Detengan el mundo: otra vez se discute el formato del Draft. Pasa hoy, pasó en 2017, en 2014, e incluso en 1993, 1984 y otros capítulos de la historia. La NBA lleva 76 años eligiendo jugadores, pero casi nunca lo hizo de una manera que deje satisfechos a todos. Este domingo llega la Lotería del Draft por 42° vez, con Pacers, Wizards, Jazz, Nets y varios equipos más intentando que las pelotitas de ping pong se alineen. Y para el año que viene también se anuncian nuevos ajustes.
La lotería del Draft es una particularidad casi única del básquet profesional en Estados Unidos. En la NFL no hace falta algo así para definir el orden de elección. En MLB no se implementó hasta 2022. Y dentro de las grandes ligas masculinas, el otro caso temprano fue la NHL, que incorporó una lotería de menor escala en 1995. Lo hizo en un contexto particular: Gary Bettman, ex consejero general de la NBA.
La razón de fondo es simple: en la NBA, una sola figura puede cambiarlo todo. Por eso, el método para asignar ese tipo de estrellas termina siendo un tema explosivo. Si el orden se decidiera solo por récord, los equipos aprenderían rápido que “tirar” una temporada podría extender una racha de victorias por una década. Y ahí aparecen los límites: los peores deberían tener la mejor chance de una selección alta, pero no pueden quedar habilitados para perder sin consecuencias.
De un vistazo: por qué la lotería siempre vuelve a discutirse
- Hay reclamos sobre el formato del Draft desde hace décadas, con cambios repetidos en distintos años.
- La NBA busca equilibrar dos objetivos: repartir talento y frenar el “tankeo” intencional.
- Se espera una nueva ronda de reformas, con el foco puesto en reducir el incentivo a perder.
Así nació la Lotería del Draft. La liga entiende que hace falta ese tipo de “barandas”, pero nunca terminó de cerrar cuál es la medida exacta. Según cómo se defina un cambio de formato, se vieron entre cuatro y diez iteraciones distintas. Y otra está en camino: desde el gran reordenamiento de 2019, el tankeo creció hasta convertirse en una situación extendida. Incluso puede argumentarse que 9 de los 10 equipos que quedaron afuera de playoffs en la temporada participaron de alguna forma de ese comportamiento, degradando fuerte la calidad de la temporada regular. La NBA hoy ajusta una propuesta para atacar el problema.
Pero la historia muestra que no es tan lineal. Casi siempre hay efectos no buscados, y esos efectos terminan empujando nuevos cambios. Por eso, antes de la reforma estructural que se viene este mismo año, vale la pena repasar cómo se llegó a este punto y qué errores se repitieron.
1950-1983: el mundo antes de la lotería
En 1949, la Basketball Association of American y la National Basketball League se unieron para formar la NBA. Participaron 17 equipos en la temporada inaugural, pero solo 12 alcanzaron el momento de disputar el primer Draft. Uno de ellos, los Chicago Stags, se disolvió antes de poder usar sus selecciones. El Draft usaba un orden inverso al récord, con una particularidad: existían las selecciones territoriales.
Las selecciones territoriales permitían que un equipo “saltara” en la fila y eligiera jugadores que hubieran crecido o estudiado dentro de un radio de 50 millas del estadio de su ciudad, a cambio de ceder su primera ronda. De esos 23 jugadores seleccionados así, 12 terminaron en el Salón de la Fama. Ningún equipo aprovechó más esa vía que los Philadelphia Warriors: hicieron la primera elección en la historia del Draft de la NBA al reclamar derechos territoriales por Paul Arizin, y en los años 50 usaron este mecanismo para sumar siete estrellas universitarias. La última de esa lista fue Wilt Chamberlain.
Aun si hoy suena injusto, en aquel momento era una necesidad financiera. El básquet profesional estaba en etapa inicial: los clubes se fundían con frecuencia y, antes de la adopción masiva de la televisión, el negocio dependía de vender entradas. Asegurar que figuras amateurs siguieran jugando frente a sus hinchadas originales era una forma directa de sostener la asistencia.
Para 1966, la NBA ya tenía una base financiera más estable. Los partidos se televisaban con mayor regularidad, varios mercados habían construido públicos sólidos y la liga podía enfocarse más en el balance competitivo. En ese momento, se reemplazó el sistema territorial por uno que garantizaba que el acceso al talento entrante estuviera reservado para los peores. La mayor parte del Draft continuó con el orden inverso, pero el peor equipo del Este y el peor del Oeste jugaban un cara o cruz para definir quién elegía primero y quién segundo. Ese esquema se sostuvo hasta la temporada 1983-84.
