Wembanyama vuelve y los Spurs aplastan a Minnesota en el Juego 5

ByMartín Gutiérrez

May 13, 2026

Cuando los Minnesota Timberwolves subieron a su avión chárter rumbo a las Twin Cities, ya tarde el martes, probablemente habrían cambiado cualquier cosa por una revancha del tipo “venganza de Montezuma” antes que el castigo que recibieron con la devolución de Victor Wembanyama en la serie. Fue derrota 126-97 en el Juego 5 ante los San Antonio Spurs, en un partido que dejó a los texanos arriba 3-2.

El partido: Wembanyama volvió con todo y San Antonio cerró en casa

Wembanyama, el pívot de San Antonio que el domingo marcó el rumbo del Juego 4 con un codo agresivo y una posterior expulsión, regresó al duelo como una fuerza de la naturaleza. En el Frost Bank Center mostró números de impacto en todas las facetas: 27 puntos, 17 rebotes, 7-por-9 desde la línea de libres y 3 bloqueos. Con esa producción, los Spurs golpearon fuerte para tomar ventaja en la serie.

El Juego 6 se juega el viernes en el Target Center (9:30 ET, Prime Video).

Cuatro claves del golpe de San Antonio en el Juego 5

1) Respuesta perfecta: de la bronca del Juego 4 al “volver mejor”

La reacción de Wembanyama tras lo que había pasado en el Juego 4 fue llamativa. En ese partido, su salida de tono estuvo asociada a un estallido de enojo; había sido sancionado tras golpear con el codo derecho en el cuello al alero Naz Reid, en el segundo cuarto. Sin embargo, el martes no dejó que el episodio lo definiera: encendió el partido con una actuación completa, de arriba a abajo.

La noche tuvo a Wembanyama como foco permanente. Ajustó su juego en ataque y defensa, con inteligencia y con intensidad alta, sosteniendo el rendimiento desde el arranque: anotó 18 puntos en los primeros 12 minutos.

Además, cuando habló después del partido, se notó que tenía el objetivo de “ordenar” lo sucedido. Tras dudar al principio en el podio, su tono se endureció. En su mensaje, dejó claro que la provocación no era un camino que quisiera seguir: sintió que debía mantenerse compuesto.

La idea se reflejó en la cancha: el “gigante” de 2,13 metros lidió con los empujones y los golpes propios de los playoffs de 2026, evitó choques directos y pagó la deuda con Minnesota de la forma más dolorosa. Tanto él como sus compañeros se respaldaron: se vio en el enfoque con el que entraron a cada jugada, en el 53% de efectividad en tiros, en la manera de generar daño desde la pintura (se quedaron con 68 puntos en esa zona) y en una defensa cohesionada que terminó limitando a las Wolves con 32 intentos de campo menos que San Antonio.

El entrenador de los Spurs, Mitch Johnson, lo resumió con una palabra: “maduro”. Remarcó que, en las últimas 48 horas tras el encuentro anterior, el equipo y el joven jugador mostraron una forma de salir a jugar en distintos contextos que fue muy seria, más allá de la producción.

2) El tercer cuarto definió la historia

Lo mejor que hizo Minnesota durante el juego estuvo ligado a lo inmediato tras el descanso: reaccionó rápido y logró borrar la ventaja de San Antonio, que había llegado al entretiempo con un 59-47 a su favor.

En apenas poco más de cuatro minutos, las Wolves emparejaron el partido 61-61, guiadas por los liderazgos de Anthony Edwards y Ayo Dosunmu. Pero desde ahí, el equipo perdió el hilo. San Antonio tomó el control del cuarto: superó a Minnesota 30-12 en el resto de ese tercer período y, desde el empate hasta el final del juego, terminó 65-36 de punta a punta hacia la bocina final.

La concentración y la disciplina de Minnesota bajaron, y también pudo pesar la cuestión física. En el cuarto final llegaron a estar perdiendo por hasta 30 puntos.

