Reed Sheppard está viviendo su segundo año con una tranquilidad que, en su temporada de rookie, no terminaba de aparecer. Y la diferencia se vio con claridad en un partido de NBA Cup ante Golden State Warriors, en San Francisco, justo la noche posterior a Thanksgiving: allí, cuando Houston necesitaba respuestas inmediatas, el escolta/alero respondió con acciones que cambiaron el partido en cuestión de minutos.
El quiebre ante Warriors: confianza que se convierte en puntos
En el duelo del torneo continental, los Rockets llegaron con bajas importantes: no estuvieron Kevin Durant, y tampoco Steven Adams (ambos ausentes). Aun así, el arranque no fue sencillo y el equipo de Houston cayó por 10 en el tercer cuarto.
Fue en ese tramo donde Sheppard marcó el punto de inflexión. Primero, convirtió un floater para achicar la distancia a ocho. Luego, tras robarle la pelota a Stephen Curry, añadió un triple que terminó de encender al equipo. La secuencia tuvo un valor extra: en Year 2, Houston necesitaba que Sheppard confiara en su tiro y en la toma de decisiones, sin quedarse pensando.
Marcador y actuación: empate en el tercer cuarto y noche histórica
El impacto de Sheppard no se limitó a los aciertos: sumó tres rebotes y completó el cierre del tercer cuarto con otro tiro en suspensión y una volcada para empatar el partido con 20 segundos por jugarse del tercer cuarto.
Houston terminaría ganando 104-100. El dato central de su producción fue mayúsculo: Sheppard anotó 31 puntos (mejor marca de su carrera), además de nueve rebotes y cinco asistencias. Fue una exhibición que reflejó esa evolución que el equipo esperaba y que, por momentos, necesitaba con urgencia.
Cómo viene en el año: números en regular season y balance con 20+ puntos
La nota remarca que el crecimiento de Sheppard se viene construyendo partido a partido. En 22 juegos de temporada regular, siempre que jugó al menos 30 minutos, promedia 19.5 puntos, 3.5 rebotes, 2.1 robos y cinco asistencias por encuentro.
Además, cuando aparece con al menos 20 unidades, Houston sostiene una racha favorable: el equipo tiene récord de 9-3 en esos partidos.
El contraste con su rookie y el salto que exige la continuidad
En su temporada inicial, Sheppard arrastró dificultades: alternó tiempos de juego inconsistentes, tuvo partidos donde no sumó minutos (DNP) y pasó por sequías ofensivas. Solo en cinco ocasiones superó los 20 minutos.
Ese rendimiento llevó a que algunos cuestionaran la decisión de Houston de seleccionarlo tercero del Draft. Sin embargo, la crítica se concentró en una idea: Sheppard debía animarse más a su mejor herramienta, el tiro.
Él mismo describió lo complejo que fue adaptarse: “Fue duro. Era distinto. No estaba acostumbrado a algo así”. Y, con el correr de la temporada, apareció la lectura que hoy marca su evolución: no se trataba de demostrarle nada a los demás, sino de comprobarse a sí mismo.
La temporada cargada de expectativas: Durant llega, VanVleet se rompe
Con la llegada de Kevin Durant en el receso, las expectativas en Houston subieron de inmediato. Pero antes de que arrancara la temporada, el base Fred VanVleet quedó descartado por una lesión de rodilla: se desgarró el ligamento cruzado anterior (ACL), una baja que alteró el panorama del equipo.
Así, parte de la presión y la responsabilidad terminaron recayendo, al menos en buena medida, sobre las manos de Sheppard.
Mejoras visibles en su producción (regular season)
Durante gran parte del año, Sheppard fue capaz de sostener el volumen. Participó en los 82 partidos de la temporada regular y arrancó 21. En el rubro de triples, lo que ya estaba en su radar se volvió más concreto:
- Porcentaje de triple: 33.8 en su rookie temporada, subió a 39.4.
- Volumen de intentos: pasó de 2.7 tiros por partido a 7.0.
- Puntos por partido: subió de 4.4 a 13.5.
- Terminó sexto en la votación al premio Sixth Man of the Year.
Playoffs: responsabilidad extra ante la ausencia de Durant
La historia cambia cuando llega la postemporada. La fuente recuerda que, en su año de rookie, Sheppard tuvo una presentación complicada en playoffs. Y este año, en la serie de primera ronda ante Los Angeles Lakers, debió tomar todavía más peso ofensivo y de decisiones: Durant se ausentó en tres de los cuatro partidos de la serie.
Qué pasó en la serie ante Lakers (primeros cuatro juegos)
- En el Juego 3, LeBron James le robó la pelota en los instantes finales del cuarto período; acto seguido, James clavó un triple que mandó el juego a prórroga, donde Los Angeles terminó ganando.
- En los primeros tres juegos, Sheppard cerró con 12 de 45 en tiros de cancha (27%).
- El Juego 2 fue un reflejo de sus dificultades: se quedó sin puntos.
