Entrada la noche del martes, la estadística histórica marcaba un camino casi imposible: desde 1997, ningún equipo se había recuperado en playoffs cuando caía por 22 o más en el último cuarto. Anoche, los Knicks se encargaron de romper esa regla. Y, como si hiciera falta otro ingrediente para la locura, las Finales de Conferencia en la previa del Este y el Oeste dejaron un dato inédito: por primera vez en la historia, ambos partidos de ida se fueron a prórroga. Mientras tanto, esta noche la historia sigue: el Juego 2 del Oeste asoma en Oklahoma City, con Victor Wembanyama y los Spurs buscando ponerse 2-0 arriba ante Shai Gilgeous-Alexander y el Thunder.
Los números
- Marcador: Knicks 115, Cavaliers 104 (prórroga).
- Racha histórica: era 1-594 desde 1997 cuando un equipo llegaba al último cuarto de un partido de playoffs perdiendo por 22 o más; terminó siendo 2-594 gracias a Nueva York.
- El gran protagonista: Jalen Brunson firmó 38 puntos, 6 asistencias y 3 robos.
- Cierre clave: el equipo de Manhattan cerró la noche con una corrida de 44-11 entre el cierre del cuarto y la prórroga, para sellar el triunfo.
- Control defensivo de los Knicks: Cleveland quedó 4 de 18 en tiros (22,2%) durante el tramo final (44-11) y promedió apenas 0,85 puntos por minuto en ese período.
- Juego 2 del Oeste: Spurs vs. Thunder, desde las 8:30 ET (NBC y Peacock).
Brunson y los Knicks: la remontada más grande en una Final de Conferencia
En la madrugada de un nuevo capítulo del básquet grande, el Este empezó con un golpe de escena en el Madison Square Garden. Un día después del dobletiempo extra en Oklahoma City, la serie se encendió en Nueva York con un guion que parecía escrito para el improbable: los Cavaliers llegaron a mandar por 22 con 7:52 por jugar en el cuarto cuarto.
Ahí apareció Brunson, con una actuación que funcionó como motor y como termómetro de lo que estaba pasando. Con Mitchell en modo “control absoluto” —29 puntos y 5 rebotes— Cleveland llegó a dominar 93-71 a mitad del último cuarto, y el Garden se apagaba. Pero cuatro minutos más tarde, el partido cambió de aire: los Knicks montaron una catarata de 18-1 para quedar a cinco, y el impulso terminó de explotar con una racha personal de Brunson que fue de 11-0, metiendo al MSG en una frenesí total.
Desde ahí, el final del tiempo regular y la prórroga se convirtieron en una sucesión de respuestas. Landry Shamet aportó un triple que pareció imposible por cómo rebotó: entró y emparejó el partido en 99 con 44 segundos por jugar. Cuando Harden contestó con una canasta de dos, volvió a aparecer el “capitán” para clavar el flotador del empate con 19 segundos en el reloj.
En el último intento del tiempo regular, Cleveland tuvo una chance para cerrar el partido, pero el potencial triple ganador de Sam Merrill no entró. Entonces los Knicks no solo siguieron: dominaron el tiempo extra con un parcial de 14-3 para quedarse con el Juego 1.
La dimensión del hecho es enorme: fue la remontada más grande en una Final de Conferencia desde que existen registros de play-by-play en 1997. También representó la mayor remontada de la historia de la franquicia de los Knicks en playoffs.
Y el dato que agranda la gesta es el contexto estadístico: en la era del play-by-play, 595 equipos habían enfrentado un déficit de 20 o más en el último cuarto de un duelo de playoffs. Solo uno había logrado remontarlo: los Clippers en el Juego 1 de la primera ronda de 2012 ante Memphis. En Finales de Conferencia, además, el registro era cruel: de 68 equipos que llegaron con 20 o más abajo en el cuarto cuarto, los 68 perdieron.
Tras el partido, el entrenador Mike Brown resumió el sentimiento del plantel: no importa cuánto estuvieran abajo, “encontrar la manera de volver y ganar” fue lo que dejó esa noche en el grupo. Y el “plano completo” de la serie tiene un eco: en el Juego 1 de las Finales del Este de 2025 en el mismo escenario, los Knicks vieron cómo Indiana borraba un déficit de 14 con 2:50 por jugar, forzando la prórroga con un buzzer-beater icónico de Tyrese Haliburton, antes de que Nueva York quedara afuera en seis.
