Los New Orleans Pelicans van a contratar a Jamahl Mosley como nuevo head coach, según información que circula en el entorno de la liga. El entrenador, que viene de su etapa en Orlando Magic, llega a un equipo que ya había movido el tablero de su estructura en el último tiempo: pese a los cambios en la oficina de operaciones que se anunciaron durante el receso, los Pelicans habían comenzado la temporada con Willie Green al mando.
Green, sin embargo, duró apenas 12 partidos. Tras ese arranque corto, la franquicia decidió reemplazarlo de manera interina con James Borrego. Con la puerta ya abierta para un recambio definitivo, el nombre de Mosley comenzó a sonar con fuerza desde hace meses en la agenda de la organización.
El interés previo y el “encaje” que buscan en Mosley
El vínculo entre Mosley y New Orleans no aparece de la nada. El interés ya era conocido desde noviembre, cuando Mosley todavía dirigía a Orlando y el Magic mantenía aspiraciones reales de playoffs. En esa etapa, el equipo llegó con expectativas a la postemporada y estuvo cerca de dar el golpe: estuvo a punto de sorprender al Detroit Pistons, que había cerrado la temporada regular como primero, en la primera ronda.
La serie terminó con derrota, pero con un dato que pesa en la lectura del proceso: Orlando perdió los últimos tres juegos del enfrentamiento sin la presencia de Franz Wagner, una ausencia que condicionó el cierre. Mosley fue despedido luego de esa eliminación, aunque el paso defensivo de su ciclo habría quedado marcado en la mirada de los Pelicans por lo que el equipo consiguió en esa faceta.
En esa línea, se entiende el motivo del interés: la idea interna es que la franquicia está en una etapa parecida al proyecto con el que Mosley se hizo cargo del Magic en 2021, cuando tomó un equipo en reconstrucción después de una campaña de 21 victorias.
Defensa: lo que Orlando mostraba y el contraste con New Orleans
En la temporada más reciente, Orlando no se mantuvo al mismo nivel defensivo que en campañas anteriores, en gran parte por problemas físicos. Aun así, bajo el liderazgo de Mosley, el Magic había ocupado posiciones de privilegio: registró defensas dentro del top cinco tanto en 2023-24 como en 2024-25.
Esa consistencia defensiva, al menos hasta la lesión de Wagner, fue clave para frenar el avance de Detroit en los primeros cuatro partidos de aquella serie de primera ronda. En cambio, New Orleans llega con un perfil defensivo mucho más irregular y con números que no acompañan: en el campeonato, el equipo terminó 23° en defensa.
El contexto también importa. Los siete equipos ubicados por encima de los Pelicans en esa tabla estuvieron inmersos en distintas fases de “tanqueo”, mientras que además New Orleans no pudo controlar su propio pick de primera ronda. Antes del receso de All-Star—cuando la intención de perder era menos evidente—la defensa de los Pelicans estaba 27ª. Y, más allá del ranking, el plantel defensivo no aparece como especialmente inspirador si se mira pieza por pieza; la referencia más clara en esa lista es Herb Jones.
El desafío principal: el “encaje” entre Derik Queen y Zion Williamson
El panorama se vuelve más complejo por un tema de compatibilidad dentro del roster: la convivencia en cancha de Derik Queen y Zion Williamson. En un sentido práctico, ambos cumplen funciones muy similares: son “grandes con manejo” que, pese a su capacidad con la pelota, no se destacan por proteger el aro.
Con los dos juntos en cancha, New Orleans permitió 122,8 puntos cada 100 posesiones. Ese rendimiento queda apenas en el 12° percentil en eficiencia defensiva, de acuerdo con Cleaning the Glass. Es un dato que explica por qué, aun con jugadores talentosos, la estructura defensiva no termina de ensamblarse.
El problema se traslada a la ofensiva. Ninguno de los dos se caracteriza por tirar triples con regularidad, y además Jones sufrió una caída marcada en ese rubro durante la temporada. Eso impacta directo en la generación de espacio: New Orleans terminó 26° en la liga en tasa de intentos de triples, un dato que hace más difícil que tanto Williamson como Queen puedan vivir cómodos cerca del aro y, al mismo tiempo, que el equipo consiga ventajas de sistemas.
La situación también golpea al armado del juego con el base joven Jeremiah Fears. El rookie se siente más cómodo yendo hacia el aro, pero si la amenaza exterior es limitada, el “downhill” pierde una parte importante del castigo que debería generar.
Cómo se parecía el rompecabezas en Orlando… y qué puede cambiar
Estos inconvenientes tampoco son ajenos al recorrido de Mosley. En Orlando, buena parte de su ciclo estuvo atravesado por una convivencia discutible entre Wagner y Paolo Banchero: dos grandes con manejo de pelota que, a la hora de producir, no terminaban de aportar el tiro que obligue a estirar defensas. Eso, en consecuencia, complicaba la sinergia entre ambos.
En la práctica, el Magic parecía funcionar con mayor comodidad cuando solo uno de los dos estaba en la cancha. Pero el margen para “elegir” era limitado por la proyección de juventud de ambos y porque, al mismo tiempo, intercambiar a uno implicaba un riesgo alto dentro de una reconstrucción.
En New Orleans, Queen es sensiblemente más joven que Williamson. Y aunque la franquicia viene marcando una intención clara de sostener a ambos, es difícil que el rumor se apague mientras los problemas de encaje—tanto en defensa como en tiro y espaciado—sigan apareciendo como una limitación recurrente.
Ventana de maniobra: activos, contratos y margen para rearmar
Más allá de los problemas de ajuste en el presente, los Pelicans todavía conservan margen para mover piezas. Aunque en esta temporada “se hicieron cargo” de un costo grande: cedieron su pick sin protección en el draft de este año para obtener a Queen, la organización mantiene la totalidad de sus selecciones propias de primera ronda a partir de ahora.
En el futuro inmediato, se espera que mejoren su posición en el draft al quedarse con el pick propio y también con el de Milwaukee la próxima temporada. Incluso existe la chance—si ambas partes terminan en los primeros cuatro—de sostener los dos picks a la vez.
En lo financiero, la franquicia ya coquetea con la luxury tax para el año próximo, aunque es muy probable que la evite. Con todo, el panorama a largo plazo aparece relativamente ordenado: el contrato de Williamson tiene varias garantías parciales, mientras que Trey Murphy y Herb Jones firmaron extensiones en términos favorables para el equipo. Además, Fears y Queen todavía tienen tres temporadas restantes sobre sus acuerdos de novato. En ese sentido, hay espacio para maniobrar sin quedar necesariamente atrapados.
La tarea de Mosley: ordenar prioridades y sacar mejor rendimiento del plantel
El punto de partida para Mosley será exigente: hasta que New Orleans no aterrice un plan más coherente para su plantilla, el trabajo se va a sentir pesado. En Orlando, su dificultad estuvo atada a una superposición de habilidades y a prioridades que, con el tiempo, se volvieron poco efectivas.
El diagnóstico que se desprende de esa etapa es claro: sin una cultura de trabajo que sostenga el esfuerzo defensivo y sin ajustes que permitan que los jugadores amplifiquen lo que hacen—y no que se tapen entre sí—ninguna intensidad alcanza. La evaluación final del ciclo de Mosley en New Orleans va a depender de qué tan bien la dirigencia resuelve esas fallas de encaje y de cuánto más creativamente el entrenador pueda administrar sus nuevas piezas en comparación con lo que logró en Orlando.