Rick Barry revela la clave para tirar bien los libres pese a la lesión de Robinson

ByMartín Gutiérrez

May 30, 2026

Apenas colgué el teléfono y me presenté, ya había alcanzado a decir el nombre de Mitchell Robinson cuando Rick Barry respondió una pregunta que todavía ni siquiera había llegado a formular.

“Debería haber cambiado al tiro libre con técnica subida—de abajo hacia arriba—antes de romperse el dedo”, disparó Barry. El ex jugador, de 82 años, figura del Salón de la Fama y con 12 presencias en el All-Star, se refirió a un detalle puntual: la lesión de Robinson en la mano que usa para tirar desde la línea.

Para los Knicks, todo venía saliendo “sobre ruedas” en estos playoffs… hasta que Robinson se quebró el meñique derecho. Si la pregunta es cómo ocurrió, el misterio sigue. El equipo informó que el hecho no se produjo en un juego ni en un entrenamiento, pero ahí se detuvieron: cuando hace poco le consultaron a Mike Brown, desde el área de comunicación de New York cortaron la conversación con un “no vamos a entrar en detalles” (sin más precisiones).

La recuperación incluye cirugía, y el objetivo que se maneja es volver para las Finales. Allí, el rival podría ser Oklahoma City o San Antonio, según avance la serie correspondiente. Si hay una buena noticia para la franquicia neoyorquina, está en esa posibilidad de llegar. La mala es otra: Robinson es un francamente mal tirador desde la línea cuando todos los dedos están en condiciones. En lo que va de la postemporada, convirtió apenas 13 de 43 intentos, lo que deja su efectividad en una cifra cercana al 30,2%, un número que cuesta imaginar que sea real en un jugador de su rol. Además, ahora piensa usar una férula en el dedo lesionado, algo que, sin necesidad de ser médico—ni siquiera “de los que curan con tiros”—permite anticipar que probablemente no mejore su situación en los libres… y menos en un cuadro donde ya hay muchos problemas.

En las redes también circuló el clip de un intento especialmente duro desde la línea de Robinson, con la reacción de “cómicamente” negativo de los comentarios.

Ese contexto, inevitablemente, nos conduce de vuelta a Barry. En su carrera de 14 temporadas, entre 1965 y 1980, convirtió el 89,3% de sus tiros libres. Y lo hizo con un estilo muy particular: el tiro libre de abajo, o “underhand”, una mecánica que se terminó transformando en una de sus marcas registradas.

Barry llegó a perfeccionar el tiro libre con técnica de abajo, un método que, a pesar de haber sido tan efectivo en su época, hoy no es precisamente lo habitual en la NBA.

Y justo ahí está la discusión: con el correr de los años, la técnica de abajo cayó en desuso en la liga. Barry asegura que no entiende por qué. O, en realidad, dice entenderlo, pero no le cierra el razonamiento. Según él, el tiro con esa mecánica fue “comprobado científicamente por físicos” como una forma superior desde la línea, en función de que permite controlar mejor la pelota y el arco que describe. Por esa misma lógica, sostiene que resulta especialmente útil para jugadores altos, con manos más grandes, que a veces parecen estar tirando como si hicieran “lanzamiento” en vez de tiro propiamente dicho.

Barry se muestra convencido de que ese enfoque podría ayudar a Robinson, sobre todo por el meñique quebrado en la mano que utiliza para tirar y por la férula que tendrá que llevar.

“Ese dedo roto no sería un problema con el tiro libre de abajo, porque la sensación y el toque salen de los otros dedos”, explicó. “Vos estás acomodando las manos, y la pelota sale con el movimiento del brazo. El meñique no tiene tanto que ver. Se puede hacer”.

“Se puede hacer”, sí. “Se va a hacer” es otra historia. Incluso si Robinson estuviera dispuesto a intentar el cambio, la pregunta es cuánto tiempo real tendría para adaptarse: las Finales de la NBA comienzan el miércoles, con lo cual el margen sería extremadamente corto.

Barry, de todos modos, abre una puerta: “¿Podría intentar aprenderlo ahora? Si yo se lo muestro en este momento, tendría tres o cuatro días para practicarlo. Y quién sabe, capaz lo agarra. Es una técnica simple. Todo está en la sensación”.

