Trail Blazers: el “ahorro” de Dundon vuelve a explotar antes del Juego 3

ByMartín Gutiérrez

Apr 24, 2026

Dicen que las primeras impresiones son lo único que importa… y que si no das remeras gratis a todo el mundo, después te cae todo el internet encima. Bueno, más o menos eso es lo que dejó flotando el tema en Portland: camisetas, redes sociales y una billetera que parece mandar más que el marketing.

Este viernes por la noche se juega el Juego 3 entre San Antonio y Portland, en el corazón de la serie que llega con empate 1-1. Los Blazers se llevaron el Juego 2 en San Antonio, y además será el primer partido de playoffs en Portland desde 2021. La marea local, por lo menos en lo deportivo, debería estar en modo positivo.

Sin embargo, en la previa —y con chances de colarse incluso en la transmisión— el ruido dominante no va a ser el aro, sino las remeras. La explicación que se instaló desde la semana es simple: el nuevo dueño de Portland, Tom Dundon, decidió que no habrá remeras gratis para la gente en el estadio. En la NBA, es una práctica habitual que el club las “reparta” sobre cada asiento como parte de la ceremonia por un juego de postemporada, para que el hincha sienta que es un momento especial. (Mientras tanto, desde su entorno se comunicó que “harán otra cosa” en lugar de eso.)

De un vistazo: el cruce en el Juego 3

  • El Juego 3 se disputa este viernes por la noche en Portland.
  • La serie está 1-1 tras el triunfo de Portland en el Juego 2 en San Antonio.
  • Será el primer partido de playoffs en Portland desde 2021.
  • La polémica gira alrededor de la decisión de Tom Dundon de no entregar remeras gratis a la hinchada local.

El problema para Dundon es que a la gente, en general, le encantan las remeras gratis. En la NBA suelen salir desde el estadio hacia la tribuna durante los cortes comerciales, y por eso la expectativa existe. La lectura es clara: decirle a la gente que no habrá remeras en el primer juego de local de playoffs en cinco años por “ahorrar”, es la receta perfecta para que se enciendan las redes y las críticas.

Y el contexto no ayuda: el manejo de Dundon ya acumula varios episodios mediáticos desde que tomó el control de los Blazers a fines de marzo, luego de un desembolso reportado de 4.250 millones de dólares por la franquicia. Además, es un personaje conocido por su perfil austero, con conexiones directas fuera de la NBA: también es dueño de los Carolina Hurricanes, de la NHL.

En esa línea, cuando apareció su nombre en búsquedas, los términos que siguieron fueron, en orden: “cheap” (tacaño), “net worth” (patrimonio), “religion” (religión), “wife” (esposa) y “cost cutting” (recorte de costos). También se mencionó que, tras comprar a los Hurricanes, despidió a los locutores de radio y que habría hecho ofertas salariales por debajo de lo esperado al entrenador Rod Brind’Amor y a su cuerpo técnico.

En Portland, la política de ajuste seguiría extendiéndose al día a día del club. Se informó que, para los Juegos 1 y 2 ante San Antonio, los Blazers no enviaron a sus jugadores de dos vías para ahorrar dinero. En paralelo, también se indicó que el fotógrafo del equipo y el periodista digital no hicieron el viaje por el mismo motivo.

La anécdota posterior suma un nuevo ingrediente. Mientras el equipo estuvo en Phoenix para el play-in contra los Suns la semana pasada, se vio a personal de Portland quedarse en el lobby un día. La explicación que circuló fue que les pidieron retirarse de las habitaciones al mediodía, varias horas antes de la salida del primer ómnibus hacia el estadio, con el argumento de “evitar el costo del late checkout”.

Más allá de lo pintoresco, hubo consecuencias logísticas. Se mencionó que la masajista del plantel quedó sin un espacio para hacer su tarea previa al partido, un detalle que habría generado tensión y estrés en el entrenador Tiago Splitter.

La historia, además, no se limita a viajes y personal. Se planteó que los Blazers tendrían dos mascots y que Dundon estaría pensando en mandarlas “a producir” en el interior del estado, para “hacer granja” allá arriba (o, al menos, esa es la idea que se comentó).

Como era de esperar, internet no dejó pasar nada. Fluyeron bromas sobre lo tacaño del dueño y el tema se volvió material de chistes durante días. En cuanto a Dundon, la impresión es que no se inmuta demasiado. Incluso se lo vinculó con una respuesta casi proverbial: “¿Saben qué hago cuando encuentro una moneda en el suelo? La levanto”.

La ironía, claro, es que el contexto no acompaña. En Estados Unidos, el Tesoro dejó de poner en circulación los centavos a fines de 2025, y además hay una pregunta lógica de fondo: si es multimillonario, ¿qué sentido tiene obsesionarse con recortar en cosas chicas? Con los antecedentes, la duda queda abierta.