1984: el comienzo del tankeo en la conversación masiva
Aunque es imposible fijar el primer caso real de tankeo, el concepto se volvió parte del discurso general en 1984. Los Houston Rockets ganaron el primer pick del Draft de 1983 por sorteo, eligieron a la estrella de Virginia Ralph Sampson y, mientras Hakeem Olajuwon despegaba en la Universidad de Houston, el equipo cerró la campaña con un descenso sospechoso: arrancaron 24-36 y terminaron perdiendo 17 de sus últimos 22 juegos.
En una época que hoy suena casi “ingenua”, el ejemplo se volvió referencia. Para dimensionar el contraste, durante la temporada reciente, los 9 equipos que tankearon se fueron 12-167 en una muestra de 179 partidos contra 21 ganadores de 2025-26. Pero el caso de Houston levantó cejas, sobre todo en su penúltimo partido: usaron a Elvin Hayes, futuro Hall of Famer con 36 años, durante los 53 minutos de una derrota en tiempo extra, pese a que en el curso regular promediaba menos de 13 minutos por juego.
La bronca llegó incluso desde el lado de Dallas. Norm Sonju, gerente general de los Mavericks, reaccionó con furia, según un relato oral del periodista Fran Blinebury sobre los Rockets de los 80. “Norm Sonju estaba enojado porque Houston ganara dos sorteos seguidos. En 1984, en la reunión de los Gobernadores, Sonju pide que se elimine el cara o cruz y se pase a la lotería del Draft”. Más tarde, Sonju no lo desmintió: “Todo se reducía a que la gente sentía que [los Rockets] estaban perdiendo intencionalmente”.
El gerente apuntó a Houston, pero el entrenador de Dallas tenía otra mira. En recortes periodísticos hallados por Mike Vorkunov, entonces entrenador Dick Motta acusó a los Chicago Bulls de tankear. Dallas tenía el primer pick de Chicago en 1984, así que le convenía que los Bulls cayeran, o al menos que esa estrategia funcionara.
Al final, ni Cleveland ni Chicago se quedaron con el peor récord de la conferencia. Indiana sí fue el peor, y al igual que Cleveland, los Pacers debían su elección a otro equipo: en su caso, Portland. Los Blazers perdieron el sorteo y quedaron segundos, lo que dejó a los Rockets con dos picks No. 1 consecutivos y así pudieron juntar a Sampson con Olajuwon. Chicago perdió la chance de quedar arriba y terminó con un base escolta de Carolina del Norte llamado Michael Jordan.
27 de junio de 1984: nace la Lotería del Draft
El 27 de junio de 1984, la NBA anunció la introducción de la primera Lotería del Draft. Los siete equipos que no clasificaron a playoffs participarían con probabilidades iguales por cada elección entre el 1 y el 7. David Stern, entonces comisionado, lo vendió con dos ideas: que sería emocionante para los equipos que tuvieran chance del No. 1, y que pondría fin a la cuestión de “ganás perdiendo”.
Obviamente, con el tiempo se vio que no alcanzó. Pero el escepticismo ya estaba presente. Bob Ferry, gerente general de Bullets, dijo que no estaba seguro de que el nuevo sistema no generara un problema mayor: equipos que apenas podrían llegar a playoffs sin tener chances reales de pelear preferirían no clasificarse.
Ray Patterson, gerente de los Rockets, fue más directo y ridiculizó la idea de Sonju. Blinebury lo cuenta en el marco del relato: Patterson describe que Sonju “se cansó de ganar cara o cruz” y que, con Sampson y Olajuwon ya en el equipo, ¿cómo iba a caer con el peor récord en el Oeste? Pero Patterson plantea la lógica: Sonju se arriesgó a perder una chance de una entre dos de obtener el No. 1. Y encima, el escenario alternativo era peor: “Podríamos ser el primer equipo afuera de playoffs. Podría entrar a la lotería, ganarla y conseguir a Patrick Ewing. ¿Cómo querés que lo descarte así?”.
Los ejecutivos ya intuían las consecuencias no buscadas. Si Ferry tenía razón, la motivación de perder seguía existiendo, solo que cambiaba de lugar. Patterson, en cambio, remarcaba el impacto enorme de un sorteo favorable. Aun así, la NBA avanzó: el 18 de junio de 1985 se realizó la primera Lotería del Draft.
