Jeff Van Gundy todavía tiene grabado un sonido imposible de confundir: el del Madison Square Garden cuando los Knicks encararon su último viaje a las Finales de la NBA. Veintisiete años después, dice que vuelve a escuchar el canto de la gente pidiéndole “Van Gun-dee…”, y también le regresan los escalofríos y la carga emocional que le hacía temblar la mano con un Diet Coke, cerca del banco local.
Los números
- Récord de Van Gundy como comentarista en Finales: cubrió 15 Finales de la NBA para ESPN.
- Racha de playoffs de los Knicks (mencionada en la nota): 11 victorias consecutivas en postemporada.
- Temporada 1993 (Knicks de Riley): equipo con 60 triunfos; llegaba a un 2-0 en la final de conferencia antes de perderlo.
- Serie de 1999 (Knicks vs. Heat, Juego 5): pase decisivo de Allan Houston en los últimos segundos para acceder a playoffs.
- Final de 1999 (Knicks vs. Spurs, cierre): San Antonio cerró la serie con un 78-77.
El “canto” del Garden y el lugar que ocupa Van Gundy en la historia de Nueva York
Van Gundy rememora que el contexto era especial: el presidente de los Knicks, Dave Checketts, había admitido que buscaba a Phil Jackson para ser el próximo entrenador. Pero la afición no lo recibió de buena manera. En los minutos finales de una barrida en segunda ronda sobre Atlanta Hawks, el público se metió en modo protesta: cantó “Jeff Van Gun-dee…”, como lo hacía cuando los Knicks eliminaban a Indiana Pacers en la final de conferencia del Este.
El ahora asistente de Los Angeles Clippers, que a la vez aparece como posible candidato para puestos de head coach con Orlando Magic y Portland Trail Blazers, sostiene que el vínculo con Nueva York es de otra naturaleza. “Siempre decían que en Nueva York solo se puede conseguir trabajo de entrenador si sos una estrella o una celebridad, y desde el primer día no sentí eso”, explicó. A su entender, el Garden se inclina por el “hombre común”, por alguien con una historia compartida. Para él, ese canto fue un reconocimiento muy claro a alguien que intenta hacer su trabajo.
Van Gundy también subraya que pocos recuerdos le quedan tan intactos sin que la memoria necesite que lo “ayuden”. Dice que, aunque los juegos y las temporadas se mezclan, ese cántico es algo que no va a olvidar. Y remarca un detalle que lo toca de lleno: asegura que ni siquiera estaba seguro de que la gente de aquella noche dimensionara lo que significaba para su familia y para él.
El presente de los Knicks: dominancia, salud y la mirada del ex DT
Desde su lugar como observador y figura vinculada a la franquicia, Van Gundy mira el salto de los Knicks hacia las Finales como un momento que entiende con claridad. Señala que el club está protagonizando una carrera extraordinaria hacia su primera aparición en Finales desde 1999, con dos hitos que la nota remarca: la barrida de Cleveland Cavaliers y la racha de 11 triunfos seguidos en playoffs.
Sobre lo que se ve en la cancha, afirma que lo que más pesa no es solo el calendario o el rival, sino la forma. “Ganar tantas seguidas y hacerlo de manera dominante, para mí los Knicks son los favoritos para quedarse con todo”, sostuvo. En su lectura, están jugando bien, están sanos y el funcionamiento general les viene saliendo. Aun si alguien intenta poner el foco en Atlanta, Filadelfia o Cleveland, él responde con un argumento contundente: cuando ganás partidos de playoffs de visitante por 50 puntos, “y te imponés”, cualquier intento de relativizar ese dominio no corresponde.
Van Gundy eleva el nivel de la comparación histórica: asegura que es “la mayor carrera de playoffs en la historia” de los Knicks. Remarca que todavía falta ganar, pero insiste en que no hubo un equipo de Nueva York tan dominante en un recorrido de ese tipo, como si “simplemente fueran desviando gente por el camino”.
Entrenadores: por qué no quiere hablar de la parte táctica interna y qué cambió en el banco
El ex entrenador rehúye entrar en el componente de la evolución del staff que llevó a los cambios en el banco. Lo hace por una razón personal: Thibodeau fue su asistente de confianza en Nueva York y, además, sigue siendo amigo cercano. Van Gundy sostiene que Thibs no merecía el despido tras volver a poner a los Knicks en relevancia, incluyendo el hecho de haberlos llevado el año previo a su primera final de conferencia desde 2000.
De todos modos, la nota marca que el propietario James Dolan y el presidente Leon Rose terminaron encontrando una alternativa más “flexible y colaborativa” en Mike Brown, a quien se le atribuye un trabajo fuerte para llevar a los Knicks “al siguiente nivel”.
Los “qué hubiera pasado” de una carrera larga: tres golpes emocionales con los Knicks
Como todo entrenador veterano, Van Gundy tiene su propia lista de escenarios que lo persiguen. En 1993 fue asistente del equipo de Pat Riley, el que era cabeza de serie con 60 victorias. Ese grupo llegó con un 2-0 a favor en la final de conferencia ante los Bulls de Michael Jordan, pero terminó perdiéndolo.
