Knicks con Mike Brown: ofensiva mejora, pero queda un aviso en Game 2

ByMartín Gutiérrez

Apr 21, 2026

Mike Brown desembarcó en Nueva York con una lista de reclamos de la hinchada para atender, heredados de la etapa de Tom Thibodeau. En su primera temporada regular al frente, prácticamente se encargó de barrer buena parte de ese “bajo colgado” inmediato.

La mejora de la ofensiva: triple, pases y eficiencia de movimiento

En el apartado más visible, la selección de lanzamientos cambió. Los Knicks pasaron del puesto 28 al 12 en tasa de intentos de triple. Y en la misma línea, el problema de circulación de pelota y de movimiento de jugadores también mostró señales de corrección: los datos de seguimiento indican que Nueva York escaló del 18 al 14 en pases por partido, y del 21 al 10 en distancia promedio recorrida por juego en acciones ofensivas.

Rotaciones y defensa: profundidad, decisiones y números de “Cleaning the Glass”

¿Lineups con Jalen Brunson y Karl-Anthony Towns juntos que no defendían lo suficiente? Esos quintetos habían estado en el 41° percentil en eficiencia defensiva la campaña pasada, pero en la actual treparon al 52° percentil, de acuerdo con “Cleaning the Glass”.

¿Dependencia excesiva de los titulares? El año anterior, el cinco inicial de Nueva York acumuló 940 minutos de temporada regular, 226 más que cualquier otra unidad de cinco. Esta temporada, esos mismos jugadores jugaron 541, al punto de no ser siquiera el conjunto más utilizado en la liga. La profundidad de los Knicks es tal que ni siquiera José Alvarado —refuerzo en el cierre— tuvo minutos en el primer partido de la serie contra Atlanta.

Incluso circulan versiones sobre el rookie Mo Diawara, al que se menciona como “escondido” antes de su agencia libre restringida en el verano. En resumen: Nueva York pasó de tener dudas de reparto a disponer de fondo de rotación.

Temporada regular: el éxito en el papel y el examen real en playoffs

Sobre el papel, el debut de Brown aparece como un enorme éxito. Sin embargo, esa lectura no termina de sentirse del todo porque, en la práctica, la temporada regular ya no funciona como termómetro decisivo del rendimiento de este equipo. En las últimas cuatro campañas, los Knicks promediaron alrededor de 50 victorias. Además, ganaron al menos una serie de playoffs en forma consecutiva durante tres años.

Con un propietario que no se guarda expectativas de Finales en la radio, el mensaje queda claro: los avances en regular season “son lindos”, pero no valen si no se traducen en playoffs. Ganarle a Washington y a Brooklyn en marzo suma, sí, pero el camino del Este —este año— se mide con Detroit, Boston y Cleveland: tres equipos a los que Thibodeau les ganó en los playoffs recientes. Son el listón.

El primer gran examen de Brown: el tropiezo ante Atlanta

El problema es que la gran prueba de Brown como entrenador de Nueva York no llegó contra uno de esos rivales del “listón”. Le tocó en la primera ronda frente a un equipo que, en términos de papel, los Knicks deberían haber resuelto con comodidad. En el Juego 2 ante los Atlanta Hawks, Nueva York llegó a tener ventajas de doble dígito en ambos tiempos, incluyendo 12 puntos al comienzo del cuarto final.

Además, no era un tipo de caída habitual: la última vez que los Knicks desperdiciaron una ventaja tan grande con tan poco tiempo en un partido de playoffs en casa databa de 1994 contra los Pacers. Esta vez ocurrió el lunes y, casi por completo, se trató de una herida autoinfligida. Si ese era un test real para Brown, el resultado no lo favoreció.

El tramo final y el “dilema Towns”: pantallas, rol y el problema de emparejamientos

La forma más notoria del colapso se dio en los minutos finales. Con 4:24 por jugar, Karl-Anthony Towns intentó y falló un triple; de ahí en más, ese fue el último toque claro del balón para él. En el ataque, su participación hasta ese momento se redujo a dos recursos: una acción de “screen the screener” para habilitar a Josh Hart a hacer pantalla para Jalen Brunson con menos de cuatro minutos; y, cerca de los 50 segundos, un ball screen para Brunson. Fuera de eso, Towns quedó principalmente como espaciador.

En teoría, Towns puede funcionar como espaciador de piso. En ciertos cruces, no sería un problema si queda como apoyo mientras Brunson “cocina”. Pero aquí el contexto era otro: Towns venía de anotar 14 puntos con 6 de 7 en el tercer cuarto y estaba defendido por Jonathan Kuminga. El historial reciente de Nueva York muestra que cuando los rivales colocan un ala para marcar a Towns y un centro más débil en el tiro contra Hart, la ofensiva neoyorquina sufre. Y en el tramo final de este juego, ese guion se repitió: Onyeka Okongwu terminó tomando el duelo con Hart.