Un año después, en la misma cancha, el giro fue para Nueva York: un rally casi imposible que reflejó el carácter colectivo del equipo.
Defensa, baloncesto de cierre y el “modo ganador” de Brunson
El tramo decisivo dejó números que hablan por sí solos. En el cierre de 44-11 —desde los 7:52 del cuarto cuarto hasta el final de la prórroga— los Knicks controlaron el ataque de Cleveland: 4 de 18 en tiros (22,2%) y apenas 0,85 puntos por minuto.
En ofensiva, la película fue distinta para Nueva York. En ese lapso clavaron 15 de 20 para un 75%. OG Anunoby aportó 10 puntos, Landry Shamet 9 y Mikal Bridges 6: una combinación de 25 tantos y, sobre todo, canastas oportunas en el momento exacto.
Brunson, mientras tanto, fue el eje absoluto del tramo final. Con 17 puntos y 8 de 10 en tiros, terminó superando en anotación a Cleveland en ese período y encendió —y luego enfrió— el rally histórico.
Karl-Anthony Towns también dejó su lectura: fue un testimonio del temple y la resiliencia del vestuario. No era tanto cuestión de actuaciones individuales aisladas, sino de encontrar la manera de ganar: “Eso es lo especial esta noche”.
“Jalen Brunson es especial”: otra vez, el cuarto cuarto cambia el partido
La remontada no nació de la nada: en el MSG hardwood, Brunson se fue apropiando del partido cuando más importaba. Donovan Mitchell aportó una ráfaga en el tercer cuarto —10 puntos— que empujó a los Cavaliers a una ventaja que llegó a ser de 15, y que luego se agrandó a más de 20 tras un triple en el cuarto cuarto.
Brunson fue directo cuando le preguntaron por ese pasaje: “la forma en que estábamos jugando en esa parte del segundo y tercero no era la nuestra”. Entonces hizo lo que tantas veces hace en playoffs: elevó el nivel cuando el partido exigía otra cosa.
Desde 2023, Brunson lidera en puntos en el cuarto cuarto de los playoffs. En esta noche, además, encajó su cuarto cuarto de playoffs con 15 o más puntos desde 2023 (el primero con los Knicks), un número que empata con Mitchell y con Anthony Edwards en ese rango. Y hubo un detalle más: por cuarta vez en estos playoffs, Brunson superó a su rival en un estirón de 10+ puntos consecutivos que llegó a un 11-1 sobre los Cavaliers en un tramo de cuatro posesiones.
El propio Brunson explicó que, cuando el balón entra, la tarea es simple: buscar sus espacios, fabricar jugadas y confiar en el trabajo. El entrenador Mike Brown, por su parte, lo respaldó con una frase contundente: sin una actuación al nivel de un MVP, el equipo no lo saca. “Fue fenomenal”.
Cuando Brunson está en “modo victoria”, la defensa que tenga enfrente en el tramo final deja de ser lo determinante. Su enfoque fue el de siempre: llegar a spots, ejecutar y confiar.
El rendimiento ofensivo también dejó marca. Fue su cuarto partido de 30+ puntos en estos playoffs, y todos llegaron en victorias. Además, elevó su valoración ofensiva (OffRtg) a 125,8 en su carrera de playoffs para este tramo, su mejor marca en playoffs en esta postemporada.
Brown lo describió como el líder que empuja el plan: Brunson “siente” cosas dentro del partido y se asegura de que el resto lo entienda; sus compañeros responden. Towns, desde la banca, agregó que cuando Brunson juega así y fabrica puntos, es un privilegio verlo desde primera fila.
Wembanyama y la defensa: el “regalo” que dejó el Juego 1 del Oeste
Mientras el Este explotaba con Knicks y Cavaliers, el Oeste ya tenía su propio espectáculo. Victor Wembanyama dejó al mundo del deporte prendido con su actuación del Juego 1, y ahora la pregunta es inmediata: ¿cómo responde esta noche en el Juego 2 (8:30 ET)?
Más allá de sus 40 puntos, sus 16 en la parte clave y algunos momentos espectaculares —como el triple casi desde la línea del logotipo—, Wembanyama cumplió también con lo que lo hace diferente: su impacto defensivo. Y ahí hubo números que hablan.