1985: la primera lotería y sus teorías
El formato era más simple que cualquier versión posterior. Se colocaron siete sobres, con los logos de los siete participantes, dentro de un contenedor transparente con forma esférica y una manivela para hacerlo girar. Luego, Stern fue sacando un sobre por vez: el primero correspondía al primer pick. Esa selección —y el derecho a elegir al prospecto generacional Patrick Ewing desde Georgetown— fue para los New York Knicks.
Hasta el día de hoy, esa lotería de 1985 se mira con sospechas. Hay quienes aseguran que el sobre de Nueva York estaba congelado antes del sorteo, o que se había arrugado de forma intencional. La idea de estas teorías es que Stern, al sacar sobres, de alguna manera sabía cuál era el que correspondía a Knicks. Nunca se probó nada, pero sí hubo un cambio sutil del proceso en 1986.
1986: segunda lotería, misma matemática, ajustes
La base matemática de 1986 fue parecida: siete equipos fuera de playoffs, todos con la misma probabilidad de quedarse con el No. 1. Pero hubo una particularidad: los Cleveland Cavaliers, que no tenían su propio pick, recibían automáticamente la selección inmediatamente posterior a los Mavericks, aunque no podían quedar más arriba que el No. 3.
Esto venía atado a la venta del equipo. En el período previo, Ted Stepien había negociado la salida de cinco primeros rondas consecutivos. Los nuevos dueños, Gordon y George Gund, tenían la autorización de comprar primeros picks en las próximas cuatro ediciones para compensar. Como el pick de Cleveland en 1986 terminó en Dallas, la selección de Cleveland quedó después de los Mavericks. Hoy, la NBA tiene una regla para evitar la necesidad de ese tipo de reparaciones: la “Stepien Rule”, que impide que un equipo se quede sin primeros rondas en drafts consecutivos.
El otro cambio no tocó las probabilidades, sino el mecanismo. En 1986, Stern ya no era el encargado de sacar sobres del bombo. En su lugar, cada representante de los equipos en la mesa sacaba su sobre. El orden en que lo hacían se definía antes del sorteo: el primer sobre correspondía al pick No. 7 y luego se iba bajando en forma descendente.
Además, los Knicks llevaron un conejo vivo al evento. Su nombre era Lucky Pierre, pero el equipo cayó del peor récord de la liga al No. 5, así que el apodo quedó corto. Igual, eso no frenó a futuras generaciones de representantes, que siguieron llevando amuletos y “totems” de buena suerte a los sorteos.
1987-89: se acorta el sorteo
En las primeras dos loterías, se sorteaban todos los picks disponibles. El mejor participante podía quedar con el No. 1 y el peor podía terminar con el No. 7. No había distinción entre quienes apenas se quedaban afuera y quienes quedaban fuera durante toda la temporada. Los Warriors, con 22-60, cayeron cinco posiciones en 1985: del No. 2 al No. 7. Al año siguiente, los Knicks pasaron del No. 1 al No. 5. Ese movimiento empujó a la NBA a introducir un “piso”.
En vez de sortear siete elecciones, se sorteaban solo las tres primeras. Después, se elegía en orden. Esto aseguraba que el peor equipo no bajara del No. 4, aunque la probabilidad de quedarse con el No. 1 global permanecía fija.
En 1988 debutaron dos equipos nuevos: Miami Heat y Charlotte Hornets. Para el Draft de 1988 recibieron los dos primeros lugares no sujetos a lotería: Charlotte eligió No. 8 y Miami No. 9. Pero cuando entraron a la lotería en 1989, tuvieron las mismas probabilidades que el resto. La estructura se mantuvo plana, pero con nueve equipos no clasificados en lugar de siete. En ese cambio, la chance de cada equipo para el No. 1 bajó de 14,29% a 11,11%.
1990-92: la primera lotería ponderada
La lotería volvió a ampliarse en 1990 por la incorporación de Orlando Magic y Minnesota Timberwolves. Ambos comenzaron a competir en 1989 y, como Heat y Hornets, tuvieron los primeros picks fuera de la lotería en su primer Draft. En 1990, en cambio, ya participaron de forma completa. Eso llevó el número de equipos no clasificados en la lotería de nueve a 11.
El cambio más grande llegó por otro lado: en 1990 la NBA implementó el primer sistema ponderado. Ya no había probabilidades planas: el récord definía la probabilidad de quedarse con el No. 1. El sorteo incluyó 66 pelotitas, con 11 para el peor equipo, 10 para el segundo peor y así hasta llegar al mejor equipo que recibió una sola pelotita. Ese esquema ofrecía una distribución completa de probabilidades.
