Chicago—Cuando la NBA confirmó el orden de la Lotería del Draft el domingo por la tarde, el panorama que se vio en los borradores imaginados por los grandes medios y por los especialistas en reclutamiento se pareció demasiado: los Washington Wizards iban a elegir a AJ Dybantsa en el puesto 1, los Utah Jazz seguirían con Darryn Peterson en el 2, Memphis Grizzlies se quedaría con Cameron Boozer en el 3 y Chicago Bulls tomaría al próximo disponible, Caleb Wilson, en el 4. A partir de ahí, los bases y generadores de juego —siempre los primeros en rotar en los rumores— empezarían a aparecer con más fuerza.
Pero en las últimas 48 horas, en el Draft Combine que se está desarrollando en Chicago, empezó a asomar un clima más disonante. No es que cambien los números de la Lotería, sino el modo en que se piensa el día a día del proceso: con las 30 franquicias, jugadores, representantes y prensa concentrados prácticamente en el mismo gimnasio y hotel durante toda la jornada, es donde se empiezan a cruzar miradas distintas, preguntas incómodas y señales que no aparecen en un papel.
En el caso de Washington, la primera duda que surgió giró alrededor de la idea de si la selección de Dybantsa era tan “segura” como parecía, y si eso afectaría la preparación de los equipos con chances de intercambiar o, al menos, de reacomodar su estrategia. En ese sentido, un alto scout de otra franquicia con lotería recibió una consulta directa: si el “uno” era inevitable, ¿para qué preocuparse? La respuesta fue tajante y más directa de lo esperado.
“De ninguna manera”, le dijo el scout. “Nos sorprendió que la transmisión lo planteara como si fuera un desenlace fijo”.
La propia manera en la que Dybantsa habló la noche de la Lotería también sumó un ingrediente de intriga para la cima del Draft. El jugador de BYU dejó entrever que estaría dispuesto a hacer pruebas para más de un equipo: en concreto, para dos.
Ese comentario encaja, además, con uno de los elementos de información que más se repitió durante la semana en Chicago: se decía que Dybantsa, de forma reportada, pretendía quedarse en Utah.
El contexto familiar y el recorrido reciente alimentan esa lectura. Dybantsa ya lleva dos años en el estado: un curso en Utah Prep y después la temporada en Provo con BYU. Su familia, además, está instalada allí y con el paso del tiempo se terminó acostumbrando, con la expectativa de continuar en la región.
A partir de ahí, algunos empezaron a preguntarse si era posible ver “maniobras” alrededor de los entrenamientos: que Dybantsa, con la intención de forzar su llegada a Utah, pudiera negarse a hacer pruebas para Washington. Y ese temor no es casual: las propias Wizards han recurrido en los últimos años a esa clase de estrategia. Primero con Alex Sarr y, llamativamente, con Ace Bailey, que hoy —por el camino del proceso— termina estando en Utah.
Si algún rumor de intercambio de 1-2 terminara prendiendo, tendría que originarse, casi con seguridad, desde el entorno del propio Dybantsa. En Chicago, la mayoría considera menos probable que Utah se acerque primero a Washington por iniciativa propia. Sin embargo, hacia el cierre del martes, esas versiones bajaron un poco el volumen: se mencionó que el campamento de Dybantsa habría dejado claro a algunos que no estaban interesados en jugar ese juego, aun cuando su preferencia sigue siendo terminar en Utah.
En ese escenario, lo más probable es que Dybantsa termine igual en Washington, aunque no necesariamente de forma “lineal” si antes hay un entrenamiento en Utah que mantenga viva la especulación.
Entonces, ¿qué hará Utah en el puesto 2? La pregunta se vuelve todavía más específica si se considera que Cameron Boozer tiene a su padre, Carlos Boozer, trabajando hoy para la organización en un rol de scouting. Aun así, el consenso se inclina hacia Darryn Peterson como la elección de los Jazz. Aunque hay conjeturas públicas sobre alternativas, el entorno del Combine habla con una confianza casi idéntica a la que rodea la idea de Dybantsa en el 1: Peterson, dicen, va al 2.
