Josh Hart no la tuvo fácil durante la temporada. En el arranque del campeonato, en los New York Knicks salió desde la banca, y su protagonismo fue cambiando según el contexto. Antes del Juego 1 de las Finales, el alero se sinceró: “Hubo momentos en los que me iba a casa y pensaba, ¿soy un desastre? ¿Estoy mal como jugador de básquet?”
De un vistazo
- Hart llegó a las Finales con dudas públicas sobre su rol y su aporte ofensivo.
- En el Juego 1 de las Finales, no convirtió triples, pero igual fue clave en la victoria de Knicks 105-95.
- En su partido sumó 15 rebotes, seis asistencias y cuatro robos.
- Fue el único jugador además de Larry Bird en lograr esa combinación en una Final.
- Cuando Hart estuvo fuera, a Knicks le hicieron una ventaja de 12 puntos en 21 minutos y 13 segundos.
- En los minutos que jugó, Knicks superó a San Antonio por 22.
La respuesta a esa pregunta nunca fue “sí”. Sin embargo, de alguna manera, los Knicks muchas veces se construyen para soportar que rivales lo “ignoren” en defensa. El antecedente más claro aparece en el Juego 1 de las Semifinales de Conferencia del Este: Cleveland puso a sus hombres grandes sobre Hart y directamente le cerró el camino defensivo, tomando una ventaja de 22 puntos gracias a la mayor presencia en el aro que generaba no marcarlo.
Ese colchón se desinfló cuando Hart fue al banco en el cuarto período y entró Landry Shamet. Desde la línea de cal, Hart tuvo que mirar cómo su excompañero en la universidad, Jalen Brunson, conducía a Nueva York hacia una de las victorias más resonantes de la historia de la franquicia.
El plan del rival: “dejarlo”
La misma lógica intentó San Antonio en la temporada regular. El 1 de marzo, Victor Wembanyama se paró como defensor principal de Hart en el enfrentamiento entre Spurs y Knicks. Hart jugó 30 minutos y, durante ese tramo, el partido quedó parejo.
El dato que quedó claro fue el diferencial cuando Hart no estaba: en los 18 minutos que permaneció sentado, Knicks le sacó 25 puntos a Spurs. Con Knicks y Spurs ya instalados en la pelea por el título, ubicar el rol de Hart en las Finales aparecía como un gran “campo de batalla”. La idea era simple: si Hart convertía triples, podía evitar que el rival estacionara a Wembanyama en la pintura. Si no lo lograba, New York quizá tuviera que volver a la fórmula con Shamet.
En el Juego 1 de las Finales, lo que ocurrió fue exactamente lo que esa pregunta no esperaba: Hart no metió ni un triple. Aun así, anotó su único tiro de campo con una bandeja cerca de los tres minutos del arranque. Y, aun con ese registro ofensivo, se puede argumentar que fue el jugador de Knicks con mayor impacto en todo el encuentro, en una victoria 105-95.
Esta vez, cuando Hart se sentó, el castigo llegó: Knicks fue superado por 12 puntos en 21 minutos y 13 segundos desde el banco. Pero ese déficit no terminó importando, porque en el tiempo que Hart jugó, el equipo ganó esos minutos por 22.
Además, su plan “completo” apareció en las planillas: cerró el juego con 15 rebotes, seis asistencias y cuatro robos. De todo lo que se registró en Finales de NBA, solo Larry Bird había alcanzado una marca así en un Juego de Finales.
Un caso raro en la historia reciente
Y ni siquiera es el paralelo más preciso. Antes del Juego 1, en los últimos 20 años solo hubo un jugador que, en un partido de Finales, juntara 15 o más rebotes, cuatro o más robos y tres puntos o menos: nuevamente, Josh Hart. Lo había hecho en marzo de 2021 con New Orleans Pelicans, y ahora lo repitió para terminar robándole la localía a base de trabajo, no de estadísticas típicas de ataque.
En ese sentido, fue un partido que encajó con la versión más “Josh Hart posible”. Durante mucho tiempo, su impacto en los juegos quedó reducido a si metía o no tiros. Pero en el de mayor exposición, el alero ganó haciendo prácticamente todo menos anotar.
Su valor en Knicks está en que cubre el resto del tablero. La sustitución por Shamet al final del Juego 1 de las Semifinales tenía lógica: Cleveland era un rival que pedía respuestas simples. A los Knicks solo les hacía falta poner a Brunson en situación de castigar una y otra vez a James Harden en todo un cuarto. Spurs, en cambio, pedía mucho más, y Hart fue la pieza que más se ajustó a ese nivel.
Hart siempre fue una de las fuentes más confiables de ataque en transición para Nueva York, un aspecto que cuesta conseguir ante un equipo tan atlético como San Antonio. Y encima era clave por el efecto de Wembanyama en ofensivas de media cancha. Defensivamente, Hart estuvo en todas: marcó con frecuencia a Stephon Castle en el balón y generó problemas también cuando defendía sin la pelota. Además, tuvo participación en las tres pérdidas de balón que Spurs sufrió en el cuarto final, y se convirtió en el mejor “cierre” de jugadas para Knicks, además de su principal defensor.
En ese rubro, tomó una tercera parte de todos los rebotes defensivos del equipo.
La jugada que lo desnivela todo
Incluso se puede sostener que su momento más determinante nació de la estrategia de “ignorar a Josh Hart” que persigue su carrera. En la última posesión del tercer cuarto, Brunson encontró a Shamet con un pase en la esquina exterior. De’Aaron Fox pidió el cambio: Harrison Barnes debía salir de Miles McBride y quedar con Shamet. Pero Devin Vassell, cuidando que Shamet no tuviera un triple abierto, terminó abandonando a Hart en la esquina.
Ahí apareció el castigo. Shamet le pasó rápido la pelota a Hart, que quedó con espacio. Hart avanzó hacia el aro y Fox dejó de mirar a McBride, permitiendo que este corriera libre hacia el rincón. La pelota llegó, McBride clavó el triple para empatar el juego y Fox llegó tarde por una fracción. En ese instante, Hart habilitó el tiro más grande del partido hasta ese momento.
Tras irse perdiendo por 14 en el cuarto, ese gol dejó a Knicks con un “lienzo en blanco” para empezar el último período. Y, en general, Brunson suele necesitar muy poco para reordenar el partido.
Después del triunfo, Hart puso el foco en la resiliencia del plantel. “Tenemos muchos tipos duros, muchos que no se rinden”, explicó. Y no exageraba: también fue parte de la construcción de esa cultura en Nueva York.
Hart representa la dureza. Es un ala de 6-5 que pelea rebotes como si tuviera alas, se mete en la pintura con poco cuidado por su propia seguridad para ejecutar lo que el equipo necesita para ganar. En algún punto, jugadores se bajaron de la intensidad por menos de lo que Hart tuvo que soportar en un año de minutos irregulares. Pero aquí aparece la diferencia: en los playoffs del último tramo, fue él mismo quien se ofreció abiertamente para salir desde la banca.
Por eso, su actuación del Juego 1 se disfruta todavía más. Había cuestionado su propia debilidad en la habilidad más visible de su profesión, y aun así condujo a Knicks a la victoria más importante de este milenio para la franquicia, combinando cosas que, dentro de los jugadores activos de la NBA, solo él suele ejecutar con ese perfil. No necesitaba validación, pero el Juego 1 funcionó como una demostración fuerte del “concepto Hart”: no, no “chupa” como jugador, como él mismo lo dudó. Es un perfil poco convencional, pero las Finales mostraron que, incluso sin sus tiros, Knicks puede necesitarlo muchísimo.