Wolves a ganar sí o sí: Spurs vencieron 126-97 y la serie se aprieta

ByMartín Gutiérrez

May 13, 2026

Los San Antonio Spurs le pasaron por arriba a Minnesota Timberwolves por 126-97 en el Juego 5 de la semifinal de conferencia, el martes, para tomar ventaja 3-2 en una serie que tuvo ida y vuelta. Ahora la historia se traslada a Minneapolis para el Juego 6, el viernes, con una única consigna para los Wolves: ganar para estirar la temporada.

Mientras tanto, en Oklahoma City, el Thunder mira de reojo el desarrollo porque su objetivo es otro: definir con quién se enfrentará en las Finales de la Conferencia Oeste, que arrancan más tarde este mes. Y lo hará con una ventaja importante: el equipo de OKC viene de barrer en las dos primeras rondas, dejando en el camino a Phoenix Suns y a Los Angeles Lakers con mucha comodidad. El detalle es que el Thunder no contó con Jalen Williams desde el Juego 2 de la primera ronda, cuando se lesionó del isquiotibial (hamstring).

La victoria de San Antonio en el Juego 5 deja a los Spurs como los candidatos más claros para avanzar. Y dentro de ese escenario aparecen tres razones que explican por qué, en Oklahoma City, preferirían que el rival sea Minnesota y no San Antonio. La primera es directa: los Spurs tienen a Victor Wembanyama y los Timberwolves no.

La primera experiencia de Wembanyama en playoffs no fue perfecta. En el arranque de la serie de primera ronda de San Antonio contra Portland Trail Blazers, en el Juego 2, se cayó y se golpeó con la cara contra el piso, lo que le provocó una conmoción que lo obligó a salir del partido antes de tiempo y a perderse el Juego 3. En el duelo en el que los Spurs cayeron ante Minnesota (Juego 1), Wembanyama encestó 5 de 17 tiros de cancha. Y en el Juego 4 frente a los Wolves fue expulsado después de un codazo a Naz Reid en la cabeza.

Más allá de esos episodios, lo cierto es que el martes volvió a demostrar por qué es un “rompe-partidos” en ambos costados: terminó el Juego 5 con 27 puntos, 17 rebotes, cinco asistencias y tres tapones para guiar el triunfo de los Spurs. Anthony Edwards, figura de los Timberwolves, lo resumió con crudeza: “Lo que hizo Wemby anoche, en serio, no hay una respuesta para eso”.

En lo que va de esta postemporada, en nueve partidos, Wembanyama promedia 20,4 puntos, 11,2 rebotes y 4,2 tapones, con porcentajes de 53,8% en tiros de campo, 35,9% en triples y 85,7% en libres. Además, cuando está en cancha el equipo tiene un rating neto de +19,4 en 260 minutos, mientras que sin él el número cae a +7 en 220 minutos.

Como era de esperar, los rivales se muestran bastante menos eficientes con Wembanyama en el piso y también capturan muchos menos rebotes ofensivos. En esa misma lectura —considerando minutos de baja carga— se observa el impacto general del pivote: el juego cambia, y no solamente desde el aro propio o el tapón, sino en toda la arquitectura ofensiva del rival.

El Thunder, por su lado, es el mejor equipo en rating ofensivo de toda la postemporada (126,3) y también tiene el segundo mejor porcentaje de tiros con “verdadero” valor (true shooting) con 62,7%. Cuando fallan, además, suelen recuperarse: están quintos en la liga en porcentaje de rebote ofensivo en playoffs (33,3%) y terceros en puntos en segunda chance por partido (16,5). Algo que no era tan fuerte durante la temporada regular, en parte por los problemas físicos de Isaiah Hartenstein.

Aunque los Timberwolves cuentan con defensores de buen nivel, en la liga no hay quien altere tanto la dinámica del partido como Wembanyama. La razón es geográfica: modifica la distribución del campo. Bajan los intentos cerca del aro y, al mismo tiempo, esos lanzamientos se vuelven mucho menos eficientes. Y donde más se nota es en el salto de los ataques desde el perímetro: sube la cantidad de lanzamientos de tres puntos.

Ese es un problema para un equipo como el Thunder, que suele depender de anotaciones muy eficientes dentro del arco, y que a la vez puede ser extremadamente irregular desde afuera, con rachas que cambian el ritmo de la serie. Con esa misma lógica, se observa nuevamente cómo impacta la presencia de Wembanyama en la forma de atacar: el Thunder tiene una frecuencia de ataque al aro ya baja (solo el 31,4% de sus tiros de playoffs llegan desde la zona del aro), ubicándose 14° entre 16 equipos. Pero cuando logra entrar, lo hace con una efectividad altísima: 75,6% en la zona del aro y 1,391 puntos por posesión, ambos primeros en los playoffs según la referencia de Synergy Sports. Además, el Thunder convierte 50,4% en intentos de pintura desde el “área no restringida”. Con Wembanyama cerca, ese rendimiento en la pintura no sería fácil de sostener.

