Con Embiid ausente, Sixers empataron la serie con doble base protagonista

ByMartín Gutiérrez

Apr 22, 2026

Los Philadelphia 76ers venían de un golpe duro: habían caído 1-0 en la serie y, además, en el juego previo fueron despachados con aspereza. Para colmo, el partido se jugó de visitante y, otra vez, Joel Embiid no estuvo disponible. En ese contexto, plantear que el equipo de Philly hizo su mejor presentación de la temporada regular suena exagerado… hasta que se mira el resultado: en la noche del martes, los Sixers respondieron con carácter y con una actuación que obligó a reconsiderar el momento del cruce de primera ronda ante Boston.

Los números

  • Marcador: Philadelphia 76ers venció a Boston Celtics por 14 puntos (victoria “donde-did-this-come-from” en la previa, por cómo se dio el trámite).
  • Liderazgo anotador: Tyrese Maxey y VJ Edgecombe combinaron para 59 puntos, más de la mitad del total de Philly.
  • Porcentaje en triples de Philly: los Sixers metieron 19 triples y su 48% en lanzamientos de larga distancia marcó el partido.
  • Porcentaje en triples de Boston: Boston intentó 50 triples y convirtió 13.
  • Tiempo y pérdidas clave de Maxey: Maxey jugó 39 minutos y tuvo 1 sola pérdida.

Serie 1-1 y la sensación de “ya está”: Philly vuelve a apretar

Con este triunfo, el cruce quedó empatado en 1-1. Los próximos dos partidos se jugarán en Filadelfia, un dato que pesa tanto por la logística como por el impacto emocional: la serie no solo sigue abierta, sino que vuelve a estar “cuadrada” en el momento justo.

Jaylen Brown, figura de los Celtics, lo dijo sin vueltas: es playoffs, no hay garantías. La lectura de Boston fue clara: “nos superaron en la competencia”, y aun con el marco de una serie que puede parecer previsible, en este tipo de eliminatorias no existe el piloto automático. Brown también remarcó que la clave está en estar listos y confiar en el grupo.

Maxey y Edgecombe: el backcourt “se armó” y ahora lastima

Uno de los puntos más fuertes del análisis fue la química entre Tyrese Maxey y VJ Edgecombe. No se trató de una chispa de una noche: el vínculo se fue formando paso a paso durante la temporada y, a la hora de sostener el nivel en playoffs, apareció con argumentos.

Edgecombe arrancó con intensidad en el partido del martes y Maxey cerró con decisión, sosteniendo el ritmo del equipo cuando Boston intentó reaccionar. En total, ambos sumaron 59 puntos y, sobre todo, dejaron a los Celtics sin respuestas reales. La lectura táctica fue evidente: cuando Maxey y Edgecombe crecieron en el espacio exterior, Boston no pudo controlar el flujo del ataque.

En el caso de Maxey, el texto remarca que su rendimiento durante la temporada lo pone en carrera para una de las tres selecciones de All-NBA cuando se anuncien los votos el mes próximo. Y en el Juego 2, además, se destacó por su eficiencia y por cómo complicó a una defensa que lo tiene como prioridad: fue rápido, astuto y constante, especialmente en el cuarto período, donde encadenó aciertos desde distintos puntos del perímetro. El dato no menor: jugó 39 minutos y apenas cometió 1 pérdida. Es decir, buena toma de decisiones y poco margen para que Boston lo castigara con contraataques.

Edgecombe, por su parte, fue presentado como un jugador “hecho” para este clima. Pagó cada vez que Boston le permitió miradas abiertas desde el perímetro, y lo hizo con una mezcla de lectura y ejecución. Lideró a los Sixers con 30 puntos sin necesidad de irse a la línea de libres: en su plan de ataque prácticamente no estuvo la búsqueda de faltas, ya que no intentó lanzamientos desde la línea.

Brown tomó la idea en términos simples: en Boston se topan con “jugadores con pelota” del otro lado. Traducción: Philly no solo tuvo puntos, tuvo creadores, y ese detalle cambia por completo el tipo de partido.

Boston, frío desde el triple: cuando no entra, el plan se cae

El segundo gran quiebre fue el tiro de larga distancia de los Celtics. Boston vive mucho del triple y, en el martes, ese recurso no apareció con la continuidad que suele marcar su identidad. Con la excepción de Brown, el resto de la alineación no logró sostener una cadencia confiable desde el perímetro.

El golpe se sintió con fuerza cuando Boston intentó acercarse: recurrió a triples en oleadas, pero el balón no quiso entrar. La estadística lo resume: Boston lanzó 50 triples y convirtió 13. Es decir, intentó mucho, falló mucho, y cuando el rival no te perdona los rebotes ofensivos o te endurece la recuperación, la remontada se vuelve cuesta arriba.