El inconveniente para Brown fue no haber resuelto algo que ya estaba identificado desde el ciclo anterior. No es un detalle menor pensando en qué pasa más adelante en la postemporada.

Okongwu no “apareció” cerca del aro, pero el ataque se apagó

No es que Okongwu estuviera escondido en la pintura para incomodar un rol de corte. Como Hart era el principal que hacía pantallas para Brunson, Okongwu quedó con la posibilidad de cambiarse hacia la pelota muy lejos del perímetro. Los Knicks no pudieron sacar partido, en gran parte, porque gran parte del ataque del cierre se convirtió en un proceso lento: demasiados minutos con jugadores —normalmente Brunson, a veces otros— llevando la pelota para “desinflar” el reloj y buscar que el tiempo haga el resto.

Y sí: se puede argumentar que Nueva York “tiene derecho” a hacerlo. Los partidos de figura de Brunson en playoffs están bien documentados, y además el conjunto terminó con la ofensiva de cierre número 3 de la NBA esta temporada.

Pero entonces aparece la pregunta: si no se va a meter a Towns en el plan ofensivo, ¿de verdad tiene que estar en cancha? La respuesta puede ser que se obtiene valor por su rol de espaciador, pero el tamaño es una ventaja central de Nueva York en esta serie. Si no se explotan los desajustes que él provoca, el argumento cambia: quizás convenía cerrar con Mitchell Robinson y acentuar el componente defensivo para sostener la ventaja.

Towns y el uso en ataque: pocos intentos y un mensaje después de perder con Detroit

Lo que terminó explotando en el Juego 2 se encadena con problemas que venían atravesando Towns y los Knicks durante toda la temporada. El alero-pívot tuvo un volumen de lanzamientos por debajo de lo habitual: intentó apenas 13.8 tiros de campo por partido, su marca más baja en carrera.

Tras un partido de febrero que Nueva York perdió ante Detroit, aunque los Pistons habían llegado sin sus dos mejores centros, Towns resumió el momento así: “Nuestra ofensiva es nuestra ofensiva”, y sostuvo que “así fue todo el año”. Con ese panorama, en los primeros dos partidos de playoffs, Towns acumuló 25 intentos totales. Para un jugador de contrato máximo y perfil ofensivo, y encima enfrentando a un rival más chico, el uso no parece ideal.

El problema no fue solo el “crunch”: también hubo minutos mal administrados

La explicación del colapso no puede recaer únicamente en lo que pasa en los últimos minutos. En el Juego 1, por ejemplo, Atlanta superó a los Knicks por ocho puntos en los últimos tres minutos y medio, incluyendo una racha de 11-0 que seguramente le devolvió a los hinchas escenas del derrumbe en el Juego 1 ante Indiana del año anterior. La diferencia es que allí Nueva York había construido una ventaja enorme (19 puntos) y el daño no fue decisivo.

En el Juego 2, la ventaja fue más chica: apenas ocho puntos con cinco minutos por jugar. Y parte de ese deterioro se relaciona con el manejo de las rotaciones de banca.

En el Juego 2, los Knicks dejaron fuera a Brunson y a Towns al mismo tiempo durante cerca de 12 minutos en total. En esos minutos perdieron por ocho. La decisión parecería tener una lógica: en el cruce, Nueva York evitó superponer el tiempo en cancha de Towns y Robinson. Tiene sentido usar a Robinson temprano en los cuartos o en los últimos dos minutos como mecanismo de disuasión ante faltas intencionales: el motivo es que, si llega al bonus, la penalización cambia y, en el cierre, un foul sin balón en los últimos dos minutos deriva en una sola posesión de tiros libres y no en dos.

Como Brunson se sienta temprano en el segundo y el cuarto, aparentemente Towns también siguió ese patrón.

El costo: cuando no están, el equipo puede quedar expuesto

El problema de no escalonarlos, sin embargo, es que los lineups con Towns y sin Brunson ya acumulan un historial relativamente sólido. En los últimos dos años regulares, esos tramos dejaron un +11.5 de valoración neta; y en el último playoffs fue +14.9. Son esquemas que rinden bien defensivamente, pero además funcionan como forma de mantener a Towns “metido” en el ataque para esos momentos finales que muchas veces terminan siendo demasiado Brunson-céntricos.

La contracara es otra: pedirle a alineaciones de banca —sin sus dos (o a veces tres) creadores principales— que anoten de manera eficiente es una exigencia demasiado alta. Atlanta lo aprovechó: convirtió un déficit de nueve en el primer cuarto en un breve liderazgo durante un tramo donde Nueva York jugó con un solo titular en pista, OG Anunoby, y luego con Hart como único de esos titulares.

La defensa de Brown: “no creo que se haya ido el partido”

Brown respaldó la idea de usar lineups sin Brunson o sin Towns. “No (creo) que el juego se nos haya ido ahí”, dijo a los reporteros. Y agregó que ya habían probado esa alineación hacia el final de la temporada regular y que “había salido bastante bien”.