- En el Juego 4, anotó 17 unidades (la misma cantidad que había hecho en los Juegos 1 y 3), pero con mejor eficiencia: 50% en tiros de campo y 4 de 7 desde el perímetro.
- Houston necesitará que Sheppard repita esa versión en el Juego 5, el miércoles, en Los Angeles, si quiere seguir con vida en la serie.
El “sistema” familiar: padres que ya vivieron el camino
Más allá de lo deportivo, la nota ubica la base emocional de Sheppard en su entorno. Reed es hijo de Jeff y Stacey (de soltera Reed), dos personas con trayectoria en el básquet universitario y competitivo.
Jeff y Stacey se conocieron mientras jugaban al básquet en Lexington, Kentucky. Jeff fue bicampeón nacional y fue elegido como el Jugador Más Valioso del Final Four en 1998 en la Universidad de Kentucky. Jugó 18 partidos con Atlanta Hawks en la temporada 1998-99 y luego continuó profesionalmente en Italia. Stacey, por su parte, fue una figura de alto nivel: terminó siendo tres veces All-SEC en su etapa universitaria.
Presión y formación: del secundario a Kentucky con Calipari
En su paso por North Laurel (Kentucky) High School, Reed fue una estrella con expectativas enormes, con presión para rendir alto para la escuela, la comunidad y sus amigos. Tras ganar atención a nivel nacional, dio el salto a la SEC en Kentucky bajo el entrenador legendario John Calipari.
Jeff habló sobre el ruido que rodea a su hijo: “Lo bueno es que tuvo un entrenamiento maravilloso toda la vida. Tal vez el ruido no era tan grande como en su rookie, la tarima quizá no era tan enorme como en la NBA, y el talento definitivamente no era tan bueno; pero siempre hubo ruido en la vida de Reed por ser el hijo de dos jugadores de básquet de Kentucky”.
Desde que Reed dio el paso al profesionalismo, Stacey pasa tiempo en Houston mientras Jeff intenta viajar a la mayor cantidad posible de partidos en la Costa Este.
Contexto del Draft de 2024: Kentucky, una camada de bases y escoltas
Sheppard fue la selección más alta de Kentucky desde que Karl-Anthony Towns fue elegido primero en 2015. En ese período, varios guardias de Kentucky llegaron a ser All-Star: Shai Gilgeous-Alexander, Devin Booker, Tyrese Maxey, Jamal Murray y Tyler Herro.
La elección de Sheppard generó curiosidad por lo que podía aportar a Houston luego de ser seleccionado tercero en el Draft de 2024. En ese marco, destacó el rol de sus padres.
Reed lo explicó así: “Aprendí todo de ellos. Fueron una parte enorme de mi camino para llegar aquí, dentro y fuera de la cancha. Iba al gimnasio con mi papá para entrenar. Me acuerdo de que yo y mi mamá viajábamos a todos los partidos del circuito de travel ball en distintos lugares e incluso hablábamos de básquet con ella. Aprendí muchísimo de ellos”.
Jeff como espectador de primera fila: el NBA como montaña rusa
Jeff tiene una vista privilegiada de lo que implica ser padre de un jugador en la liga. “Hay un recorrido que viven los papás de los atletas. Es como un viaje. Y es emocionante. Pero muchas veces se parece a una montaña rusa: momentos muy altos, muchos bajos, y a veces solo tenés que sostenerte y no intentar vomitar”, dijo. Y remató: “Es un gran viaje y no lo cambiaría por nada”.
La marca de su rookie en Warriors y el aprendizaje que llegó con la crítica
La fuente vuelve a un dato para contextualizar el salto: en 10 minutos de juego en tres partidos ante Warriors durante la primera ronda de playoffs del año pasado, Sheppard no anotó puntos (0 de 3 en tiros) y Houston fue superado por 26 cuando él estuvo en cancha. Además, en el juego más importante, el Game 7, no disputó minutos: Houston perdió 103-89.
Con esos antecedentes, creció la crítica. Jeff describió el ambiente: “Hay mucha gente hablando y mucho ruido, tanto positivo como negativo, en esa cancha. Su recorrido lo preparó para su temporada de rookie en la NBA, pero siempre estuvo mezclado con poder jugar a través de triunfos y derrotas, tiros fallados, tiros que entran, faltas y partidos donde no te sacan por faltas. Lo distinto y único fue el desafío de no jugar por primera vez. Entonces de golpe aparece otro conjunto de retos mentales y emocionales que lo bombardean”.
VanVleet lesionado y nuevas oportunidades: presión mediática, trabajo y enfoque
Luego llegó la noticia del ACL de VanVleet. Jeff explicó que, al caer Fred, apareció más chance, pero también advirtió sobre cómo se analiza de más: “Él sabía que cuando Fred se lesionó había más oportunidades, obviamente, pero muchas veces creo que sobreanalizamos distintas situaciones. Cuando pienso en Reed y su forma de pensar… y nosotros también sobreanalizamos”.
Y agregó una idea que sintetiza el presente: “Es un chico de 21 años que está viviendo su sueño y disfrutando la oportunidad de jugar y tratar de aprender, desarrollarse y ganar un partido. Tan simple como suena, ahí está”.