La otra pata del razonamiento pasa por el triple. Si Wembanyama está en cancha, el Thunder va a tener que tirar más desde el perímetro. Y hasta ahora lo viene haciendo bien: en esta postemporada llega a 38,4% de efectividad en triples con 36,5 intentos por partido, números que lo ubican tercero y quinto, respectivamente. Esa producción llega después de lo que había sido la temporada regular, donde el Thunder firmó 36,5% desde el triple con 37,9 intentos por juego, terminando 9° y 13° en esas categorías.

El Thunder es un equipo capaz de tirar bien, pero también puede apagarse por momentos. En los últimos años ya se vio que, en series de playoffs, el conjunto puede caer en sequías prolongadas. En 2024 quedó eliminado en segunda ronda por Dallas Mavericks, con un 33,5% en triples. Y el año pasado, camino al título, en primera ronda contra Memphis Grizzlies tiró 31,3% desde el triple y frente a Denver Nuggets cerró con 32,3%.

Ese mismo tipo de ráfaga negativa podría repetirse ante cualquiera de los dos posibles rivales en las Finales de Conferencia Oeste, aunque la presencia de Wembanyama obligaría, de todos modos, a buscar más triples. En las Finales de la Conferencia Oeste de 2025, el Thunder le ganó a Minnesota en cinco juegos. Sus cuatro triunfos llegaron con diferencias de 26 puntos, 15 puntos, dos puntos y 30 unidades. No son exactamente las mismas piezas que hoy, pero la mayoría de los nombres clave se mantiene. Si acaso, los Wolves estarían en peor forma por la salida de Nickeil Alexander-Walker en la agencia libre, por la lesión en Aquiles de Donte DiVincenzo y por las molestias de Anthony Edwards en la rodilla.

Con ese panorama, el Thunder tendría una confianza alta pensando en una revancha contra una versión “más floja” del equipo que había dominado el año anterior.

Ahora bien, esa sensación no sería la misma si el rival finaliza siendo San Antonio. Los Spurs tuvieron un 4-1 ante el Thunder durante la temporada regular, incluyendo un partido de semifinal del NBA Cup, y en tres de esos encuentros ganaron por doble dígito. No significa que OKC vaya a tener miedo —se trata del campeón vigente y, en el cruce de temporada regular, su único triunfo fue por 21 puntos—, pero sí es cierto que San Antonio mostró un margen de éxito importante contra el Thunder en la fase previa.

Además, hay un factor de calendario que pesa. El Thunder disputó apenas ocho partidos en la postemporada —el menor número entre los equipos que aún siguen— y el último partido lo jugó el 11 de mayo. Los Spurs, en cambio, acumulan 10 juegos, y los Timberwolves 11, con al menos un partido más en el horizonte para ambos el 15 de mayo. Es decir: OKC ya llega con ventaja de descanso, que podría volverse todavía mayor.

Para dimensionar el escenario, imaginemos que los Timberwolves logran remontar y vencen a los Spurs en siete partidos. En ese caso, Minnesota habría disputado 13 encuentros, cinco más que el Thunder. Es una diferencia enorme en el contexto de la postemporada, por la intensidad y la exigencia física. Y el descanso también sería corto: solo dos días entre el Juego 7 del 17 de mayo y el Juego 1 de las Finales de la Conferencia Oeste del 20 de mayo. Mientras tanto, el Thunder estaría descansando ocho días.

Ese sería un punto enorme a favor para OKC incluso si ambos equipos estuvieran sanos, algo que no ocurre. Jalen Williams no juega desde el 22 de abril por una distensión del isquiotibial; aunque el Thunder no dio un cronograma oficial para su regreso, se estima que podría volver en algún momento de las Finales de Conferencia Oeste, posiblemente para el Juego 1, con casi un mes desde la lesión. Del lado de los Timberwolves, en cambio, no estará Donte DiVincenzo, que se desgarró el tendón de Aquiles en la primera ronda. Además, tanto Anthony Edwards (rodilla) como Ayo Dosunmu (pantorrilla) están jugando con molestias. Si avanzan, lo harían después de dos juegos más exigentes para Edwards y Dosunmu, con un margen de recuperación muy limitado antes de enfrentar al Thunder.

En el otro escenario, si los Spurs resuelven el Juego 6 del 15 de mayo, habrán disputado 11 partidos: más que OKC, pero con una diferencia menos abultada. Y tendrán cuatro días completos de descanso antes del Juego 1 del 20 de mayo. De nuevo, no sería tanto como el descanso del Thunder, pero sí un margen considerable para recuperar, ponerse a punto y preparar el plan de juego. Además, en San Antonio no aparecen problemas de lesión relevantes.

Con todo lo anterior, queda claro por qué resulta lógico que el Thunder prefiera que los Timberwolves den el golpe y terminen avanzando: la combinación de estilo, impacto defensivo y, sobre todo, la ecuación de descanso y salud inclina la balanza a favor de OKC.

Victor Wembanyama

Previous success against Minnesota, struggles with San Antonio

More rest vs. less healthy team

By Martín Gutiérrez

Martín es periodista deportivo especializado en baloncesto argentino y ligas internacionales. Lleva más de 8 años cubriendo la Liga Nacional, Euroliga y NBA, analizando estadísticas, tácticas y rendimiento de jugadores.