Oklahoma City y San Antonio abrieron la serie de Finales de Conferencia de Oeste con un duelo de dos “monstruos” defensivos y ofensivos: Chet Holmgren y Victor Wembanyama. Aunque la narrativa prometía un mano a mano en la pintura, el primer partido mostró otra cosa: por tamaño y calidad, ambos gigantes están obligados —y se permiten— jugar lejos del aro. El resto del texto contextualiza cómo y por qué el básquet pasó, en pocos años, de los pívots anclados al poste a los “cinco” capaces de generar desde el perímetro, con antecedentes que van desde Jack Sikma hasta el salto moderno de Brook Lopez, Al Horford y Kevin Love.
Holmgren vs. Wembanyama: el tamaño que ahora juega afuera
Cuando Thunder y Spurs se cruzaron en el Juego 1 de las Finales del Oeste, una de las grandes historias era el choque entre dos big men de élite: Chet Holmgren por Oklahoma City y Victor Wembanyama por San Antonio.
Los dos también llegaron al All-Star esta temporada y, además, terminaron primero y segundo en la votación para Defensor del Año.
El giro estaba en que, pese al escenario, casi no hubo “guerra” en el área pintada. En el Juego 1, Holmgren convirtió cuatro de sus siete intentos desde el triple. Wembanyama, por su parte, probó solo dos tiros de tres (una cifra baja y poco habitual para él), pero uno tuvo un peso enorme: un pull-up desde 27 pies para empatar la acción al final de la primera prórroga.
La lectura que deja esta serie no es un accidente: es el reflejo del presente. Holmgren mide 2,06 m (7-1) y en la temporada regular anterior tiró 243 triples. Wembanyama, con 2,24 m (7-4, al menos), ejecutó 350 triples. La amenaza real es que, con esa estatura, ambos pueden picar, botar y tirar a distancia: dos gigantes que dominan el manejo y el lanzamiento para ejecutar recursos que antes quedaban reservados casi siempre para jugadores más chicos.
La nota remarca incluso que, en el caso de Holmgren y Wembanyama, ese estilo no aparece “de golpe” en la adultez: aprendieron a jugar así desde chicos.
Entre el Juego 1 y el Juego 2, el entrenador de los Spurs, Mitch Johnson, expresó la idea de que el juego está cambiando “delante de sus ojos”. Comentó que, en su experiencia previa formando jugadores jóvenes antes de llegar a la NBA, a un pibe alto se le enseñaba a hacer pantalla y a jugar debajo del aro. Ahora, en cambio, esos chicos pueden ver a los grandes de la élite jugar fuera de su “caja” tradicional, y eso vuelve menos lógico encasillarlos bajo un único rol fijo. Para Johnson, es valioso observar cómo esos jugadores modernizan el juego “desde los fundamentos” y, al mismo tiempo, lo transforman en el día a día.
El texto ilustra esa modernidad con una escena de los primeros minutos del Juego 1: Wembanyama en la línea de tres, haciendo dos cambios de ritmo consecutivos contra Holmgren y luego finalizando con un lanzamiento en suspensión.
No son los únicos. La nota adelanta que habrá un cruce en las Finales de la NBA con New York: Karl-Anthony Towns, presentado como quizá el mejor tirador entre los pívots, enfrentará a Wembanyama.
Cómo se llegó a esta versión del “pívot tirador”: del poste al espacio
Para entender por qué Holmgren termina en la misma conversación que Wembanyama —y por qué en playoffs aparecen con tanta frecuencia “cinco” de alto nivel técnico como Towns, Evan Mobley y Nikola Jokić— la nota retrocede a una escena de este mismo postemporada que, en su momento, no tuvo el impacto mediático de un gran highlight.
En el Play-In de LA Clippers contra Golden State Warriors, a mediados de abril, hubo una jugada que funcionó como señal de época: Brook Lopez bajando el balón y encarando el poste contra Al Horford. No fue un momento que definiera el partido (no hubo puntos en la acción) y no aparecía como una gran escena, pero justamente por eso quedó marcado.
En términos de datos, el texto afirma que, de acuerdo con Synergy, fue el único post-up de cualquiera de los dos en el juego. Aun así, jugaron 59 minutos combinados y sumaron 24 intentos de tiro, de los cuales 13 fueron triples.