Sin VanVleet, Houston necesitó acelerar la evolución de Sheppard y él debió canalizar lo que ya sabía que tenía. En paralelo, se intensificó la presión desde afuera: fans, medios y redes.
Jeff contó que no se consume con el ruido: “No estoy en redes sociales, así que no leo todos los comentarios. No soy ajeno a los artículos que se escriben sobre él, pero tampoco me lo trago. La historia suele ser ‘qué tan grande fue’ o ‘qué tan terrible le fue’. Casi nunca está en el medio. Siempre es extremo. No hay nada que podamos hacer con cómo se escriben las historias: o se escriben sobre ese final fenomenal o, a veces, sobre esa derrota devastadora”.
Offseason clave: cuerpo, mente y un “cambio de chip” para volver a disfrutar
Sheppard dejó de lado lo que se decía y se concentró en lo importante. Pasó gran parte del receso en Houston preparándose para su segunda temporada. Trabajó con el preparador físico Brady Welsh (que hoy es coach de fuerza en Vanderbilt) y con el entrenador de performance mental Jonathan Roche, con quien trabaja desde su año junior en la secundaria.
A través de Roche, aprendió a mover el enfoque mental para volver a encontrar la alegría del juego. También recibió apoyo desde el entorno deportivo del club: en el verano trabajó con el asistente Cam Hodges para pulir aspectos de su juego y ganar fuerza en el gimnasio.
En síntesis: estaba aprendiendo, rearmándose y, sobre todo, yendo hacia adelante.
Otra noche determinante: Heat, bandeja final y récord personal
El 22 de marzo, Sheppard volvió a ser decisivo. Tras una remontada de Miami Heat para ponerse por delante, él conectó un floater con 12.7 segundos restantes para darle a Houston una ventaja de tres unidades. Con eso, Rockets terminó ganando 123-122.
El rendimiento fue total: 23 puntos, 14 asistencias y cero pérdidas de balón en 37 minutos. Con ese partido, Sheppard se convirtió en el jugador más joven en la historia de Houston con al menos 20 puntos, 10 asistencias y sin pérdidas (21 años y 170 días).
Ime Udoka resaltó la confianza depositada: “Le damos muchísimo el balón. Ellos pusieron zona muchas veces, así que él va a tener algunos lanzamientos abiertos, pero también entregó la pelota muy bien. La clave fue ir rompiendo la zona con lecturas correctas cuando entró al corazón y tomar los tiros que estaban disponibles”. Y remarcó el crecimiento: “Se nota que está madurando y creciendo frente a tus ojos”.
La versión de “equipo”: gratitud, veteranos y un liderazgo que cae bien
Jeff también atribuyó parte del avance al grupo. “Le doy crédito al equipo. Somos gente espiritual. Le damos la máxima alabanza a Dios, y él guía a este plantel que incluye a nosotros como padres. Empiezás a armar la lista de todos los integrantes y, por suerte, empezás a sumar jugadores veteranos que hoy están en los Rockets y que han tenido un impacto increíble en nuestro hijo. Jeff Green marcando el camino… Qué tipo de veterano. Qué hombre. Qué influencia positiva”, sostuvo.
En “su aldea” de aprendizaje aparecen compañeros con recorrido: Aaron Holiday, Adams, VanVleet y Durant. Los jugadores mayores comparten consejos tanto dentro como fuera de la cancha, algo que Reed y Jeff valoran mucho.
Jeff destacó especialmente la mentoría de VanVleet: “Él ama a Fred. Fred fue un mentor tremendo, no solo esta temporada, sino desde que lo seleccionaron. Reed tenía muchas ganas de jugar con Fred. Las palabras de KD se escuchan, pero su ejemplo se siente más. Es muy lindo ver cómo se desarrolla Reed y cómo aprende a seguir navegando por las cosas como joven”.
Seguir con la humildad: ruido, expectativas y el plan de siempre
Aunque lleguen noches buenas, el ruido y las expectativas van a seguir. La preparación de Sheppard ya tiene tiempo: “A veces puede ser difícil, pero si tenés gente que confiás y querés cerca, y te mantenés fiel a vos mismo, ayuda. Hay un montón de cosas alrededor, pero lo más importante es tratar de mantener la humildad. Mantenerse agradecido por cada oportunidad y, de alguna manera, simplemente ir metiéndose en eso”.
Postales del año pasado y el contraste que hoy busca repetir
La fuente cierra con el recordatorio de lo que representó el año anterior contra Warriors. En esa primera ronda, dentro de los tres partidos y en apenas 10 minutos totales, Sheppard no sumó puntos y Houston fue superado por 26 cuando él estuvo en cancha. Y en el Game 7, el encuentro más importante, Houston no lo usó: el equipo perdió 103-89.
Ese contraste es parte del relato completo: del rookie irregular y con poca participación, a un Year 2 donde la confianza se nota en la cancha, en los momentos calientes y en el tipo de decisiones que antes costaban más.