Devin Vassell pasó de promesa con ambición de “liderar” a pieza fundamental de un San Antonio Spurs que ganó 62 partidos: este año promedió 13,9 puntos, bajó de forma marcada su protagonismo ofensivo y aun así se convirtió en uno de los motores de la ofensiva cuando está en cancha. Con el equipo en la pelea por todo en los playoffs, su rol “de estrella en su función” se sostiene en tiro (especialmente desde el triple), cortes, lecturas sin pelota y una nueva química con Victor Wembanyama y el resto de los creadores.
De “tomar el control” a convertirse en el hombre de los tiros correctos
Devin Vassell llegó a San Antonio como una selección alta: fue elegido N° 11 en el Draft de 2020 y, con el paso de las temporadas, el guion pareció ir en una dirección bastante clara. En los primeros años, el Spurs se ilusionó con que terminara siendo una figura de referencia. De hecho, a solo dos partidos del inicio de su cuarta temporada, Vassell les habló a los periodistas con una idea que sonaba a misión: quería “tomar el control” y ser “el líder” del equipo.
Ese momento de mayor protagonismo tuvo números concretos: durante esa temporada fue segundo del plantel en anotación con 19,5 puntos por juego, también en intentos de tiro con 15,5 por partido y en porcentaje de uso con 22,9%. El que estaba por encima en esos indicadores era Victor Wembanyama, que llegaba como rookie.
Pero el rol cambió. En las dos campañas siguientes, los números de Vassell bajaron de forma notoria, en parte por la llegada de distintos generadores de juego: primero Stephon Castle, después De’Aaron Fox y, más tarde, Dylan Harper. En lugar de insistir con el mismo peso de balón, Vassell se transformó en algo que el equipo necesitaba: una estrella dentro de su función.
Esta temporada, su producción fue de 13,9 puntos por partido. A la vez, su uso (17,6%) quedó sexto entre sus compañeros. En la lectura del entorno del equipo, esa caída en protagonismo no fue una pérdida de valor, sino un ajuste de impacto. El ala Julian Champagnie describió lo que hace Vassell como algo con “valor más sustantivo” que simplemente rondar los 20 y pico de puntos en un escenario que, además, no era el ideal para un equipo que buscaba identidad. Y los datos lo acompañan: cuando Vassell estuvo en cancha, San Antonio anotó 121,3 puntos cada 100 posesiones, el mejor registro del plantel en esas condiciones.
Además, el análisis interno marca un patrón: los quintetos que incluían a Vassell y no tenían a Wembanyama rindieron mejor ofensivamente que los que daban el orden inverso; y, en la misma línea, los alineamientos con Vassell sin Fox y Castle también mostraron ventajas. En términos prácticos, Vassell no solo “acompaña”: ayuda a sostener la calidad ofensiva en distintas configuraciones.
Un rol que suma: tiro, cortes, decisiones rápidas y defensa (sin tanto ruido)
San Antonio tiene una cultura de jugadores que se adaptan al equipo, y Vassell encaja en esa tradición, aunque sin el tipo de “recompensa” visible que a veces se asocia a reinventarse. Champagnie insistió en que su juego es “super versátil”. También lo calificó con una serie de conceptos típicos de scouting: “tramposo” o “astuto” (crafty), “gran líder” y la idea de que la gente no habla lo suficiente de su defensa. Con un equipo donde conviven un gigante de 7 pies y 4 pulgadas como Wembanyama y un ataque con conductores de alto voltaje, es fácil que contribuciones como las de Vassell queden tapadas.
El propio entrenador Mitch Johnson lo definió con una fórmula muy clara: Vassell es, a la vez, tirador y anotador, o anotador y tirador; y dijo que es el único Spur que encaja en ese perfil de manera tan directa. La evidencia aparece en momentos puntuales: en noviembre, por ejemplo, firmó una explosión de 35 puntos en una victoria sobre Denver Nuggets en un partido donde no jugaron ni Wembanyama ni Castle. Y desde entonces tuvo al menos dos presentaciones de 28 unidades. Es decir: si el contexto lo requiere, Vassell puede inclinar la balanza como scorer.
