AJ Dybantsa, a la espera del sorteo: ansía conocer su destino en el Draft 2026

ByMartín Gutiérrez

May 10, 2026

CHICAGO—AJ Dybantsa vivió la noche del Draft Lottery con la adrenalina a flor de piel en el McCormick Place Convention Center. Sentado en la sala, con nervios propios del momento, esperaba el orden definitivo mientras se iban abriendo sobres uno por uno para definir el destino de las primeras posiciones.

El sorteo y el orden de las primeras elecciones

El escollo para Dybantsa era doble: además de conocer el número exacto de su futuro, también era inevitable sentir la presión de estar en el centro de la conversación por ser uno de los nombres más esperados del draft. El acto se desarrolló con Dybantsa en primera fila, junto a su mamá, Chelsea, mientras el comisionado adjunto Mark Tatum sacaba sobres y confirmaba la suerte de cada franquicia.

Los Washington Wizards se quedaron con la NBA Draft Lottery por segunda vez en la historia de la franquicia, tras una campaña de 17-65, y se aseguraron el primer pick. Para completar el tramo inicial, el segundo lugar quedó para Utah Jazz y Memphis Grizzlies se llevó el tercer puesto.

Tras conocerse el resultado, Dybantsa habló con la calma de quien ya estaba listo para el cambio: “Estar acá es una locura; estoy tratando de absorber todo. Estoy entusiasmado por saber a qué ciudad voy a llamar hogar la próxima temporada”.

De dónde viene Dybantsa: el inicio, el “cambio” y la ruta al básquet

La historia de Dybantsa no arrancó con un plan inmediato de llegar a la NBA. De hecho, sus grandes aspiraciones profesionales no nacieron de golpe: se encendieron cuando tenía apenas cinco años, cuando su padre, Ace, le llevó a casa un mini aro de Spider-Man junto con una pelota.

Spider-Man era su personaje favorito del universo Marvel, y AJ se la pasaba jugando y tirando desde muy chico. Con el paso del tiempo, se sumó a equipos locales durante la primaria y jugó básquet con amigos y compañeros, más por disfrute que por obsesión.

El quiebre llegó con la pandemia. En medio del encierro por COVID-19, la rutina se transformó. En ese momento, la familia vivía en Brockton, Massachusetts, y su papá manejaba todos los días—sí, todos—una hora y veinte minutos hasta Middletown, Rhode Island para que AJ pudiera entrenar.

“Antes, jugaba más por diversión. Cuando llegó el COVID y todos se quedaron adentro, ahí cambió todo para mí”, explicó. “Me terminé enganchando con los entrenamientos. Cuando volvimos después del COVID y pude regresar al gimnasio, pegué un crecimiento y sentí que era mejor que el resto; eso activó todo”.

El rol de Ace durante “The Change”

Ace sostuvo desde cerca ese proceso: vio el cambio día tras día y acompañó con exigencia, guiando y empujando para que AJ se convirtiera en el jugador que hoy esperan en la liga. “Durante el COVID lo vi en primera persona. Su ética de trabajo era totalmente distinta cada día. Como padres estamos orgullosísimos: llegar hasta este punto fue un viaje de muchísimo trabajo y sacrificio; la gente no dimensiona todo lo que hay detrás”, remarcó.

El ascenso: AAU, selecciones y la decisión universitaria

Dybantsa apareció en el radar nacional temprano en su primer año universitario, pero el ruido venía de antes: en las etapas de AAU, jugó en el circuito EYBL vinculado a Nike y terminó capturando la atención de cazatalentos de la NBA.

Además, construyó un currículum internacional con tres medallas de oro para Team USA: el Campeonato FIBA Américas U16 de 2023, el Mundial FIBA U17 de 2024 y el Mundial Masculino FIBA U19 de 2025. En este último, fue elegido MVP del torneo.

Al salir de la secundaria, fue el recluta número uno y eligió BYU por encima de opciones como North Carolina, Kansas State, Texas Tech y otros programas de primer nivel.