Todo esto tampoco pinta bien para las aspiraciones de Splitter de que le saquen la etiqueta de interino y le den un contrato nuevo. Splitter asumió cuando el ex entrenador Chauncey Billups fue arrestado en el marco de una investigación federal de apuestas en curso. No era un escenario simple, pero Splitter tomó el timón, condujo a Portland a un 42-40 y consiguió la mejor marca del equipo en una temporada regular sin burbuja desde el 2018-19.

Hay méritos, sí. Pero el temor es que, si hay oferta, venga “en descuento”. En ese sentido, se difundió que Dundon pretende que su entrenador cobre como máximo 1.500.000 dólares por temporada. Para ponerlo en perspectiva, ese rango se parece más a lo que gana parte de la élite de asistentes que a lo que suele cobrar un head coach. Como referencia adicional, se citó que Mark Schmidt —ex entrenador de St. Bonaventure— habría cobrado 1.600.000 dólares en su última temporada antes de dar un paso al costado tras 19 años en el cargo.

En paralelo, Dundon negó que exista un tope “bajo” decidido de antemano para el salario del entrenador, sea Splitter u otro. También se informó que se habría contactado con decenas de candidatos, tanto de la NBA como del ámbito universitario. Esa prerrogativa es suya, pero lo cierto es que, sumados uno a uno, los movimientos no parecen haberle ganado simpatías en Portland, sobre todo por cómo se diferencia su estilo del del anterior dueño, Paul Allen.

Allen, fallecido en 2018, era famoso por invitar a jugadores en su yate y por volarlos a los partidos de visitante en un avión privado. La imagen que queda de Dundon, en cambio, se acercaría más a la comedia deportiva “Major League”: la idea de un manejo con austeridad que roza lo absurdo, con planes alternativos para “transportes” y comodidades que suenan menos a NBA y más a una producción de bajo presupuesto.

Para los hinchas de Portland, además, no es gracioso del todo. Hay preocupación real: se teme que una reputación de “presupuesto ajustado” espante talento de jerarquía o, al menos, que empuje a los jugadores que ya están dentro a pensar en moverse apenas aparezca una oportunidad. El nombre que más se repitió en ese marco es Deni Avdija.

Avdija tuvo un salto grande esta temporada y ya llegó a su primer Juego de Estrellas. Está promediando máximos personales en puntos y asistencias, y además aparece como finalista al premio de Jugador Más Mejorado, junto a Nickeil Alexander-Walker (Atlanta) y Jalen Duren (Detroit). El ganador se conocerá este viernes por la noche.

Con 25 años, Avdija está en un contrato que, por estructura, es de los más “amables” para el equipo: cobra 14,3 millones esta campaña y tiene dos años más en un acuerdo que disminuye en cada temporada restante. El año que viene haría 13,1 millones y en la siguiente 11,8 millones. Esa es, justamente, la lógica de Dundon.

El problema para Portland es cómo retenerlo cuando llegue el momento de renegociar. Por su salario relativamente bajo, el equipo tendría que liberar espacio de tope salarial para extender a Avdija en 2027. Pero con la idea de repetir playoffs y con Damian Lillard regresando de una lesión de Aquiles para la próxima temporada, el club seguramente quiera evitar “vaciar libros” en 2027 solo para mejorar el contrato de Avdija. Y aun si quisieran hacerlo, pagarle temprano y con esfuerzo extra iría contra el estilo que Dundon viene mostrando.

En el horizonte, eso empuja a Avdija hacia la agencia libre irrestricta en el verano de 2028. Y ahí aparece el gran interrogante: después de varios años viendo este modo de gestión, ¿Avdija querrá quedarse aunque el dueño diga que está dispuesto a pagar top dollar? La respuesta dependerá de si el proyecto deportivo logra convencer antes de que el contrato sea el tema principal.

Mientras tanto, Dundon no parecería estar demasiado preocupado por el ruido, al menos por cómo se interpreta su apuesta. Los Carolina Hurricanes llegaron a las finales de conferencia en dos de los últimos tres años. La lógica sería simple: si logra convertir a los Blazers en un relato de éxito similar, quizá lo demás quede en segundo plano. El escollo es que administrar una franquicia de NBA cuesta bastante más y, además, conlleva una exposición mediática y de hinchas mucho más intensa, algo que Dundon estaría aprendiendo a la fuerza.

Por último, hay un detalle que también alimentó el chiste: como Portland ganó el Juego 2 en San Antonio, la serie quedó asegurada para llegar al menos a cinco juegos. Eso, claro, obliga a otro viaje a Texas, y en internet se celebró la “factura” que le tocaría pagar a Dundon. Y, para rematar la burla, se deslizó la idea de que tal vez el dueño pueda subsidiarlo cobrando a los jugadores por gaseosas.

Portland penny-pinching

The potential on-court impact

By Martín Gutiérrez

Martín es periodista deportivo especializado en baloncesto argentino y ligas internacionales. Lleva más de 8 años cubriendo la Liga Nacional, Euroliga y NBA, analizando estadísticas, tácticas y rendimiento de jugadores.