Pero el “trabajo de base” lo hace mayormente sin balón. Desde su perspectiva, no se trata de que no pueda cargar con el equipo, sino de elegir cuándo conviene hacerlo. “Sé mi juego”, explicó. “Sé que puedo llegar a mi posición cuando quiero y que puedo tener un tiro cuando quiero. Pero para el bien del equipo, a veces no es lo que se necesita.”
Johnson remarcó que el plantel actual puede haber reducido su uso, pero al mismo tiempo lo volvió una pieza todavía más determinante para las victorias. En su lectura, existe una paradoja aparente: parece que dos cosas no pueden ser ciertas a la vez (menos protagonismo y más impacto), pero en realidad una alimenta a la otra.
- Promedio de la temporada: 13,9 puntos por partido.
- Uso de la temporada: 17,6% (sexto del equipo).
- Rendimiento ofensivo con Vassell en cancha: 121,3 puntos por cada 100 posesiones (mejor marca del plantel).
Este ajuste no fue casualidad. En los entrenamientos de pretemporada, Vassell puso el foco en “ser confiable como tirador”. Para sostenerlo, el dato clave es el peso del triple: según Cleaning The Glass, este año el 55% de sus lanzamientos provinieron desde la zona de tres puntos, por encima del 40% de 2023-24. A la vez, en el tiempo que estuvo en cancha, lo hizo con el balón en las manos un 10,5% del tiempo: un descenso frente al 19,5% de 2023-24 (databallr). En relación con el avance hacia la pintura, también redujo su frecuencia de penetraciones: manejó el ataque con menos conducción al aro que dos temporadas atrás.
“Definitivamente fue un ajuste”, dijo. El desafío era ser efectivo dentro de un rol donde la agresividad no se mide por volumen de toques, sino por timing. Para Johnson y su cuerpo técnico, el mensaje fue bastante similar: Vassell tenía que cortar y salir de pantallas con intensidad, tomar decisiones rápidas y ser una amenaza permanente. Incluso cuando no tiene el balón, su tarea es estar listo para que la jugada gire hacia él: “No puedo quedarme pasivo cuando me llega o si tengo un tiro, bajarlo porque tal vez no tuve la pelota en los últimos minutos”, señaló. Su idea es clara: puede que el tiro no sea para él, pero su amenaza tiene que crear ventajas para el resto.
Química con Wembanyama, “cazar espacio” y el contexto de playoffs para San Antonio
En el vínculo con Wembanyama, hay antecedentes de trabajo conjunto: hace un par de años, ambos pasaron mucho tiempo perfeccionando el juego de dos. Hoy no corren tantos pick and roll como antes, pero cuando Vassell se despega de un bloqueo (pindown) o recibe un pase corto (handoff) desde Wembanyama, el árbol de decisiones se parece. “Muchas veces la gente piensa que voy a tirar y le paso una asistencia en forma de lob”, explicó Vassell. La conexión tardó en consolidarse del todo, pero luego se volvió “sin fisuras”. Y Wembanyama, en su opinión, “hace el juego mucho más fácil”; además, ambos hablan “todo el tiempo”.
Otro elemento cultural que Popovich le había marcado a Vassell durante años es el concepto de “cazar espacio”: si está lejos de la pelota, debe leer el partido y relocalizarse. Con Wembanyama y los tres conductores que generan ventaja desde el drible hacia la pintura, esa lectura se amplifica. El propio Vassell lo expresó con ejemplos: cuando llega Castle, si la defensa no colapsa, el uno contra uno se vuelve muy difícil; y con Fox y Harper, la frase que usó fue directa: “buena suerte”.
Eso se traduce en una función concreta: asegurar que el equipo obtenga tiros de alta calidad. Y, para Vassell, hay una ventaja extra en este plantel: ahora tiene compañeros que crean oportunidades “fáciles” para él. “Comparado con los últimos tres años que estuve en la liga, tuve un montón de miradas abiertas”, dijo. Y agregó el detalle que resume el cambio: le ocurría antes que había que ganarse el espacio; hoy la situación es tan distinta que aparece el “¿tan abierto estoy?” y, según él, eso no había pasado antes.
Luego del receso de All-Star, su triple se sostuvo con un 43,5% desde la zona de tres. Sus métricas de toque también cambiaron: segundos y dribles por posesión bajaron a 2,01 y 1,31, ubicándose en un nivel que la nota comparó con los mejores rangos de jugadores que, por perfil, vivieron en la transición entre rol y impacto (la fuente lo enmarca en los años 2014 de Danny Green y Marco Belinelli). En esa misma línea, Vassell se presenta como un conector: el tipo de jugador que encaja en el estilo Spurs de circulación, cortes y decisiones de “una pase más”.