Cuando Wemby estuvo en cancha, el Thunder tiró 36,9% desde el campo (31 de 84). Con él fuera, el equipo de Oklahoma City subió el porcentaje a 58,8% (10 de 17): una diferencia brutal que marca su peso defensivo.
En el poste y cerca del aro, OKC no encontró comodidad. En el Juego 1, limitaron a los rivales a solo 38 tiros en el “pintura” (PITP), el registro más bajo de estos playoffs. Wemby contestó 12 intentos en el área pintada, más que cualquier otro jugador, y además sumó 3 bloqueos.
El impacto global también se vio en el reloj: en casi 49 minutos, terminó con +16, que fue el mejor diferencial del juego.
El entrenador Mitch Johnson remarcó que defensivamente estuvo en su postura casi toda la noche, y que ese trabajo “lideró el camino”. Y lo sostuvo con un detalle: fueron 49 minutos enormes y de alto nivel durante la mayor parte del tiempo.
Ese rendimiento defensivo no fue una casualidad: el lunes estuvo en línea con sus números y con su efectividad ante el Thunder durante toda la temporada. En cinco partidos de temporada regular defendiendo a Oklahoma City (récord 4-1), su DefRtg pasó de 103,6 a 99,6, con un +10 en el diferencial.
El repaso por sus últimas presentaciones muestra un patrón de “subir en las grandes noches”. En la Emirates NBA Cup, tras volver de una ausencia de 12 partidos, ayudó a San Antonio a conseguir su primera victoria del curso ante OKC. Wemby (por la molestia de gemelo) hizo que el público de Las Vegas cantara “M-V-P” mientras sumaba 22 puntos, 9 rebotes y +21 en solo 20 minutos en las semifinales del West Cup.
Luego, en el Día de Navidad, volvió a aportar para una tercera victoria de ese tramo ante Oklahoma City: 19 puntos y 11 rebotes, con los Spurs dejándole a los campeones defensores su primera derrota en casa en su partido 31.
En el All-Star 2026, aunque Ant Edwards se quedó con el MVP, Wemby marcó el tono: en los dos mini-juegos con Team World, sumó 33 puntos, y solo Kawhi Leonard lo superó en ese rubro.
Y en los cierres de postemporada, ya con protocolos de conmoción superados, regresó con energía: 17 puntos, 14 rebotes y 6 bloqueos para cerrar la serie ante Portland en la primera ronda, y después sumó 19 puntos y 3 bloqueos para eliminar a Minnesota en las semifinales del Oeste.
Johnson sintetizó la idea: en sus tres años, en distintas situaciones y circunstancias, Wembanyama ataca los momentos importantes. Y el propio jugador lo sostuvo: “la relentlidad está construida”, y aunque el desgaste llega, el descanso llega en julio.
Ahora, el escenario vuelve a ser gigante: esta noche en Oklahoma City, con el Juego 2 del Oeste como siguiente prueba.
Dylan Harper y el salto de un rookie: paciencia que termina pagando
El Juego 1 del Oeste también tuvo un protagonista inesperado: el rookie Dylan Harper. El partido estaba por comenzar, cuando el panorama cambió para San Antonio y para el propio jugador.
Spurs contra Thunder, con un boleto a las Finales de la NBA en juego y con todo el mundo mirando. Pero Harper recibió la noticia antes del salto inicial: De’Aaron Fox, el guard veterano, se había quedado afuera por una lesión de tobillo. Así, el joven de 20 años saltó directo al quinteto inicial.
Harper explicó su mentalidad previa: tratarlo como cualquier otro juego, ser él mismo y mantenerse en modo ataque todo el tiempo.
La expectativa era clara: convertirse en el primer rookie en debutar como titular en una Final de Conferencia en el Oeste desde 1979. En la temporada regular había arrancado solo 4 partidos. En su quinto, el salto fue histórico: una producción que no se veía en más de 50 años.
Harper cerró con 24 puntos, 11 rebotes, 6 asistencias y 7 robos. Fue el primer jugador en conseguir un conjunto así en un partido de playoffs desde que se registran los robos en 1973-74. Además, en el mismo período, solo otros dos jugadores habían llegado al menos a 20/10/5/5 en una Final de Conferencia: Julius Erving (1980) y Larry Bird (1981).
El detalle del “ataque” también fue clave: 14 de sus 24 puntos llegaron en la pintura. En el cuarto cuarto y la prórroga, anotó 11 y jugó 20 de las 22 fracciones disponibles en ese tramo.