La victoria de Orlando en 1992 fue transformadora. Shaquille O’Neal subió a un equipo de 21 triunfos hasta nivel .500, dándole identidad y esperanza de mediano plazo a una franquicia de expansión. Con nombres como Nick Anderson, Dennis Scott y Scott Skiles, era razonable pensar que Magic ya tenía base para pelear por títulos en los años siguientes. Pero después volvieron a ganar la lotería.
En 1993, el Magic 41-41 solo tenía una única pelotita entre las 66. Con esa pelotita llegó el No. 1, que luego terminaría en una historia larga: vía un canje con Golden State, Orlando consiguió a Penny Hardaway como All-Star futuro y además incorporó tres primeras rondas más. Eso instaló a Magic para llegar a las Finales en 1995 y, con el tiempo, aspirar a ser un poder sostenido. El resto de la liga no lo vio con buenos ojos.
Jack McCloskey, gerente de Timberwolves, lo resumió con enojo: “Es una broma, una broma completa. Que Orlando obtenga el primer pick no es lo que este Draft —ni ningún Draft— está destinado a hacer”. Los Mavericks, que se habían convertido en un actor frecuente en la discusión del formato, tampoco quedaron conformes. Sonju agregó la crítica: “Termina con el propósito de usar el Draft para construir a los equipos más débiles”.
El resultado abrió dos preocupaciones que después volverían en revisiones futuras. Primero: cuánto se debía ponderar el beneficio para los peores. Segundo: si los equipos podían apilar resultados favorables de lotería de forma repetida.
1993: cambios y el “compromiso” de probabilidades
La segunda inquietud reaparece en discusiones futuras, incluso en charlas de reforma en 2026, pero más adelante. La primera, en cambio, se debatió en cada modificación. Incluida la inmediata. El 11 de noviembre de 1993, la NBA anunció una revisión del formato. Russ Granik, entonces vicepresidente del comisionado, sostuvo que el consenso en equipos era que la lotería tenía un propósito importante y debía mantenerse, y que la liga consideró apropiado realizar ajustes.
Cuando se cerró el nuevo esquema, la NBA adoptó una estructura base que se mantendría durante un cuarto de siglo. En lugar de 66 pelotitas, habría 14 numeradas del 1 al 14. De esas, se extraían cuatro pelotitas para formar una combinación de cuatro dígitos. Los equipos recibían una cantidad de combinaciones según su récord: el peor contaba con 25% de las combinaciones y el mejor con 0,5%. Si dos equipos quedaban empatados en combinaciones, compartían el total y se hacía un sorteo adicional para definir a cuál slot correspondía cada uno si finalmente no subían. Así se veía el formato completo.
Abe Pollin, dueño de Washington Bullets, pidió medidas más fuertes, pero el comisionado Stern marcó límites: dijo que estaba abierto a mejoras que tuvieran sentido, aunque consideraba que estaban “muy cerca” de lo mejor dentro del contexto.
El cambio entonces fue un compromiso. En ese punto de la historia de la liga, había voces fuertes dentro de la NBA que pensaban que el objetivo de balancear talento debía pesar más que el objetivo de desalentar el tankeo. Esa es la discusión que termina guiando casi todos los cambios posteriores: las reformas llegan cuando el balance se inclina demasiado hacia uno u otro lado. Aquí se entendía que el tankeo era una preocupación menor que la injusticia de que un equipo con pocas chances mínimas pudiera repetir dos No. 1 consecutivos.
1994-95: el peor equipo, con matices
En 1995 se sumaron Raptors y Grizzlies, y la lotería pasó a tener 13 participantes en 1996, lo que obligó a ajustar levemente la fórmula. De todos modos, el detalle más importante fue el trato que recibieron en su primera etapa: no quedaron en el final de la lotería como en otros casos de expansión. En 1995, los Grizzlies arrancaron con el pick No. 6 y Raptors eligió No. 7.
En teoría parecía mejor, pero el precio llegó después. Raptors y Grizzlies pudieron participar desde 1996, aunque no podían ganar la lotería hasta 1999. Si en ese período uno de ellos sacaba el No. 1, automáticamente bajaba al No. 2 y se repetía el sorteo del No. 1. Y ocurrió: en 1996, Raptors era el ganador original, pero como no era elegible, se repitió y Philadelphia terminó quedándose con el pick. De no existir esa restricción, Allen Iverson podría haber sido Raptor.
