Thunder empata la serie con un triunfo 122-113 sobre Spurs en el Juego 2

ByMartín Gutiérrez

May 21, 2026

Oklahoma City Thunder se quedó con el Juego 2 ante San Antonio Spurs por 122-113 el miércoles, para empatar la serie de semifinales de la Conferencia Oeste 1-1. La definición de la llave se trasladará el viernes a suelo tejano, donde se jugará el Juego 3.

Cuando una serie se pone así, cuesta señalar una sola causa: hay demasiadas cosas pasando al mismo tiempo. En el fondo, es una batalla de desgaste entre dos equipos duros, a ver quién consigue mantenerse en pie unos segundos más, noche tras noche.

A continuación, los principales puntos que dejó la victoria de OKC en el Juego 2.

De un vistazo: lo más importante del Juego 2

  • Thunder ganó 122-113 y niveló la serie 1-1.
  • SGA anotó 30 puntos con 12 de 24 en tiros de campo.
  • San Antonio acumuló 21 pérdidas en el Juego 2 y OKC convirtió 27 puntos a partir de esas pérdidas.
  • En los dos primeros juegos, los Spurs llevan 44 pérdidas en total.
  • Isaiah Hartenstein jugó 27 minutos en el Juego 2 y terminó con 10 puntos y 13 rebotes (7 ofensivos).
  • En la serie, Stephon Castle acumula 20 pérdidas solo en estos dos juegos.

El guion cambió: SGA tomó el control

Antes del arranque de los playoffs, Shai Gilgeous-Alexander recibió su segundo trofeo consecutivo de MVP justo antes del Juego 1. Pero en ese primer partido, Victor Wembanyama le robó protagonismo: la defensa de San Antonio lo terminó “encapsulando” con presión constante. En el Juego 2, el libreto se dio vuelta: Wemby estuvo más “terrenal” para sus estándares, y SGA dominó desde el inicio.

Gilgeous-Alexander cerró con 30 puntos, logrados con 12 de 24 en tiros. La sensación fue que atacó un poco más rápido que en el Juego 1, antes de que los Spurs terminaran de construir el muro con el que le cerran los caminos hacia el aro. Aun así, en esencia repitió varios de esos tiros difíciles y defendidos que en el primer juego no entraron.

El detalle táctico: Castle, el costado y el “no” de Wemby

Todo arrancó con su primera canasta. Stephon Castle lo ubicó con el cuerpo siguiendo la línea de fondo, invitándolo a entrar directo hacia el aro donde Wembanyama aparece como candado. Ese camino no se puede tomar: ahí está la zona prohibida. Entonces SGA tuvo dos alternativas: asistir desde la esquina para que otro genere, o bien frenar y tirar el salto sobre Castle. Eligió la segunda.

La misma película se repitió en su segunda canasta. Castle se mantuvo pegado tras el bloqueo y, al guiar el avance hacia la izquierda, le cerró el ángulo al aro. Devin Vassell no se quedó quieto: salió de su hombre cerca de la línea de tres para meterse y ayudar fuerte sobre SGA. Con ese cerco, el plan volvió a ser el mismo: SGA tuvo que tirar un salto muy disputado.

En esa jugada apareció también Isaiah Hartenstein, que bloqueó el intento de que Wembanyama “vuele” desde atrás para alterar todavía más el lanzamiento. De nuevo, el patrón se repitió: SGA intenta por izquierda, Castle no se despega, Hartenstein controla el espacio para que Wemby no llegue con el impacto, y el salto termina cayendo.

La cobertura era la misma… pero esta vez entró

Antes de ver otra repetición del Juego 2, vale retroceder al Juego 1. Cuando SGA observó la escena desde la parte alta de la posesión, tenía a Castle frente a él. A un lado había un defensor esperándolo en el codo, y del otro lado Wembanyama aguardaba para negarle el camino.

En el Juego 2, su vista era casi idéntica: un defensor delante, otro listo si se iba por un lado, y Wemby preparado si cambiaba de dirección.

En el Juego 1, cuando SGA decidió atacar hacia el lado de Wembanyama y probar el tiro por encima, el balón terminó o bloqueado o fallado. En el Juego 2, el lanzamiento fue muy parecido y, esta vez, entró.

Cuando se habla de que la NBA es una liga de “meter o fallar”, la idea que se busca es esta: SGA enfrentó prácticamente el mismo tipo de cobertura en ambos partidos. De sus 12 aciertos, solo dos llegaron cerca del aro. Los Spurs nuevamente lo obligaron a vivir una dieta de lanzamientos en suspensión muy disputados, cortándole las penetraciones con varios cuerpos y con Wemby respaldando todo desde atrás. La diferencia fue que, en el Juego 2, los tiros sí entraron.

El costo de las pérdidas: San Antonio no pudo sostenerlo

Enfrentar a este Thunder tan físico y agresivo inevitablemente trae pérdidas en algún punto. Pero hay un límite: no podés seguir entregando el balón una y otra vez, y esperar que la historia sea favorable.

