La serie entre Philadelphia 76ers y Boston Celtics vuelve a estirarse y ahora tiene destino claro: un sexto partido en Filadelfia. Y, en el medio de toda la tensión, aparece un dato que cambia el mapa de la eliminatoria: Joel Embiid parece, por ahora, en condiciones de ponerse de pie y jugar.
Porque Boston, que venía con la chance de cerrarla en casa el martes, no pudo terminar el trabajo y eso abre una ventana de incertidumbre en un duelo al mejor de siete que ya no se siente tan lineal. Philadelphia, con Embiid como eje y un cuarto período dominante (aunque no necesariamente cómodo), forzó la continuidad y mantuvo la esperanza viva.
Lo más llamativo del partido fue lo que pasó en el cierre: los Celtics apenas convirtieron 11 puntos en el cuarto. Para una franquicia que había mostrado control, ese bajón golpeó fuerte. En playoffs de la NBA, además, esta clase de escenarios se transforman en segundos: nada está asegurado y cualquier detalle puede reescribir la historia.
Qué está en juego: Game 6 y el futuro inmediato
Si los Sixers ganan el Juego 6 y Embiid se mantiene sano, esta rivalidad histórica entre ambas franquicias quedará obligada a exigir un séptimo partido: una nueva página que todavía no tiene fecha ni final. En cambio, si Boston gana y elimina a Philadelphia, recuperará el brillo del que disfrutó cuando tomó ventaja 3-1 y parecía encaminarse hacia un postemporada con un panorama mucho más tranquilo.
Todo se definirá en pocos días. Mientras tanto, hay señales claras que dejó la victoria de Philadelphia en el Juego 5, remontando 13 puntos.
Las claves del Game 5 de Philadelphia
1. Embiid cae, se levanta y cambia el juego
Hubo un momento que heló a la banca de los Sixers hacia el final del tercer cuarto: Embiid aterrizó de manera incómoda sobre la pierna izquierda, se tocó la zona de la rodilla al instante y se fue rengueando. La escena recordó a experiencias anteriores, de esas que nadie quiere volver a atravesar.
Pero, para suerte de Embiid y de Philadelphia, el problema no pasó a mayores. Tras unos minutos de revisión en el vestuario, el centro volvió a la cancha y, de inmediato, volvió a hacerse sentir. La salud del jugador puede ser la variable más determinante de la serie: Embiid es capaz de dominar a la liga, pero también es un atleta con fragilidades.
Este era apenas su segundo partido de regreso luego de una lesión de apéndice, por la cual había sido operado 19 días antes y se mantuvo fuera durante varias semanas. Aun así, pudo imponer su peso sobre la defensa que le propusieron, y también condicionó la forma en que Boston lo enfrentó: los Celtics ya no ofrecieron el mismo tipo de ayuda que antes con Al Horford.
Si bien Neemias Queta se ubica entre los más mejorados de la temporada y capturó 14 rebotes en el partido, la “asignación Embiid” es otra categoría de dificultad para Queta y también para Luka Garza y Nikola Vucevic.
Además, el otro golpe para Boston fue que Embiid ya no está “aparcado” detrás del perímetro. Está trabajando en el poste, provocando faltas, llegando a la línea con frecuencia y castigando con bandejas o incluso con juegos de media distancia: tiros de unos 10 pies y también los fadeaways. En resumen, está jugando desde sus fortalezas y exponiendo el punto débil de los Celtics.
“Nos puso mucha presión”, resumió Jayson Tatum.
El balance final fue contundente: Embiid cerró con 33 puntos en 39 minutos. Fue, en conjunto, uno de sus mejores rendimientos de playoffs. Cuando está sano, es una amenaza real. Y el martes volvió a aparecer el recordatorio de que su cuerpo puede traicionarlo con demasiada frecuencia.
La pregunta que queda flotando es obvia: ¿dónde estaría esta serie si Embiid hubiera estado sano desde el arranque?
