Aaron Gordon: el “pintar y volver” tras una pérdida que lo marcó para siempre

ByMartín Gutiérrez

Apr 22, 2026

Aaron Gordon no deja el lienzo. No deja la idea de “volver” a pintar, una y otra vez, como si la repetición fuera parte del proceso. Día a día, el alero de Denver Nuggets traduce en color y forma aquello que le queda adentro: cosas que a veces no logra expresar ni en la cancha ni en ningún otro lugar.

“Caged Bird” es el nombre que le puso a ese camino. Para Gordon, la obra no funciona como una escapatoria, sino como una manera de enfocarse en el presente y evitar quedar atrapado por lo que no se puede controlar.

El arte como refugio (y una idea que lo ordena)

  • Gordon llama a su proyecto “Caged Bird”.
  • Dice que se trata de seguir el momento actual para no quedar atrapado.
  • Cuando pinta, siente paz y una sensación de normalidad.
  • En soledad, no tiene que ser perfecto ni “rendir” para impresionar a nadie.
  • Describe que antes de pintar aparece una especie de angustia o ansiedad, y luego “fluye” hasta que la imagen empieza a tomar forma.

El proceso, además, le da una sensación de plenitud: como un desahogo. Gordon contó que antes de pintar vivía con un nudo interno, una carga emocional que se afloja cuando empieza a construir algo “bello” con lo que trae en el cuerpo.

En lo técnico, su recorrido arrancó tarde: en la escuela secundaria tomó solo una clase de arte y no tenía formación profunda en pintura al óleo. Aun así, le atrajo el desafío de aprender algo nuevo y, con el tiempo, empezó a mirar más allá del resultado final: se preguntó para qué estaba haciendo cada cosa, por qué se volvió meticuloso con cada pincelada y cómo buscaba belleza aun cuando el cuadro se alejaba del plan original.

Ahí encontró una conclusión que le cambió la forma de ver el proyecto: para él, pintar es menos “vender” una obra y más vivir una experiencia. Es la clase de práctica que su “alma” necesita. Y por eso, el título termina siendo una declaración personal.

El origen: una espiritualidad que se sentía trabada

  • Gordon dice que “Caged Bird” llegó en un momento en el que se sentía estancado espiritualmente.
  • Enfatiza que no se puede “saber” la vida sin la muerte, y que el presente se valora más después de perder.

La historia tiene un punto de quiebre duro. Casi dos años atrás, Drew Gordon —su hermano— murió a los 33 años en un accidente de auto. Aaron lo describe como una figura de confianza: un hermano mayor al que podía acudir, alguien con quien se hablaba en serio, alguien que además le mostraba cómo vivir una vida plena.

Drew también jugó básquet, aunque su carrera tomó distintos caminos: tuvo un paso por Philadelphia 76ers, luego varias etapas en la G League y, más adelante, una carrera profesional exitosa en Europa y otros mercados, con participación en equipos de primer nivel. Además, Gordon recuerda la escena más reciente: ver a su hermano iluminado mirando a Aaron y a los Nuggets ganar el campeonato de 2023.

Tras la muerte, Aaron cambió su camiseta: dejó el 50 y adoptó el 32, el número que Drew llevó en la Universidad de Nuevo México. La pérdida, sin embargo, no se “supera” en una línea recta. Gordon sigue atravesándola, todavía en proceso.

Para él, la muerte le enseñó una apreciación más grande del presente: “no se puede conocer la vida sin la muerte”, repite. Y en ese marco, empezó a buscar propósito en actividades variadas: leer, tocar piano, meditar, hacer música, trabajar en diseño interior, pintar y entrenar en un gimnasio propio.

Gordon en playoffs: liderazgo con lesiones de por medio

  • Los Nuggets enfrentan a Timberwolves en la primera ronda de playoffs.
  • El objetivo es ir por el campeonato pese a lesiones y ausencias, incluyendo a Nikola Jokić.
  • Denver ganó el Juego 1 116-105 con 30 puntos de Jamal Murray.
  • Minnesota ganó el Juego 2 119-114: Anthony Edwards firmó 30 puntos y 10 rebotes.

