Tras el impactante regreso en el cuarto final del Juego 2 de la primera ronda ante los New York Knicks, los Atlanta Hawks intentan sostener la ventaja de local mientras la serie se traslada a Atlanta. El dato que marca el momento es claro: en el State Farm Arena, el equipo de Georgia ganó 14 de sus últimos 15 partidos de temporada regular, aunque la única caída se dio el 6 de abril, precisamente ante los Knicks. Y ese revés llega con un antecedente que pesa: el año pasado, en playoffs, New York ganó sus primeros cinco juegos de visitante por un margen total de apenas 10 puntos, una señal de que no se acobardaron lejos de casa.
Con la serie encaminada a un 2-1 que puede inclinar la balanza en el Juego 3 del jueves (19:00 ET, Prime Video), hay tres cuestiones para mirar de cerca. La primera tiene que ver con lo que pasa cuando llegan los relevos, el segundo foco se pone en la ejecución en los últimos segundos del reloj, y el tercero vuelve al centro del tablero: cómo y cuándo consiguen los Knicks que Karl-Anthony Towns reciba la pelota en el poste.
En el punto de la banca, aunque en playoffs los titulares suelen extender minutos, lo que se notó entre el Juego 1 y el Juego 2 fue el rendimiento de las rotaciones. En el primer partido, los Knicks sacaron una ventaja de seis puntos durante la actuación de Jalen Brunson desde el banco, con 11:36 de juego. En el segundo, la historia fue más pareja en el mismo lapso, porque New York quedó abajo por cuatro puntos con Brunson en la banca durante 11:53. Karl-Anthony Towns también estuvo sentado casi todo ese tiempo: permaneció fuera de cancha durante 11:22 de esos 11:53 en el Juego 2. En ese tramo, los Knicks convirtieron solo 16 unidades en 23 posesiones ofensivas, un número que puede parecer chico para sacar conclusiones, pero en playoffs los “muestras cortas” son lo único que hay y todo pesa. Por eso, el entrenador Mike Brown podría decidir escalonar un poco más —o estirar todavía más— la permanencia de sus figuras, buscando maximizar minutos de calidad en el momento en que la serie suele decidirse por detalles.
Del lado de Atlanta, Jonathan Kuminga aparece como un factor diferencial. Tras una noche discreta en el Juego 1, el ala-pívot de 23 años jugó casi 35 minutos en el Juego 2 y terminó con 19 puntos, además de dos robos y un bloqueo. También fue clave su presencia en cancha: Kuminga estuvo en el piso en lugar de Dyson Daniels, mientras los Hawks lograron mantener a New York en apenas seis puntos en nueve posesiones “clutch”, justo donde la defensa y las decisiones se ponen bajo presión. Con Jock Landale, el pívot suplente, fuera de escena, la plantilla de Atlanta podría verse desbalanceada en el puesto cinco por tamaño y cuerpo a cuerpo. Aun así, el plan puede pasar por crecer en otras posiciones y, sobre todo, por cómo se aprovechan las segundas unidades del rival: los Knicks han utilizado a tres bases-escoltas de perfil más chico —Jordan Clarkson, Miles McBride y Jose Alvarado— saliendo desde el banco, lo que abre la puerta a que los Hawks ajusten emparejamientos para ganar matchups.
La segunda clave es la ejecución con el reloj apretando. New York viene mostrando una ofensiva muy fuerte en los últimos segundos del cronómetro, y no es un dato menor: en la franja de los últimos siete segundos del reloj, los Knicks fueron segundos en porcentaje de efectividad de lanzamiento (51,2%) y cuartos en el porcentaje de sus tiros que llegan en esa misma etapa, con 22% de sus intentos producidos sobre el cierre. Ahora bien, la otra cara del asunto es que no alcanza con ser bueno “tarde”: también importa no llegar con tanta frecuencia a posesiones largas que obliguen a sobrevivir contra el tiempo. De hecho, en general, el porcentaje de efectividad cae en el tramo final del reloj para todos los equipos, y en esta serie el problema para los Knicks está apareciendo justo cuando el cronómetro se vuelve más estricto.
