Boston quedó casi en silencio después del cierre de un duelo que, hasta hacía apenas dos días, parecía decidido. La visita de Filadelfia a TD Garden terminó con un 111-97 en el Game 2 de la serie, y el impacto fue doble: no solo ganaron los 76ers, sino que dejaron la sensación de que esta eliminatoria, que muchos daban por desequilibrada, ahora tiene otra cara.
Edgecombe, el “otro” que cambió el partido
En la cancha, VJ Edgecombe fue el punto de quiebre. Con 20 años, todavía se nota una chispa juvenil cuando conversa con sus compañeros y con el cuerpo técnico: a veces sonríe cuando le dicen algo gracioso, y otras veces se le escapa una expresión que recuerda que sigue siendo prácticamente un adolescente. Pero lo que mostró en playoffs no tuvo nada de improvisado ni de “promesa”: tuvo madurez y ejecución.
En el Game 2 estuvieron sobre el piso Jayson Tatum, Jaylen Brown, Paul George y Tyrese Maxey. Sin contar a Brown, Edgecombe fue probablemente el mejor de ese grupo. Y eso es lo que vuelve extraordinario todo: no se supone que un rookie tan joven haga lo que hizo el martes por la noche. De hecho, el texto marca que ningún novato de esa edad había logrado algo así en la historia de la NBA: 30 puntos y 10 rebotes en su segundo partido de playoffs de visitante. En ese marco, Edgecombe es “uno de uno”.
Las palabras de Nick Nurse y el ajuste de la serie
Nick Nurse, entrenador de Filadelfia, explicó que el salto estuvo en la lectura y en la confianza. “Creo que el otro día llegó a algunos de sus lugares, pero le faltaron algunos tiros”, dijo. “Es cuestión de que entienda que esas oportunidades van a seguir apareciendo. Pensé que necesitábamos que siguiera tomándolos, y esta noche los metió. Cuando empezó a ver que entraban, le dio un impulso anímico. Se fue haciendo cómodo”.
El propio contexto de la serie también pesaba. Hasta que Joel Embiid se recupere de una apendicectomía de urgencia (según el texto, reciente), los 76ers deben manejar el tramo de playoffs sin su figura. En el Game 1 del domingo por la tarde se vieron superados: parecieron sin respuestas, con poca pelea y, dado el nivel de Boston, hasta con la sensación de que no estaban realmente destinados a estar en la serie.
El triunfo del martes, entonces, no solo cambió el marcador de la serie; cambió el ánimo. TD Garden dejó de ser un escenario hostil y pasó a ser un espacio donde el local se fue con caras de preocupación, mientras en el banco de Filadelfia celebraban en los últimos segundos. En el vestuario hubo momentos distendidos, incluso con un detalle insólito: el asistente general manager Jameer Nelson enseñándole en el momento a Tyrese Maxey cómo ponerse una corbata.
30 puntos, 10 rebotes y el plan para castigar a Boston
Edgecombe fue consistente con el tiro exterior: anotó seis triples y terminó 12 de 20 en tiros de campo. Pero lo más determinante fue otra cosa: llegó a todos los puntos que quería cuando el partido le pedía atacar desde el bote. Esa capacidad para “romper” la defensa con lectura y control del espacio fue lo que más estresó a Boston.
El texto subraya, además, que se las ingenió para meterse con frecuencia en la pintura, generando opciones para él mismo y para los 76ers. En otras palabras: no fue solo un tirador que aprovechó la racha, sino un jugador que obligó a la defensa a reaccionar y a ajustar.
Edgecombe, por su parte, puso el foco en el trabajo colectivo. “Pensamos y vimos el video del Game 1; todos sabíamos de dónde iban a venir los tiros”, afirmó. “También sabíamos dónde iba a estar la ayuda. Así que el crédito es para mis compañeros. Confiaron en mí y nosotros seguimos confiando entre todos. Yo estaba en una posición en la que mis compañeros querían que siguiera tirando, y eran tiros que no podía dejar pasar. Mucho de esto se lo debemos a ellos”.