En la cancha, Gordon se mete en el rol de líder con una mezcla particular de calma y energía. Su importancia no se mide solo en números: también en cómo sostiene al equipo cuando el ruido afuera crece. Kentavious Caldwell-Pope lo describió como “el pegamento” del grupo y, sobre todo, como la referencia que ayuda a mantener el control.

El contexto también pesa: Gordon se perdió partes de la temporada por una lesión en el isquiotibial derecho (hamstring). Aun así, encontró su lugar como un “latido” constante dentro de la rotación. Caldwell-Pope agregó que todos miran a Gordon para mantener al equipo ordenado.

Procesar el duelo: la idea de “atravesarlo”

  • Gordon dice que el duelo es difícil porque no hay mucho “qué hacer”.
  • Afirma que no se puede evitar: no se puede pasar “por arriba” ni “por debajo”, hay que atravesarlo.
  • También conecta el duelo con reconocer dualidades: tristeza y alegría pueden coexistir.

Con tanto que no depende de él, Gordon redirige la energía hacia lo que sí puede cuidar: los vínculos con sus compañeros, la gratitud por su familia y por su propia vida. Esa base, asegura, lo ayuda a procesar un dolor que cuesta describir.

Como en sus cuadros, Gordon aprendió a buscar belleza donde haya rendijas. Menciona los chistes del vestuario, el conocimiento que comparte con los más jóvenes de Denver, y la biblioteca que lo rodea en su estudio: libros en decenas, con un plan de asistir a la facultad de derecho. También nombra impresiones de Jean-Michel Basquiat pegadas en paredes de su espacio de trabajo.

Más allá del aro, esas vías de expresión le enseñaron equilibrio. “Pone las cosas en perspectiva”, resume.

Antes de cada partido: soltar la carga

  • Gordon suele dejar un mensaje a sus compañeros antes de jugar.
  • Según Peyton Watson, el mensaje es “tirar todo”: el equipaje emocional y la carga.
  • La idea es salir a divertirse, respetar el juego y jugar como corresponde.
  • Watson considera a Gordon un mentor y destaca su capacidad de vivir el momento y estar presente.

Peyton Watson, que se incorporó al equipo en 2022, recuerda que Gordon lo recibió de inmediato: lo invitó a su casa y lo acercó a su familia. La intención de Gordon era clara: que el rookie entendiera que los veteranos lo iban a respaldar.

Watson también contó cómo cambió su confianza. En su primer año se sentía más tímido de lo que necesitaba para ser su versión completa: quería hacer todo perfecto. Y en ese punto, Gordon le dio un consejo directo: que salga y sea él mismo, que haga las cosas a su manera, porque eso es lo que más cómodo lo vuelve y lo que más le sirve a futuro.

Para el conjunto, Gordon deja un mensaje que, según él mismo, es una de sus mejores enseñanzas: no tener miedo a equivocarse. “Jugar para jugar grande”, no para evitar errores. Además, repite un mantra personal: “no estoy por encima ni por debajo de nadie; todos estamos en igualdad de condiciones”.

De Orlando a Denver: evolución de rol y una voz de experiencia

  • Gordon llegó a la NBA en 2014.
  • Pasó sus primeros siete años en Orlando Magic.
  • Fue traspasado a Denver Nuggets en 2021.
  • Se transformó de un alero atlético y de voladas a un “factor” más sólido en lo fundamental en un equipo campeón.
  • Puede crearse opciones desde la línea de tres o asistir, y también rebotear y defender a nivel alto.
  • Se define como alguien que hoy aporta mucho por su voz: pasar conocimiento a la próxima generación.

La evolución de su juego acompaña su evolución mental. Gordon cree que con más años que futuro, su contribución más grande no pasa solo por lo técnico, sino por la transmisión: adquirir conocimiento y pasarlo a los que vienen.

Pero la idea de liderazgo también es bidireccional. Gordon permitió que los compañeros lo sostengan a él. Muchos viajaron hasta Oregon para estar presentes en el funeral de Drew. Watson lo contó con emoción: describe a Drew como alguien que apoyaba, que aparecía en cada partido y en cada evento donde Aaron estuviera involucrado, y remarca lo abrupto que fue todo.