Por qué BYU: el entorno y el salto técnico

En su explicación, Dybantsa conectó la decisión con el tipo de preparación que buscaba. Habló de lo que significó que BYU sumara a Kevin Young—quien llegó al puesto—y también del ecosistema que se armó alrededor: un preparador físico proveniente de la órbita de Milwaukee Bucks, una dietista con experiencia ligada a Suns y un componente analítico también asociado a esa misma estructura.

“Mi objetivo final es la NBA. Cuando contrataron a (Kevin) Young y después a ese staff, empezaron a construir prototipos alrededor de nosotros. Yo quería aprender en el mejor ambiente posible para llegar listo a la liga, y siento que eso lo conseguí en BYU”, afirmó.

Young, por su parte, venía con una trayectoria de 10 años en el básquet profesional de la NBA, y fue asistente principal—associate head coach—en Phoenix Suns entre 2021 y 2024 antes de asumir como entrenador en jefe en BYU en abril de 2024.

En su primera temporada, Young llevó al equipo hasta el Sweet 16 y luego intensificó el trabajo de reclutamiento, con la llegada del propio Dybantsa como número uno de su clase senior.

Cuando tocó asumir: lesiones, partidos clave y Big 12 Tournament

BYU atravesó una temporada 2025-26 con problemas físicos en distintas etapas, lo que obligó a Dybantsa a tomar más responsabilidad en momentos donde el equipo necesitaba respuestas inmediatas.

Entre los partidos que más se le quedaron en la cabeza a Young aparece el gran comeback ante Clemson en Madison Square Garden. Allí, Dybantsa marcó 22 puntos en el segundo tiempo y cerró con 28 en total, además de capturar 9 rebotes y repartir 6 asistencias. El dato de contexto fue contundente: BYU perdía por 21 al descanso, y esa remontada terminó siendo la mayor en la historia de la institución en el segundo tiempo.

El segundo juego que se destacó fue el duelo de local ante Utah en enero, un rival de peso dentro del calendario. En ese partido, Dybantsa alcanzó su mejor marca de la temporada con 43 puntos, mostrando una actuación centrada en el ataque y con un despliegue ofensivo sostenido.

“Grandeza” en vivo, según Young

Young describió esas dos noches como algo especial: “Mirando ambos juegos pensé: ‘Estamos viendo grandeza con nuestros propios ojos’. Las dos actuaciones fueron de otro nivel. Poder entrenarlo cuando todavía era un jugador joven, y que eso impacte en su vida y en su juego, es de las alegrías más grandes de mi carrera”.

Ya en el tramo decisivo, Dybantsa entró al postseason con una necesidad clara de demostrar—y con una especie de chip extra—. La vidriera de su ventaja competitiva llegó durante el Big 12 Tournament, cuando fue en busca del título.

En un lapso de tres días y tres partidos, anotó 93 puntos y así rompió el récord de anotaciones de Big 12 que pertenecía a Kevin Durant. Además, lo hizo con actuaciones de alto nivel frente a varios ejecutivos de la NBA. BYU terminó cayendo ante Houston en los cuartos de final, pero ese tramo de tres juegos consolidó a Dybantsa como uno de los nombres más importantes de la clase de draft, en conjunto con el premio de Big 12 Freshman of the Year.

Young también remarcó el crecimiento: “Yo sentí que su juego maduró muchísimo durante la temporada. Para él, el juego se hizo más lento: aprendió a atacar distintos tipos de coberturas defensivas. Observaba cómo lo defendían, tomaba la decisión correcta y terminaba desarmando equipos. Eso fue exactamente lo que hizo en el torneo de Big 12”.

El final en BYU y la decisión de cara al Draft

BYU perdió en primera ronda ante Texas, y Dybantsa dejó entrever que podría regresar para una temporada más, aunque al final aclaró que la definición terminaba pasando por su mamá, Chelsea.

Mirando hacia atrás, tanto Ace como Chelsea estuvieron presentes el 22 de abril en la Davis School de Brockton, el lugar donde AJ cursó Kindergarten hasta 8º grado. Allí se lo vio volver en varias oportunidades para actividades ligadas a su patrocinio con Nike y para campañas con mochilas y útiles escolares junto con su fundación, The AJ Dybantsa Foundation.