Además de enseñárselo él mismo, Barry transmitió el método a su hijo, Canyon, quien lo utilizó en la G-League y también en competencias internacionales de 3×3. Sin embargo, más allá de estar convencido de que cualquiera puede incorporarlo y de que eso ayudaría a un tirador tan golpeado como Robinson—aunque sea para ser menos malo—Barry admite que el cambio de mecánica desde el tiro de “arriba” al de “abajo” en cuestión de días antes de las Finales es poco probable.

También suma el clásico freno que suelen imponer las percepciones estéticas: el estigma asociado a lo que muchos llaman “Granny Style”, y el riesgo de que los compañeros, en el humor interno del vestuario, lo terminen “aplastando” simbólicamente por intentar algo así. Y ese punto, además, a Barry lo irrita de manera particular.

“Meté el ego en el placard, literalmente”, soltó. “Importa con qué frecuencia metés la pelota. ¿Qué importa cómo te ves? El estilo no significa nada. Lo que vale son los resultados. Si hacés más, te van a jugar más. Te van a tirar asistencias en forma de lobs al aro. Hoy no quieren hacer eso con él porque, tal como está tirando, se vuelve una carga. Si es una carga, ¿por qué no querrías mejorar y ayudar más al equipo?”.

La pregunta que plantea Barry tiene sentido. Y en ese clima entra una figura que trabaja el aspecto mental: la doctora Leah Lagos, psicóloga deportiva en Nueva York, que además—para colmo—intentó recientemente explicar la mentalidad del hincha de los Knicks. Lagos trabajó con jugadores de la NBA y también participó en un podcast junto a Joe Mazzulla, donde el entrenador de Boston contó cómo usa técnicas vinculadas con las enseñanzas de Lagos para bajar el nivel de estrés.

En su mirada, la manera en que un atleta toma decisiones a veces está condicionada por cómo cree que lo van a percibir otros. Trabajar sobre esa capa, explicó, puede ayudar a “canalizar tus mejores habilidades y tu yo”. Pero para llegar a eso, agregó, “tienen que soltar lo que piensa la gente”. Es un consejo útil para cualquier persona, aunque en el caso del deportista la dificultad se multiplica cuando el “ruido” incluye charlas en podcasts, posteos en redes y comentarios en televisión.

En medio de ese choque cultural entre el rendimiento y la imagen, aparece otro recordatorio comparativo: el historial de tiros libres de Rick Barry frente al de Mitchell Robinson. La lectura que se desprende del dato es que Barry registra solamente cinco fallos más en playoffs, pero sobre una base muchísimo más grande de intentos (581 adicionales).

Entre números, la nota deja expuestos algunos elementos de contexto: la estatura de Barry (6 pies 7 pulgadas, 205 libras) y su porcentaje histórico en libres (89,3%, con un total de 5713 intentos y 6397 lanzamientos).

Barry dice, además, que tiene una solución para el estigma. Antes de despedirse, contó que espera el día en que “un dueño, un gerente o un entrenador tenga el coraje” de decirle a un jugador como Robinson que está obligado a tirar de abajo porque “está lastimando al equipo” con la mecánica actual.

En el razonamiento de Barry, los jugadores como Robinson son empleados que cobran muchísimo dinero. Si los jefes les impusieran un ultimátum—por lo menos intentar el tiro de abajo—¿cómo se podría rechazar?

“Les pagamos millones de dólares y van a decir ‘no, no voy a hacer eso’? Eso es una locura. No pasa en el mundo real: no te podés negar a tu jefe aunque seas mejor jugador si no lo hacés, solo porque no querés verte ‘cool’. Suena ridículo cuando lo decís en voz alta, ¿no? Me cuesta imaginar que alguien no quiera mejorar. Es tu forma de ganarte la vida. Esto es lo que hacés por laburo”.

Si los Knicks y/o Mitchell Robinson quieren probar, Barry asegura que estará del otro lado del teléfono, listo para guiar el cambio.

Gotta (under) hand it to him

By Martín Gutiérrez

Martín es periodista deportivo especializado en baloncesto argentino y ligas internacionales. Lleva más de 8 años cubriendo la Liga Nacional, Euroliga y NBA, analizando estadísticas, tácticas y rendimiento de jugadores.