En 2004, Charlotte Bobcats entró con condiciones mucho más favorables: recibió directamente el pick No. 4 en ese Draft, el mayor número histórico para un equipo de expansión durante la era de lotería. Además, no tuvo la restricción de Raptors y Grizzlies para ganar futuras ediciones. Con un 14° equipo en la lotería, las probabilidades se ajustaron otra vez, aunque en forma mínima.
2005-2013: paz de lotería y el final de la expansión
Con líneas generales, el período entre mediados de los 90 y comienzos de la década de 2010 fue el más estable de toda la historia. La única modificación relevante fue la corrección de un error en el trato hacia Raptors y Grizzlies al entrar a la NBA: ese castigo se eliminó para Bobcats.
En ese tramo hubo “paz” de lotería: no se vieron intentos serios de reforma por parte de la liga ni pedidos fuertes de cambios desde otros actores. Sí existió tankeo, con casos destacados como el de LeBron James en 2003. También hubo sorpresas: Chicago saltó del No. 9 al No. 1 para Derrick Rose en 2008. El sistema parecía funcionar… hasta que alguien lo rompió.
2013: nace “The Process”
En 2013, Philadelphia 76ers contrató a Sam Hinkie como presidente del club y gerente general. En su primer Draft eligió a Nerlens Noel, prospecto que venía de recuperarse de una rotura de ACL y por lo tanto se esperaba que se perdiera la mayor parte o la totalidad de su temporada de rookie. Luego, Philadelphia intercambió a Jrue Holiday, el mejor jugador que quedaba en el plantel, por futuras selecciones. Josh Harris, dueño del equipo, explicaría después su estrategia con una frase: “No queremos estar 41-41”. El objetivo era llegar al campeonato.
Antes, en el receso previo, Philadelphia intentó construir de forma tradicional: sumando estrellas. Pero el trade fallido de Tony DiLeo por Andrew Bynum terminó costándole el trabajo. Entonces Harris cambió el rumbo: contrató a Hinkie con un plan de construir un contendiente no sumando, sino restando. Los 76ers iban a transferir a los veteranos relevantes, apostar por prospectos de alto riesgo y alto premio que a menudo ni siquiera jugarían mucho como rookies, y con el tiempo acumular talento de nivel estrella y activos canjeables a fuerza de perder. Ese plan pasó a llamarse “The Process”.
Ese es el punto de inflexión más importante de toda la historia de reformas al Draft. Como se explicó, el tankeo no era nuevo: existía al menos desde 1984 y también había episodios de mala suerte prolongada. Entre 1987 y 2009, los Clippers tuvieron picks top 4 en 10 de los 23 Drafts disponibles y solo llegaron a playoffs en cuatro ocasiones. Pero lo de 2013 era distinto: no era tankeo circunstancial ni acumulación de valor por incompetencia. Era una estrategia dirigida, de varios años, para explotar el sistema.
Y de inmediato aparece una pregunta crítica: ¿por qué nadie lo había hecho antes? Una respuesta típica sugiere que “los nerds rompieron la cultura del deporte”. Hinkie provenía de un perfil poco común: había llegado desde los Houston Rockets, con Daryl Morey como gerente general, y había hecho una maestría en Stanford. Ese contexto lo hacía más apto para cuestionar convenciones, porque no estaba inmerso en lugares que se aferraban de manera dogmática a lo mismo. Los demás equipos conocían incentivos, pero el concepto de “estructura de incentivos” no era algo común en el básquet de ese entonces. La mayoría intentaba ganar porque era lo que se hacía, con algún tankeo ocasional al final. Hinkie era un outsider. Y, como suele pasar, quizá si no era él, iba a ser otro.
No se descarta esa explicación por completo: explica la motivación, aunque no la aprobación para ejecutar. La idea es relativamente obvia. El problema no era “por qué nadie lo pensó antes”, porque alguien casi seguro lo pensó. Era “por qué nadie lo hizo antes”, porque el salto de la teoría a la práctica no se daba. Y ahí aparece otra explicación: el dinero.
La pérdida intencional de varios años no era financieramente viable para la mayoría de la historia de la NBA. En sus inicios, la liga era un negocio de eventos en vivo: las Finales se mostraban con atraso hasta 1982. La prioridad era llenar estadios. La televisión existía, pero no era el motor principal. Los ingresos por TV suelen estar garantizados con años de anticipación mediante contratos largos, sobre todo a nivel nacional. En cambio, las entradas dependen directamente del producto que el equipo entrega en la cancha.