Su rol, además, no tiene que ver con subir el balón 15 segundos. “Que yo no esté trayendo la pelota y sosteniéndola durante 15 segundos no significa que no tenga valor”, sostuvo. Y sumó que entrenadores como Mike Noyes, Mitch y Jimmy Baron (y el resto del staff) se lo repitieron: él es valioso para el equipo.
- Desde el receso de All-Star: 43,5% de efectividad en triples.
- Segundos por toque: 2,01; dribles por toque: 1,31 (en el tramo citado).
En lo personal e histórico, Vassell también atravesó cambios difíciles. Fue el rookie mejor rankeado del Spurs desde Tim Duncan, que fue N° 1 en 1997. Su debut en la liga llegó en pandemia: sin Summer League, con una pretemporada abreviada y tests tempranos por COVID. “Nada era regular”, recordó; su primer partido fue con “cero fans” en el estadio. Además, el equipo estaba en transición: esos años finales de DeMar DeRozan, Patty Mills y Rudy Gay, la salida de LaMarcus Aldridge por un buyout a mitad de temporada y el arribo de un Popovich que lo presionó desde el primer día. Popovich esperaba que jugara con físico en defensa y que fuera generador de tiros.
La exigencia fue constante: si fallaba un tiro, Popovich le preguntaba por qué no había tirado; si se equivocaba en defensa, lo sacaba. No era un castigo sin más: buscaba que Vassell fuera un ejemplo para Dylan y Carter, y para el grupo joven. En el relato de Vassell, la paciencia y la exigencia del entrenador terminaron siendo parte del aprendizaje.
Su carrera tuvo obstáculos físicos. Su temporada de breakout en 2023 se cortó por una cirugía de rodilla. La siguiente campaña también trajo problemas: una reacción por estrés en el pie que requirió otra cirugía. Y, en el arranque del último año, Popovich sufrió un ACV y debió apartarse, hasta pasar a un rol de presidente del equipo. Keldon Johnson resumió el espíritu: “seguir el camino”, “hacer lo que haga falta”. En medio de ese contexto, el vínculo entre Vassell y Johnson se volvió una base emocional: se describen casi como mejores amigos, con una dinámica de “fuego y hielo”, donde Vassell no enfría a Keldon, sino que lo impulsa; si Keldon hace algo “loco”, Devin lo “gasea”.
También hay antecedentes de planteles que se movieron. En los Drafts de 2021 y 2022, los Spurs eligieron a Josh Primo, Jeremy Sochan, Malaki Branham y Blake Wesley, y con el tiempo todos terminaron afuera (ya sea despedidos o incluidos en intercambios). Vassell y Keldon Johnson son, hoy, los únicos de ese plantel que compartieron cancha con DeRozan y Aldridge. Champagnie, en tanto, es el otro que tiene antigüedad previa a la era de Wembanyama.
Ese cambio de era viene con un dato de racha reciente: desde el 1 de febrero, los Spurs fueron el mejor equipo de la liga, con balance de 30-4 y superando a sus rivales por 13,2 puntos por cada 100 posesiones. Vassell lo leyó desde el ego cero: con el equipo en ritmo y en el segundo lugar del Oeste, dijo que sería egoísta pedir más balón o más protagonismo cuando el colectivo está rodando con una racha de 11 o 12 victorias.
En el calendario inmediato, la nota ubica el próximo gran paso: el domingo, San Antonio abre en casa una serie de primera ronda de playoffs ante Portland Trail Blazers. Será la primera vez que lo haga desde que Tony Parker y Manu Ginóbili estaban en la cancha juntos en el backcourt del Spurs. Vassell aparece listo para sostener el rol que mejor le calza: aceptar lo que el equipo pide, con la capacidad de estar listo para lo suyo y, a la vez, para que la máquina funcione.
“Quiero ir a un lugar donde nunca estuve antes”, resumió Vassell, dejando claro que su historia —de adaptación, paciencia y reinvención— ahora apunta a una nueva etapa competitiva con el Spurs como equipo de contender.