Embiid revientó la noche pese a la recuperación y le dio vuelta a la serie

ByMartín Gutiérrez

Apr 29, 2026

Joel Embiid llegó al duelo del martes con el cuerpo todavía en recuperación: se había hecho una apendicectomía apenas tres semanas atrás. Y aun así, cuando los Philadelphia 76ers necesitaban algo más que respuestas, apareció lo que hace rato se vuelve su sello en playoffs: una versión capaz de cambiar el partido por sí sola.

En el tercer cuarto, en plena pelea por sostener la serie, Embiid chocó con las rodillas de Jaylen Brown. Se vio obligado a salir con un paso corto, rengueando, y tuvo que irse al vestuario sin certezas de regresar. Pero en la segunda mitad —y especialmente en el tramo final— el centro de Filadelfia se adueñó del duelo ante los Boston Celtics. Con ese impacto, los 76ers estiraron, de manera improbable, una serie de primera ronda del Este que ya venía muy pareja.

El pitazo final dejó un 113-97 para Philadelphia en TD Garden, con la gente local en un silencio aturdido en los últimos minutos. Con la victoria, la serie quedó 3-2 a favor de Boston, pero ahora con un juego más en casa para los 76ers el jueves. Hubo otros protagonistas: Tyrese Maxey anotó 25 puntos y capturó 10 rebotes; Quentin Grimes sumó 18 tantos y firmó su mejor partido de la serie; Paul George respondió con un trabajo sólido en ambos lados de la cancha. Sin embargo, en una noche donde Philly necesitaba a su figura, Embiid fue el mejor jugador del partido.

El dato duro lo resume todo: Embiid cerró con 33 puntos y ocho asistencias. Pero su incidencia no se explicaba solo por el marcador. En los dos partidos anteriores, la dupla de Brown y Jayson Tatum había sido una amenaza constante para los 76ers, con ataques que parecían desarmar a Filadelfia. Esta vez, con la serie al límite, Embiid canceló esa ventaja y la superó en creces.

“Quiero jugar básquet. No sé cuánto tiempo me queda en este juego, así que quiero jugar. Sé que afuera se habla de que soy vago o que no quiero jugar o cualquier otra cosa, pero yo definitivamente quiero jugar”, dijo Embiid.

Embiid es un jugador con un abanico ofensivo poco común para un pívot: puede influir en el partido desde distintos niveles de ataque. A veces, por cómo lo leen sus críticos o por cómo lo obligan los esquemas rivales, se lo termina sacando del poste, justo donde normalmente aparece la ventaja. El martes, esa clase de maniobras no estuvieron tan presentes, sobre todo en la segunda mitad. Se quedó cerca de la zona pintada, se afirmó en el poste y empezó a trabajar. Cada vez que lo hacía, el equipo encontraba una vía clara de anotación, y la defensa de Boston se dobló de una forma que los Celtics no habían mostrado en toda la serie.

Parte del contexto tiene que ver con el desgaste físico. En los últimos dos años, el cuerpo de Embiid le jugó malas pasadas: la lesión en la rodilla izquierda frente a Golden State Warriors en 2024; una distensión en el oblicuo que lo sacó de juego por casi cinco semanas entre febrero y marzo; y programas de prevención que también terminaron dejándolo fuera de varios partidos. La lista podría seguir, pero pese a todo, Embiid mantuvo el deseo de estar en cancha, la necesidad de jugar para él y también para sus compañeros.

Con ese panorama, puede discutirse si el del martes no fue una de las presentaciones más valiosas y determinantes de su carrera en playoffs. No necesariamente fue la más alta en números —en otras series anotó más, o tuvo noches con más rebotes o mejores estadísticas globales—, pero lo que hizo en TD Garden fue llevar a los 76ers hacia la victoria cuando el partido lo exigía. Y eso funciona como recordatorio: aunque haya disputado apenas 38 juegos en la temporada regular, la capacidad de Embiid sigue siendo una amenaza real e irreemplazable.

Tyrese Maxey lo resumió con orgullo: “Me dio alegría verlo salir a jugar en esas circunstancias y hacerlo como lo hizo. Fue dominante, sobre todo en el segundo tiempo. Hizo un gran trabajo metiéndose en el juego. Nos cargó esta noche”.