2. Boston perdió el “instinto asesino” en el final
Los Celtics llegaron a estar arriba por 13 en la segunda mitad y, en apariencia, con el control. Pero, de golpe, se les apagó el motor. Puede haber sido porque Boston bajó la intensidad, o porque Philadelphia se la arrancó con presión, o una mezcla de ambos factores. El resultado fue el mismo: en el cuarto período, Boston se desinfló y los Sixers aprovecharon.
El dato lo dice todo: Boston estuvo 3 de 22 en tiros en ese tramo. La producción de Tatum y Jaylen Brown fue casi inexistente: ambos apenas sumaron dos puntos cada uno en el cuarto. Mientras tanto, el resto del plantel —que suele diferir a las dos estrellas— se mostró incómodo cuando tuvo que cargar con más responsabilidad de la habitual.
También hubo una batalla física y de detalles: Boston perdió muchos balones sueltos y, en general, no ganó la disputa por rebotes. Además, los Celtics tuvieron la misma cantidad de pérdidas que de canastas. Y Tatum falló dos de sus cuatro tiros libres en siete intentos.
Boston incluso estuvo cerca de cinco minutos sin convertir en el cuarto. Tatum lo explicó después: “Cuando no estás anotando como querés, eso te pone mucha presión en la defensa”.
La caída, en realidad, ya había comenzado a fines del tercer cuarto y se aceleró desde ahí. Los Celtics permitieron 35 puntos en el tercer período, y el partido se tensó de repente. Para cerrar la noche, Boston terminó con 16 tiros fallados consecutivos.
El entrenador Joe Mazzulla fue claro en su lectura: “Tuvimos algunos tiros que eran buenos, pero no pudimos capitalizar”.
3. De nuevo, Maxey aparece como demasiado difícil de frenar
Tyrese Maxey volvió a ser una presencia constante: corre por todos los sectores, gana balones sueltos, se eleva por encima de jugadores más altos para pelear rebotes contestados, mete dobles de media distancia y, sobre todo, acelera cuando decide ir hacia la pintura para terminar fuerte.
En esta serie, Maxey se afirmó como una de las fuentes más consistentes de producción para Philadelphia. Su impacto, su rol y su imagen crecen partido a partido. Si antes quedaba algún tipo de duda, el Juego 5 la borró con números.
En el partido, Maxey registró 25 puntos, 10 rebotes, cinco asistencias, dos robos y apenas dos pérdidas en 43 minutos. Aunque es lógico que Boston se haya preocupado por Embiid, Maxey generó una cantidad de problemas similar para el esquema rival en el Juego 5.
4. Derrick White necesita su mejor versión… y rápido
Derrick White no fue la razón principal por la que la serie sigue abierta, pero el contraste es evidente: Boston está recibiendo poco de un jugador que normalmente rompe partidos de varias maneras. Para White, esta eliminatoria resultó especialmente dura: se lo ve como si estuviera atrapado en una niebla, sin poder conectar el ritmo que suele imponer.
En los cinco juegos disputados, White está con 30% de efectividad en el piso y 21% desde el perímetro, además de promediar ocho puntos. En defensa también tiene una tarea pesada, porque le caen en el camino Maxey y, en momentos, VJ Edgecombe. Con Tatum regresando a la estructura de la rotación y Brown saliendo de una temporada con sabor a premio MVP, White podría moverse con más libertad… pero por ahora esa ventaja no se transformó en impacto.
Su promedio de puntos en la serie está cerca de la mitad de lo que hizo durante la temporada regular. Y sus fallos no son detalles menores: los tiros que no entran terminan lastimando posesiones completas.
De todas formas, Mazzulla le siguió dando confianza. Es el tipo de respaldo que solo tiene sentido cuando el DT todavía ve valor claro en un jugador que ya ayudó a ganar un título. White disputó 36 minutos. Payton Pritchard fue una opción más efectiva en esta serie, aunque en el cuarto período lo retiraron cuando Philadelphia apretó, los Celtics se enfriaron y el partido se inclinó.
Si este patrón se repite en el Juego 6, la paciencia del entrenador podría bajar. La continuidad de su rol depende de una respuesta inmediata: si White puede recuperar el nivel de la temporada regular y volver a encenderse, el plan se mantiene. Si no, Pritchard podría ganar más minutos y más tiros tocando la pelota con mayor frecuencia.