Sin Luka Dončić. Sin Austin Reaves. Y con la gran duda de Kevin Durant.
Si uno se guía solo por la matemática, el arranque de la serie de primera ronda del Oeste para los Lakers ante Houston parecía traer un problema doble: la ausencia de Dončić, con 33,5 puntos por partido, y la de Reaves, con 23,3, colocaban a Los Ángeles en un escenario más complicado que el que enfrentaron los Rockets cuando Durant, con 26,0 unidades, terminó siendo baja de último momento para el Juego 1. Sin embargo, la lectura no se cumplió: los Lakers encontraron maneras alternativas de generar ofensiva, mientras que Houston arrancó el sábado por la noche en el Crypto.com Arena con la cabeza en cualquier lado y el plan desordenado.
El resultado fue 107-98 para Los Ángeles, que se puso 1-0 en la serie. Cuatro claves dejaron el primer partido.
1) El “Luke” que reemplazó el golpe
Si no hay Luka, al menos que aparezca Luke… bueno, no exactamente, pero sí Luke Kennard. Con los Lakers urgidos de una inyección de puntos y, además, con la serie ya discutida como si el desenlace estuviera casi cerrado por los tiempos de recuperación inciertos de Dončić (lesión en el isquiotibial) y Reaves (esguince/lesión en el oblicuo), el partido en casa era de esos de “o subís o te pasa por encima”.
Y Kennard respondió con una noche enorme. El zurdo veterano, incorporado el 5 de febrero desde Atlanta, tuvo su mejor producción desde que llegó a Los Ángeles. Anotó 27 puntos, el máximo de su equipo y del juego, con 9-por-13 en tiros de campo y 5-por-5 desde el perímetro. Además, fue su primera salida con 20 o más tantos como Lakers. La etiqueta de “especialista de catch-and-shoot” lo describe, pero esta vez completó un repertorio más amplio: también sumó canastas saliendo del bote y en transición. Para colmo, como reserva promediaba 9,0 puntos en 23 minutos por noche en Los Ángeles; cuando te triplica esa producción de manera inesperada, le complica por completo el libreto defensivo a cualquier rival.
Deandre Ayton lo resumió con una frase simple: “Es el tirador número uno en la NBA… no hay mucho para decir. Y lo está haciendo en playoffs, donde realmente cuenta. Mi palabra es ‘sin palabras’”, aseguró el centro.
2) LeBron, cuando el equipo necesitaba encarrilarse
El impacto de Kennard fue determinante, pero el motor del arranque y el sostén de la ventaja llegó desde LeBron James. En una etapa en la que muchos ya lo imaginan acomodándose para mirar desde el costado, el líder histórico de la liga en partidos, puntos, presencias en playoffs y en prácticamente todo lo demás, volvió a hacerse cargo del partido cuando el equipo necesitaba oxígeno ofensivo y orden para no descontrolarse.
Su prioridad, en vez de quedarse en la obsesión por cargar él solo con todo, fue hacer circular el balón y encender a los compañeros. En esta noche, aportó apenas 4 puntos en el primer tramo, pero repartió 8 asistencias para que Los Ángeles tomara una ventaja de 33-29 tras el primer cuarto. Con el correr de los minutos, James se elevó: terminó con 19 puntos, 8 rebotes y 13 asistencias. En defensa y en el ritmo general también se lo vio: ayudó a que Ayton se mantuviera firme y a que el balón pasara por las manos correctas, con más fluidez y menos improvisación.
Kennard, nuevamente, puso el acento en el vínculo: “Él confía en todos los que están en la cancha. Les da confianza a todos”.
3) Houston extrañó a Durant… y el plan no alcanzó
En Houston, el entrenador Ime Udoka reconoció que su equipo sintió la falta de la eficiencia y la consistencia que aporta Kevin Durant. Aun así, el DT discutió la idea de que la lesión en la rodilla derecha—una contusión que sufrió en el entrenamiento del miércoles—le haya tirado por completo la ofensiva al equipo. Según Udoka, la baja no fue una sorpresa en términos de preparación.
“No creo que haya sido una sorpresa para nosotros. Sabíamos que se había golpeado y miramos un montón de cosas con distintas formaciones sin él. Si podía jugar, jugaba, pero era dudoso por cómo venía moviéndose en los últimos días. Preparamos diferentes alineaciones sin él. Sabíamos que había una chance real de que no estuviera”, explicó.
En otras palabras: hay una distancia enorme entre saber que viene un tren y ponerse delante del motor cuando llega. El problema para los Rockets fue que, en lugar de que el resto hiciera correr el ataque alrededor de Durant y encontrara soluciones jugando “a su sombra”, las piezas intentaron demasiado o intentaron muy poco, sin un punto fijo claro. Si se filtra el juego rápido y las canastas de segunda oportunidad, a Houston le quedaron solo 64 puntos en el total de su producción: una cifra que explica por qué la noche se les fue de las manos.
Houston, además, no podía permitirse perder partidos de la serie cuando no estaban ni Dončić ni Reaves… y aun así ocurrió. Ahora aparece el ruido de que el base-escolta esloveno, que lideró la liga en anotación durante la temporada regular, podría regresar ya desde el Juego 3. Así, más que solo “extrañar” a Durant, los Rockets dejaron pasar una gran oportunidad.
4) Un vistazo a Bronny en playoffs
Si alguien en las tribunas o desde la TV se quedó pensando “¿lo estoy viendo bien?”, sí: LeBron estuvo en cancha en el segundo cuarto de un partido de playoffs de la NBA junto a su hijo Bronny. No fue en los minutos finales de una noche ya decidida, sino en el segundo parcial, cuando el juego todavía estaba vivo y con margen real de cambio.
En la cancha se vio a James, y al otro lado, según el nombre en la espalda (“James Jr.”), estaba Bronny. El joven estuvo 3 minutos en juego, con 1 pérdida y 2 faltas, pero además aportó lo suficiente en defensa como para cerrar la noche con un +3. Fue un momento especial dentro de un partido que, a su vez, exigía intensidad de verdad.
El mayor habló de la escena: “Estaba en la cancha con mi hijo. En un partido de playoffs. Probablemente sea lo más loco que me pasó en toda mi carrera. Fue tan genial estar ahí con él, con su hermano y su hermana y su mamá en el edificio. Y su abuela. Mi mamá puede ver a su hijo y a su nieto durante los playoffs. Eso es una locura”.