El “tanking” se convirtió en uno de los grandes temas de la temporada 2025-26 de la NBA, y la liga pasó varios meses buscando alternativas para frenar las conductas relacionadas con la búsqueda deliberada de peores posiciones. En ese camino, aplicó multas a franquicias como Utah Jazz e Indiana Pacers por presuntas infracciones vinculadas al tanking, mantuvo varias conversaciones con los gerentes generales y dio vueltas a distintas propuestas. En ese marco, la liga habría encaminado una solución que comenzaría a regir a partir de la lotería del draft de 2027.
La idea lleva el nombre de “3-2-1”, por el nuevo reparto de bolillas que se aplicaría en el sistema de lotería. Bajo este esquema, la lotería incluiría un total de 16 equipos (en lugar de 14 en el formato actual): los 10 conjuntos que queden fuera de los playoffs sin excepción, los perdedores ubicados en las posiciones 9 y 10 de ambas conferencias, y además los equipos que resulten derrotados en los cruces del Play-In entre el 7 y el 8.
Según el planteo, que será sometido a votación de los dueños de los equipos en la reunión del Board of Governors del 28 de mayo, los tres peores récords de la liga entrarían en lo que se denomina la zona de “relegation”. Allí, esos equipos recibirían apenas dos bolillas de lotería cada uno. Los siete restantes que no lleguen a los playoffs tendrían tres bolillas, mientras que los equipos que terminen como semillas 9 y 10 de cada conferencia obtendrían dos. El perdedor del partido entre el 7 y el 8 del Play-In recibiría una bolilla. La lógica del cambio es que, como contrapartida por recibir menos chances en la lotería, los tres peores equipos no podrían caer más abajo que el puesto 12 del draft. En cambio, para el resto, la caída podría llegar hasta el puesto 16.
La propuesta también incorpora otros puntos, que recientemente se dieron a conocer a los 30 gerentes generales. En una llamada del comité de competencia, el comisionado Adam Silver planteó la intención de que el sistema empuje a los equipos a competir de verdad: “Deberíamos tener un sistema donde tengas que odiar perder. No debería ser una insignia de honor. Perder tendría que resultar incómodo”.
La esperanza del propio comisionado y de la liga es que este mecanismo genere, justamente, esa incomodidad por perder: que no sea un camino “premiado” y que la competencia pese más que el cálculo de largo plazo.