En particular, el texto señala tres nombres que quedaron señalados por su relación directa con los lanzamientos constantes desde el arco: Derrick White, Sam Hauser y Payton Pritchard. Son jugadores que buscan mucho ese tiro y suelen ubicarse estratégicamente alrededor del perímetro, mientras Brown y Jayson Tatum concentran más el juego por aislamientos.

Entre los tres, el registro fue de 7 de 28 desde el triple. Y como Boston tiene invertido gran parte de su sistema en el lanzamiento de tres, el problema no es solo porcentual: es de presión. Cuando el tiro no entra, Tatum y Brown quedan obligados a elevar su nivel “al máximo” para sostener el partido.

El entrenador de los Celtics, Joe Mazzulla, resumió la noche con franqueza: “tuvimos buenas miradas, las fallamos”. En playoffs, esa frase suele pesar más que los porcentajes, porque implica que el problema no fue el diseño, sino la conversión.

Philly, caliente de afuera: la ausencia de Embiid cambió el plan, pero el plan funcionó

En el lado opuesto, los Sixers repitieron apuesta por el triple y esta vez la estrategia sí prendió. En el Juego 1 habían fallado y el partido terminó en una paliza; sin embargo, el equipo no abandonó la idea. El martes, en cambio, el tiro de tres comenzó a desarmar a Boston: según el texto, el 48% en lanzamientos de larga distancia fue minando la moral defensiva, porque los Celtics no encontraron cómo defender con eficacia esas penetraciones y esos lanzamientos.

Maxey y Edgecombe, de nuevo, fueron el motor: el informe marca que ambos se combinaron para 11 de 22 en triples. Y además, Philly clavó 19 triples en total. El dato duro que subraya el impacto es que esa cantidad de triples solo había ocurrido tres veces previamente en toda la temporada.

La nota también explica por qué Philly no tenía mucho margen para cambiar del todo el guion: la ausencia de Joel Embiid. Cuando Embiid está sano y en cancha, los Sixers cuentan con una opción de poste bajo, con capacidad de “bully ball”. Pero con él fuera, el equipo pierde ese recurso en la pintura. Por eso, forzosamente el ataque se inclina más hacia el tiro exterior.

La comparación con el pasado reciente queda clara: no funcionó hace pocos días, sí funcionó el martes. “Feast or famine”, dice la idea: o entra todo o se apaga. En el Juego 2, a Philly le tocó la versión donde el balón entra y el partido se come.

White en el debe: distancia, defensa y el costo de la energía

El cuarto punto de los cinco takeaways se enfoca en Derrick White. Se recuerda su trayectoria, incluyendo que fue medallista de oro en los Juegos Olímpicos de 2024, y que por años fue un sostén importante en el equipo. También se menciona el ruido positivo que recibe dentro de la comunidad basquetbolística cuando se arman votaciones informales tipo “All-Underrated”.

Pero ahora, en términos estrictamente deportivos, el texto marca que White necesita sumar aciertos. En la temporada tuvo dificultades desde la larga distancia: convirtió 32% de sus triples, un porcentaje considerado moderado para un tirador de volumen. Y en lo que va de la serie, con dos partidos disputados, su registro es de 4 de 17 desde el triple.

El informe aclara un matiz importante: esos fallos no dañaron tanto a Boston en el Juego 1, pero en el Juego 2 sí resultaron caros, porque el conjunto necesitaba que el perímetro funcionara cuando el tiro de Boston era la vía principal de remontada.

Además del tiro, aparece el desgaste defensivo. White “está bien” evaluado en esa faceta, pero Maxey lo obliga a quemar energía con su ritmo y su presión. Y como si fuera poco, el texto agrega que Edgecombe le cayó favorablemente en los cambios defensivos (switches), es decir, que el matchup terminó siendo otra carga para White.

El cierre de este punto es una reflexión: es mucho pedirle a un jugador que sobresalga en ambos costados todo el tiempo. Aun así, por su historia y reputación, White suele administrar sus problemas para que no se agranden. En esta instancia, eso sería la buena noticia para Boston.

Un cierre con el clima de la serie

Con los Sixers sin Embiid, el equipo encontró otra forma de ganar: empujó con el backcourt, castigó desde la línea de tres y aprovechó el momento en que Boston no pudo sostener la conversión. Para Boston, el mensaje es claro: si el triple no entra, el plan se vuelve frágil y el peso cae sobre Tatum y Brown. Para Philly, el mensaje también es directo: cuando Maxey y Edgecombe aparecen, Boston no tiene respuestas fáciles.

Ahora la serie vuelve a tomar aire en Filadelfia: el empate en 1-1 abre la puerta a un tramo decisivo, con los próximos dos juegos en casa y con una pregunta que se responde jugando: ¿fue una noche perfecta o es el inicio de una nueva serie?

By Martín Gutiérrez

Martín es periodista deportivo especializado en baloncesto argentino y ligas internacionales. Lleva más de 8 años cubriendo la Liga Nacional, Euroliga y NBA, analizando estadísticas, tácticas y rendimiento de jugadores.