Al año siguiente, Van Gundy volvió con Riley: otra vez el equipo estaba a una victoria de coronarse por primera vez desde 1973, pero no pudo cerrar la serie ante Houston Rockets. Luego, en 1997, él tuvo su propio equipo con 57 triunfos—“un gran equipo, no uno bueno”, aclara—y aun así quedó eliminado en semifinales de conferencia por sanciones absurdamente severas que alcanzaron a cinco jugadores de Knicks, entre ellos Patrick Ewing, y a tres más por abandonar el banco durante una pelea en el Juego 5 frente a Miami Heat.
En el 2000, con la serie de final de conferencia igualada, el equipo que dirigía Van Gundy dejó escapar una ventaja temprana de 18 puntos ante Indiana Pacers en el Juego 5, y no pudo recuperarse.
1999 como el tramo más recordado: entre la puerta de playoffs y la novela Jackson
El año 1999, después de una temporada acortada por el lockout (de 50 partidos), aparece como el más memorable de sus seis traslados consecutivos a playoffs como entrenador. Checketts, tras despedir al gerente general Ernie Grunfeld en una cena, le dio a Van Gundy una chance: él consiguió clasificarse (apenas), venciendo a Miami Heat, y lo hizo con un gol decisivo de Allan Houston en los últimos segundos del Juego 5. Después, llegó la barrida de Atlanta mientras alrededor suyo se encendía el drama por la llegada o el intento de llegada de Phil Jackson.
En ese clima, el Garden recibió un mensaje de la hinchada: “Hey Phil, ya tenemos entrenador”. Van Gundy dice que lo vio, y que el contexto le quedó marcado.
Indiana, el relato neoyorquino y el camino hacia Finales
En la nota, la serie de Indiana se presenta como el punto más alto de su carrera. El día en que en Nueva York ocurría todo—con los Mets frente a los Yankees y el intento de Charismatic por el Triple Crown en el Belmont Stakes—apareció la escena definitiva en la historia de los Knicks: la jugada épica de Larry Johnson, un “four-point play” en los últimos segundos para ganar el Juego 3.
Ese momento funcionó como símbolo de que el equipo todavía podía llevarse el título, especialmente después de que Ewing se desgarrara el tendón de Aquiles en el Juego 2.
La clasificación a las Finales llegó en el Juego 6: Allan Houston dominó a su rival de siempre, Reggie Miller, y lo hizo con números bien marcados. Houston anotó 32 puntos con un 12 de 17 en tiros de campo; Miller hizo 8 puntos con un 3 de 18. La nota suma un detalle humano: Houston se calmó durante todo el partido pensando en su esposa en camino y en la bendición de la paternidad.
Sobre el cierre, en la bocina, Van Gundy—líder de la primera octava cabeza de serie en llegar a Finales—salió a la cancha con los puños en alto y gritando “Sí, sí”. Cruzó la mitad de la cancha y abrazó a Houston como si fuera un oso.
Luego, Van Gundy traduce esa explosión en una referencia personal: dice que fue su “momento Jimmy Valvano”.
Entre los que festejaban en la cancha, la nota incorpora otro guiño: un escolta suplente llamado Rick Brunson, con un hijo de dos años, Jalen, que estaría en algún rincón del estadio.
Finales ante Spurs: el peso del programa y el golpe del 78-77
Los Knicks enfrentaron a San Antonio Spurs como claros underdogs. Ewing no estaba disponible, Johnson venía limitado por un esguince de rodilla que se había llevado en el Juego 6 contra Indiana, y los Spurs arrancaban esas etapas como parte inicial de un programa de campeonato sostenido por Tim Duncan, David Robinson y Gregg Popovich.
Van Gundy lo resume sin maquillaje: “Los Spurs fueron el mejor equipo de toda la temporada. Fueron dominantes. Si tuviéramos a Patrick, seríamos más competitivos, pero el resultado igual habría sido el mismo”.
San Antonio además encadenó 12 victorias consecutivas en playoffs ese año, incluyendo los dos primeros juegos ante Nueva York. Cuando la temporada se empezaba a desarmar para los Knicks, el Garden vio algo particular: en el Juego 5 los relojes de posesión fallaron y se terminaron usando relojes antiguos desde el piso.
La sentencia llegó en el cierre con un tiro de esquina de Avery Johnson que los Knicks no pudieron contestar. Fue así como San Antonio cerró con el 78-77.
Duncan terminó con 31 puntos y 9 rebotes para llevarse su primer campeonato de cinco. Latrell Sprewell hizo 35 puntos y 10 rebotes, pero aun así la nota indica que los Knicks quedaron limitados entre 67 y 77 puntos por tercera vez en la serie.
El legado y la idea de una revancha: “sus muchachos” en la tribuna
Con los años encima, Van Gundy deja una puerta abierta para el futuro: quizá haya una secuela de Spurs vs. Knicks. Quizá no. En cualquiera de los dos casos, dice que disfrutará—desde la distancia—las tomas de cámara a los ex jugadores de Nueva York en las tribunas. “Mis chicos”.
Menciona nombres que vuelven a la pantalla: Ewing, Houston, Johnson, Sprewell, John Starks y Kurt Thomas.
Y remata con una conclusión emocional: “Me encanta verlos felices y verlos juntos otra vez. Cuando miro a los Knicks ahora, no pienso tanto en los partidos de los 90 como en la gente que hizo posible que esto ocurra”.
Los jugadores. Los entrenadores. Y los hinchas que, la última vez que los Knicks jugaron por el campeonato pesado de este deporte, se hicieron escuchar con el canto que hoy vuelve a resonarle a Van Gundy.