La comparación histórica es fuerte: Horford llegó a la liga en 2007 y Lopez en 2008. Ambos, al principio, eran pívots “de poste”. En el caso de Lopez, no convirtió un triple en sus primeros seis años. Horford, por su lado, apenas sumó tres triples en sus primeros cinco. Hoy, la nota sostiene que el guion cambió radicalmente: Horford tomó el 63,3% de sus tiros desde el triple en la temporada regular, mientras que Lopez lo hizo con el 58,5%. El poste bajo “de centro contra centro” (como el de la jugada del Play-In) se describe como un “teléfono de pago” del básquet: omnipresente en 1996 y prácticamente inexistente en 2026.
El artículo ubica el cambio como una de las revoluciones más profundas que vivió cualquier posición. Señala que los pívots que entraron a la NBA a fines de los 2000 —además de Horford y Lopez, incluye a Kevin Love, Marc Gasol, Chris Bosh y LaMarcus Aldridge— tuvieron que adaptarse sí o sí a un viraje radical.
La transición, dice el texto, arrancó despacio y luego aceleró de manera brusca. En la temporada de rookie de Horford, solo un centro (Mehmet Okur, de Utah) superó los 100 triples en el año. Incluso, 36 centros jugaron al menos 1.000 minutos sin convertir ni un triple, incluyendo al propio Horford.
En la temporada más reciente, en cambio, 12 centros encestaron al menos 100 triples, con nombres de estatus estelar como Wembanyama, Jokić y Towns, pero también con tiradores de banca como Jay Huff y Sandro Mamukelashvili. Holmgren quedó apenas por debajo: 88 triples.
La otra cara del dato también marca la distancia: apenas 13 centros en toda la liga jugaron 1.000 minutos o más sin anotar ningún triple.
Según el texto, lo que se ve en playoffs es la culminación de una migración de años: el pívot dejó de anclarse en el poste bajo y comenzó a “pararse” a unos 23 pies del aro. Aclara que se aceleró en la última docena de años, pero que la “revolución” venía cocinándose durante medio siglo.
Como etapas previas, se mencionan ejemplos de fines de los 80 e inicios de los 90 con jugadores como Bill Laimbeer, Brad Lohaus y Manute Bol, que de vez en cuando se quedaban en la línea de tres; y también “stretch fives” tempranos como Okur y Sam Perkins.
Y aparece un nombre clave: Jack Sikma. No fue el primero en tirar un salto siendo centro, pero sí podría haber sido de los primeros en entender que era más efectivo jugando hacia atrás que hacia adelante.
Jack Sikma y el paso atrás: la raíz técnica del pívot moderno
El texto ubica a Sikma como un antecedente de los stepbacks que después popularizaron jugadores como Steph Curry y James Harden, y que con el tiempo también llegarían a Wembanyama. El movimiento al que se refiere no es complejo en su mecánica, pero fue determinante: una manera de neutralizar una desventaja física y aprovechar su capacidad de tiro.
En una época en la que se le exigía al pívot “metérsela en la pintura” para pelear, Sikma no tenía el lujo de quedarse de cara al triple. Incluso, la línea de tres no existía en sus primeros dos años de NBA. El artículo recuerda que Sikma, que pasó sus primeros nueve temporadas en Seattle y sus últimas cinco en Milwaukee, acumuló solo siete triples en su carrera hasta su año 12, cuando el entrenador Del Harris vio cuánto espacio podía abrir para el resto de sus pívots de poste.
Con su estatura (6-11), Sikma desarrolló un pivot manteniendo el balón alto sobre su cabeza. Desde esa posición, sin necesidad de botar, podía disparar de inmediato un stepback casi imposible de bloquear.
La nota agrega que Sikma podía tirar de forma natural y se sentía cómodo de espaldas y de frente al aro, algo que conectó con su evolución: fue base/guardia hasta un estirón tardío. Tras su año freshman en Illinois Wesleyan, él y su entrenador Dennis Bridges trabajaron el recurso.
En una cita, Sikma explica que su juego de poste con pivot interno se apoyaba en el hecho de que su fuerza no era para un “power move”, sino para generar un poquito de espacio y convertir el tiro en su arma. También remarca que fue un “late bloomer”, flaco y que creció tarde.
Su evolución hacia el triple en la parte final de su carrera, dice el texto, se parece a la de Marc Gasol cuando el autor trabajó en Memphis. Se menciona una aclaración personal: fue vicepresidente de operaciones de básquet en los Grizzlies entre 2012 y 2019.
El artículo traza el paralelismo: Sikma y Gasol ganaban los juegos de tiro en prácticas (Sikma fue 84,9% desde la línea de libres como promedio de carrera y lideró la liga con 92,2% en 1987-88). Entonces, el equipo entendió que tenía sentido que intentara tiros en partido. En 1987-88, Sikma convirtió tres triples; en 1988-89, sumó 82. Los otros centros listados como tales por Basketball-Reference en esa temporada hicieron, combinados, 88 triples.
