CHICAGO – La semana del AWS NBA Draft Combine trae una agenda cargada de mediciones, tiros en cancha y los primeros indicios de quiénes son los principales talentos que aparecen en el radar. Entre ejercicios de agilidad, partidos de práctica y escrutinios técnicos, las medidas y las jornadas de “pro” para agencias que suelen analizar ejecutivos de la NBA y también los hinchas se encadenan de cara al Draft de la NBA, que se disputará el 22 y 23 de junio.
Pero el Combine no es solo números: también es una oportunidad para conocer a los jugadores fuera del rectángulo de juego. El camino de cada uno hacia la liga es distinto, con su propia historia y su propio recorrido.
En ese trayecto aparecen relatos de otros deportes que los empujaron a elegir el básquet y que los fueron moldeando como jugadores. También se repiten los nombres de familiares que los motivaron y los exigieron en el camino, y la presencia de chicos de distintos países y realidades que hoy se cruzan en el Combine, aunque todos estén atravesando un proceso similar.
En este contexto, NBA.com siguió algunas de las historias particulares que ayudaron a construir la próxima camada de talento de la NBA.
Cameron Boozer… ¿sobre hielo?
“Cuando era más chico, alrededor de los 7 u 8 años, mi papá jugaba para los Bulls y nosotros—mis hermanos y yo—fuimos a un partido de los Blackhawks. Nos encantó esa experiencia y quisimos probar. Jugamos como un año o dos. Mi hermano Carmani hacía de arquero y yo y Cayden hacíamos lo que saliera, porque éramos chicos. La verdad no me acuerdo bien. Cayden fue el que más lo odiaba, seguro”, contó Cameron Boozer.
Consultado sobre cómo calificaría su habilidad para patinar, Boozer respondió: “En ese momento, un 8 o 9. Era buen patinador”.
Dybantsa y Flagg, casi compañeros (en AAU)
“Cooper [Flagg] jugaba para Expressions Elite en octavo grado y yo también estaba ahí. No había una regla ese año hasta que apareció el EYBL, que te decía que el estado en donde vivís tiene que tocar el estado del equipo con el que jugás y de dónde está asentado el programa”, explicó AJ Dybantsa, figura de BYU.
Y agregó el detalle que alteró el plan: “Entonces Maine no toca Massachusetts, así que Cooper fue a jugar para Maine United y yo jugué para Expressions. Pero en realidad se suponía que íbamos a estar en el mismo equipo porque yo iba a jugar una categoría más arriba ese año. No llegué a compartir equipo con él, pero sí jugué contra él muchas veces. Lo enfrenté en el EYBL, en los campamentos de Made Hoops y en el Top 100. Igual siempre pienso lo que hubiera sido tenerlos a ambos como compañeros esa temporada de verano”.
Ir a profesional: el combo Peterson (básquet y fútbol americano)
Este año, Darryn Peterson—destacado en Kansas—y su hermano mayor, Darryl, ingresarán a la NBA y a la NFL en el mismo ciclo. Darryl Peterson III, ex linebacker de Wisconsin, firmó con Los Angeles Rams poco después del Draft de la NFL, como agente libre no seleccionado.
“Muchos no saben esto, pero mi hermano jugó fútbol americano en Wisconsin. Es un muy buen jugador. Recién lo firmaron con los LA Rams. Nosotros crecimos trabajando y con el mismo sueño, pero en deportes distintos, y es re lindo ver cómo llega a concretar el suyo y, ojalá el próximo mes, concretar el mío. Un saludo enorme para nuestros padres. Los dos trabajamos muchísimo y ellos sacrificaron un montón para que podamos perseguir nuestros sueños. Sin ellos no sería posible”, señaló Peterson.
Caleb Wilson: su primer amor fue el béisbol
“El béisbol es un gran deporte y siento que es más mental que otra cosa. El béisbol te enseña un montón de lecciones, porque en este juego muchas veces vas a fallar. Entonces, aprender a fallar y a seguir adelante es clave como atleta, y eso me ayudó. Yo jugué de shortstop, de tercera base, también tiré y jugué de primera. Dejé de jugar béisbol en octavo grado: como era tan alto, la zona de strike era demasiado grande, y era momento de enfocarme en el básquet”, explicó Caleb Wilson.
Wilson fue consultado por dos ocasiones en las que le tocó lanzar la primera pelota: “Tiré dos primeras pelotas hace poco y una salió mal y la otra salió bien. Una fue strike, la otra quedó un poco sucia, en el terreno. Me reí cuando lo contaba, pero igual sigo agradecido por el juego; lo que amo es el básquet”, remarcó.
El “muro” de apoyo de Brayden Burries
La familia completa de Brayden Burries viaja a los partidos con remeras a juego que muestran su cara.