Maxey y George: otra versión de Filadelfia
Además de Edgecombe, el Game 2 tuvo una cuota enorme de Tyrese Maxey y Paul George. Maxey fue “sensacional” en los últimos 10 minutos y terminó con 29 puntos. George, por su parte, aportó en múltiples facetas: metió tiros importantes cuando Boston intentaba reaccionar con corridas, mostró una defensa de perímetro muy sólida y se mantuvo como un factor de calma en ambos costados de la cancha.
Nurse también explicó el contraste con el domingo. “El domingo no estábamos en las ubicaciones correctas y no tomábamos las decisiones correctas”, dijo. “Esta noche fuimos mucho mejores. Hicimos más lecturas de buen básquet. No permitimos tantos avances directos hacia la canasta como el domingo. Simplemente fuimos mejores”.
Cómo cambió el plan semana a semana: cine, práctica y urgencia distinta
El entrenador venía insistiendo con ese mensaje desde antes del Game 2. Filadelfia encaró una práctica intensa el lunes por la mañana en Harvard, luego de una larga sesión de video en la que desmenuzó el Game 1 casi cuadro por cuadro. La meta era clara: que los Celtics sintieran que realmente estaban dentro de una serie de playoffs, no como si fuera un trámite.
El dominio de Maxey y Edgecombe fue tan marcado que, según el texto, ambos terminaron “alternándose” para destrozar la defensa de Boston. Fue, además, uno de los partidos más completos que Filadelfia jugó en toda la temporada.
Maxey remarcó esa idea de roles y cierre. “Le dije a VJ que hizo su trabajo”, sostuvo. “Lo hizo. Él nos trajo hasta acá. Después fue mi turno. Yo sabía que tenía que cerrarlo. Queríamos que Paul arrancara fuerte al inicio del cuarto cuarto y luego teníamos que cerrar. Sabía que tenía que generar jugadas para terminar de romper el partido y dejarlo resuelto”.
¿Fue un golpe de efecto o hay algo que funciona?
Ahora la gran pregunta es si lo del martes fue un hecho aislado o si Filadelfia encontró, de verdad, piezas que se sostienen. El texto plantea que ayuda mucho que hayan convertido una buena cantidad de tiros abiertos que el domingo habían fallado en volumen. También que Boston falló algunos de esos tiros abiertos que sí había metido en el Game 1.
Pero el punto fino está en el ajuste defensivo: en el Game 2, los Celtics defendieron a Edgecombe con jugadores como Sam Hauser y Payton Pritchard. Eso, probablemente, cambie para el Game 3. Y también cambia el nivel de urgencia: la sensación del texto es que Boston no mostró tanta necesidad de acelerar como sí podría mostrar cuando la serie vuelve a ponerse peligrosa.
Con todo, el triunfo del martes le da a Filadelfia un margen valioso. Cada victoria abre la ventana para que Embiid llegue en mejores condiciones. Volver a Filadelfia con la serie igualada (en lugar de ir a un must win el viernes en el Game 3) es, para los 76ers, el mejor regalo posible en este momento.
La historia de “un día” que empieza a parecer “una serie”
En definitiva, el Game 2 dejó dos mensajes simultáneos: uno individual, con la actuación histórica de VJ Edgecombe (30 puntos y 10 rebotes en un contexto de playoffs); y otro colectivo, con una Filadelfia que corrigió ubicación, decisiones y defensa, y que se plantó con emoción y claridad cada vez que tuvo una oportunidad.
La serie ahora tiene continuidad, y Boston deberá responder con una defensa mejor afinada y con mayor presión. Filadelfia, en tanto, intentará sostener lo que funcionó: tiro (seis triples), penetración y lectura, y un cierre donde Maxey supo tomar la pelota cuando el partido pidió cerrar.