El texto retoma una frase de Sikma: cuando Del Harris lo implementó y él quedaba afuera en pick-and-roll y pick-and-pop, el poste se abría. Asegura que eso termina trascendiendo: deja el centro libre, habilita ataques saliendo del bote, y el espacio se vuelve gigantesco.
Sikma también subraya una ventaja que suele mencionarse menos: los pívots en el triple no necesitan “salir” de la cancha para tirar; pueden lanzar con facilidad sobre una salida defensiva (closeout) desde su propia estatura.
Por último, el artículo marca dos cambios en las reglas y en la forma de defender que hicieron que el básquet pasara de “fuerza” a “habilidad”. Según Sikma, atacar de bote empezó a ser más efectivo cuando cambiaron las reglas del hand-checking, una decisión asociada a buscar más espacio. Y, además, el juego de poste cambió con la llegada de Shaq, cuando se modificó cómo se podía defender el poste con una mano en la espalda y el codo flexionado: se hizo más difícil anotar desde el poste. Esos dos ajustes empujaron a la cancha abierta y a valorar el tiro desde el perímetro para los grandes.
De Kevin Love a Brook Lopez y Al Horford: el proceso de confianza y adaptación
El texto conecta la teoría con casos concretos. Arranca con Kevin Love, presentándolo como alguien que puede mostrar el cambio “90 minutos antes” de un partido.
En una charla en Utah, en enero, Love contó que al mirar el calentamiento ya no había nadie en la pintura: había 10 jugadores en el perímetro tirando triples y, solo en la pintura, quedaban novatos sacando rebotes para los veteranos.
Dentro de esta generación, el artículo sugiere que pocos dominaron el “arte oscuro” de pelear por posición alrededor del aro como Love. Sin embargo, igual fue de los primeros en aplicar el concepto de spacing para pívots. Igual que Sikma, entendió que podía ir hacia atrás en vez de hacia adelante, patentando un recurso: recibir cerca del codo, cerca de la línea de tiros libres, dar un solo drible hacia atrás hasta el triple y lanzar.
Love explica que el movimiento nació “del flujo” de la ofensiva y menciona a Rick Adelman como una figura clave por su sistema de ataque por esquinas. Dice que ese tiro le encantaba y que además encontraba triples en stepback, pick-and-pop y triples en transición. También señala que, en su época, se buscaba ese tipo de oportunidades, aunque en el juego actual cree que tendría tres o cuatro intentos más por partido.
El texto aporta un dato: sus 505 intentos en 2013-14 lo ubicaron séptimo en la NBA, casi la misma cantidad que su ex compañero de Little League, Klay Thompson.
Para que ese estilo funcione, Love necesitaba un triple confiable, y el artículo remarca que, aunque podía tirar, era tan efectivo en el rebote que Minnesota no quería alejarlo demasiado del aro. Love cuenta que, cuando llegó, el entrenador Randy Wittman le decía que no lo veía tirando triples en ese momento: “tal vez algún día vas a salir y tirar un par”, pero no era la razón por la que lo trajeron. El empuje real a los triples llegó en su tercer año con Kurt Rambis, que lo empujó a salir a tirar y a entender hacia dónde evolucionaba el juego.
Love agrega que su camino empezó con triples “trail” y luego entró al pick-and-pop. Se define (fuera de Dirk) como de los primeros en estirar el piso de manera grande con ese tipo de tiros.
El texto suma otro dato de contexto: Love contaba con recursos dentro del staff. Uno de los asistentes en Minnesota era Jack Sikma, un vínculo directo entre el pasado del stepback y el presente del pívot moderno.
En otra cita, Sikma dice que Love siempre fue gran tirador: era un arma con base sólida, podía moverse, controlar y aun así soltar el tiro.
Luego, el artículo salta a Brook Lopez y su batalla con Donovan Clingan en un juego de abril en Portland. La escena es la de un duelo entre gigantes: el 2,13 m (7-1) de Lopez contra el 2,18 m (7-2) y 280 libras (aprox.) de Clingan.
La nota aclara que no se trata de un “encierro” en la pintura: ambos jugadores, aun siendo enormes, terminan tirando desde afuera. Entre los dos intentaron 18 triples en esa noche, y cada uno lideró su equipo en intentos.
Lopez comenta que es “salvaje” ver esa realidad y que le tocó ser parte del viaje. Explica también que su tiro venía parcialmente facilitado porque en sus equipos había un gemelo enorme, Robin, lo que lo empujaba a estar más tiempo en el perímetro. Además, se cruzó con entrenadores clave en su evolución: Kenny Atkinson y Mike Budenholzer, y con la tendencia más amplia de la liga en los 2010.
