Ayo Dosunmu empuja a Minnesota y deja a Denver a 48 minutos de afuera

ByMartín Gutiérrez

Apr 26, 2026

Los Denver Nuggets están contra las cuerdas en la Conferencia Oeste: perdieron otro partido y quedaron a 48 minutos de despedirse de los playoffs 2026. Fue 112-96 en el Target Center ante Minnesota, que además aprovechó una noche enorme de su incorporación de mitad de temporada, Ayo Dosunmu, mientras el equipo local lidia con lesiones sensibles en su base titular. La serie está 3-1 para los Timberwolves y el Juego 5 se jugará el lunes en Ball Arena (10:30 ET, NBA/Peacock).

Los números

  • Marcador: Minnesota 112, Denver 96 (Juego 4).
  • Figura ofensiva: Ayo Dosunmu clavó 43 puntos para los Wolves.
  • Rendimiento desde el triple y libres: Dosunmu metió 5 triples (de 5 intentos desde el perímetro) y fue 12-12 en la línea de libres; además terminó 13-17 en tiros de campo.
  • Serie: Timberwolves lidera 3-1 en una serie al mejor de siete.
  • Contexto de lesiones: Minnesota perdió a su base titular por problemas físicos en el segundo cuarto; del lado de Denver aparecen bajas/limitaciones (Peyton Watson, Aaron Gordon).

Dosunmu encendió el Target Center y sostuvo la ilusión de Minnesota

En circunstancias normales, a Denver le habría servido encontrar algún tipo de “equilibrio” en la serie, pero el guion no cambió: sigue abajo 3-1 contra Minnesota y ahora está al borde de la eliminación. De todos modos, el partido del sábado tuvo un factor decisivo: Minnesota tuvo que reacomodar su base y aun así encontró reemplazo inmediato. Ayo Dosunmu, fichado a mitad de temporada, respondió con un rendimiento que dominó el marcador, el ritmo del juego y la energía de la cancha.

Dosunmu copó las tapas con 43 unidades, sacando a relucir un perfil que encaja con la identidad de los Wolves: intensidad, energía y capacidad de ocupar espacios tanto en el perímetro como en el juego de ataque. Su actuación fue especialmente relevante porque, en el segundo cuarto, Minnesota perdió a parte de su base titular por lesiones, un golpe que podría haber complicado su horizonte en la postemporada. Sin embargo, el banco —y en particular Dosunmu— terminó superando el impacto de esas ausencias.

El entrenador Chris Finch explicó el plan en pocas palabras: la idea había sido “subirlo hasta que colapsara”. Y la noche, de hecho, terminó siendo casi imposible de replicar desde el banco: Dosunmu salió con el pie derecho desde el inicio y cada vez que Denver intentaba ajustar, el ex de Chicago encontraba la manera de convertir. En el Juego 3 ya había mostrado señales (25 puntos), pero esta vez destrozó la defensa interior de Denver cuando no anotaba por encima en el aro, lo hacía desde el arco con tiros que obligaban a cerrar tarde o a cometer errores en el pase.

El entrenador destacó la lectura y la continuidad del plan, mientras que Dosunmu se mostró agradecido y consciente de lo que significa llegar hasta esta instancia. “No me lo tomo como algo garantizado”, dijo, y remarcó la dificultad de estar acá; además agradeció a Jesús Cristo. También dedicó su producción a las figuras lesionadas del equipo y sostuvo que su mentalidad fue “vivir el momento”, competir en cada posesión y hacer “lo que haga falta” para ganar.

Un dato histórico y una respuesta de banco que valió más que el guion

El impacto del partido de Dosunmu no solo fue inmediato por los puntos: también funcionó como compensación y, en términos numéricos, hasta como superación. Minnesota no solo reemplazó el aporte del backcourt titular herido: el rendimiento del banco terminó siendo cercano —e incluso más determinante— que el de los titulares de Denver en la suma global del equipo.

En esa línea, la producción desde la banca inclinó el balance: los suplentes de Minnesota anotaron casi lo mismo que los titulares de Denver, con un total de 80-76 en esa comparativa nocturna. Y aunque Denver tuvo un buen nivel puntual con Nikola Jokić y Jamal Murray, el resto del plan ofensivo no alcanzó.

Además, la actuación de Dosunmu dejó una marca estadística. Se sumó a un grupo muy selecto: solo Edwards y Sam Cassell habían logrado en playoffs para Minnesota partidos de 40 o más puntos. En la lectura de la liga, la marca también tuvo peso: sus 43 fueron el segundo mejor registro de un suplente en un juego de playoffs, detrás de un antecedente de Fred Brown, que había anotado 45 en un cruce de mayo de 1976 ante Phoenix.

Sobre el origen del “Ayo game”, la historia también tuvo un componente de ajuste de roster: Patrick Williams, de Chicago, era uno de los más cercanos a la trama para Minnesota, por el cambio de expectativas que se construyó cuando Dosunmu pasó a ser una pieza clave. Dosunmu no solo llegó para ocupar un rol: llegó para hacerlo con impacto inmediato.

La otra cara: esperar novedades sobre Edwards y DiVincenzo

La victoria, sin embargo, viene con una preocupación enorme. Minnesota no quería una especie de victoria “de Pirro”, en la que el equipo gana pero pierde gente y se complica el objetivo de estirar la serie y sostener la carrera en playoffs.