“Mi papá empezó a hacer remeras personalizadas para todos cuando yo jugaba AAU y eso siguió en la escuela secundaria y después en la universidad. Probablemente siga hasta los profesionales. Mi remera favorita es la roja de Arizona. También tengo una celeste, de cuando era más chico, jugando con Carter [Bryant]. Para mí significa todo jugar el partido que amo y mirar desde las tribunas y ver a mis padres ahí, y a mis amigos y familiares con las mismas remeras. Es un montón y los puedo ubicar enseguida. Siempre hay muchos”, contó Burries.
El amor eterno de Mikel Brown Jr. por las canchas
Mikel Brown Jr. afirma que su amor por el básquet empezó desde el primer día.
“Mi amor por el básquet empezó desde muy temprano. Mis papás me tuvieron cuando estaban en la universidad. Mi papá seguía jugando, así que me llevaba a muchas prácticas. Yo dormía en los dorms con ellos, iba a la escuela mientras él rendía exámenes. Y siempre estar con él: desde muy chico me puso una pelota en las manos y el básquet estuvo en mi vida para siempre. Amo el juego y ese amor no se va a ir a ningún lado. La estoy pasando bien”, dijo.
Brown agrega que su papá, Christopher, estuvo a su lado entrenándolo mientras crecía, antes de que Brown se transformara en una promesa de cinco estrellas en la escuela secundaria.
“Mi papá me entrenó toda la vida, y fue un ‘amor duro’. Que haya estado ahí para mí en cada paso suele pasar desapercibido. La gente lo ve en las tribunas y tiene la cara seria, pero en realidad disfruta el proceso. También está ahí como un soporte enorme, y además de eso está conmigo para ayudarme a convertirme en el mejor jugador que pueda ser.
“Todo eso lo construyeron y me lo inculcaron desde que empecé. Ver que él es alguien que se maneja con motivación propia, que se impulsa solo, y ver también a mi mamá (Marisela), y la forma en la que ella entrena a mi hermana en vóley”, completó.
Steinbach y lazos familiares con una leyenda
Steinbach creció en una granja en Würzburg, Alemania (a 74 millas de Frankfurt). Su padre, Burkhard, jugó durante cinco años junto a Dirk Nowitzki, leyenda del básquet.
“En mi casa había un aro en el camino de entrada y un gimnasio a veinte minutos. No tenía un entrenador o nada de esas cosas sofisticadas. Yo siempre iba con mi papá. Dirk jugaba con mi papá, y él y su familia solían visitarnos en verano. Sus hijos corrían con nosotros en la granja, íbamos detrás de los animales y jugábamos ahí”, describió Steinbach.
Nowitzki, además, funcionó como mentor en este proceso. “Dirk me dijo que disfrute todo el camino porque pasa bastante rápido y que me mantenga en el momento”, explicó.
La influencia de una hermana en el ascenso de Koa Peat
Koa Peat viene de una familia con jugadores de la NFL, pero fue su hermana mayor, Leilani, la que terminó influyendo en su carrera de básquet.
El padre de Peat, Todd, disputó seis temporadas en la NFL (1987-90; 92-93) entre Arizona Cardinals y después Los Angeles Raiders. Uno de sus hermanos mayores, Andrus, jugó 10 temporadas en la NFL y hoy integra el plantel de Pittsburgh Steelers. Otro de sus hermanos, Cassius, jugó fútbol americano universitario en Michigan State, mientras que su hermano Keona juega en la Universidad de Arizona.
“Mi hermana Leilani tuvo una influencia grande en mí. Ella jugó básquet en Seattle U. Cuando crecí y la veía jugar, sentí que yo fui armando mi juego después del de ella. Era point-forward, podía hacer un poco de todo, y además era una competidora feroz”, contó Peat.
“Yo jugaba fútbol de chico, todos lo hicimos. Durante la pandemia se frenó un poco y me pegó un estirón. Siempre me gustó el básquet y fue la mejor opción para mí. Además, el clima adentro del gimnasio es mucho mejor… no lo podés controlar en una cancha de fútbol”, agregó.
La mentalidad ganadora de Meleek Thomas
Meleek Thomas odia perder y solo dejó el fútbol americano después de una temporada con resultados complicados.
“Jugué fútbol americano solo una temporada. Cuando no tenés un buen récord o no cerrás el año de buena manera, ya está, es el fin de esa etapa. Entonces me quedé con lo que conozco y con lo que se me da, y volví directo al aro. Fue en séptimo grado: yo era receptor abierto y también jugaba corner. Y como dicen todos, ‘ganar resuelve un montón de problemas’. No estábamos ganando y era muy malo, así que lo tomé como una señal para aferrarme al básquet”, cerró Thomas.