En los momentos de presión, Harper tuvo peso real. A los 2:04 en doble prórroga, metió una jugada de “and-one” para poner a los Spurs arriba por cuatro, y luego selló el resultado desde la línea de libres con 15 segundos por jugar.
El entrenador Mitch Johnson lo elogió: Harper mostró compostura más allá de su edad, su agresividad fue fenomenal y además fue incluso mejor defensivamente.
El impulso del rookie no fue solo un pico: esos 7 robos establecieron récord de un partido de playoffs para San Antonio, y terminó con +14 en el diferencial, quedando solo por detrás de Wemby, a lo largo de 47 minutos.
Ese nivel no fue una explosión repentina: fue el paso más reciente en una escalada sostenida. Harper fue el pick número 2 del draft del año pasado y, en sus primeros 4 arranques de la temporada, sus números lo ubicaron en el puesto 19 entre los demás jugadores de primera ronda. Pero el camino fue más lento y él lo aceptó: aprendió de Fox y de Stephon Castle, que venía con protagonismo, y fue ganando terreno con el correr de las semanas.
En playoffs, el salto fue todavía mayor. Pasó de 11,8 puntos por partido en temporada regular a 14,6 en esta postemporada. También subieron sus rebotes (5,6), sus robos (1,7) y sus minutos (27) por encuentro. Y ya lleva tres partidos de 24+ puntos en estos playoffs, más que en toda la temporada regular (2).
¿Qué lo mantuvo firme en la paciencia? Harper respondió después del Juego 1: “para momentos como este”. Estar cerca de dos bases de elite como Steph y Fox le dio una perspectiva que muchos no veían al principio; él la vio y decidió insistir.
Ahora, esa espera le paga en una de las grandes vitrinas: iniciar para San Antonio en las Finales del Oeste. “Significa el mundo”, dijo Harper, y aseguró que no querría estar en otro lado.
OKC y la pregunta del Juego 2: ¿cómo se reacciona tras la primera caída?
La otra cara de la moneda del Oeste es la reacción de Oklahoma City. Perder no es algo que el Thunder tenga naturalizado en esta etapa del año.
Desde el Juego 7 de las Finales del año pasado, OKC había ganado nueve partidos consecutivos de playoffs. Además, había barrido a Suns y Lakers con una diferencia promedio de 16,6 puntos en sus eliminatorias.
Eso cambió el lunes ante los Spurs. Ahora, el campeón defensor necesita recomponerse después de un corazón partido que terminó en doble prórroga.
Para liderar esa respuesta, hay un nombre que siempre aparece en situaciones así: Alex Caruso, campeón de la NBA en dos ocasiones. El escolta/defensa fue el mejor anotador del Juego 1 saliendo desde el banco con 31 puntos.
Pero su aporte fue más allá del goleo. Caruso fue el defensor principal de Victor Wembanyama, le forzó dos pérdidas y mantuvo al resto del equipo rival con un 2 de 10 en tiros. Shai Gilgeous-Alexander lo dijo sin vueltas: está orgulloso de Alex y espera ese nivel, especialmente en esta época del año. “Siempre lo trae”, aseguró.
El Thunder también tendrá que recibir más contribuciones del resto de la rotación en el Juego 2.
En ese sentido, Chet Holmgren aparece como referencia ofensiva y de rebote. En las semifinales del Oeste promedió 20 puntos y 9,8 rebotes, pero el lunes se quedó en 8 y 8, respectivamente. Aun así, el dato de confianza está: OKC queda 25-1 en temporada regular y postemporada cuando Holmgren anota 20 o más puntos.
Gilgeous-Alexander, recién coronado MVP consecutivo de la Kia NBA, también reconoció sus problemas después del partido. En el Juego 1 tiró 7 de 23 desde el campo, aunque igual aportó 24 puntos.
Su mensaje fue de madurez: a veces estás en tu mejor versión y a veces no; hay que seguir, no desanimarse y mantenerse fiel a lo que sos. También habló del cierre: OKC arrancó el partido con un 1 de 5 en cancha, pero lo dio vuelta con 16 puntos en los tramos decisivos para quedar a un paso de la victoria.
Ahora, la misión para el Juego 2 es clara: volver a responder. Y el dato que acompaña al Thunder es que en esta temporada tiene un historial de 13-5 cuando pierde un partido.