Hasta el Juego 2, New York ha tenido dificultades en el cierre: apenas 12-46 en los últimos siete segundos del reloj, incluyendo un 4-16 desde la línea de tres. Eso equivale a una efectividad de 30,4%, contra un 63,8% acumulado en los primeros 17 segundos de las posesiones. Hay una jugada que lo resume bien en el Juego 2: los Knicks llevaron la pelota hasta la zona de ataque sin poder llegar con claridad a Towns en el poste. El balón se quedó a unos 30 pies del aro y terminó en manos de Josh Hart con seis segundos restantes. Hart, que mejoró su tiro de tres durante la temporada, intentó un triple de “pull-up” con tres segundos en el reloj, y para Atlanta ese resultado es positivo, porque no es el tipo de final de posesión que los Knicks suelen buscar. En el otro extremo, los Hawks no han sido tan eficientes al arrancar las jugadas, pero la diferencia es que no se ven obligados a “trabajar tarde” con la misma frecuencia.
En números del tramo final de los últimos siete segundos del reloj, los Knicks registraron 12 conversiones de 46 intentos (26,1%) y cuatro triples, con una efectividad (eFG%) de 30,4% y un 29% de sus intentos provenientes de esa franja. Atlanta, en ese mismo segmento, hizo 8 de 25 (32,0%), con dos triples, eFG% de 36,0% y 15% de participación de esos intentos totales. Más allá de la fórmula (eFG% = (FGM + 0,5×3PM) / FGA) y del peso de los intentos (%FGA), lo importante es el contraste: mientras New York se cae cuando el reloj muerde, Atlanta logra sostener mejor la calidad de sus cierres. Para explicar parte de ese quiebre, también aparece la defensa de los Hawks. Nickeil-Alexander Walker tuvo paradas oportunas contra Brunson, y cuando el base llega a la pintura, el equipo se mantiene disciplinado: baja para leer amagues, llega tarde pero bien colocado para disputar, y evita cometer faltas en el proceso, lo que reduce la posibilidad de que el rival “cobre” desde la línea.
Con todo, a medida que avance la serie, New York debería encontrar más aciertos en el cierre. Sin embargo, la recomendación que queda flotando es clara: además de afinar la ejecución, los Knicks deberían intentar jugar con un poco más de ritmo, para que no todas las posesiones terminen obligándolos a resolver desde el último tramo del reloj.
La tercera cuestión conecta directamente con Towns: cómo lo consiguen en el poste. En la posesión que se mostró como ejemplo, los Knicks buscaban enviar la pelota a Towns en el poste frente a Kuminga, pero el envío no llegó. Kuminga negó la entrada y el equipo terminó desordenándose, con la pelota dando vueltas y el reloj avanzando sin que Towns pudiera posicionarse. Onyeka Okongwu fue el que más veces defendió a Towns, pero también se vio afectado por emparejamientos con defensores más bajos. En algunos tramos, el rival fue Dyson Daniels, lo que le permite a Atlanta cambiar y “switch” el pick and roll entre Brunson y Towns.
Aun así, Towns ha sabido aprovechar ciertos desajustes en el rebote ofensivo. De acuerdo con datos de seguimiento, durante los dos primeros juegos apenas tuvo cuatro post-ups, el mismo número que Brunson. En el cuarto final del lunes, Okongwu lo obligó a una toma complicada, pero el resto de los post-ups de Towns llegaron frente a Kuminga (y en esa ocasión hubo falta) y frente a Mouhamed Gueye. Contra Gueye, Towns conectó un gancho corto de media distancia, pero en otra acción falló un giro corto para volver a encestar.
De cara al Juego 3, se espera que los Knicks sean un poco más rápidos para ubicar a Towns en el poste cuando el rival presente un defensor más bajo. Y si Towns logra sacar ventaja de su tamaño en el interior, el efecto dominó podría abrir espacios para el resto del sistema, porque una amenaza real en el poste suele “mover” a la defensa y mejorar los ángulos en el resto de la cancha.
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John Schuhmann cubre la NBA desde hace más de 20 años. En esta instancia, la expectativa está puesta en el mismo tipo de detalles que suelen definir una serie: banca, cierres con el reloj apretado y el momento exacto en el que Towns puede ser el eje desde el poste.