Machanguana reconstruye su vida en Mozambique tras las inundaciones

ByMartín Gutiérrez

May 8, 2026

La historia de Clarisse Machanguana tiene una doble lectura: por un lado, la alegría de un homenaje que la pone en el mapa del básquet mundial; por el otro, la angustia de atravesar una emergencia humanitaria en su país natal. El contraste, sin embargo, no apaga el corazón que la llevó a abrir caminos para otras chicas.

Machanguana fue incorporada al Salón de la Fama de la FIBA el 21 de abril, junto a figuras del básquet como Sue Bird y Dirk Nowitzki. En su discurso de ingreso, recordó las oportunidades que tuvo cuando era una niña en Mozambique y cómo supo aprovecharlas. Ese recorrido la llevó primero a jugar básquet universitario en Old Dominion University y luego a una carrera profesional en la WNBA y también a nivel internacional. Además, habló de la Clarisse Machanguana Foundation y de su objetivo de brindar oportunidades parecidas a chicos y, en particular, a las chicas en Mozambique.

En diálogo con NBA.com, Machanguana sostuvo que su ingreso al Salón de la Fama de la FIBA “le da tranquilidad a la juventud de Mozambique: que es posible pese a las dificultades que atravesamos. Y si tuviéramos las herramientas para llegar más lejos, entonces lo lograríamos”.

Mientras su corazón festejaba en Berlín el reconocimiento a su trayectoria como jugadora y también como referente filantrópica, a miles de kilómetros su situación personal golpeaba en Mozambique. Allí, las inundaciones generacionales ya dejaron casi 300 muertos y desplazaron a cerca de 500.000 personas, incluyendo a Machanguana.

Machanguana vive en Marracuene, a 20 millas al norte de Maputo, capital de Mozambique. La localidad está ubicada junto al río Incomati, que desbordó y afectó a la región. Su casa no resulta segura desde el punto de vista estructural para habitarla, por lo que permanece en casa de su hermano hasta encontrar un lugar nuevo.

“Estuve acá 45 días y todavía no tengo una solución sobre cuándo voy a tener un hogar”, explicó Machanguana, quien abrió una página en GoFundMe para ayudar con la transición hacia una nueva vivienda.

Las lluvias intensas en el país comenzaron en diciembre y se extendieron hasta enero. Esa situación, combinada con represas que se desbordaron, provocó inundaciones en zonas cercanas a los ríos Limpopo e Incomati. Según el Instituto Nacional de Gestión de Desastres de Mozambique, se destruyeron o dañaron más de 30.000 viviendas. Además, las autoridades expresaron preocupación por la integridad de las represas y liberaron más agua hacia ríos que ya estaban saturados.

“La mayoría de la gente volvió a condiciones que prácticamente no son habitables”, comentó Machanguana. “Yo tengo la suerte de tener una opción. La mayoría no”.

De acuerdo con la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas, el fenómeno climático afectó 447.000 acres de tierras agrícolas y provocó la pérdida de casi 58.000 animales. También advirtieron que “la sobreocupación en centros de alojamiento, sumada al daño en infraestructura de agua y saneamiento, incrementa los riesgos para la salud pública, incluyendo la posibilidad de brotes de enfermedades transmitidas por el agua”.

Machanguana también señaló el problema para los productores: la gente perdió una temporada completa de cultivos y eso genera un efecto doble.

“Todo lo que se suponía que iban a comer o a vender se perdió”, dijo. “También va a llevar otro año para que vuelvan a tener comida para ellos y después comida para vender, y recién ahí van a poder comer”.

De Mozambique a la cancha universitaria: “necesitaba resistir”

Machanguana nació en Mozambique y su potencial como jugadora fue reconocido gracias a su altura, aunque el camino hacia Estados Unidos no fue sencillo. El salto desde su país a la universidad en el país norteamericano implicó una transición dura: los entrenamientos exigían mucho y la escuela requería trabajo extra por su manejo limitado del inglés, tal como admitió ella.

“Sabía que si volvía a casa, sería solo otra chica más con una vida menor a la que yo podía construir”, aseguró Machanguana, que mide 6 pies y 5 pulgadas. “Entendí que necesitaba resistir, y fue lo mejor que hice. Me di cuenta de que tenía la opción de no seguir, pero el resultado de abandonar sería peor”.

En Old Dominion, brilló y obtuvo el premio a Jugadora del Año de la Colonial Athletic Association en 1995. En su última temporada, promedió 19,9 puntos y 7,4 rebotes, además de un 63,6% de efectividad global. También fue seleccionada para el Segundo Equipo All-America en 1996-97 (su compañera Ticha Penicheiro integró el Primer Equipo). En ese curso, ODU llegó al juego por el título nacional, pero perdió ante Tennessee.

En la WNBA, Machanguana fue elegida en la segunda ronda del Draft de 1999 por Los Angeles Sparks y disputó cuatro temporadas en la liga. Después jugó de manera profesional en el exterior y se retiró en 2013 para regresar a Mozambique.

Tras pensar qué quería hacer una vez terminada su carrera como jugadora, descartó la idea de dedicarse a la dirección técnica y decidió fundar la Clarisse Machanguana Foundation.

“Sentí que había ganado una lotería entre millones en Mozambique y necesitaba compartir la manera para que otros jóvenes tuvieran esas oportunidades”, expresó.

El foco de la fundación está puesto en chicas de alrededor de 11 años. En ese marco, busca “asegurar que trabajemos la autoestima y generar conciencia en las chicas sobre los valores importantes de proteger su cuerpo y tener una mirada del mundo que no se limite al matrimonio temprano”.

La iniciativa incorporó alfabetización digital y programas de STEM. Además, trabaja junto a los programas de Jr. NBA/Jr. WNBA. Entre ambas líneas, más de 25.000 chicos participaron.

Noemia Massingue fue parte del primer programa de Jr. NBA/Jr. WNBA en Mozambique cuando tenía 12 años. Luego se mudó a Estados Unidos y jugó básquet en College of Staten Island. El año pasado se recibió con un título en administración de empresas.

“Ahora tenemos muchas ganas de construir una academia donde el deporte y la educación sean aprendizajes en paralelo, para que puedan incorporar continuamente valores y herramientas de vida que les permitan seguir la carrera universitaria”, dijo Machanguana.

Machanguana dedica su tiempo al programa de Jr. NBA/Jr. WNBA, que cuenta con 360 participantes que todavía están en búsqueda de un lugar donde vivir.

“Siempre estoy buscando tierras, pero así es como arranca mi día: salgo a correr a las 4 de la mañana, después desayuno y después voy a trabajar”, comentó. “Esta es la parte difícil porque muchas veces cuando pido apoyo para mi fundación, terminé encontrándome en un lugar delicado donde ahora tengo que pedir ayuda para mí. Aunque sería lindo que la gente entienda que tengo una oportunidad y un privilegio increíbles para transmitirles todo lo que aprendí en Estados Unidos y en Europa, y necesito toda la fuerza que pueda para poder brindar”.

“Tener un hogar después de dedicar mis horas diarias a los jóvenes me daría energía para recomenzar en la mañana. Y ahora mismo estoy un poco desbalanceada con eso”.

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Jeff Zillgitt cubre la NBA desde 2008.

By Martín Gutiérrez

Martín es periodista deportivo especializado en baloncesto argentino y ligas internacionales. Lleva más de 8 años cubriendo la Liga Nacional, Euroliga y NBA, analizando estadísticas, tácticas y rendimiento de jugadores.