El panorama ya era delicado en el caso de Donte DiVincenzo. La información disponible indicaba que, con un paso aparentemente inocente en el segundo cuarto, el escolta se rompió el tendón de Aquiles izquierdo. Se trató de una baja con impacto total: era un jugador de “tareas sucias”, defensor molesto, salida de triple y, además, un integrante muy querido del plantel. El camino ahora pasa por cirugía y una rehabilitación larga, por lo que esta postemporada queda prácticamente cerrada para él.

Más tarde, apareció otra alarma: Anthony Edwards pareció hiperextender la rodilla izquierda cuando cayó con todo el peso sobre una sola pierna mientras defendía cerca del aro ante Cam Johnson. Edwards golpeó el piso con fuerza por frustración o dolor y terminó necesitando ayuda de compañeros para ir al vestuario.

Si Minnesota logra cerrar la serie pronto, la prioridad pasa a ser el tiempo de recuperación máximo para Edwards. En ese escenario, el equipo miraría con interés la duración de los otros cruces del cuadro para ganar días de rehabilitación. Más precisiones podrían surgir el domingo.

El problema de Denver se agravó después del descanso

De cara al análisis del partido, Denver tuvo un segundo tiempo que terminó por definirlo todo. El entrenador David Adelman salió a responder cuando le preguntaron por el esfuerzo y la defensa: sostuvo que la narrativa de que “la ofensiva no importa” es un absurdo, con el argumento de que si en la segunda mitad se tira 24%, es difícil sostener un partido en playoffs.

El dato duro acompaña su postura. Denver, muy apoyado en Jokić y Murray, fue superado en producción en el tramo decisivo: 62-42 en la segunda mitad. Y, en particular, el tiro de tres —clave para generar espacio, abrir líneas de pase y forzar ajustes en las rotaciones defensivas rivales— no entró.

En números, el perímetro fue bajo: 2 de 13 en el medio tiempo y apenas 1 de 8 en el cuarto cuarto. Esa dificultad ya venía arrastrándose en la serie, pero en el Juego 4 se volvió determinante.

A eso se sumó un quiebre de control: después de haber manejado relativamente bien la pelota en la primera parte, Denver perdió el balón 9 veces en el segundo tiempo. Minnesota aprovechó esas oportunidades para convertir 13 puntos fáciles.

Jokić lo resumió desde lo táctico: “No ponen pantallas”, “no logran que la gente esté abierta”. Además, remarcó que la defensa de Minnesota influye, y que los pases no llegaron a destino: sin buenas líneas de pase y con poco espacio, los sistemas se enfrían.

McDaniels, las convenciones y el choque que no se apaga

En playoffs, a los entrenadores les disgusta que sus jugadores se pasen de rosca con declaraciones entre juegos o incluso después de los partidos, porque ese tipo de mensajes suele encender discusiones y generar respuestas en la cancha. Tampoco les gusta que, por impulso, alguien haga algo que termine violando una norma no escrita: ese gesto puede ser leído como provocación y, con los playoffs como escenario, el rival lo usa como combustible para futuros enfrentamientos.

En ese sentido, el ida y vuelta volvió a aparecer con Jaden McDaniels. La secuencia arrancó con lo previo: después de llamar “malos defensores” a los Nuggets tras el Juego 2, nombrando incluso a jugadores y sin que pareciera haber consecuencias claras, McDaniels volvió a desafiar el protocolo en el final del Juego 4.

Con los segundos corriendo y la derrota prácticamente sellada para Denver, McDaniels quedó solo en el frente ofensivo con la pelota. En vez de que el juego muriera con tranquilidad, eligió avanzar y terminó yéndose al aro con un lanzamiento de bandeja. Fue un punto que, en términos estrictos, no tenía sentido ni valor real: “innecesario” y “sin propósito” en un momento donde ya estaba definida la historia.

Excepto, claro, para Nikola Jokić. El MVP corrió directo hacia McDaniels, le reclamó con gestos de autoridad y terminó empujándolo con ambas manos. McDaniels apenas sonrió mientras se agarraba de la camiseta de Jokić. La escena creció rápido: estaban muy cerca del banco de Minnesota y el tumulto se trasladó a la línea lateral con jugadores y cuerpo técnico metiéndose. En ese desorden, Jokić y Julius Randle —no McDaniels— recibieron faltas técnicas.

Lo que ocurra más allá de eso dependerá del análisis que haga la NBA al revisar el episodio. Con este contexto, no sorprende: ambos equipos se han cruzado 32 veces en los últimos cuatro años entre temporada regular y playoffs. En ese historial, Minnesota manda con un 17-15. Y Finch también lo dejó claro: hay familiaridad y respeto, pero por encima de todo existe un fuego competitivo enorme, porque son equipos que no se “aman” y juegan cada cruce con muchísimo en juego; incluso los partidos de Navidad habían sido batallas.

By Martín Gutiérrez

Martín es periodista deportivo especializado en baloncesto argentino y ligas internacionales. Lleva más de 8 años cubriendo la Liga Nacional, Euroliga y NBA, analizando estadísticas, tácticas y rendimiento de jugadores.