El costado irónico de la historia es que Embiid arrancó con un registro de 1 de 7 en tiros de campo. La clave es que esos intentos llegaron desde el perímetro: triples y lanzamientos de media distancia. Embiid puede meter ese tipo de tiros, claro, pero eran decisiones que Boston esperaba y que, por estrategia, le convenían. Los Celtics no tienen demasiadas dudas cuando se trata de dejarle ese tipo de opciones a un pívot: la historia cambia cuando Embiid decide bajar la cabeza, meterse al aro y convertir en ataque directo.

Eso fue lo que eligió en la segunda mitad, y ahí se transformó el partido.

Para el cuarto cuarto, Boston ya no tuvo alternativas: tuvo que mandar dobles equipos a Embiid. Y cuando lo hacía, los 76ers encontraban tiros abiertos que no habían aparecido durante la serie. Por eso Maxey pudo conectar par de triples en el tramo final del último cuarto, con espacio alrededor. Por eso también el triple decisivo de VJ Edgecombe —el que terminó de empujar a la gente local hacia la salida— llegó con tanta libertad. Maxey es excelente, pero no genera la misma atracción que Embiid; la atención que obliga el centro abre el resto del tablero. Si los 76ers quieren por primera vez ganar un partido en casa en esta serie, gran parte del camino pasa por sostener a Embiid muy cerca del aro.

“No quiero volver a casa. Una de las razones por las que me alegra que ganamos esta noche es que no quería irme, mirar lo que pasó y preguntarme qué habría ocurrido si yo hubiera estado sano. En mi carrera atravesé muchas cosas. Quiero darlo todo. Defensivamente jugamos mejor que en los últimos partidos. Es un poco más fácil cuando estás metiendo tiros. Cuando arranqué, mis tiros de media distancia no estaban funcionando, tuve que ajustar. Quería imponerme y entrar un poco más a la pintura. Cuando juego uno contra uno, me siento con chances de anotar contra cualquiera en esta liga”, agregó Embiid.

En conjunto, lo que impulsó a Philadelphia fue el nivel de urgencia que mostró en cada acción. Eso contrasta con el Juego 4 del domingo, cuando los 76ers se vieron demasiado pasivos y dejaron que los Celtics los humillaran en Xfinity Mobile Arena.

En el Juego 5, la lectura de la defensa fue más inteligente y más agresiva. Philadelphia presionó el balón, metió el cuerpo en cada choque, y además rebotó como lo viene haciendo a lo largo de toda la serie. Esa intensidad terminó obligando a Boston a tirar 11 de 39 desde el triple. Y el dato pesa porque los Celtics habían sido letales desde larga distancia en los dos partidos anteriores. El motivo de fondo estuvo en la pintura: como Embiid dominó ahí, los 76ers se beneficiaron en el porcentaje global y terminaron con un 50% de efectividad en tiros de campo.

Ahora bien, ¿es realmente esta una serie? A los 76ers les costará ganar tres partidos seguidos ante un equipo del nivel de Boston, pero hay una condición que vuelve el escenario más discutible: si Embiid repite lo del martes, aparece el desafío que los Celtics quizá no puedan resolver. En enfrentamientos previos entre ambos equipos, Al Horford defendió a Embiid de la mejor manera posible, casi como pocos lo hacen en la liga. Horford ya no está, y el martes Boston no pudo encontrar una historia que explique por qué el plan funcionara.

El entrenador de Filadelfia, Nick Nurse, también miró el partido desde lo táctico: “Fue un poco parecido a lo del otro día. Él estaba teniendo buenas miradas y varias iban entrando y saliendo. Yo estaba sentado mirándolo y pensando que no estaba lejos de agarrar ritmo. Me pareció que esta noche mezcló cosas”.

By Martín Gutiérrez

Martín es periodista deportivo especializado en baloncesto argentino y ligas internacionales. Lleva más de 8 años cubriendo la Liga Nacional, Euroliga y NBA, analizando estadísticas, tácticas y rendimiento de jugadores.