Chris Finch, DT de Minnesota, explicó que el equipo se alejó de lo que estaba funcionando. También señaló que la defensa se volvió determinante para San Antonio, con 30 puntos recibidos —calculó— en los últimos siete minutos del tercer cuarto, y lo asoció a la contención de balón (“ball contain”). Desde lo ofensivo, reconoció que encontraron soluciones y luego se desconectaron de esos esquemas, rompiendo jugadas. Su lectura fue clara: “mi trabajo es volver a ponerlos en la pista; eso es responsabilidad mía”.

3) Keldon Johnson trajo la energía de “sexto hombre”

En temporada regular, Johnson había construido su candidatura al premio de Sexto Hombre con una mezcla de agresividad, energía, capacidad de anotación y cierto “desparpajo” ofensivo, además de una cuota mínima de “consciencia” defensiva en cancha. En playoffs, en cambio, le había faltado ese mismo nivel: promedió apenas 7,3 puntos con 38% de tiros y aportó dígitos únicos en puntos en 7 de los 9 juegos de los Spurs.

El martes cambió la historia. Johnson convirtió 21 puntos en 22 minutos, con 8-por-11 en lanzamientos. Además, igualó por sí solo los tres mejores aportes de la banca de Minnesota en anotación, mantuvo posesiones vivas, ganó faltas para desinflar la defensa de las Wolves y se volvió un problema constante mientras estuvo en cancha.

Johnson, originario de Chesterfield, Virginia, con paso por una única temporada en Kentucky, había sido parte de esos picks de San Antonio tipo Manu Ginóbili–Tony Parker (No. 29 en 2019). Y contra Minnesota jugó con esa identidad: presencia física, energía y dinamismo.

Mitch Johnson volvió a remarcarlo: no intentó ser otra persona. Dijo que cuando juega con esa energía, la pelota “lo encuentra”. Lo definió como un catalizador: donde aparecen rebotes por la vía rápida, jugadas “en el medio” del caos y ese componente físico que necesita el equipo.

No fue el único. El novato Dylan Harper, pieza clave del “tridente” en el backcourt de San Antonio junto a De’Aaron Fox y Stephon Castle, pareció incluso un sexto titular. Harper dejó varias acciones destacadas en cancha abierta, aportó 12 puntos y 10 rebotes, de los cuales 5 fueron ofensivos.

Tanto Fox como Harper habían empezado el día como “dudosos” en el parte de lesiones, pero finalmente quedaron habilitados y salieron decididos a rendir desde antes del salto inicial.

El entrenador cerró con otra lectura: contar con actuaciones así en el vestuario fue una declaración tan fuerte como la de Victor.

4) Dos días para preparar el Juego 6

En comparación con la primera ronda, que avanzó con altibajos en el calendario de finales de abril e inicios de mayo, esta serie se deshilachó rápido: se jugó un partido cada dos noches, con viajes entre Texas y las Twin Cities y el desgaste acumulado que eso implica.

Ahora, por primera vez, aparece una pausa relativa: dos días libres antes del Juego 6 del viernes.

Hay varios jugadores que parecen especialmente listos para tomarse el descanso. A Edwards le duelen las rodillas y puede aprovechar 24 horas extra de tratamiento. Por su parte, Julius Randle, veterano de Minnesota, necesita reacomodarse tras un rendimiento irregular hasta el momento.

Y, en general, no parece haber nadie en ninguno de los dos equipos con ganas de quejarse por no salir inmediatamente el jueves. Edwards, en particular, manifestó estar preparado para esos dos días: dijo que está entusiasmado con el descanso.

El parate también trae una pausa mental: una oportunidad para que un equipo reinicie el plan en este escenario de “ganar o irse”, mientras el otro aprovecha la urgencia de una chance para evitar un Juego 7.

Edwards lo dejó en claro en el vestuario: no ve a nadie demasiado preocupado.

By Martín Gutiérrez

Martín es periodista deportivo especializado en baloncesto argentino y ligas internacionales. Lleva más de 8 años cubriendo la Liga Nacional, Euroliga y NBA, analizando estadísticas, tácticas y rendimiento de jugadores.