Watson asegura que el equipo, como un grupo de hermanos, se dedicó a pensar maneras de levantarle el ánimo a Gordon. No como un acto superficial, sino como un esfuerzo colectivo.

Caldwell-Pope, por su parte, valoró que Gordon cargó tanto adentro sin dejar que afectara su desempeño. El equipo lo sentía disponible en cada posesión: esfuerzo total. Incluso, Caldwell-Pope recordó que Denver terminó segundo en la Conferencia Oeste antes de caer en semifinales de conferencia ante los rivales de turno en siete juegos durante 2023-24.

“No metió el duelo en el vestuario”, dijo Caldwell-Pope. “Cuando llegaba al trabajo era trabajo; y cuando se iba, se notaba que era familia”.

Libros, energía y la idea de que “aún está”

  • Gordon intenta aceptar la realidad tal como es.
  • Dijo que recurre a libros, especialmente en temas que le interesan como metafísica y astrofísica.
  • Explica la creencia de que el espíritu no se va del todo.
  • Plantea que la energía no se crea ni se destruye y que sigue acompañando.
  • Aun sin poder verlo o tocarlo, dice que puede sentirlo.

Con el tiempo, Gordon fue acomodando el impacto en su cabeza. Se refugia en la lectura y en disciplinas que miran la existencia más allá de lo que se ve. Ahí aparece su visión sobre la energía: cree que, aunque no se vea, la energía de alguien sigue presente, sigue guiando y sigue alrededor.

En su relato, hay una frase que resume esa idea: “aun cuando no lo puedas ver ni tocar, todavía lo podés sentir”. Y ese marco emocional también explica por qué, para él, el básquet no se lleva toda la identidad.

En la cancha lo definen como el X-factor por su capacidad de sostener el presente, pero Gordon afirma que piensa más allá de ese instante. No se imagina como alguien que sufra al retirarse o que se quede vacío sin el juego: desde siempre, lo hizo de su manera. Su lienzo y sus libros le recuerdan que su propósito es más grande que la NBA.

“Cuando termine, termina”, repite. Y agrega que lo va a soltar. También remarca que esos “otros medios” le sirven para no tomarse el básquet demasiado en serio: para él, el básquet es solo otro vehículo para expresarse, pero no el único.

Uno de esos vehículos es la gratitud. Gordon asegura que cuando empezás a buscar lo bueno, lo notás más, incluso en lugares inesperados. “Nunca tenés que repetir una cosa: hay una cantidad infinita de cosas por las que estar agradecido”, afirma.

Meditación y proyecto “Mental Game”

  • Medita 4 o 5 veces por semana, durante unos 5 minutos cada vez.
  • Dice que no persigue un horario fijo: la meditación se adapta al tiempo disponible.
  • Enfatiza que la práctica se centra en la respiración y en la presencia del cuerpo y la mente.
  • Lanzó “Mental Game”, una serie guiada de meditación en asociación con UC Health.
  • Cuenta que también busca que los chicos puedan beneficiarse de la práctica.
  • En sesiones con niños, guía visualizaciones: estar en un campo con pasto bajo los pies o acostarse bajo un árbol de limones, tomar uno y probarlo.

Gordon encontró además calma en esa práctica. Dice que si la sesión dura una hora, dura una hora; si dura cinco minutos, dura cinco minutos. Para él, la meditación no se mide por la “duración correcta”, sino por la presencia.

En ese marco, puso en marcha “Mental Game”, una serie guiada en la que comparte herramientas de mindfulness con quienes quieran usarlas. También cuenta que, con niños, hace ejercicios de visualización con escenas sensoriales: imaginar el pasto bajo el cuerpo o morder un limón recién elegido. “La mayoría de los chicos dice que puede saborear el limón”, comenta.

Y lo conecta con una idea central: la mente puede ser poderosa, la vida tiene subidas y bajadas, y meditar ayuda a regular emociones y a generar espacio para estar en calma.

En los últimos tiempos, repite un mantra: “no tengo nada y lo tengo todo”. Para él, esa frase funciona como un “lado bueno” de lo que le tocó vivir: reconocer el poder y también las limitaciones, la fuerza y la debilidad. Y por eso pinta.