Lopez relata que Atkinson, cuando llegó a Brooklyn, tomó la idea tras estar con Budenholzer en Atlanta en un ataque de cinco abiertos. Por eso le preguntó si se sentía cómodo haciéndolo; Lopez respondió que sí y trabajó mucho detrás de la línea durante esa estación.
La confianza aparece como factor subestimado. Lopez recuerda que el primer triple que metió esa temporada fue en la pretemporada, desde el “top of the key”. Miró al banco y le dijeron “seguí, seguí”. Sin esa confianza del equipo, no sabe qué podría haber pasado.
También deja una anécdota: probó un triple en la primera jugada de su primer partido de pretemporada con Atkinson en 2016.
Con Al Horford, el texto plantea un camino distinto. A diferencia de muchos, no era un tirador natural. Para él, el acceso al triple fue una especie de supervivencia existencial: en lugar de tomar tiros que ya podía hacer, el proceso fue más tortuoso.
La nota sitúa una escena a mediados de febrero en San Francisco: Horford viene de un juego contra Wembanyama donde ambos sumaron 13 intentos de triple. Se recuerda que, cuando llegó a Atlanta casi dos décadas atrás (2007), su ofensiva era principalmente poste bajo desde el lado izquierdo.
Horford comenta que ni siquiera imaginaba tirar triples. Cuenta una historia: veía a Joe Johnson practicar y le parecía un tiro “muy profundo”, y nunca pensó que él terminaría tomándolo.
En sus primeros años, incluso el artículo dice que para pívots como Horford era casi tabú intentar. Menciona que una vez tiró un triple en Florida sin haber trabajado específicamente el tiro, en un partido donde el marcador estaba 20 o 30 arriba y el coach Billy (Donovan, entonces DT en los Gators) lo miró “de cierta forma”, como marcando el hecho.
Luego, el empuje se amplió a nivel organización: cuando Budenholzer llegó a Atlanta (en 2013), lo alentó a trabajar y a tirar desde tres. Horford también remarca que lo mental fue tan importante como lo físico, sobre todo porque hoy hay más jugadores haciendo ese trabajo, mientras que antes no era tan común.
Horford afirma que algunos rivales lo miraban “de costado” mientras él se preparaba para lanzar. Pero el empujón más fuerte vino, tal vez sin que fuera intencional, de su compañero Kyle Korver, tirador letal que en 2013-14 tiró 47,2% desde el triple.
Horford recuerda que Korver casi no habló, pero una vez le dijo algo simple: “tu tiro se ve bien, seguí; cuando estés abierto, tirá”. Dice que ese comentario le ayudó muchísimo en confianza, y que Korver ni sabía el impacto que tuvo. Horford agrega que, cuando metió el primer triple en partido, el banco explotó: esa reacción lo hizo sentir “ah, ok, estoy haciendo esto”.
A partir de ahí, el texto vuelve a Atkinson, Budenholzer y los Hawks de esa época, porque el proceso tuvo un punto clave: la serie de primera ronda de 2014 entre Atlanta e Indiana.
Era temprano en la revolución de triples de pívots. Horford tenía solo 10 triples en su carrera cuando arrancó la serie y además estaba afuera por una lesión de pectoral.
Enfrentando al equipo mejor sembrado, los Pacers de Indiana, y al gran protector de aro Roy Hibbert, el subcampeón de 38 victorias (Atlanta) cambió el plan: la idea era que todos sus pívots tiraran triples.
Atlanta tomó 230 triples en siete partidos, una cifra impactante para ese momento. El artículo remarca que ningún equipo había tomado más de 26,6 triples por partido en la temporada regular 2013-14, ni había superado el tercio de sus tiros desde el triple, pero los Hawks sí lo hicieron contra Indiana: 41,6% de sus lanzamientos de campo llegaron desde más allá del arco.
Además, se destaca quiénes fueron los tiradores: 27 de Paul Millsap, 31 de Mike Scott y 25 de Pero Antić. Esos tres eran la rotación de frente de Atlanta.
Scott en particular tomó la mitad de sus tiros desde tres como “cinco” de small-ball, y el impacto fue enorme: Hibbert, que era el escolta del premio Defensor del Año (runner-up) por tamaño y protección de aro, quedó “fuera de su mundo” frente a pick-and-pops.