Con el paso de las décadas, los contratos nacionales de medios crecieron de forma exponencial. El primer acuerdo de TV con términos públicos fue el de 1973-74: tres años por 27 millones de dólares, con 9 millones por temporada para la liga. Para 2012-13, la NBA estaba cerca del final de un acuerdo de ocho años por 7.54 mil millones con ESPN y Turner, que pagaba 942.5 millones al año. En ese tramo de casi cuatro décadas, la suba anual de ingresos por televisión fue superior al 10.000%. Y en 2014 la NBA firmó otro mega contrato de 24 mil millones por nueve años. En algún punto de ese período, la NBA pasó de ser principalmente un negocio de eventos en vivo a uno de medios.
El momento exacto del giro es difícil de precisar. Pero alrededor de ese punto hubo otro factor que hizo el tankeo sostenido más llevadero: el lockout de 2011. Durante la temporada 2010-11, la NBA afirmó que 22 de sus 30 equipos perdían dinero. Lo verificable es incierto y depende del contexto: la liga no abrió sus libros. Además, no es lo mismo perder dinero por un modelo con fallas que perder por gastar de más intentando ganar. Aun así, el CBA de 2011 fue una victoria enorme para los dueños: el porcentaje para jugadores bajó de 57% de Basketball Related Income a un rango de 49% a 51%.
Con estas condiciones, el clima financiero para los propietarios mejoró. Harris y su grupo compraron 76ers antes del lockout por 280 millones. Un año después, los Bensons adquirieron Hornets, un equipo que en ese momento pertenecía a la NBA y parecía menos valioso en papel, por 338 millones. Luego, Robert Pera compró Grizzlies por 377 millones, también en un mercado más chico como Memphis. Y el boom quedó expuesto en 2014, cuando Steve Ballmer puso 2.000 millones en Clippers. Era un ciclo de valorización de franquicias: el dueño ya no ganaba principalmente por el ingreso anual del partido, sino por conservar el activo y ver cómo crecía su valor en el tiempo. Harris compró en un momento perfecto.
Con todo eso, se puede armar el cuadro completo: durante gran parte de la historia, era difícil que un equipo pierda intencionalmente de forma sostenida porque costaba demasiado en entradas. En algún tramo entre los 70 y los 2010, la televisión empezó a aportar ingresos multianuales más confiables. El lockout de 2011 trasladó más poder financiero hacia los dueños. Y en ese contexto, perseguir de forma agresiva el contendiente de largo plazo se volvió más seductor, porque el ingreso año a año pesaba menos.
¿A quién le importa pasar dos o tres años malos si eso puede regalar una década de victorias? En valuación, una década de playoffs puede cambiarlo todo. Baste recordar a Golden State: se vendió por 450 millones en 2010 y hoy se estima en unos 11 mil millones. Si un propietario quiere ganar campeonatos, compró barato en un momento en el que parecía que venía otro gran contrato de TV, y puede tolerar una caída de entradas, entonces el tankeo multianual se vuelve viable.
Con el precedente de 76ers, salieron imitadores. El tankeo dejó de ser algo aislado al final de temporada: pasó a ser una estrategia visible que amenazaba la integridad competitiva. No es solo dramatismo: no es únicamente por juegos que no se miran en marzo ni por años feos en televisión. Vuelve la frase de Sonju tras el No. 1 de Orlando en 1993: “Termina con el propósito de usar el Draft para construir equipos más débiles”. Cuando demasiados equipos intentan ser malos, identificar quiénes son “los más débiles” se vuelve más difícil.
La respuesta de la NBA seguramente tuvo motivaciones deportivas y económicas. ESPN informó que otros dueños empujaron a la liga para que guiara la gestión de Philadelphia desde el verano de 2014: como 76ers era un equipo de alto ingreso, se volvía un peso para el sistema de reparto de ganancias y además afectaba la asistencia cuando visitaba otras canchas. De un modo u otro, la NBA intentó reformas rápidas contra “The Process”.
2014: el primer intento serio que se cae
Antes de la temporada 2014-15, la NBA propuso cambios en la lotería al directorio de gobernadores. La idea era que los cuatro peores equipos tuvieran probabilidades idénticas de 11% para el No. 1 y que el sorteo pase de tres equipos a seis. Se esperaba que el plan obtuviera aprobación. Pero el 22 de octubre de 2014, cuando se votó, solo 17 de los 30 gobernadores estaban a favor. Para aprobar se necesitaba mayoría de tres cuartos: 23 de 30. Resultado: el intento de 2014 fue rechazado.
¿Qué pasó? De acuerdo con el relato de Zach Lowe, un gerente general llamado Sam hizo campaña agresiva detrás de escena para votar en contra de la propuesta. No era Sam Hinkie, sino Sam Presti, de Oklahoma City. La explicación reportada era que las reformas harían más difícil recomponer equipos pequeños.