Peterson no solo calza con la plantilla actual de Utah; incluso hay voces —incluida la mía— que se preguntan si en algún sector interno de la oficina podría considerarse que está por encima en talento relativo. Los Ainges, Danny y Austin, tienen una larga reputación de seguir a los prospectos de primer nivel desde etapas tempranas del básquet de escuela secundaria, así que es lógico que hayan tenido señales claras sobre el juego y la reputación de Peterson antes de las complicaciones de disponibilidad que aparecieron este año.
Ahora bien, ¿qué podría mover el tablero más allá de que Dybantsa esté disponible de forma “inesperada”? Aquí entra la parte de los tiempos. En Chicago, los primeros contactos —entrevistas y revisiones médicas— con Peterson se harán durante el Combine. La expectativa, eso sí, es que Utah no empiece a recibir a otros prospectos en sus instalaciones hasta después del Memorial Day. Esas visitas son donde cada franquicia profundiza de verdad: el componente médico, las charlas y cualquier test adicional que se haga en el sitio. Si en esas indagaciones apareciera algo más preocupante, podría haber repercusiones. Pero por ahora, el marco general es que Utah estaría contenta con Peterson, lo que les permitiría trabajar en dos calendarios a la vez. Así, la columna vertebral de Lauri Markanen, Jaren Jackson y Keyonte George empujaría la temporada 2026 de vuelta a la conversación de playoffs, mientras Peterson y Ace Bailey aportarían dos activos de largo plazo que abren una segunda iteración del proyecto.
Con ese panorama, Memphis queda en el reloj con el puesto 3: decidir entre Boozer y Wilson. Y se repite la misma sensación en distintos pasillos: la decisión sigue siendo un misterio de verdad.
La semana anterior, antes de conocerse la Lotería, se había planteado que Memphis podría valorar más a Wilson que la mayoría. El fundamento no era solo su historial de Draft, sino información que se había escuchado en privado. Al mismo tiempo, mi lectura —y la de buena parte de quienes están siguiendo de cerca el proceso en Chicago— marca otra línea: Boozer debería ser el elegido en el 3, y además un jugador que tanto Utah como Washington deberían tener en el radar. La razón es la superposición que ofrece Boozer: físico, técnica y lectura del juego, complementadas por una naturaleza competitiva. En otras palabras, lo que Memphis prioriza encaja con ese paquete. Por eso, en el arrastre del Combine, ni yo ni “la mayoría” tenemos una certeza real sobre lo que hará Memphis en ese puesto.
Chicago, en cambio, podría terminar con el Draft más simple de los primeros cuatro: quedarse con el mejor disponible entre esos prospectos. Bryson Graham acaba de sumarse como nuevo Executive Vice President of Basketball Operations, así que es probable que el área haga su due diligence sobre los bases y generadores de juego. Es razonable pensar que todos estarían contentos con volver a Chicago a entrenar para un equipo con un pick top 4. Pero al final, la expectativa es que Bulls termine eligiendo a quien quede en el tablero entre Peterson, Boozer y Wilson.
Hay un hilo conductor que se viene repitiendo desde hace meses y que se reafirma en Chicago esta semana: el miedo a equivocarse. Un scout de una franquicia que no tiene pick entre los cuatro primeros lo resumió con una frase que se volvió casi un lema: “Me daría terror fallar” con Dybantsa o con Peterson. La preocupación no es menor: se teme pasar de largo a uno de esos jugadores que luego termine cumpliendo el potencial enorme, incluso como talento generacional. Son decisiones que, al final del camino, pueden costarle el puesto a un ejecutivo o, como mínimo, hacer que la silla se caliente un poco más.
En la misma lógica, nadie quiere ser el que quede señalado por haber pasado por la estrella “a plena vista” con Boozer. Por ahora, el perfil que se ve es el de un jugador consistente, inteligente y con un techo de piso muy alto, además de alguien que ganó en cada nivel del básquet. Pero aparece el “y si…?”: ¿qué pasa si Dybantsa termina siendo un anotador de alto volumen pero sin capacidad para conducir victorias? ¿Qué sucede si Peterson arrastra problemas de durabilidad o de atletismo a lo largo del tiempo? Son preguntas y temores que se están diciendo en voz alta en Chicago y que mantienen despiertos a varios GM.