elementos de los tres mencionados. Menciona, por ejemplo, la forma en que Hart “se mete a pelear” los tableros pese a su tamaño para el puesto, y en OG ve principalmente al que calza más con el perfil de su viejo. A la vez, señala que en Bridges detecta el movimiento constante sin pelota.
Para Dennis, además, el mérito no es solo táctico: el grupo le resulta fácil de querer. “Es un equipo disfrutable”, sostuvo, y remató con una pregunta simple sobre el atractivo del plantel: “¿y qué no hay para amar de Jalen Brunson?”.
DeBusschere en la cancha: números de Finales y el golpe por golpe
Comparar a DeBusschere con el “diferencial” que transformó a un equipo a mitad de camino es, para muchos, el elogio máximo. De hecho, Walt Frazier lo expresó con una frase que quedó como símbolo: DeBusschere fue la diferencia para dar vuelta una escuadra que no terminaba de despegar. En términos de legado, su impacto no fue solo por oficio: también por cómo empujó a su equipo a entrar en una dinámica que se extendió por años.
Partidos clave que lo definieron
- En el Juego 7 de las Finales de 1970, aportó 18 puntos y 17 rebotes ante el plantel de Los Angeles Lakers, con la línea interior sostenida por Wilt Chamberlain y Elgin Baylor.
- En el Juego 4 de las Finales de 1973, contra los Lakers, sumó 33 unidades y tomó 14 rebotes para liderar a los Knicks hacia una ventaja de serie de 3-1.
Ruggedismo real: la cara de guerra
En lo físico, DeBusschere no se escondía. Peter recordó que su padre habría roto su nariz “siete veces” y que le habían sacado dientes, además de estar cerca de perder un ojo en distintas situaciones. La idea, para ellos, es que su dureza era visible y constante, incluso cuando salía de la cancha y la vida cotidiana no se lo pedía.
Historias personales y el legado fuera de la cancha
Dennis contó una anécdota que deja una señal de resiliencia para los hinchas que esperan que Mitchell Robinson esté listo para el choque de Finales contra los Spurs, donde aparece la amenaza de Victor Wembanyama. Dennis explicó que su padre tenía un meñique que, según recuerda, se rompió nueve veces y quedó permanentemente doblado hasta que se sometió a una cirugía. “Nunca hablaba de eso”, agregó. “Jugaba igual, pero cuando le dabas la mano, se notaba el meñique desacomodado”.
DeBusschere también era, según lo describen, una persona cercana y relajada fuera de la cancha. Incluso en los años en que trabajó como gerente general de los Knicks en la década del 80, a veces dejaba a sus hijos y a su hija, Michelle, tirar a modo de práctica antes de algunos partidos en casa.
Peter rememoró una escena curiosa: un niño de la cancha, Larry Bird, los habría “corridos” del rectángulo. La versión cuenta que su padre salió y les dijo a los chicos: “Estos están tirando”. Y Bird respondió, con naturalidad: “Está bien”.
Draft de Ewing, despedida en 2003 y un colapso en Manhattan
Nueve años después de haber sido comisionado de la ABA y de ayudar a destrabar la fusión con la NBA en 1976, DeBusschere fue el ejecutivo de los Knicks que reclutó a Patrick Ewing. Por eso, en mayo de 2003, Ewing estuvo entre los asistentes y portadores del homenaje fúnebre dentro de la Iglesia Católica de St. Joseph Roman, en Garden City, Long Island, el pueblo natal de DeBusschere, para despedir a una leyenda que falleció demasiado joven, a los 62 años.
Dennis, días antes, lo había visitado en la oficina comercial de bienes raíces. Iban caminando hacia el almuerzo cuando DeBusschere, todavía con pinta de poder dar “35 minutos” en un partido, se desplomó en una calle de Lower Manhattan, en plena vía pública, frente a su hijo. “Fue impactante”, dijo Dennis. Y remarcó que no parecía que hubiera señales de que algo así pudiera ocurrir.
Mientras tanto, Peter corría hacia el New York University Downtown Hospital. Allí, los médicos ya habían confirmado que DeBusschere había muerto por un ataque cardíaco masivo. “Hace 23 años”, señaló Peter. “Y nunca se hace más fácil”.
El recuerdo de quienes lo conocieron: Bradley, el trabajo y la humildad
El comisionado de la NBA David Stern lo definió como un héroe de “mano dura” y de clase trabajadora, alguien que volcó toda su energía en el juego. En el funeral, con la presencia de rivales y compañeros, Bill Bradley —amigo cercano— lo describió como un recordatorio de una etapa en la que la vida tenía “magia”. Bradley habló de la entrega sin ego de DeBusschere como la base de los recorridos de campeonato.
En la familia, recuerdan también la forma en que DeBusschere evitaba hablar de sí mismo. Dennis contó que, en un panel con exjugadores de los Knicks sobre la dureza sostenida de Willis Reed como capitán, cada vez que se mencionaba a Willis, aparecía el nombre de su padre. “Era un honor cuando Willis hablaba de la dureza de mi papá”, dijo Dennis. También sumó una frase con picante: “No creo que Wilt Chamberlain le gustara enfrentarse contra mi papá”.
La generación siguiente: lacrosse, ocho hijos y la hinchada de siempre
Peter y Dennis crecieron como deportistas de alto nivel: ambos fueron figuras del lacrosse universitario. Se enorgullecían de que el apellido, por sí solo, hiciera que la gente preguntara si eran parte de la realeza del básquet de Nueva York. Entre los dos, criaron ocho hijos, como continuidad del legado que dejó Dave DeBusschere junto a su esposa, Gerri, fallecida por cáncer en 2009.
Peter trabaja para una empresa de trading electrónico y Dennis es presidente de una firma de corretaje, 22V Research, con el nombre inspirado en el número de su padre. Pero, por encima de todo, se describen como hinchas apasionados: de los que viven el Knicks desde adentro y desde la memoria familiar.
Cuando veían juntos los partidos grandes en los 70, Dave DeBusschere no hablaba demasiado. Tenía una dignidad silenciosa. Si los chicos preguntaban por una jugada específica, el ocho veces All-Star y seis veces integrante del primer equipo All-Defensive reaccionaba con pocas palabras y seguía. “Siempre tuvimos que presionarlo para que nos contara cosas”, remarcó Peter.
Hoy, dicen, el Knicks tampoco habla de más. Comparte la pelota, defiende con propósito y pasa al siguiente objetivo. Y por eso llegaron a la historia durante su racha de 11 victorias consecutivas en playoffs.
El cierre: “Ganemos o perdamos, su padre habría disfrutado este equipo”
De cara al duelo ante San Antonio, Peter y Dennis tienen una certeza: pase lo que pase en las Finales, su padre habría disfrutado de este Knicks.