Esto llega en el pico de la “histeria” por el poder de los jugadores. En ese momento, las estrellas todavía cambiaban de equipo con frecuencia vía agencia libre y muchas veces saltaron de mercados chicos a mercados grandes. Si la agencia libre estaba menos disponible para ciertos equipos, Presti convenció a varios clubes —incluidos los Spurs, su ex equipo, y otros manejados por ex colaboradores— de que reformar el sistema podía traer más daño que beneficio. Eso obligó a la liga a volver a la mesa de trabajo.
2017 y 2019: la reforma de “compromiso” y la era de probabilidades planas
El problema del tankeo siguió. Entonces, en 2017, la NBA volvió a intentar con un acuerdo. En lugar de aplanar a 11% para los peores cuatro equipos, lo haría a 14% para los peores tres. Además, el sorteo propuesto para seis equipos se redujo a cuatro, manteniendo una mejora frente a los tres equipos que entraban en la lotería en ese entonces. El 28 de septiembre de 2017, la propuesta fue aprobada 28-1-1: Oklahoma City votó en contra y Dallas se abstuvo.
Importante: incluso Philadelphia, ya inmersa en su etapa de tankeo y buscando ganar, votó a favor. Hinkie renunció en 2016, meses después de que Jerry Colangelo fuera contratado como presidente de operaciones de básquet. Durante años persistieron rumores de que la NBA había influido en ese nombramiento, sobre todo tras un final desastroso de su etapa allí. Adam Silver negó esos señalamientos. Dijo que su único rol fue hacer la presentación de Jerry para Josh Harris y que el proceso lo impulsó Harris y no fue una presión desde la oficina de la liga.
Este nuevo formato comenzó a regir para el Draft de 2019, no para el Draft 2018, para que los equipos tuvieran más tiempo de adaptación. Ese es el esquema de probabilidades que quedó vigente hasta el Draft de 2026.
La teoría era que, al reducir el beneficio de ser extremadamente malo, los clubes tendrían menos incentivo para desarmar planteles como le pasó a Philadelphia. Con más aleatoriedad en la lotería, se suponía que habría más miedo real a “meterse” en el tankeo. Pero el resultado fue el opuesto: estas modificaciones impulsaron algunos de los episodios más extendidos de tankeo de la historia.
Al volver menos valiosos los primeros lugares, la NBA hizo que los puestos del medio se volvieran mucho más relevantes. Todo lo que se quitaba a los equipos de la base tenía que ir a algún lado: de repente, los equipos en la mitad de la lotería —e incluso los que peleaban por el Play-In— tenían más para ganar tankeando. En el sistema nuevo, cualquier lugar entre No. 4 y No. 13 tenía mayores probabilidades de llegar al No. 1 que en el sistema anterior. Con eso, tankear para subir uno o dos puestos podía resultar más rentable.
Si se trae la frase de Bob Ferry de 1985, aparece la lógica: “Algunos equipos que apenas podrían llegar a playoffs y no tienen chances reales de ganar preferirían no llegar”. Con este formato, la matemática apoya ese razonamiento más que nunca. Aunque la motivación principal fuera un pick protegido, también sirve una referencia reciente: Mavericks 2022-23 decidió tankear sus dos últimos partidos, aun estando matemáticamente vivo para meterse en la postemporada.
Sumado a eso, el aumento del sorteo de tres a cuatro equipos les dio otro motivo a los peores. Ya no buscaban maximizar el mejor escenario, sino minimizar el peor. El peor equipo pasó a poder elegir como mínimo No. 5. Y aunque el tercer peor tuviera la misma probabilidad de No. 1, su “piso” de Draft era más bajo: terminaba en No. 7. El objetivo de aplanar entre los tres peores era cortar la competencia por el peor récord, pero el “pesadilla” de sacrificar una temporada entera para terminar en el No. 7 asustó a esos clubes, empujándolos a tankear todavía más.
La reforma de lotería no fue el único motor de la crisis. Hubo otro factor, más sutil pero igual de importante: cambios de reglas que en gran parte no estaban pensados para interactuar directamente con el Draft.
En el CBA de 2011, las extensiones estándar de veteranos tenían un tope de 107,5% del salario previo o del salario promedio estimado, lo que fuera mayor, siempre que ese número no superara el máximo del jugador. En el CBA de 2017 subió a 120% y en 2023 subió a 140%. Con la introducción del supermax en 2017, se hizo mucho más fácil firmar extensiones con el mismo club.