Los Spurs sí se habían “salvado” en el Juego 1, cuando cometieron 23 pérdidas que derivaron en 28 puntos para OKC, y aun así ganaron gracias a la actuación de Wembanyama en una jornada que terminó yéndose a doble prórroga. En el Juego 2 no corrieron la misma suerte: San Antonio acumuló 21 pérdidas que terminaron directamente en 27 puntos de Oklahoma City.

Con números en la mano, los Spurs tiraron el balón 44 veces en los dos primeros juegos de la serie. Es la mayor cantidad de pérdidas a esta altura de una semifinal de conferencia desde la presencia de los Pacers de 1998, y también marca el pico de pérdidas en los Juegos 1 y 2 de cualquier serie desde los Warriors de 2014, un equipo recordado por máquinas de pérdidas en su época.

En particular, Castle necesita corregir algo urgente. El base acumula 20 pérdidas propias en estos dos juegos. Es un número que no juega a favor de ningún tipo de plan. Y no es solo un “mal partido”: el problema crece porque en la serie falta De’Aaron Fox, que se perdió los dos primeros juegos por un tobillo lesionado, sin confirmación clara sobre su disponibilidad para el Juego 3. A eso se suma que Dylan Harper dejó el Juego 2 por una lesión en la pierna.

Si ambos no están, Castle queda con más carga como pasador principal. Por eso, el mensaje es claro: tiene que empezar a sostener el balón mucho mejor que lo que viene mostrando.

La carga de Castle y el “casillero” de pérdidas

En las últimas dos presentaciones, Castle registró 11 pérdidas en un juego y 9 en el otro, para un total de 20 pérdidas en conjunto. Ese total lo ubica como la mayor cifra de pérdidas en los primeros dos juegos de una semifinal de conferencia en la historia del torneo, un dato que queda como alarma roja para San Antonio.

Hartenstein y la pelea con Wembanyama

Isaiah Hartenstein había jugado apenas 12 minutos en el Juego 1: terminó con 2 puntos y 2 rebotes y no fue un factor. En el Juego 2, Mark Daigneault decidió sostener la apuesta: Hartenstein tuvo 27 minutos y el plan funcionó.

Tras el Juego 2, Daigneault explicó que lo que no le cerraba era haberlo tenido apenas 12 minutos en el primer partido. Con el match-up de custodiar a Wembanyama como eje, el entrenador detalló que decidieron arrancar con esa idea desde el comienzo.

Durante casi todo el partido, Hartenstein fue una molestia constante para Wembanyama. Muchas de las acciones, además, parecieron rozar el límite de lo permitido: se vio a Hartenstein tironeando de los brazos para que el alto de los Spurs no quedara cómodo y totalmente asentado, como suele buscar en postura de poste.

En un tramo del partido, incluso se vio que la pelea se trasladó a lo físico extremo. En cada intercambio, la consigna para neutralizar a Wemby parecía ser clara: intentar desarmarle la mecánica en el cuerpo a cuerpo una y otra vez, para que no encuentre su mejor versión de recepción profunda.

Ahora bien: esto es una semifinal de conferencia y la serie viene siendo dura de ambos lados. Si se mira la defensa de Castle sobre SGA, queda claro que no todo es “limpio” en el sentido estricto, así que la lectura final es que el contexto es de guerra. Hartenstein, pese a la intensidad, fue de los que ganaron más peleas de las que perdieron en el Juego 2.

Más lejos de lo normal: Wembanyama tuvo que estirar el juego

Un detalle que se notó: en el primer juego, Wembanyama había hecho énfasis en dominar desde el sector de codos hacia abajo. En el Juego 2, en cambio, operó mucho más lejos del poste, y eso tiene bastante que ver con Hartenstein: el plan era impedirle que se instalara en la posición profunda donde más cómodo se siente.

El propio Hartenstein cerró el encuentro con 10 puntos y, sobre todo, 13 rebotes. Siete de esos rebotes fueron ofensivos. En los números globales, ambos equipos fueron parejos en el vidrio ofensivo: OKC capturó 17 y San Antonio 16. Sin embargo, en la parte final, la sensación fue que OKC se llevó los rebotes grandes: en el cuarto final, Thunder sumó siete capturas ofensivas, mientras Wembanyama lucía agotado por la exigencia física que le impuso Hartenstein durante toda la noche.

Con el 1-1 en la serie y la vuelta a San Antonio para el Juego 3, la pregunta vuelve a ser la misma: ¿podrán los Spurs reducir el daño de las pérdidas y sostener la pelea sin regalar conversiones fáciles? Por ahora, Thunder está encontrando el equilibrio entre defensa, rebote y efectividad cuando SGA agarra el volante.

By Martín Gutiérrez

Martín es periodista deportivo especializado en baloncesto argentino y ligas internacionales. Lleva más de 8 años cubriendo la Liga Nacional, Euroliga y NBA, analizando estadísticas, tácticas y rendimiento de jugadores.