En esa jornada, el foco fue él. En una asamblea en su ciudad, anunció que declaraba para el NBA Draft y, al mismo tiempo, sostuvo el compromiso de terminar su carrera en BYU mediante estudios online.

“La educación es muy importante para mí y estamos ayudando a juntar dinero para mandar chicos a escuelas y universidades. Mi mamá es de Jamaica y mi papá es del Congo, así que es apoyar a chicos acá en los Estados Unidos y también allá, en el Congo”, dijo Dybantsa.

Sobre la continuidad académica, agregó: “Mi mamá quería que me quedara en la universidad para graduarme. Pero le dije que voy a declarar para el Draft y también voy a terminar y sacar mi título online. Probablemente lo termine dentro de los próximos cuatro años”.

Preparación para el Combine y lectura del salto a la NBA

En estos días, Dybantsa está en Los Ángeles preparándose para el AWS NBA Draft Combine 2026. En paralelo a los entrenamientos, se enfoca en su cuerpo y en la nutrición, buscando llegar en la mejor versión posible para el año de temporada regular de 82 partidos.

“Estoy tratando de mantener mi cuerpo bien. Estoy comiendo mejor, trabajando la condición y la fuerza, y preparando todo para la temporada de 82 juegos”, afirmó.

También habló de su evolución física: pasó de medir 6 pies y 8 pulgadas con 204 libras al entrar a BYU como freshman, a 6 pies y 9 pulgadas con 220 libras de cara al combine. “Espero que el combine no me encoja”, bromeó, y luego se puso serio: “Pero sí pienso que soy un 6-9 bien plano de pies”.

Cuando intentó pedirle feedback a su padre sobre la transformación corporal, recibió una respuesta con el estilo de “amor duro” típico de un padre exigente: “Me preguntó: ‘¿Me hice más grande?’ Y mi respuesta fue: ‘Todavía no soy lo suficientemente grande como para pegarte y sacarte la idea de encima’”, contó Ace entre risas.

En cuanto al contexto del draft, la clase de este año es considerada de las más profundas de los últimos 10 años, con nombres que ya se proyectan en la parte alta: Dybantsa, el escolta de Kansas Darryn Peterson, el ala-pívot de Duke Cameron Boozer y el wing de North Carolina Caleb Wilson.

Qué lo diferencia: tamaño, defensa y verticalidad

Lo que separa a Dybantsa es, sobre todo, su combinación de tamaño para el puesto, versatilidad defensiva y capacidad atlética para ganar espacio en el aire. Su forma de elevar y “subirse” por encima de los defensores aparece como una de sus ventajas más claras.

Un scout de la NBA lo resumió con una idea directa: “Tiene 19 años haciendo lo que está haciendo ahora… imaginá cómo llega a la liga con 25. Sus intangibles en ambos lados de la cancha son muy impresionantes para su edad. Aunque todavía necesita mejorar el tiro de tres puntos, me animo a apostar a que va a llegar antes de lo que muchos creen”.

Además, Dybantsa ya tuvo sesiones en gimnasio junto a talento de primer nivel en la NBA, incluyendo a Kevin Durant, Devin Booker, Jayson Tatum, Jaylen Brown y Chris Paul. Todos se acercaron a saludarlo y darle seguimiento durante la temporada.

Por último, Dybantsa entiende que el proceso de draft le pasa a cada jugador y que, con él, también llega una exigencia distinta. Lo que espera es un salto duro: “Todo el mundo dice que cuando llegás a la NBA es un poco diferente. El nivel de inteligencia táctica es distinto, el ritmo y la intensidad física también. Pero no puedo esperar: es algo por lo que trabajé toda la vida”.

By Martín Gutiérrez

Martín es periodista deportivo especializado en baloncesto argentino y ligas internacionales. Lleva más de 8 años cubriendo la Liga Nacional, Euroliga y NBA, analizando estadísticas, tácticas y rendimiento de jugadores.