Eso generó un circuito que prácticamente frenó la agencia libre de alto nivel. Los mejores jugadores firmaron extensiones porque se volvió viable. Los equipos vieron menos agentes libres de jerarquía disponibles y dejaron de reservar espacio salarial: en lugar de eso, extendieron a los suyos. A su vez, los jugadores vieron menos espacio disponible, y el ciclo siguió. En 2025, solo cuatro agentes libres cambiaron de equipo por más del mid-level no imponible, y tres de esos movimientos llegaron vía sign-and-trade con diferencias apenas superiores. El único agente libre que firmó en el espacio salarial de otro club con un salario parecido a un sueldo de titular promedio fue Myles Turner.
Con una agencia libre menos determinante, los equipos se volvieron todavía más dependientes de los canjes para incorporar talento veterano. Y como todos lo entendieron, el precio de conseguir perfiles que antes estaban disponibles con más facilidad en agencia libre se disparó: jugadores que nunca fueron All-Star comenzaron a ser negociados por varias primeras rondas. Si no se puede construir con agencia libre o trades con la misma confiabilidad que antes, aumenta el peso del Draft y, con eso, el tankeo.
Todo esto lleva a la temporada 2025-26, que —en términos de tankeo— puede considerarse una de las peores de la historia. En febrero, la NBA multó a Utah Jazz con 500.000 dólares por conductas perjudiciales para la liga y a Indiana Pacers con 100.000 por violar la política de participación de jugadores. En el comunicado sobre sanciones, Silver dejó ver que la liga quiere introducir cambios.
“La conducta abierta que pone la posición de Draft por encima de ganar socava la base de la competencia en la NBA y responderemos en consecuencia ante cualquier acción adicional que comprometa la integridad de nuestros partidos”, afirmó Silver. Además, indicó que trabajan con la Competition Committee y el Board of Governors para aplicar más medidas contra este tipo de comportamientos.
Las primeras ideas fueron relativamente acotadas. Se reportó que en diciembre hubo una sesión de intercambio de ideas con ejes como limitar protecciones de picks en canjes, impedir terminar en el top cuatro de la lotería dos años consecutivos y hasta “fijar” el orden de la lotería el 1 de marzo para evitar el tankeo más escandaloso del final de las temporadas. Pero mientras las charlas avanzaban, el informe sugiere que la NBA decidió que esas medidas no alcanzaban.
En este punto, el reporte indica que la liga habría cerrado una propuesta concreta.
Ese último detalle es clave, porque si algo enseñó esta historia es que el ciclo de estas reformas suele repetirse de forma parecida. En los próximos años es probable que baje el tankeo, pero factores externos —como futuros Drafts más flojos y la “graduación” natural de equipos que ya están en su ciclo de reconstrucción— pueden pesar tanto o más que los cambios mismos.
Y luego, casi seguro, algo pasa: siempre pasa. Un club se va a quedar con una suerte que amenace el balance competitivo, como pasó con Magic en 1993. Podría ser un Thunder o un Spurs ganando una lotería con un pick canjeado, o que la trayectoria de un equipo con playoffs incorrectos cambie fuerte por un solo sorteo. Al mismo tiempo, será cada vez más difícil que aparezcan nuevos retadores sin varios años seguidos de picks altos confiables. La “clase alta” de la NBA quedará más enquistada, pero también la clase baja. Un puñado de equipos recibirá los golpes más duros: mala racha de lotería, años de reconstrucción y un alejamiento de hinchadas que sienten que ya no hay una esperanza real de largo plazo.
Por eso, en algún momento cercano —potencialmente en 2029, o quizá más adelante si hace falta ver los efectos no buscados— seguramente se volverá a discutir todo. Si las reformas fallan, crecerán ideas más extremas: tal vez separarse de manera más seria del récord como base del orden de Draft, como proponen esquemas tipo “wheel” o la idea de rookie free agency. Si las superestrellas ocupan un lugar tan único en el básquet como en otros deportes, quizá la única forma realmente justa de asignarlas sea con azar total. Si no, quizá las probabilidades vuelvan a endurecerse, como ocurrió en 1994.
Lo único seguro es que ninguna solución conforma a todos. Darle formato al Draft es elegir veneno. Hoy, la opinión predominante en la NBA parece ser que el tankeo corroe tanto el ecosistema que la liga está dispuesta a diluir su mecanismo de paridad para erradicar el perder intencional. Esa fue la postura en 1984 también. Pero el péndulo vuelve: siempre vuelve.