Dallas vivió una noche especial con la consagración de Cooper Flagg como Novato del Año: el rookie de los Mavericks recibió 56 votos de primer lugar y 412 puntos totales, superando a Kon Knueppel (44 y 386). Más allá del premio, el contexto de la campaña —un equipo que terminó 26-56 en el Oeste y condicionó su plan por lesiones y un traspaso clave— marca el “por dónde empieza” para una segunda temporada que en la dirigencia y el cuerpo técnico ya miran con expectativas.
El premio y la postal: cómo se decidió el Novato del Año en Dallas
En Dallas, Cooper Flagg contó que el lunes por la noche estaba “nervioso” mientras aguardaba en el living el anuncio del Novato del Año. Dijo que, por lo general, cuando es un premio al que aspira, suele haber indicios previos de los resultados. Pero esta vez no: tuvo que enterarse junto con el resto.
“Probablemente fue una de las primeras veces que gano un premio y me entero con todos”, remarcó Flagg en una conferencia de prensa del miércoles. “Fue bastante lindo”.
El reconocimiento lo convirtió en el tercer jugador de la franquicia Mavericks en ganar el Novato del Año, uniéndose a Jason Kidd (1995) y a Luka Dončić (2019). Flagg acumuló 56 votos en el primer lugar y 412 puntos en total. Su escolta fue Kon Knueppel, compañero de Flagg en Duke, que obtuvo los otros 44 votos de primera posición y sumó 386 unidades. La diferencia de 26 puntos entre ambos fue la segunda más chica desde 2002-03, año en el que rige el formato de votación actual.
Flagg y Knueppel, que en la universidad habían liderado el mismo camino con Duke hasta una Final Four, estuvieron en contacto durante su etapa rookie en la NBA. Aun así, el tema del premio no fue centro de sus charlas durante la temporada.
“Kon y yo hablamos todo el año”, explicó Flagg. “Nunca hablamos del Novato del Año ni de lo que decía la gente. Era más apoyo mutuo y mantenernos en contacto. Es alguien que va a ser uno de mis mejores amigos por el resto de la vida”.
Dos temporadas históricas: el impacto de Flagg y Knueppel más allá del premio
Flagg y Knueppel llegaron a la NBA desde el draft de la temporada anterior, separados por tres lugares: Flagg fue elegido con el número 1 y Knueppel con el 4. Ambos firmaron irrupciones de época para sus franquicias.
Para Flagg, Dallas lo seleccionó como primera opción en el draft. En su debut, se transformó en el primer rookie desde Michael Jordan en liderar a su equipo en cuatro rubros: puntos, rebotes, asistencias y robos. Un dato que, por sí solo, habla del tipo de carga que asumió en la rotación.
En el caso de Knueppel, la selección fue de Charlotte Hornets con el pick 4. El alero/ tirador de Duke conectó 273 triples en la temporada, la mayor cifra de la liga y además empató el puesto 22 de la historia para la cantidad de conversiones en un solo certamen.
- Flagg: lideró a su equipo como rookie en puntos, rebotes, asistencias y robos.
- Knueppel: 273 triples, máximo de la NBA y con marca compartida en el top histórico de la temporada.
El contraste de resultados también se sintió en el tablero final. Charlotte cerró con récord de 44-38, alcanzando un registro ganador por apenas segunda vez en la última década. Dallas, en cambio, terminó 26-56 y quedó 12° en la Conferencia Oeste.
El camino de los Mavericks venía con ambición, pero tuvo que rediseñarse en medio de lesiones y movimientos de mercado. En particular, el equipo ajustó expectativas tras la situación de su figura en la pintura: Anthony Davis atravesó molestias en pantorrilla y mano, y en febrero fue traspasado a Washington.
La mirada desde el banco: por qué importa ahora y qué sigue para Dallas
Durante la conferencia, Flagg sostuvo que el plantel ya dejó atrás la conversación de “qué se esperaba” antes de iniciar la campaña. “Cada uno tenía expectativas distintas sobre cómo iba a salir el año”, dijo. “Pero todo eso ya quedó atrás. Es momento de avanzar: seguir creciendo, seguir mejorando y mantener un panorama alto sobre lo que puede pasar el próximo año. Vamos a poner trabajo durante todo el verano. Creo que todos estamos entusiasmados”.
La ceremonia en Dallas tuvo el componente de “momento de franquicia”: un grupo de cerca de 100 empleados, tanto del área deportiva como de la parte de negocios, acompañó a Flagg antes de que recibiera el Wilt Chamberlain Trophy. En el acto estuvieron sus compañeros Kyrie Irving, Max Christie, Dereck Lively II, Brandon Williams y Caleb Martin.
También se hizo presente Jason Kidd, quien había sido nombrado co-Novato del Año junto con Grant Hill más de tres décadas atrás.
“Fue hace mucho”, dijo Kidd.
Kidd, además, contó cómo tomó una decisión táctica temprana: en la práctica, resolvió usar a Flagg en el rol de base. El rookie, al principio, pareció incómodo con la exigencia, pero con el correr de los meses encontró su ritmo.
En producción ofensiva, Flagg tuvo picos muy poco comunes para un debutante: anotó 40 o más puntos en cuatro ocasiones. En toda la temporada de rookies, ningún otro jugador llegó a esa cantidad de veces. Su techo llegó el 3 de abril ante Orlando Magic, cuando firmó 51 puntos y se convirtió en el único adolescente en la historia de la NBA en alcanzar 50 o más unidades.
Kidd puso el foco en la intensidad completa del juego: “Le encanta la competencia. Le gusta en ambos lados de la cancha. No es de solo atacar: es de jugar el básquet. Tenés que defender. Enfrentar al jugador defensivo número 1 cada noche… lo que hizo es notable”.
Y cerró con una lectura de proyección: “Es un premio merecido. Creo que marca el tono para su carrera”.
De cara a lo que viene, tanto Kidd como Flagg se mostraron con hambre de más victorias. Kidd no llegó a playoffs hasta su tercer año en la NBA, y los Mavericks parten de esa idea para encarar la segunda temporada de Flagg con el objetivo de que la franquicia vuelva a estar en la conversación de postemporada.
“Creo que fue sincero cuando dijo que nunca perdió tanto”, comentó Kidd. “Para él, todos los grandes pasan por esto. Pienso que va a ser uno de los grandes. Cargó con un peso enorme para nosotros este año. No le tuvo miedo al desafío”.
Con el premio ya en la vitrina y el aprendizaje de una temporada dura consolidado, la pregunta para Dallas es cómo se traduce esa irrupción —en producción y también en defensa— a un salto colectivo, especialmente en un Oeste donde cada mejora en la rotación y en el calendario de salud puede cambiar el destino en la tabla.