El cierre filosófico de su “Caged Bird”

  • Gordon usa sus cuadros como traducción de pensamientos: “Yo, el lienzo y mis pensamientos”.
  • Explica su inspiración en lecturas de distintas disciplinas, incluida filosofía oriental y meditación trascendental.
  • Menciona que el “Tao Te Ching” (Tao/Taoísmo) influyó profundamente en su manera de pensar.

Dentro de esas influencias aparece una referencia directa a Lao Tzu y al “Tao Te Ching”. Gordon entiende el Tao —o Dao— como “el camino”, una forma de vivir en sintonía con el flujo natural del universo. Ahí también entra una idea clave: aceptar dualidades, porque oposiciones aparentemente distintas pueden terminar creando armonía.

“Soy un firme creyente en el taoísmo, en el Yin y el Yang”, dijo. Y lo llevó incluso a una cita textual que traduce el concepto de complementariedad: estar y no estar nacen juntos; lo difícil y lo fácil se completan; lo largo y lo corto se moldean; lo alto y lo bajo dependen entre sí; el gesto y la voz hacen música; el antes y el después se siguen.

Desde esa lectura, Gordon dice que uno puede observar lo que sale mal en la vida y lo que cree que está “mal” dentro de uno —el proceso de pensamiento incorrecto— y luego intentar hallar el “lado brillante”. “Siempre podés hacerlo”, insiste.

También reconoce que hay gente que se niega a buscarlo porque quiere atarse su identidad al odio, la miseria y el sufrimiento. Pero, según su mirada, si uno se abre y siente “quiero salir de esto”, entonces puede ver lo bueno incluso dentro de lo malo.

Aplicó esa lógica a su propio duelo: encontró “lado brillante” a través de dualidades en lo inexplicable. Aprendió que la alegría puede acompañar a la tristeza, y que también coexisten el entendimiento y la incertidumbre. “Perder a mi hermano” y, a la vez, “ganar una relación con mis sobrinos”, sintetiza.

Gordon disfruta enormemente su rol de “Tío Aaron”, como lo llaman. Dice que los ayudó a criar y que el vínculo se profundizó en estos dos años. También cuenta que juega a pelear “como hermanos”, como si el juego fuera parte de equilibrar energías. “Mi hermano era un luchador (Yang), yo soy un amante (Yin), y me aseguro de golpearlos de vez en cuando para que el Yang esté balanceado. Yin es pasivo, Yang es activo”, explica, en tono de broma, pero dejando en claro que el espíritu lúdico y la perspectiva son lo que los mantuvo en pie.

Para él, hay otra dualidad más: “perder a mi hermano” y entender de verdad para qué es la vida. Gordon afirma que no existe una respuesta única sobre el significado de la vida porque cada persona vive experiencias distintas. Y agrega que, para él, la belleza está en descubrir qué significa para uno: cuidar el tiempo con quienes más querés, perseguir los sueños y ayudar a otros a perseguir los suyos.

Sus compañeros sienten esa actitud todos los días. Caldwell-Pope lo describió como un imán para el grupo: un ejemplo para los más jóvenes, recordándoles que tengan paciencia, que “su momento llega”, que nunca se sabe qué puede pasar y que hay que estar listos.

Ese enfoque es aún más importante en un equipo con dos pilares históricos como Jokic y Murray. La hermana mayor de Gordon, Elise, dijo que todos lo respetan y que siempre comparte conocimiento sin juzgar.

En su primera temporada con el plantel, Watson entendió que el veterano le estaba transmitiendo confianza para que se anime a competir con su verdadera intensidad. Y Gordon, en ese mismo tono, lo hace con todos: no esconderse, no buscar perfección, salir a jugar con lo propio.

La historia de Gordon termina volviendo al lienzo. “Cuando termine, termina”, repite. Y remata que el básquet solo es un medio más para expresarse en el mundo, no el único. Por eso, mientras la vida le marca dualidades, él las pinta.

“Yo, el lienzo y mis pensamientos”.

By Martín Gutiérrez

Martín es periodista deportivo especializado en baloncesto argentino y ligas internacionales. Lleva más de 8 años cubriendo la Liga Nacional, Euroliga y NBA, analizando estadísticas, tácticas y rendimiento de jugadores.