El detalle es que, como señaló un cronista de Clippers, Brown tenía razón en lo técnico: Nueva York quedó +32 con ambos fuera de cancha desde el 1 de marzo. Pero antes de esa fecha, en situaciones parecidas, el balance era -63. Visto el desarrollo del Juego 2, cuesta no cuestionar por qué no se escalonaron a las dos estrellas. Con rivales de nivel playoff y con el scouting correspondiente, es más difícil “cubrir” minutos sin estrellas.

Una decisión mínima lo definió todo: timeout, libres fallados y el tiro final

En partidos como este, cada punto y cada determinación pesan. De hecho, el Juego 2 se definió por uno. El final fue una secuencia frenética: CJ McCollum falló dos tiros libres y Mikal Bridges terminó tomando y errando un tiro de campo disputado para ganar el partido.

Hubo confusión en la transmisión, pero el punto clave es que Nueva York no contaba con un timeout que le permitiera ordenar otra jugada. Aun así, parte de esa falta se explica por decisiones tomadas antes en el cuarto.

En la recta final, los equipos solo pueden usar dos timeouts en los últimos tres minutos de un medio. Brown pudo haber tomado uno con el formato “use it or lose it” antes de llegar al corte de los tres minutos, pero no lo hizo. En cambio, eligió usar un timeout con 2:43 por jugar. Brown explicó después el motivo: “Un par de posesiones no salieron fluidas y quería asegurarme de que tuviéramos algo a lo que ir”.

El efecto colateral fue duro: el timeout que Brown usó con 10 segundos por delante para armar el triple de Brunson que acercó a Nueva York a un punto fue el último disponible en la regulación.

MIKAL BRIDGES FALLA EL TIRO PARA GANAR

HAWKS LE ROBAN EL JUEGO 2 EN MSG pic.twitter.com/OqFNI5dCRL

¿Y si Brown hubiera tenido el timeout? La duda que queda

Brown no estaba seguro de que, incluso si lo hubiera tenido, lo usaría igual. “Cinco a siete segundos está cerca”, explicó. “Podría haber tomado un timeout, si lo tenía, y también podría no haberlo hecho. Sentí que era un buen tiro. Mikal corrió la cancha y llegó a su lugar. Estaba un poco desbalanceado, pero no creo que el lanzamiento estuviera bajo una presión enorme. Son tiros que ha convertido por nosotros en el pasado”.

Aun si Bridges tiene ese tipo de capacidad, el argumento es que probablemente no sea el lanzamiento que uno diseñaría para una situación tan específica. Toda la temporada se apoyaron en Brunson en ese tipo de escenarios: segundos antes, ya habían armado una canasta para él. Incluso ante una defensa preparada, lo más lógico era volver a buscarlo.

Brown no fue el único responsable: la noche de libres y el “outlier” de playoffs

Brown no es la única razón por la que Nueva York perdió el Juego 2. Es difícil ignorar la diferencia en tiros libres: 10 fallos de Nueva York desde la línea hacen casi imposible ganar un partido cerrado de playoffs. McCollum también acertó varios lanzamientos bien defendidos en el tramo final.

Pero en playoffs todo puede desordenarse. Volver al recuerdo del Juego 1 ante Indiana el año pasado sirve como espejo: a veces el rival mete tiros que no debería; a veces tu equipo falla lanzamientos que sí tendría que convertir. No hay mucho margen para controlar esos picos. Lo que sí depende del entrenador es tratar de “blindar” al equipo para que esos momentos atípicos duelan menos: construir una ventaja lo suficientemente grande y capturar suficientes “bajos colgados” para que el impacto de lo inesperado no sea tan letal.

Thibodeau fue despedido, en parte, por no lograrlo. Dejó al equipo vulnerable y los Pacers lo castigaron. Brown corrigió varias cosas que habían salido mal el ciclo anterior, pero el Juego 2 fue su primer partido de alto riesgo que quedó dentro del rango de error de lo atípico. Atlanta lo aprovechó.

Más allá de cómo se piense el uso de Towns, sobre todo en el cierre, esas decisiones de alineación poco convencionales terminaron condenando a Nueva York contra Atlanta. Y la oportunidad de reordenarse para una mejor respuesta final se perdió con el uso discutible de los timeouts. Ahora la serie está igualada y el factor cancha queda cedido. Falta largo camino, pero la presión vuelve sobre Brown: tiene la obligación de enderezar el rumbo de aquí en adelante.

Missing KAT

A staggering problem?

A poorly timed timeout

By Martín Gutiérrez

Martín es periodista deportivo especializado en baloncesto argentino y ligas internacionales. Lleva más de 8 años cubriendo la Liga Nacional, Euroliga y NBA, analizando estadísticas, tácticas y rendimiento de jugadores.