En los Juegos 5 y 6, Hibbert jugó 12 minutos: el spacing de Atlanta lo volvió poco efectivo. Aunque Indiana sobrevivió la serie, los equipos copiarían rápido lo que hacían los Hawks. En tres años, Hibbert ya estaba fuera de la liga.
La defensa también cambió: de la pintura obligatoria al “switch” y la lectura
El texto remarca que hay una segunda parte del fenómeno que muchas veces se comenta menos: el cambio del pívot al triple no solo alteró la ofensiva, sino que también transformó defensivamente todo el tablero. Los pívots lentos y “posteros” del pasado pasaron a ser prácticamente injugables. Si el “cinco” se planta en el perímetro, el defensor tiene que deslizar los pies en la línea de tres.
Love lo explica con un ejemplo: en defensa, a los jugadores se les enseña toda la vida a correr hacia el aro y cargar a estrellas como Giannis Antetokounmpo y Jalen Brunson. Cuando aparece un 6-11 presionando hacia adelante o un Brunson que intenta entrar y jugar sobre dos pies, el defensor acaba en una encrucijada: ayudar, mirar, y si el atacante pivotea y se la deja a Towns para el triple, hay que decidir el “veneno” que se elige. Por eso, dice, es un lujo tener un grande capaz de tirar.
Horford aparece como uno de los que mejor se adaptó. El texto lo describe como uno de los mejores defensores para cambiar (switch) y que, aun cerrando hacia los 40 años, sigue pudiendo mover bien los pies.
Horford también cuenta que entendió que la liga iba a cambiar en ofensiva y en defensa. Afirmó que, como grande defendiendo en el perímetro, iba a tener que hacer esas cosas, y que eso cobró relevancia en sus últimos años: con el paso de cobertura de tipo drop a switching, sintió que debía moverse, aguantar y estar listo para rivales que lo desafiarían. Esa adaptación fue clave para el éxito posterior.
Sikma complementa la mirada con el punto de inteligencia y movilidad. El texto dice que, con frecuencia, los pívots más “sabios” —Gasol, Horford y Lopez— fueron los que mejor resistieron el cambio. Sikma lo resume en dos partes: habilidades físicas para moverse, y la segunda cuestión, anticipar cuándo el peligro pasó y cuándo corresponde asumir la responsabilidad secundaria.
Lopez, por su lado, afirma que las modificaciones casi lo forzaron a mejorar en defensa incluso confiando más en su “sensación” (feel) que en sus pies. Dice que observar distintas formas de cubrir lo hizo mejor defensor y más inteligente, y subraya la comunicación: la defensa va tan rápido que si no están en la misma página, los rivales te comen. La idea final es que, aunque sea rápido, esas exigencias lo mejoraron.
La nostalgia del poste y la pregunta de “qué habría pasado” en 2025
El artículo cierra con un tono más reflexivo. Habla de una cierta nostalgia: Lopez, Love y Horford disfrutan todavía sus chances raras de “amartillar” en la pintura. Sacar a los grandes del medio abre el piso para todos, pero también recorta mucho de lo que ellos hacen mejor.
Love lo resume en su propia historia: pasó toda su vida construyéndose desde el poste y luego yendo hacia afuera, pero eso cambió de golpe cuando llegó a Cleveland para jugar con LeBron James. “El ajuste fue duro”, admite.
De todos modos, el texto señala que ahora hay menos oportunidades de ese estilo “al ras del aro”, pero que existe una cara B: estos mismos pívots también sienten orgullo por su juego de poste, aunque se preguntan qué problema habrían tenido si hubieran entrado a la liga en 2025 y hubieran dejado florecer más su juego exterior.
Love plantea la idea: si estuviera tirando ocho triples por partido, con la pelota en sus manos y con un juego como el actual, cree que, por su perfil, podría haber hecho mucho daño.
Y si Sikma jugara hoy, medio siglo después de su temporada de rookie, el texto también lo imagina. Sikma dice que tendría que trabajar mucho su movilidad, pero que encajaría como cuatro e incluso tal vez mejor que como cinco en el básquet actual. Aclara que es increíble que los grandes crecen aprendiendo a manejarse: dos botes serían su límite. Remarca que, hoy, el enfoque del desarrollo de habilidades es totalmente distinto: antes era un chico de campo que jugaba los viernes para el equipo escolar; ahora el tiempo de preparación está más organizado y eso produce jugadores más completos, con más habilidad.
El artículo termina conectando ese legado con los gigantes actuales: Wembanyama y Holmgren, al igual que Sikma, siguen cambiando el rol del pívot. En la última frase, Sikma sostiene que hay que ser atlético y poder moverse, y remata con humor: “pero ayudar, ayudar… que son 7-5”.